Capitulo 2
Juegos de intelecto, apuestas de villanía
Todo lo que podía verse a lo largo de incontables quilómetros a la redonda era una desoladora nada. Aquella imagen era tan desgarradora como el temor a la pérdida de memoria. Un blanco eterno que tras recorrerse un par de minutos terminaba llevando a uno al lugar de inicio. Era como dar la vuelta a un diminuto mundo en el cual no existía nada, solo un incesante sonido de manecillas de reloj moviéndose.
Un enorme reloj de arena se mostraba frente los ojos de un desorientado draconequus que recién recuperaba el conocimiento. En sus arenas se encontraba una variación de colore, rojo, azul y negro
La vista borrosa de la enigmática criatura comenzaba finalmente ha aclararse. Lentamente se puso en pie antes de sentir el leve golpe sobre su vientre. Era un dolor minúsculo pero de todas formas causaría malestar a largo plazo. El potente golpe que recibió en los aposentos de la princesa del tiempo le hizo merecedor de un dolor parecido al que uno obtiene tras hacer un ejercicio intenso después de un largo tiempo de hacer alguno.
Arrastro las patas en lento andar, su mirada nunca se despego del enorme reloj de arenas multicolor. Aquel artilugio era extraño, las arenas se encontraban mescladas entre sí pero solo las de color azul caían, grano por grano.
La garra de cuervo se estiraba con lentitud hacia el reloj. La mente aturdida del draconequus retumbaba como millones de tambores en su interior. Aun así la curiosidad ante el enorme objeto no desapareció.
Con la lentitud y cuidado con el que se toca a una mujer, el ser acaricio el cristal de sus contenedores de arena, sintió el frio de su exterior y la calidez de un sol en su interior. Frente a sus ojos corrió una imagen abstracta acompañada de sonidos aterradores que solo pudo escuchar el. Los gritos de voces familiares y la imagen de una localidad en llamas pasando frente a sus ojos como una serie de fotogramas disparados a velocidad endemoniada. El reloj causo una leve descarga y la mano y el contenedor se separaron permanentemente.
-¿Qué demonios es este lugar?- reclamo para sí mismo al darse cuenta de la inmensa nada que le rodeaba.
El dolor de su vientre desapareció a pasos acelerados al momento que su mente recobraba sus 5 sentidos por completo.
El aroma de aquel lugar era parecido al de las costas de Equestria. Aquel aroma salado de las bahías de Seahood replicado con asombrosa perfección, pensó por un momento.
La garra de lobo se acerco en leve contacto al suelo blanco y molesto a la vista. En una tranquila caricia el color segador de la habitación se transformo en un color más oscuro y piadoso a las retinas de aquellos que recorrieran sus caminos. Miro a todos lados, buscando a quien exitosamente lo había encerrado en aquella extraña dimensión de silencio y desolación.
Su respiración se alentó conforme caminaba sin rumbo en busca de pistas que le llevaran a la princesa Lullaby. Sus patas pisaban con fuerza, su mente estaba aclarada, mas aun así, prefirió el caminar a levitar con libertad por el lugar. Quería que todos sus sentidos estuvieran en funcionamiento mientras comenzaba la búsqueda de su presa.
Los segundos se volvían minutos. Los minutos se tornaron en una fracción de hora. Aquel silencio era detestable ya que daba una combinación desalentadora con la vista de aquel mundo olvidado por cualquier dios.
-¿Dónde se ha escondido de la bestia majestad?- susurro para sí mismo
En ese momento, casi por instinto se detuvo. Miro bajo su pata equina y lo que encontró le produjo una sensación de satisfacción. Bajo su casco se encontraba una hermosa pluma blanca, larga y fina como esas que usaban los viejos hechiceros para escribir los pergaminos que ahora conocemos como hechizos prácticos o tal vez Origenes de la magia común volumen 1.
A su izquierda se encontraba un sendero posiblemente incidental de plumas de alicornio. Cada una tan radiante y fina como la primera. El Draconequus olfateo por unos segundos aquella pluma, quería distinguir el aroma de la dama del tiempo.
Siguió aquel sendero intentando usar su olfato de igual forma para tratar de percibirla. Cada pluma era recogida con la cola de dragón, ninguna seria abandonada aunque implicara perder el camino por el cual había llegado hace unos cuantos segundos.
El aroma de Sweet era cada vez más fuerte, el podía sentirlo a pesar de que las plumas se habían terminado. El camino se mostraba vacio, una trampa podrían decir algunos para despistarlo. Pero el sabía que no era así, ella estaba en ese lugar.
Una pequeña bola de energía se formo en la palma de la garra de cuervo, la hizo crecer hasta adoptar el tamaño de una esfera de nieve. Lanzo la plateada esfera al vacio y esta impacto en medio de la nada causando un resplandor, descubriendo un hechizo escudo, su olfato no lo había defraudado.
Lentamente el dicho escudo comenzó a agrietarse mientras Shady Night lanzaba más y más concentraciones de energía mágica. Finalmente el escudo se desquebrajo y frente a él comenzó a formarse una mansión de pesadilla que sobresalía en medio de aquel vacio descomunal.
-Bonita mansión. Veo que esos libros de oscuros relatos han influenciado en usted princesa- una sonrisa malvada se esbozo en su rostro
La mansión lucia con un estilo meramente gótico, una construcción que aria que la morada de la casa Usher pareciera una mediocre y barata residencia. El aroma a sal en el ambiente paraba al subir los escalones de madera que llevaban a uno al pórtico de dicha casona.
El draconequus no lo pensó más. Tomo la perilla que daría acceso al recinto y se introdujo en las fauces de aquella construcción que solo dejaba ver un leve tono de luz en la última habitación de la izquierda en el segundo piso.
-Bueno, comienza el más básico de los juegos, ver quien encuentra primero al otro- dijo tomando las plumas blancas en su pata de lobo.
El draconequus comenzó a levitar por la estancia, no dejaría que sus pisadas le delataran. Aquella morada tenía un enorme error que el aprovecharía sin dudarlo. La mayoría de las luces se encontraban apagadas y las sombras eran su mejor aliado para moverse sin que lo vieran desde lejos acercarse.
Puso sus garras sobre su pecho y con un poco de fuerza arranco de si 2 fragmentos de su esencia, dos fragmentos de lo que era su reflejo bajo la luz, su sombra. Susurro a los pequeños manchones negros sobre sus manos y los dejo en libertad. Rápidamente formaba una forma parecida a la de su amo y se movían como gatos en la noche. Sus miradas amarillezcas y sus colmillos de sombra afilados eran perfectos para aterrar el corazón de cualquier pony o grifo.
Una de las manchas se dirigió a la zona del comedor y la cocina mientras que la otra subió junto su amo y desvió a la parte derecha del segundo piso, mientras que su creador, silencioso como un cadáver se movió por los pasillos olfateando una fragancia única, algo que sabia pertenecía a la emperatriz del tiempo, pues en aquel enfrentamiento, al lamer su cuello, lo percibió.
Un sonido diminuto se escucho al fondo del pasillo. Provenía de la habitación iluminada con una tenue luz. Las garras del draconequus se clavaban en las paredes, moviéndose a pasos lentos por el lugar, siendo un ser imperceptible.
La puerta se encontraba entre abierta permitiendo que se escabullera al interior con facilidad. En el interior encontró algo parecido a un estudio antiguo, pero a su vez combinado con una habitación. La enorme cama al fondo con telas rojizas y cortinillas para ocultar a quien descansase en ella de la vista, le daba un toque clásico. Los libreros atiborraros de libros que no resaltaban a la vista que podrían contener. Del lado izquierdo de la habitación se encontraba un enorme vitral y frente a él, resaltaba un gran trono en el cual se encontraba sentada la alicornio con una mirada fija y penetrante que dejaba ver su lado más serio.
-Finalmente llegaste. Veo que en verdad tus instintos son los de un cazador. Ahora comprendo cómo es que sabias tanto de mi. Te mueves con facilidad y si no fuera porque te mantuviste por un periodo corto de tiempo parado en el centro de la habitación ni siquiera te abría notado-
El draconequus solo se irguió y chasqueo sus dedos para llamar a sus monstruosas creaciones. A una velocidad impresionante ambas se deslizaron por debajo de las pinturas, atravesaron el umbral de la puerta y se arrojaron a la espalda de su creador, fundiéndose lentamente en su ser.
-De no ser por la desorientación temporánea cuando desperté, yo podría haberte encontrado antes, majestad- sus garras se contrajeron, no estaba planeando matar a nadie esa noche.
La princesa hizo brillar la punta de su cuerno y desapareció por unos segundos de su trono, para aparecer después frente a él, sin temor a volver a combatir como la última vez. Noto que las garras del Draconequus no se encontraban preparadas para el ataque, no tenía hasta el momento intención de continuar la batalla.
-Toma asiento. Esto llevara un tiempo. Gracias a ti ambos estamos encerrados por un tiempo determinado en esta zona muerta de tiempo. Para ser precisos 3 días a partir de esta noche-
La magia salió disparada en un destello azul del cuerno de la dama, haciendo aparecer una silla enorme para la criatura larguirucha. Posteriormente apareció una enorme mesa de caoba frente a él y una segunda silla. La princesa ocupo el asiento y lo miro con ojos de seriedad.
El draconequus imito las acciones de su compañera de habitación y tomo asiento. Los ojos se centraron en el centro de aquella pechera de metal, el lugar donde alguna vez estuvieron aquellas pequeñas joyas que unidas tomaban la forma de un reloj de arena ya no estaban. Desaparecieron como las plumas que el recolecto al buscar el camino a la mansión.
-Bueno. A que va todo este acto de diplomacia ante un adversario que ha luchado hace poco con usted, señorita- dijo llevando sus garras a la mesa.
-La diplomacia es un aspecto que siempre debe permanecer ante un individuo, al menos mientras se trate llegar a un acuerdo de paz o una revelación de las intenciones de este con el gobierno-
Shady Night solo aspiro profundamente y recargo la espalda en el respaldo de la silla. Los dedos de la garra de cuervo tamborileaban en la madera de la mesa, un toqueteo progresivo que tras unos segundos repetía y así consecutivamente.
-Y bueno. ¿Qué busca de mi en este instante?- replico el draconequus
La princesa solo lanzo otro pequeño hechizo dentro de la habitación, las luces se volvieron un poco más leves en intensidad y en la mesa apareció un hermoso tablero de Ajedrez.
-Solo quiero conversar. Saber cuál es el verdadero motivo de tu presencia y tu ataque hacia mi persona.- suspiro un segundo- Y dependiendo de tu comportamiento puede que encontremos una posibilidad para ayudar tu predicamento o tener que buscar una forma de controlar tu ímpetu y tus acciones.
La criatura negra solo se echo a reír en tono sínico. El tablero de ajedrez se tambaleo a causa de un golpe de la pata izquierda. La princesa solo detuvo la mesa para evitar que las figuras del tablero se esparcieran por el suelo.
-Lo siento pero es tan cómico. Realmente crees que te diré algo tan solo por mostrarme la típica serenidad de princesa. Además, ¿Para qué es ese tablero de Ajedrez? ¿Acaso trata de retarme a un duelo de ajedrez para evitar la violencia de la ultima ocasión?- fijo la mirada en ella.
-No. Pienso sacar la verdad atacando tu orgullo. Juguemos a base de apuestas. Cada vez que uno pierda responderá una pregunta. A menos que tú seas tan cobarde como para rehusarte a las apuestas, Shady.
La mirada de la criatura se torno seria y sus ojos se tornaron más rojos que antes. Tomo el tablero y le dio vuelta para tomar las piezas de color negro.
-Reto aceptado, Sweet –gruño la bestia.
Y así comenzó una guerra de estrategia y calma. A pasos lentos, cada uno movió sus piezas buscando la victoria sobre su adversario. Cada uno calculaba con detenimiento sus jugadas, el silencio era absoluto en aquella habitación de luces tenues. La princesa se mantenía tranquila mientras que Shady Night comenzaba a desesperar ante ciertas jugadas que lo arrinconaban más y más.
Un "Jaque Mate" se pronuncio con una voz pacifica. La mirada de la alicornio se dirigió de nuevo a su adversario y con un tono más serio reclamo su premio.
-Perdiste. Ahora tengo derecho a escuchar la verdad de tus labios-
-Ya pregunta- gruño el Draconequus
La princesa tomo la garra de cuervo de su adversario y pregunto con serenidad en su voz.
-¿Qué planeabas hacer esta noche cuando te apareciste ante a mí?-
El draconequus de mala gana solo miro un momento hacia el techo y tras un largo suspiro de enfado respondió a la interrogante.
-La venganza motivo mi abrupta intromisión a su habitación majestad. Tu familia tiene lazos con mi pasado de formas lamentablemente malas. La búsqueda de justicia o de hacer pasar al linaje de los señores del tiempo, una mala jugada para ustedes fue el verdadero motivo de mi visita-miro a la princesa a los ojos.
-¿Entonces no buscabas matarme?- pregunto nuevamente la alicornio.
-Eso es otra pregunta, dijimos que cada victoria sería una pregunta con respuesta. No trate de engañar a un draconequus preciosa- alejo la garra del casco de ella.
Tras unos segundos de silencio el tablero volvió a formarse como al inicio. Nuevamente comenzó el juego de ingenio y estrategia. Las preguntas estaban a su alcance y nuevamente la emperatriz notaba como su adversario se precipitaba a sus jugadas, aunque en esta ocasión de un modo más atrevido y arriesgado que anteriormente.
Sweet Lullaby confió en su suerte y tras unos segundos puso fin nuevamente al duelo de ajedrez.
-Jaque mate nuevamente- sonrió un poco- deberías evitar pensar con la cabeza caliente y darte un momento de reflexión a tus movimientos.
-Solo formule su pregunta, quiere- refunfuño la criatura.
-¿Cuál es la razón por la que odias a mi linaje?
-Fácil majestad. Tu abuelo. Ese desgraciado de Clock Tower se encargo de cazar a mi especie. Éramos una raza tranquila en estas tierras, incluso ayudamos a la economía de su gobierno y evitamos altercados con los equinos multicolores. Pero el vio a seres peligrosos para su gobierno porque sabía que teníamos magia más fuerte que la suya- golpeo la mesa con la garra de lobo- Temió no ser el ser más poderoso en este lugar y prefirió erradicar por temor de perder su reino. Cada uno de los míos fue asesinado de formas crueles.
Los ojos de Shady se encendieron en un arranque de furia. Su garra dejo escapar aquellas afiladas y oscuras navajas naturales de su lado lobuno. Las llamas en sus ojos provocaban una sensación aterradora dejando escapar cierto nerviosismo por parte de la alicornio.
Pasaron unos segundos y poco a poco fue tomando el control de su persona. No buscaba matarla, no buscaba causar otra batalla, al menos aun no si podía terminar de otra forma. El solo respiro hondo y recargo de nuevo su enorme espalda en la silla.
-Solo… vuelve a poner esas malditas piezas en tu lugar. Aun no me rendiré, pero quiero aumentar la apuesta- su voz se notaba que ahogaba el enojo.
-¿Cuál es tu petición? - pregunto la princesa colocando nuevamente
El draconequus la miro fijamente y estiro su cuello para susurrar al oído de la pony. Su voz se volvió un poco sombría.
-Un todo o nada. Dijiste que estaremos por 3 días atrapados en este lugar. Así que, el ganador del siguiente juego ara lo que el otro le pida. Sin negarse, sin excusas. Si tu ganas haré lo que te plazca, incluso podría arrancarme el corazón si asi fuera. Entonces… ¿Qué dices?
Shady Night extendió su garra izquierda y miro a la mujer que aun procesaba en su mente las consecuencias y los beneficios de aceptar ese trato. En los ojos de aquel demonio multi partes se dejaba ver el orgullo a flote. Ella extendió su casco y tomo tu garra dando un apretón. La decisión estaba tomada, "trato hecho" se le escucho decir al formar aquel apretón que sellaba un contrato de honor.
-Entonces mueve tu primero- dijo la princesa
-No majestad. Tengo que asegurarme que usted no se retractara. Y aunque creo en su palabra, mi naturaleza me pide que me asegure-
Un chasquido de dedos hizo acto de presencia y en el cuello del Draconequus apareció un llamativo collar negro. Posteriormente la princesa sintió como su cuello era aprisionado por un antiguo objeto de dorada apariencia. Era una gargantilla de metal con un símbolo en su centro, era la marca del draconequus.
-¿Qué demonios es esto?- dijo tocándolo con sus cascos
-Es un seguro personal. Descuida yo igual estoy usando uno. Son collares encantados- acaricio la pezuña de su compañera de juego- Estas cosas obligan a que se cumplan las peticiones de quien gane. No hay forma de hacer trampas con ellas ya que fue un contrato sellado por ambos y la violación de ellos solo hará que el collar o la gargantilla se aprieten mas. Incluso pueden llegar a romper el cuello si se hacen demasiadas infracciones al trato- la criatura sonrió.
-Muy bien. Lo aremos a tu modo. Pero no permitiré trampa alguna-
Las piezas esperaron el primer movimiento. Un peón blanco se deslizo con rapidez por el monocromático tablero. A su vez un peón negro se traslado al lado contrario.
Lentamente el ambiente se torno bastante pesado, acompañando el silencio del lugar y de los largos lapsos en los que ninguno de los dos hacia movimiento alguno. La presión se reflejaba en los ojos de ambos, ninguno podía tomar a la ligera este último juego.
Los minutos se tornaron en una eternidad, y las piezas poco a poco perecían en un combate simulado en aquel pequeño tablero de madera. Sweet miro con detenimiento sus posibilidades. Desenvolvió una pequeña sonrisa tras sentir asegurada su victoria. Su reina se movió lentamente por el tablero.
-Creo que ha terminado todo caballero. Y debo decir que aunque fue un verdadero adversario, usted mismo ha colocado la soga en su cuello-
El draconequus levanto su garra de cuervo y tomo con calma una de las piezas que le quedaban. Miro a la alicornio y derribo a su reina de forma sorpresiva.
-Lamento decir que así como mi debilidad puede ser mi orgullo el de usted es sentir que ha ganado la batalla antes de que siquiera se tire la última carta- rio en tono bajo
-Pero… ¿Cómo hiciste esto?- miro el tablero dándose cuenta de cómo había descuidado en una jugada su flanco izquierdo
-Estuve notando sus estrategias con nuestros últimos juegos. Siempre te mueves hacia la derecha y dejas descuidada la izquierda. Solo fue estudiar al enemigo. Aunque debo admitir que el enojo y frustración que mostré fueron reales majestad- Se levanto de la silla
La princesa analizo una y otra vez el tablero. Sus ojos no dejaban de mostrar asombro y las ideas de que el draconequus hiciera trampa se borraban más y más con cada análisis nuevo al tablero. No se dio cuenta en qué momento el se movilizo y se posiciono tras ella.
El enorme ser solo se agacho y coloco el mentón sobre el hombro de Sweet. Ella sintió ese tacto y reacciono asiendo chocar su mejilla con la de él. Shady solo susurro a la oreja de la princesa.
-Nunca debe apostar su cabeza al diablo majestad. Ahora es tiempo de que cumpla su palabra- arranco de su cuello el collar oscuro que se desvaneció como polvo llevado por el viento.
La princesa se puso en pie, desapareciendo su asiento y sintiendo tras ella el cuerpo del Draconequus de cabellos rojizos. Su voz se turbio por un segundo, ahora le invadía el temor de que pediría aquella extraña entidad.
-Bien… tú venciste justamente. ¿Qué es lo que deseas?- dijo girando su mirada hacia atrás
-¿Bien que puedo pedirte? ¿Qué puedo obtener ahora que mi venganza esta a un simple deseo?- dijo en tono burlón
-No te daré mi reino- dijo firme aunque aun con miedo en su habla.
-Oh cariño… Yo no quiero tu reino, no sabría qué hacer con él a decir verdad- paso la garra de lobo por su pecho, aun manteniéndose tras ella- Creo que preferiría algo mas… Femenino – su lengua se deslizo por su cuello en una pequeña lamida
Los ojos de la princesa se abrieron al sentir eso. Su corazón se acelero por una extraña sensación en su cuerpo causada por la lamida. Frente a ella se apareció un enorme espejo, donde pudo ver al demonio de rojiza melena lamer una segunda vez su cuello.
Las patas delanteras temblaron y sus alas se contrajeron. La gargantilla se mantenía aun en su cuello y la caricia en su pecho se tornaba en una indecisión de si era horrible o demasiado agradable.
-¿Qué estás haciendo?- dijo suspirando mientras intentaba alejarse
-Estoy tomando mi premio… Y mi venganza…
-¿Qué clase de enfermiza venganza es esta?
-Shhh… Quieta. tú accediste a cumplir lo que se pidiera-
La gargantilla dorada comenzó a cerrarse un poco. No fue doloroso pero si se torno más apretado que antes. Su cuerpo se sintió rígido y lentamente se sentó en el suelo frente al espejo. No tenia control de ello solamente ocurría a la vez que aquel objeto en su cuello brillaba por unos pequeños segundos.
-No… no puedo moverme- dijo tratando de agitar sus alas
-Es el hechizo de esa apuesta cariño. A lo que me lleva a tomar precauciones-
Chasqueo los dedos haciendo que se formara alrededor de su cuerno un precioso anillo negro con una joya brillante de intenso color rojo, un rubí de fuego draconiano. Ella solo se miro en el espejo y supo inmediatamente que aquella joya. En sus viejos libros se encontraban historias de pequeños artefactos que anulaban la magia de quien los usara. Solo eran colocados y quitados con magia de alguien más. Ahora no tenia defensa alguna.
Sus pensamientos fueron abruptamente destrozados por una sensación nunca antes sentida. Su cuello era víctima de una mordida mientras su cintura era aprisionada por una enorme cola de dragón.
-La venganza perfecta no es aquella que se gana asesinando a la última de una larga familia de gobernantes majestad. Esa venganza se obtiene destruyendo el orgullo en el linaje. Se obtiene robando lo más preciado para ti – dijo olfateando su cabello mientras la abrazaba con sus brazos.
La respiración de Sweet se agito al sentir como esas garras recorrían su pecho y vientre, dando delicadas caricias. El aliento del draconequus chocaba contra su cuello en una cálida y excitante sensación.
La cola de dragón tiraba su cuerpo de la cintura para pegarla más a él. La sensación del enorme cuerpo de la criatura frotándose en su espalda le hacía erizar la piel, era algo nunca antes experimentado por ella.
-No es necesario que agás esto- suspiro- puedes pedir lo que sea por que conformarte con algo tan común como esto.
-Lo sé. Pero ese aroma suyo me llama. Devora cualquier pensamiento de tortura que podría causarte y me ínsita a llevar a un plano de honor mi venganza. Una criatura que caso tu familia, arrebatando la pureza de la ultima de los tuyos – mordió fuerte su cuello- es algo exquisito para efectuar.
La princesa se controlo lo mas que pudo, un gemido quería escapar de su boca pero no quería mostrar debilidad alguna ante Shady Night.
Los dedos del draconequus chasquearon una vez más para hacer aparecer un diván entre el espejo y loa princesa. Era blanco y acojinado. A simple vista se veía que era cómodo el recostarse en el. El draconequus solo susurro de nuevo a la oreja de Sweet
-¿Te gusta? Es para ti- dio una lamida a su oreja- quiero que subas a él, ahora mismo- ordeno.
Las patas de Sweet comenzaron a hacer fuerza. Lentamente se levantaron y empezaron a andar rumbo al diván. Ella combatía con todas sus fuerzas para no moverse, pero todo era inútil. Su cuerno parecía en aquel instante una lámpara agonizante, parpadeando una y otra vez con su aura azul mientras el anillo devoraba su magia.
La gargantilla comenzó a apretarse de nueva cuenta. Un quejido ahogado se escucho por parte de la princesa. Ahora su cuerpo se movía con libertad sin la fuerza de resistencia que hacia hace apenas unos cuantos segundos.
El draconequus solo miro el delicado meneo de sus caderas al seguir la orden. Lentamente ella subió al diván y se miro en el espejo que se encontraba frente a ella. Aquel acto de malicia había tornado en una humillación enorme para ella. Estaba siendo casi la esclava de ese endemoniado ser.
-Recuesta tu pecho sobre el diván… Ahora- ordeno con tono de satisfacción.
La princesa no pudo hacer nada más, el collar ya era demasiado apretado como para dejar que de nuevo volviera a cerrarse más. Coloco su blanco pecho sobre el acojinado diván. Sus patas traseras se sumían en la suavidad del mueble. Mientras usaba su cola para cubrir la única parte de su cuerpo que escondía celosamente.
El draconequus acaricio su Cuttie Mark. Aquella peculiar marca conformada por dos relojes de diferentes eras que al unirse formaba uno solo. El del lado izquierdo era un reloj más reciente, con manecillas de oro y fondo blanco. El del lado izquierdo era un viejo reloj de bolsillo de fondo gris y manecillas de plata.
-Tu retaguardia es suave. Como una nube de otoño diría yo- una lamida lenta se escabullo sobre la espalda de Sweet.
-Ya te divertiste. Ahora detente, por favor- Respondió intentando no perderse en aquellas nuevas sensaciones que provocaban sus lamidas y caricias
El draconequus solo tomo de la gargantilla a la princesa y tiro hacia atrás para levantar su cuello. El collar nuevamente se soltaba un poco dejándole sin esa horrible sensación. La criatura acerco su rostro al de ella.
-No puedo detenerme querida… Y ahora usaras tu cola para provocar a esta entidad malvada con la que apostaste- Lamio sus labios
Sweet trato de responder a esas palabras pero fue en vano, antes de que ella pudiera formar si quiera una palabra los labios Shady Night invadieron los suyos. La gargantilla dorada brillo tenuemente de nueva ocasión y la cola de la emperatriz comenzó a levantarse para poco a poco acariciar el vientre de la bestia que la lamia, poco a poco comenzó a descender hasta acariciar delicadamente con sus pequeños movimientos la entrepierna del Draconequus.
Aquel beso surgido de la nada se lleno plagado de emociones estallando al mismo tiempo dentro de la joven gobernante que solo sentía un delicado rose sobre su lengua. Un quejido se escucho al sentir aquello pero no termino ese beso involuntario hasta unos segundos después. La separación de esas bocas provocó un respiro agitado y desesperado por aire, el draconequus le había robado el aliento.
Un aliento cálido en su cuello se hizo presente. Una bocanada de aire caliente que resultaba enormemente gratificante después de unos segundos. La garra de lobo se abría paso por su delicada piel, acariciando la espalda y bajando lentamente hasta el plot de Sweet.
El espejo reflejaba las pequeñas muecas que efectuaba la alicornio intentando no dejar escapar ningún sonido que le hiciera verse vencida.
Las mordidas a sus alas eran demasiado notorias. Shady pudo encontrar de rápida manera los puntos sensibles en aquellas dos alas blancas. La princesa solo podía morder su labio inferior ante la sensación, su cuerpo comenzaba a enloquecer a pequeña escala por las mordidas que le proporcionaban.
-No… dejes que… te logre ver… gritar- se dijo así misma mientras miraba a su captor sobre ella en el enorme espejo.
El draconequus se pego un poco más a ella tomando su cola para que la detuviera por completo. Sweet sintió el cálido cuerpo de Shady tras ella y después noto algo nuevo en aquel acercamiento. Algo puntiagudo la tocaba en momentos.
-No te resistas más princesa. Aunque no desees lo que planeo, de igual forma pasara. Los pecados de los padres pasan a los hijos- dijo levantando su cuerpo un poco dejando que ella pudiera verlo.
La princesa del tiempo se estremeció al descubrir una nueva parte en el cuerpo de aquel enorme ser. Ahora se encontraba expuesta la masculinidad del Draconequus. La punta era diferente a la del miembro de un stallion, era puntiaguda, casi como un aguijón que facilitaba la invasión del cuerpo femenino.
-¿Qué demonios es esa cosa?- dijo al verlo en el espejo.
-No te preocupes. Lo vas a descubrir en poco- mordió su hombro.
La magia del Draconequus comenzó a actuar. La emperatriz sintió una sensación extraña en su feminidad. Lentamente su delicada flor se abría por aquel hechizo.
-Ahora tomare, lo que tanto tiempo guardo con gran recelo majestad- dijo a su oído.
El draconequus apoyo su garra de cuervo en el diván y comento a invadir la parte privada de la alicornio. Poco a poco el miembro invadió la feminidad de la princesa. El ser gruño a la vez que hacía más fuerza en su acto, hasta que finalmente ocurrió. Tras un momento de complicaciones algo se desgarro en el interior de Sweet, dejando pasar el pene del Draconequus por completo.
Los ojos de Sweet se abrieron de golpe acompañados de un pequeño grito de dolor que estremeció todo su cuerpo. Su respiración se agito de modo drástico y sus cascos se aferraron con fuerza al borde del diván. El inmaculado color blanco del mueble ahora se encontraba arruinado por una mancha roja en la parte trasera. Un delicado roseo carmesí caía de entre las patas traseras de la joven, pequeñas y rojizas gotas que anunciaban la pérdida de su mayor tesoro… Su virginidad.
Shady estiro su cuello y beso la mejilla de la princesa que seguía temblando por lo ocurrido.
-Felicidades majestad. Usted ya no es una niña… Ya no es pura- sonrió malisosamente.
Sin dar más segundos de tranquilidad la bestia comenzó a moverse con cierta lentitud pero mostrando algo de fuerza en cada movimiento. La garra de cuervo tomo a su víctima del vientre y comenzó a lanzar un nuevo hechizo mientras se movía con cierta fuerza. El collar hacia que la alicornio levantara la mirada y viera el reflejo del espejo. Para que mirara como aquella criatura de color oscuro y cabellos rojizos la hacía suya.
El pene del Draconequus se movía por aquella estrecha y cálida cavidad a un ritmo constante cada vez con menos dificultad. La princesa podía sentir aquella extremidad palpitante deslizarse en su interior, explorando aquello que nadie había tocado antes.
Los reflejos en el espejo la delataban, su rostro sonrojado y sus muecas dejaban ver a Shady Night que poco a poco ella perdía el dolor y comenzaba a conocer el placer. Aun así luchaba por no demostrar ninguna emoción al respecto por aquella violación.
El draconequus gruñía a su oído mientras todo se volvía progresivamente más intenso. Las embestidas se tornaban con mayor fuerza provocando un choque con cada una entre su pelvis y el plot de la princesa. Ella mordía con fuerza el cojín del diván intentando no dejar escapar los gemidos que tanto pedía su cuerpo soltar. El diván se movía violentamente con cada embestida del enorme ser, topando en momentos con el enorme espejo.
Sweet dejo escapar una pequeña lágrima por su mejilla al sentir que todo se intensificaba conforme avanzaban los minutos. Su cuerpo comenzaba a perder el equilibrio, lo notaba en el temblar de sus patas traseras. Cada impacto la hacía sentir como si su cuerpo hirviera, el sudor del Draconequus caía sobre su espalda mientras se acercaba más todo a su final.
-De…detente ¿Por favor?- susurro dejando escapar un gemido bastante notorio
Shady no respondió, solo mordió con fuerza el cuello de la alicornio acelerando mas su velocidad dejando escapar pequeños jadeos que revelaban su agitación. Todo se volvió más brusco y la princesa no pudo evitar dejar escapar gemido tras gemido en cuestión de algunos minutos, su fortaleza finalmente se había quebrado.
El aroma tan peculiar de la alicornio desaparecía a cada minuto y era ocupado por uno nuevo. La respiración se le complicaba ahora, no podía recuperar aire más que con la boca en enormes bocanadas agitadas que se rompían en ratos por causa de algún gemido.
Las garras tomaron los costados de Sweet y en un momento inesperado todo se detuvo. Una enorme descarga ocurrió en el interior de la princesa del tiempo. Los ojos de Sweet se abrieron al momento en que aquella cálida sustancia comenzaba a vaciarse en su interior. Podía sentir como las semillas del draconequus se esparcían en el interior de su vientre. Un gemido bastante fuerte salió de ella mientras que un rugido parecido al de un dragón broto del Draconequus.
Shady se detuvo completamente agitado y miro hacia el espejo. Sus ojos se habían convertido en dos endemoniadas joyas rojizas. Los ojos de la alicornio se encontraban exhaustos y bañados en lágrimas. Su fortaleza se había roto. Una sensación extraña invadió el interior del Draconequus al mirarla de aquella forma, aunque de cierta forma, aquella humillación de venganza aun no terminaba.
Shady tras unos segundos retrocedió para salir de la alicornio, la cual se desplomo por completo en el diván tras unos segundos. Se encontraba demasiado agitada, respiraba con tal velocidad que a penas y podía darse cuenta de lo demás que ocurría a su alrededor. El draconequus beso su mejilla y luego se acerco a su oreja.
-Bueno cariño. Nos quedan unos días juntos. Así que espero te acostumbres a esto porque aun no ha terminado-
-No- dijo a duras penas
-Toda persona tiene un punto de quiebre entre lo correcto y lo inmoral. Todos tienen algo que destapa su lado oscuro. Hasta la emperatriz del tiempo, con todo y su serenidad, puede ser convertida en una mujer que ansié la promiscuidad.
La lujuria te devorara y tu cuerpo lo hará notar. No quedara más que hacer el amor con la oscuridad- Dijo acariciando la gargantilla dorada –Creo que cambiare ese collar por algo mas… Apropiado. Pero mientras tanto, dulces sueños majestad.
