"Nora"
"No… por favor"
Con un suspiro, se despertó; el aguijón innegable del dolor corriendo a través de su pecho, hasta que sintió el suave peso de su progenie presionando su costado. Lentamente se acomodó para poder ver la pequeña figura que yacía a su lado y poco a poco el aguijón del dolor se transformó en culpa.
A pesar de estar dormida había una mirada de ira en su rostro cansado. "Estoy aquí, Pamela. Y te prometo que nunca te dejare de nuevo" susurró mientras extendió una mano para acariciar y apartar el pelo de su cara. Tan pronto como su mano tocó su piel, él vio como su rostro estaba inundado en sudor. Sin embargo, a pesar de todos sus movimientos, no había nada de ella. Esto es por lo que él la había dejado, no porque no le importaba, no porque no la amaba o necesitaba, sino porque él no estaba seguro, después de perderlo todo, ser el héroe fuerte que ella creía que él era.
Pero cuando la miró, en su interior sabia que esos rasgos de dolor eran por él, todo lo que quería hacer era llorar. Él había amado a Nora y a Godrid, pero como un pequeño gemido salió de los labios entreabiertos de Pam, nada de eso pareció importar ahora. Si, el dolor de la pérdida de Godric y ver morir a Nora sin poder hacer nada, se quedaría con él, persiguiéndolo toda la eternidad. Pero al ver el estado de la mujer que él había elegido hacia tanto tiempo, la que el amaba con todo su ser, la única que quedaba que realmente le conocía, y amaba todo de él, algo en su interior se rompió.
"Pamela" él susurro en voz baja, pero la mujer no se movió, haciendo que Eric se riera un poco. "No hay necesidad de que estés realmente despierta para esto, de hecho" dijo sin dejar de pensar en voz alta "Estoy prefiriendo el hecho de que estés dormida. Al menos así, de este modo no tendré que rebatir tus comentarios".
Con eso, él se movió para poder tener una visión más clara de su hermosa cara. "Sabes, cuando te encontré, en ese mismo momento, supe que había algo en ti" El hace una pausa permitiendo que aparezca una sonrisa. "Pero nunca en los 900 años que tenía, pensé que acabarías siendo mi hija" Suspiró permitiendo bailar sus dedos sobre el hombro de ella, como había ocurrido hacía 100 años. "Y créeme. Realmente no quería ser creador, pero cuando vi la sangre y la tristeza en tus ojos…No podía dejarte morir".
Con una sonrisa, él negó con la cabeza. "Cuando me llevé tu cuerpo fuera del crematorio…Estaba tan enfadado, tan asustado, que pensé que te odiaría. Pero cuando cayó la noche, y vi tu despertar y te vi alimentarte como si lo hubieras estado haciendo durante años, cuando sentí tu amor…me enamore de ti…estaba asombrado de ti". Eric se detuvo, mirando como ella tomaba una respiración profunda innecesaria mientras dormía, lo que le hizo sonreír. "lo siento" dijo en voz baja mirándola. "No has hecho otra cosa que amarme, que mostrarme lealtad cuando más lo necesitaba… y cuando tú me necesitaste…yo no estuve allí". Declaró mientras lagrimas de sangre aparecían en sus ojos.
Con cuidado, para no despertarla, le besó suavemente en la cabeza "Duerme bien, querida. Porque te prometo que de ahora en adelante…nada importa más que nosotros. Al igual que solía ser antes de que el mundo nos encontrara…cuando solo nos teníamos el uno al otro. Sonriéndole a ella, vio como una diminuta peculiar sonrisa apareció en la comisura de su boca. Inclinándose le dio un pequeño beso en los labios, antes de bajarse de la cama. En silencio, se acerco a la puerta, solo deteniéndose cuando escucho su suave voz susurrar Yo también te quiero. En ese mismo momento supo que compensar lo que le había hecho no sería fácil, al igual que superar el dolor de Nora era difícil, pero con ella a su lado, creyendo en él, amándole…él supo que era posible.
Más tarde esa noche, el llegó a ver realmente como de verdad estaba, cuando su progenie llegó a tropezar en la sala de estar. Su cabello estaba despeinado y líneas rojas le cubrían la cara por haber estado llorando la otra noche. Sin decir una palabra, se dirigió a la cocina, buscando a tientas algo. Al no encontrarlo, se inclinó asomándose por el marco de la puerta "Eric…por favor dime que todavía tenemos sangre aquí?"
A Eric le costó un esfuerzo no reírse de la mueca que apareció en la cara de ella. "Regresando a tu estado semi-catatónico, Pam, te recordaré amablemente que tu odias estar aquí, y de hecho me dijiste que lo vendiera y llevara los suministros de sangre a Francia". Ella gimió. "No tenemos sangre fresca, pero tenemos True blood como para veinte años". Él le sonrió brillantemente, sosteniendo la botella que estaba bebiendo.
Pamela se quejó de nuevo, como si le doliera, antes de resoplar y volver a la cocina. Tan pronto como se fue, Eric se permitió una sonrisa creciera en sus labios. Sobre todo, cuando él la escucho maldecir entre dientes. Un par de minutos después, regresó a la sala. "¿Desde cuándo me escuchas?" preguntó mientras se sentaba al lado de su creador, abriendo de mala gana la tapa y mirándolo tristemente.
"Bueno, después de tus quejas, yo estaba preocupado porque quemarías la casa, si yo no lo hacía". Se encogió de hombros tomando un sorbo del líquido de sabor horrible, antes de ofrecerle una sonrisa. Sabia lo mucho que ella odiaba True Blood, de hecho era una especie de mierda, de un año de antigüedad, él no pudo evitar la risita que le salió.
Pam miro en su dirección, sin diversión en su cara. "Está bien, esta noche iremos y encontraremos algo bueno para comer" El dijo moviendo la cabeza, con lo que se ganó una sonrisa de su progenie. "¿Tan pronto como esta película acabe?" y la sonrisa desapareció.
"Eric, es el maldito titanic…y acaba de empezar". Ella se quejo, y él se encogió de hombros dando un sorbo de la botella para ocultar la sonrisa. "Tu estas sonriendo… ¿era una broma? Por favor, di que lo era" ella agregó, y él levantó un dedo colocándolo en sus labios para hacerla callar.
Pam alzó una ceja ante el movimiento, pero la sonrisa que amenazaba con salir, le dijo que ella sabía que él estaba bromeando e iba a desear no de haberlo hecho. "Eric se que odias la película…dijiste que era penosa" replicó después de un momento, antes de tomar otro sorbo de su pútrida bebida. Suspirando, él apagó la televisión, y le dio una mirada burlona.
"Está bien, princesa… ¿Dónde quiere la dama comer?"Le preguntó con sarcasmo y vio como ella rodó sus ojos. "Bien… entonces yo elegiré". Dijo tomando su mano y empujándola fuera, aún con la ropa de la noche anterior.
Los ojos de Eric miraban brillantemente como los dedos ensangrentados de Pam, marcaban las teclas blancas del piano, moviéndose elegantemente. Liberando a la joven de su agarre, Eric la dejo caer en el duro suelo de baldosas donde su madre y dos hermanos estaban inconscientes también. Todos habían llegado a casa de unas vacaciones y eran una presa fácil y una buena oportunidad que toda la cosa del virus no les había alcanzado. Lentamente se acerco por detrás de ella casi sorprendido. 100 años y nunca había sabido que ella podía tocar. "Yo nunca supe que tocabas" él susurro y vio una sonrisa en la cara ensangrentada de Pam.
Se veía hermosa, su pelo todavía era un desastre, la cara la tenía cubierta de sangre y sus ojos estaban cerrados mientras que dejaba que la música la llenara. "Tú nunca preguntaste…pero imaginé que lo adivinarías ya que crecí en un hogar de sensibilidad victoriana". Dijo ella abriendo los ojos, al notar a Eric sentarse a su lado en el banco de madera. Sin embargo, no se detuvo y en su lugar vio como Eric puso las manos sobre las teclas y empezó a tocar también.
"Veo más secretos ocultos sobre el gran enigma de Eric Northman" Pam susurró sin darse cuenta de lo duro que sonaba hasta que vio los ojos de Eric entristecerse, de pronto se detuvo y se mordió el labio. "lo siento, no debería…" empezó cuando Eric la interrumpió.
"No… tienes razón…y de ahora en adelante…prometo no más secretos" los ojos de Pam hicieron contacto en la confusión de sus palabras pero asintió con la cabeza dándole una suave sonrisa. "¿Ahora, donde estábamos? Pregunto él poniendo de nuevo las manos sobre las teclas. Puede ser difícil intentar borrar, olvidar y perdonar pero el modo en que los ojos de ella se iluminaron cuando admitió que tenía razón causándole tanta felicidad, supo que merecía la pena…ella merecía la pena.
