Disclamer: los pj's de KHR no son míos.
Capítulo dos: "De encuentros bizarros y comentarios sin sentido"
No era lo suyo caminar y andar recordando cosas del pasado, no era lo suyo ser "humano", ni comportarse como uno, y sin embargo ahí estaba, caminando entre la oscuridad de la noche que se hacía cada vez más presente, haciendo que aquella luna plateada se alzara e iluminara en lo más alto. Caminó mirando las lápidas y los epitafios en ellas:
"Necesité toda una vida para llegar hasta aquí"
Leyó con la mirada y se quedó observando, agachándose un poco, mientras miraba la tierra y las telarañas que cubrían lo que posiblemente antes era una lápida de mármol blanco.
¿Cuánto tiempo había pasado desde que comenzó a ponerse como emo cuando menos se lo esperaba? Cuatro años exactos desde que descubrió que tenía un corazón con sentimientos. Desde entonces no había podido volver a ser el mismo.
Caminar últimamente era algo que hacía a diario, salir desde altas horas de la madrugada y vagar por las calles hasta bien entrada la noche. No supo cómo, pero sus pasos le guiaron a un lugar que no visitaba desde hace ya mucho tiempo, por lo que lentamente se fue internando en aquel viejo cementerio. Lápidas por aquí y por allá llamaban su atención, unas más nuevas que otras, y algunas que con el paso de los años y el mal cuidado, yacían en pedazos por el suelo.
A lo lejos pudo divisar una silueta vagamente familiar, sabía que aquella delgada anatomía correspondía a alguien que mínimo, no había visto en un par de años. Acercándose como un gato, sigilosamente hasta llegar a cinco pasos de distancia de la otra persona, supo de quién se trataba; no pudo controlarse de nuevo y saltó sobre la silueta, envolviéndole entre sus brazos mientras sonreía infantilmente.
Podía sentir las presencias de los demás, y supo desde el principio que ahí no estaba solo, y que por lo menos una persona merodeaba en el mismo lugar que él. Mukuro no le dio la más mínima importancia y siguió con lo suyo, sumido en varios pensamientos personales, propios.
Lo había sorprendido, la manera en cómo fue abrazado por detrás. El muchacho se dio cuenta de quién era cuando lo vio, ese particular aroma que emanaba siempre era y es dulce: Byakuran.
Le había caído por sorpresa ese acto.
-Tú-soltó esta vez calmado, después de asimilar la situación.
-Hola-saludó en tono infantil, fingiendo una sonrisa inocente.
Mantenía el contacto con el cuerpo del otro, esperando que esta vez fuese el real. Hundió su rostro en el cuello del menor, aspirando ese aroma que tantos años fue el fantasma de un error. Al fin su etapa emo de tantos años se hacía a un lado para dejar que la euforia, infantilidad e inocencia fingida tomaran el mando de su cuerpo por esos momentos.
"¿Hola?" Un simple hola había salido de los labios contrarios, el muchacho suspiró. Ese abrazo había durado mucho para su gusto, tomó las manos de Byakuran y se apartó dos pasos lejos del hombre.
-Tanto tiempo.-expresó con simpleza, mirándole de arriba hacia abajo, no había cambiado mucho, incluso parecía que los años jamás habían pasado. Ese hombre se veía igual a la última vez que lo vio.
-Extrañé hacer eso-comentó con una mano en su nuca, sonriendo inocente.
¿Estaría mal si lo abrazaba de nuevo, pero esta vez buscando sentir los latidos del corazón del otro? Sabía que entre ellos jamás habría nada, mas lo único que deseaba en ese momento era borrar todo rastro de tristeza de su ser. Bueno, qué más daba, nunca había pedido permiso para hacer lo que hacía, así que... ¿por qué esta vez debía ser diferente? Avanzó la corta distancia entre ellos con un rápido movimiento, en todos esos años aún conservaba su forma y agilidad, por lo que en menos de un parpadeo ya se encontraba estrechando al otro contra su cuerpo.
Volvió a sentir el abrazo, y Mukuro entrecerró los ojos, ¿Byakuran jamás entendería que odiaba el contacto directo?
-Sabes que te extrañé-afirmó llevando una mano hasta el mentón del peliazul y alzándoselo con suavidad para ver esos hermosos ojos bicromáticos.
-Oya, oya... ocupo el pensamiento de un hombre que deseaba "un mundo perfecto"-rodó los ojos.
Si Mukuro se caracterizaba por algo, eso era la poca expresividad que le ponía a las cosas. Normalmente siempre jugando con una sonrisa ladina en esos labios, pero con Byakuran era diferente, pues éste había tenido la oportunidad de verle semi-moribundo, atrapado en un cuerpo que no era suyo sin poder escapar.
-No esperes que diga lo mismo, pero si me he preguntado qué fue de ti.-espetó, sin moverse, sin apartar pero también sin corresponder.
-Un mundo perfecto jamás será perfecto si lo que más deseas no está en él, ¿no te parece?-preguntó suavizando su semblante, dando un aire más de nostalgia que otra cosa a su persona.
Bueno, sabía exactamente que lo que estaba haciendo no es lo que debería estar haciendo, pero le daba igual, hace mucho tiempo que todo le daba lo mismo, que nada le llamaba la atención... nada que no fuese aquel peliazul entre sus brazos.
-He vagado desde entonces-respondió haciendo referencia a la última vez que se vieron.
-Ciertamente, concuerdo contigo.-respondió, sintiendo la respiración de Byakuran sobre su cuello, aún seguía aquel abrazo que el mayor parecía desear prolongar. Byakuran parecía tan lleno de emociones como la última vez.-Desecha eso, sólo te hace débil.-dio su pequeño comentario al asunto, era por eso mismo que el peliazul se negaba tanto a estimar a alguien, aunque claro, Chrome, Chikusa y Ken eran las excepciones.-¿Encontraste algo en tu viaje?-preguntó, aunque su voz no parecía mostrar interés, interiormente tenía curiosidad.
-Muchas cosas, pero ninguna de ellas llenaba el vacío-respondió riendo un poco ante lo dicho por el otro-Lo cierto es que sí, a veces tus emociones pueden hacerte débil, pero te hacen fuerte si es para proteger a quien amas...-la mano que tenía en el mentón del otro fue guiada hasta la mejilla de éste, acariciándola suavemente, como si se tratase de porcelana frágil. Cuatro años habían valido la pena por ese momento.
-Vacío...-repitió al escucharlo. Mukuro también tenía un vacio, el cual llenaba al jugar con las personas. Le satisfacían por un rato, pero enseguida se aburría, era poco constante y no le gustaba la rutina, la odiaba. Alzó la mano para colocarla en el hombro del peliblanco, apartándolo de su cuerpo, cortando ese abrazo-Lo pensarás tú, pero no quiero depender de una persona para ser fuerte-sonrió de medio lado y dio la vuelta, comenzando a caminar por el caminito que se abría entre tantas lápidas.
-No tienes por qué ser dependiente de una persona, yo sólo digo que el sentir no es signo de debilidad, al contrario. Débil es una persona que huye y se esconde detrás de una coraza, creyendo que así será inmune... mientras se va sumiendo en el dolor...-refutó de manera serena y queda, repitió exactamente las mismas palabras que se había dicho cuando se dio cuenta que estaba enamorado y no sabía qué hacer-Una persona débil es aquel que cree que sin emociones o sentimientos es más fácil vivir...
Ok, ese había sido su momento filosófico del día o de la noche, lo que fuera. Aquellas palabras no representaban nada más que su propia situación antes de enfrentar aquello y entender que nada de lo que pensaba era cierto. En el fondo, él y Mukuro no eran diferentes, ambos eran iguales en sus formas de pensar, con la diferencia que cada uno lo enfrentaba de formas distintas: el peliazul lo hacía mostrándose frío y orgulloso, jugando con las personas sin importar qué; él lo hacía actuando como un infantil sádico que gustaba del dolor ajeno, siendo que no era nada más que para no ser el único en sentir aquello. Lo que los hacía iguales, no era otra cosa más que el simple hecho de querer sacar su propio dolor causándoselo a los demás.
Mukuro comenzó a aplaudir y se dio la vuelta con una sonrisa en labios, de las comunes que solía dedicar.
-Muy bien, ahora puedes dar clases de psicología en alguna universidad.-dijo, dejándole claro al otro que le importaba un reverendo rábano su opinión. Mukuro sabía perfectamente la situación en la que se encontraba, cuáles eran sus pros y sus contras. Pero era su decisión la vida que llevaba ahora.
Era cierto, él y Byakuran tenían muchas similitudes.
-Sí, bueno, digamos que en cuatro años algo puedes estudiar, ¿no?-comentó sonriendo de manera infantil-Aunque lo que realmente deseo ejercer apenas y estoy comenzando a estudiarlo-agregó de manera divertida acercándosele de nueva cuenta-Aún me falta la tesis-dijo acariciando un mechón de cabello azulado.
El otro al parecer había comenzado a buscar una vida normal, y es que Mukuro aún no lo podría creer, no reconocía a ese hombre, no era en nada parecido a quien le derrotó alguna vez. ¿Qué es lo que le pasaba? Claro está, el pobre peliazul no se dio cuenta del sarcasmo y sentido oculto de las palabras del peliblanco, creyendo que éste decía todo en un sentido real.
-Oya... interesante...-dijo como si fuera un sarcasmo, ni siquiera él sabía por qué era tan duro con el albino.
-Es divertido, sobre todo cuando usas tus conocimientos para torturar psicológicamente a tus subordinados-sonrió de manera infantil, con un marcado sadismo en ella-Sobre todo cuando los traumas...-al recordar al pelirrojo amigo suyo no pudo evitar darle aún más énfasis a su sádica expresión.
Bueno, no era lo que esperaba de aquella situación el estar hablando de cosas así con él, siendo que su siempre amiga personalidad le gritaba que si aquella vez hubiese sido como siempre el peliazul ya estaría en su cama.
Se quedó en silencio, esta vez Mukuro miró al hombre que se estaba dirigiendo a él, y lo miró de una manera diferente, algo extrañada. Se estaba haciendo a la idea de un Byakuran temeroso y dominado por sus sentimientos, pero ese comentario dejó al muchacho peliazul en que pensar. Sonrió de medio lado y manera ladina.
-Oya, oya, suena interesante-comentó y volvió a dar la vuelta, caminando entre tumbas.
-Mu-ku-ro-kun~-canturreó arrastrando las sílabas, al carajo todo de nuevo. Había actuado como un idiota todo ese tiempo, bueno, era la primera vez que se enamoraba y digamos que tener como referente a Spanner y Shoichi no ayudaba mucho que digamos, así que las cosas a partir de ahora las haría a su manera, o sea, el peliazul sería suyo por las buenas o por las malas.
-¿Qué sucede?-inquirió sin detener su paso, escuchando aquella vocecita canturreante, debía añadir que nunca le agradó la manera en como decía su nombre, le causaba escalofríos, y la sensación de que Byakuran jugaba con todo.
-Mu-ku-ro-kun~-repitió mientras en un rápido movimiento se ubicaba frente al menor y le cogía por las muñecas, atrapando sus labios con los suyos, en un beso inmediatamente profundo. Oh sí, cómo disfrutaba de aquello, ¿por qué no lo había hecho antes? Ah, claro, porque se las dio de idiota y se puso emo para sus cosas, amaba hacer las cosas a su pinta, eso era lo que jamás debió dejar de hacer. Los cuatro años perdidos no fueron más que por seguir el consejo de alguien, ¿cuándo en su sano juicio había aceptado que alguien le dijese algo?
Mientras el caminó jamás se había imaginado las acciones del otro, incluso estaba tan tranquilo en ese momento que no estaba del todo alerta, ni siquiera sintió a Byakuran acercarse, solo su agarre y el brusco beso. Beso que al igual que todo lo anterior, fue completamente inesperado... ¿cómo es que una persona podía cambiar de actitud tan de repente? Se separó, como era evidente, llevándose una mano a sus labios e intentando limpiar como si así se quitara aquella sensación.
-¿Se te fue la depresión?-preguntó con tono mediamente burlón, sólo para no hacer ver su sorpresa por aquel cambio.
-Jo~ digamos que esa faceta fue algo experimental~-respondió infantil como siempre. Esta vez no dejaría que el otro se le escapase, por lo que no haría nada que no fuese propio de sí-Mu-ku-ro-kun~-le tomó de la cadera y lo apegó a su cuerpo-Eres muy lindo Mukuro-kun~-susurró en su oído, mordiendo levemente el lóbulo de éste cuando concluyó la frase.
El muchacho se tornó serio, una cosa era jugar, y otra que ese hombre quisiera romper su orgullo. Le miró de manera fulminante, pero sin apagar la sonrisa que siempre adornaba su rostro en situaciones que no le favorecían. Mukuro poco se intimidaba por las demás personas.
-Kufufufu, no puedo decir lo mismo de ti-alzó una mano e hizo aparecer su tridente, colocándolo en el cuello del mayor, lográndose separar-Tu concepto de lindo es sumamente bizarro.
-Jo~-le miró alzando ambas cejas, sin dejar de sonreír-Si te consideras bizarro, pues, podríamos decir que sí fufufu~-soltó esa risita tan típica de él, oh sí, cuando había extrañado el reír así. No se intimidó en lo más mínimo por la aparición del arma del otro, ya sabía que esa cosa no era nada en comparación a su habilidad, lo habían comprobado ambos, era obvio que el peliazul no podría hacer nada si decidía violarlo o algo... pero no lo haría, no porque no pudiera, sino porque no consideraba a Mukuro como uno más del montón.
-No estoy para bromas, kufufufu-cerró los ojos, sabía, él sabía el poder de Byakuran, se lo había mostrado con anterioridad, pero ambos sabían que años habían pasado de ello, y que ahora podía contra atacar, al menos defenderse. Mukuro nos se paraba en frente de ese albino si no se sentía seguro de alguna manera.
-Mukuro-kun~ sabes que es inútil que aparentes conmigo, somos iguales-afirmó desapareciendo de su campo visual y reapareciendo a sus espaldas, envolviéndole luego en un fuerte agarre con sus brazos, inmovilizando cualquier acción.-Mukuro-kun~ me gustas-susurró en su oído para luego hundir su rostro en el cuello del otro y lamer sutilmente la tersa piel.
-No, tú y yo no somos iguales.-no, porque él era Rokudo Mukuro, quien había pasado por la muerte, estaba por encima de los seres humanos, los objetivos del peliazul era lograr la paz universal por medio del sufrimiento, Byakuran por otro lado quería un Mundo Perfecto ¿Para qué? No lo sabía y ni le interesaba. Sus ojos le habían visto desaparecer e intuyó su aparición cerca suyo, fue detrás de sí. El muchacho sintió el abrazo, el susurró y el tacto de esa lengua húmeda contra su piel. No lo pudo evitar, pero si desvanecerse de ese lugar, reapareciendo en otro, como cual neblina.-Lo sé, kufufufu.-expresó, sonriente, y con una mirada desafiante.
Por fuera sonreía, pero por dentro no sabía qué hacer, aquella situación le estaba superando... Quería hacer su voluntad, pero tampoco era que fuese a violar al otro ahí mismo en el cementerio, una pisca de conciencia le quedaba en ese momento, y al menos si iba a abusar del otro lo mínimo que quería hacer era que el trauma fuese menos doloroso.
-Que bueno-amplió su sonrisa-Al menos eres consciente que si intento algo contigo será importante-rió levemente poniendo su mano frente a su rostro enseñando su anillo-Ambos sabemos lo que ocurrió la vez anterior, ¿no? Al igual que aquella vez, no sé si te percataste, pero no podrás huir de aquí~-canturreó sonriendo de manera sádica.
¡Al carajo las buenas intenciones!
Sonrió, tal como lo hizo la vez en la que se encontraba en esa situación, sabía cómo era el asunto, tenía presente el nivel al que estaba ese maldito albino.
-No pretendo huir, kufufufu~-se encogió de hombros y cerró los ojos.-No sé qué es lo que quieres o a que pretendes llegar, no puedes manipular a alguien a tu antojo. Escúchalo siempre, Byakuran, puedo estar aquí en presencia, puedes mirarme, incluso tocarme, pero jamás obtendrás lo verdadero de mi.
-No pretendo manipularte y como ya dije, no me llamas la atención como juguete-confesó sin borrar su expresión-Tampoco te sientas tan especial por haber pasado por la muerte y sus cinco niveles, no olvides que yo he estado también en diferentes mundos~-rió ante eso, aunque por dentro una punzada cruzara su echo, el recuerdo de haber conocido al otro en un mundo diferente y haberse enamorado de él por ese entonces...
Ahora todo tenía sentido, no es que de un día para otro se haya enamorado del otro, esos sentimientos llevaban ya muchísimo tiempo en él, sólo que su venganza le había hecho bloquear aquello que luego salió de aquella forma tan penosa como fue su anterior encuentro...
-Kahahahaha-se rio en voz alta y fuertemente, con libertad.-¿Y él punto es?-ambos tenían alguna particularidad, algo en su pasado, sus habilidades, ese pelilargo ya no se sorprendía de nada.-Vamos Byakuran, ¿qué deseas? Kufufufu~ ¿Qué corra a tus brazos? ¿Qué corresponda a tus extraños sentimientos que nacieron de un día para otro sin razón aparente? No, soy una mera ilusión, kufufufu~
-Oh mi querido Mukuro-kun~ no es eso~-se acercó dos pasos, sin intenciones de hacer nada por ahora-Eso ya lo hiciste en otro mundo~-comentó con cierto aire de coquetería-Te conozco mejor que tú mismo, y doy fe que no eres una ilusión-agregó sonriendo infantilmente, con un dejo de calidez en sus labios.
Entrecerró los ojos, clavándolos en el hombre como si se tratase de un felino mirando una amenaza.
-Bien, entonces no sé a qué quieres llegar. Habla de una vez.-expresó serio, pero aún con ese toque de tranquilidad, que comenzaba a desvanecerse poco a poco.
-No planeo llegar a ningún lado, sé que en este mundo jamás podré estar contigo, aún así no quería perder la esperanza-sacó su lengua de manera juguetona-Porque Mukuro-kun~ me gusta~
Se sentó en una lapida, cruzando la pierna, como si estuviera en aun tipo de trono, se quedó observando al mayor alzando una ceja.
-Veo inútil entonces, esta "charla"
-No lo sé, Roku-chan~-respondió llamándole como solía decirle al Mukuro del otro mundo, al que estuvo con él. Se ubicó frente a él, pero a diferencia del otro, apoyó un pie sobre una lápida y luego el codo sobre su rodilla para afirmar su cabeza con una mano.
-¿No lo sabes?-nuevamente alzó una ceja, escéptico.
-Nop-sonrió ampliamente-Me gustaría violarte y manosearte un poco, pero no sería justo si no quieres, ¿no?-comentó como si hablara del clima-Debo agregar que cuando gimes eres muy lindo~
Oh sí, si había algo que realmente sabía a la perfección sobre el otro eran cada una de sus reacciones frente a diferentes situaciones. Bendita su memoria por recordarle todo justo en aquel momento.
Byakuran parecía hablar de una manera curiosa, como si conociera de él algo que nadie más sabía. ¿Qué demonios había pasado en sus tantos mundos paralelos?
-Tú no conoces la justicia, kufufufu.-sonrió y cerró los ojos.-entonces no, no sé qué es lo que buscas de esta situación.
-No sé a qué te refieres con justicia-le sacó la lengua-Oh, ¿olvidé mencionar que amo el lunar que tienes en tu nalga derecha?-rió para luego sacar de quien sabe donde una bolsa con malvaviscos y comenzar a devorarlas como si disfrutara de ventilar la privacidad del otro... Esperen, lo hacía, estaba gozando ese momento...
-No sé tú a que le llames justicia.-no le miró después de escuchar el comentario.-Siempre tan elocuente-comentó a ello de manera casi sarcástica y se recargó mejor en su lugar.
-Ah, pues cuando digo que no sería justo me refiero a que si te violo ahora te dolería demasiado el trasero ya que estarías resistiéndote, y sé que no te gusta estar de pie todo el rato por no poder sentarte~-explicó sin parar de comer-Por cierto, ¿aún te dan escalofríos cuando rozan la parte baja de tu espalda?
Abrió sus ojos un poco sorprendido para después mirarle de manera fulminante, se levantó de su lugar y le jaló del cuello de su camisa.
-Acaba de una vez con eso, ¿insinúas que en algún mundo fuimos amantes?-preguntó en un tono de voz serio.
-¿Amantes? Oh, no, por supuesto que no-respondió ensanchando su sonrisa, sin inmutarse por el agarre-Fuimos novios legalmente-agregó soltando su típica risa infantil-Con una vida sexual bastante activa cabe agregar~
-Jah, kahahaha, ¿pretendes decirme que alguna parte de mi se siente o sintió atraída por ti?-que tan diferente podía ser Mukuro de aquellos otros en mundos paralelos a este.
-Más que atracción me atrevo a decir que estábamos locos el uno por el otro, admito que jamás creí que eso pasaría~-le acarició una mejilla con la punta de los dedos-Tardamos un par de meses en declararnos y luego del primer mes de novios la calentura se hizo presente y~ ya te imaginarás el resto~-contestó lanzándole un beso.
Sus ojos le miraron directamente, era cierto que muy dentro de sí mismo, algo le atraía de ese hombre, quizás la fuerza que tenía, el modo en que imponía... No, Mukuro no era masoquista, pero percibía en el otro un gran parecido a sí mismo, por eso mismo estaba convencido de que chocaban. Rodó los ojos y le dejó, soltándolo, comenzando a caminar de nuevo. Pensando, y si todo eso fuera cierto ¿Qué?
-Linda historia de amor, lástima que esta es otra historia.
Continuará...
Bueno, aquí está el cap dos...
digamos que estaba listo hace tiempo, pero faltaba corregirlo y la falta de tiempo por los estudios es gigante =(
Agradezco de nuevo a mi querida YUE-chan por prestarme a la piña agria para este fic...
Espero les haya gustado, trataré de subir el cap tres lo más pronto posible
En este cap mi Byakuran quedó más Byakuran y menos emo, lo siento, la situación del cap anterior lo ameritaba, sino, este cap no tendría tantos chistes encubiertos xD
Dudas, quejas, críticas, opiniones, tomatazos, etc, etc, etc...favor dejar un review
Se cuidan mucho~
Bye bye
