¿Existirá el destino? A veces solía pensar esa clase de cosas, mientras veía el tiempo pasar desde su ventana, la madera se quemaba, el hielo se derretía y la noche caía. Muchas veces pensó que el destino era algo que estaba escrito, algo que no se podía cambiar, que era como era y punto. Durante la guerra estaba más que seguro de eso, su destino estaba escrito y con sangre de inocentes que su misma familia había derramado. Pero con la paz que había ahora … ahora tenía tiempo para él, tiempo para analizar su vida, y el tema de el destino era algo recurrente para él, esto no era la vida que el "destino" le tenía preparado, no en este momento.
¿Sería parte de la casa de Slytherin? Serpiente y orgulloso.
¿Formaría parte de las filas de Vodemort? Hecho, lamentablemente.
¿Manejaría los negocios familiares? Si y estaba orgulloso de sus resultados.
¿Se casaría con una mujer sangre pura? Si, la que se había convertido en su amiga y confidente.
¿Tendría un heredero? Scorpius, lo mejor que le había sucedido en su vida, la única cosa que había hecho bien prácticamente.
¿Sería como su padre? No, definitivamente no y no pensaba serlo tampoco.
¿Tendría un puesto importante en la sociedad mágica? Si es importante ser un cobarde que desertó de las filas de Voldemort, por supuesto que lo era.
¿Continuaría con la ideología Sangre pura que profesaban los Malfoy? Por supuesto que no. Esa ideología murió con la guerra.
¿Eso era todo? Esa era su vida. Esa sería toda su vida, por Merlín esperaba que no. De seguro había más ¿Pero dónde? Entonces ahí fue cuando se dio cuenta que no podía quedarse varado en las arenas del "destino". No. El debía forjar su propio destino. El y nadie más.
Y ahora la vida le había tendido una mano. La persona que amaba estaba soltera. Hermione Granger había terminado su matrimonio con Ronald Weasley, cuantos años espero para eso, cuando había terminado la guerra estaba decidido a decirle lo que su corazón sentía, pero la vida era una perra, y ahí había aparecido Hermione de la mano de Ronald Weasley. Y desde ese momento nunca más se separaron. "Le diré cuando terminen, no creo que duren mucho tampoco" Así solía consolarse el joven Draco Malfoy, pero ya no era un joven. Ahora era un hombre. Y la chica que le gustaba ya era una mujer, una mujer que se había casado había formado una familia, igual que el . Como había pasado tanto tiempo desde eso ¿10 años? ¿15? ¿20? Por Morgana … el tiempo vuela cuando te diviertes – pensó irónicamente el rubio –
Quizás estaba pensando demasiado, quizás solo debía actuar y pensar menos. En verdad llevaba mucho tiempo sin salir de su casa. Sus asuntos financieros estaban en orden. Hoy por la mañana le había enviado una cara a Scorpius contándole como iba su vida por ahora y pequeñas anécdotas. Por otro lado sus asuntos "personales" por otro lado no estaban tan bien como le gustaría, y decía "personales" porque poco y nada tenían de ser solo de él, es más a todo el mundo mágico estaba muy interesado, no es que le importaba la opinión de la chusma periodística pero podían ser desagradables cuando se lo proponían, y vaya que era seguido. Hace unos días había firmado los papeles de divorcio. Al tener excelentes abogados, Draco y Astoria, el tema fue finiquitado pronto en el más privado de los tratos. Algo que desagradó por completo a la prensa cuando por casualidad encontraron a Astoria firmando como "Greengrass", pero lo que más cabreo a la prensa fue la falta de chismes, nada sabroso, todo bien, todo tranquilo, lo que no impidió por supuesto que alteraran la poca información que poseían . Bueno, el escándalo iba a ser grande tarde o temprano.
Era el día libre de Habbo, el elfo domestico de su mansión. Por lo que estaba completamente solo. No es que necesitaba de mucha compañía tampoco, y quizás ver un poco de gente le haría bien. Por lo que decidió salir. Tomar aire. Y nada más que a Londres Muggle, había ido varias veces, era agradable pasear donde no te apuntaban con el dedo, para variar un poco, y con unos cuantos consejos de Astoria, que sorprendentemente se manejaba de una forma casi innata en el mundo Muggle.
Así que vistiendo unos pantalones negros, una camisa gris y una chaqueta azul oscura salió. Estaba frío, era otoño pero el invierno parecía estar ya a la vuelta de la esquina. Se apareció en un callejón y comenzó a caminar. Encendió un cigarrillo y caminó por el parque.
Durante muchos años vio a los Muggle como seres insignificantes, como si no estuvieran a su altura, pero ahora, ahora todo era diferente, pensaban igual que ellos, amaban igual que ellos y sufrían igual que ellos. Sin mencionar que su sangre era igual de roja. Se sentó en una banca a observar un pequeño lago, una pareja de ancianos daba de comer a unas palomas. Algún día ese podría ser el, compartir sus últimos tiempos con alguien.
El sol comenzó a bajar, y la pareja de ancianos se retiró, quizás el debía hacer lo mismo, la temperatura estaba bajando y no quería hacer algún hechizo en este lugar. Por lo que para no irse, quiso pasar a un café que era su favorito, el primer café que probó en el Londres Muggle. Estaba a unas cuantas cuadras.
El sonido de la campana al entrar sonó, adentro se percibía un ambiente tibio, relajado, informal y completamente familiar. Las estufas estaban prendidas, lo notó en un momento, la suave música sonaba y por todo el pequeño café habían personas hablando, riendo, leyendo, era algo precioso a la vista y de pronto el olor a café recién molido llenó sus sentidos. De verdad ansiaba un café. Se acercó a la barra donde estaba John, el barista que trabajaba ese turno. Lo vio hablar entretenido con una persona, no podía observarla pues había un hombre entre ellos. Debía ser una mujer pues John se veía muy entretenido. Pero la sorpresa no cabía en él cuando el hombre se paró y vio quien era.
Ahí, enfundada en un chaleco azul de cuello amplio hasta la cadera, unos pantalones negros apretados y sus rizos cayendo por toda su espalda estaba Hermione Granger, conversando y riendo con una humeante taza de café entre sus manos . No podía ver bien su cara, pero estaba seguro que esa sonrisa era hermosa.
- Draco! – la voz de John lo hizo despertar – te sirvo lo de siempre? – preguntó con una sonrisa
- Lo mismo que tiene la señorita – no sabía de dónde había salido esa línea pro mordió el interior de su mejilla para no volver a repetir algo así, y en ese momento la castaña se giró a verlo –
- Malfoy – un poco sorprendida Hermione abrió los ojos – tu aquí? Acaso estoy soñando? – rió la castaña y se levantó con su taza y se sentó en el banco que estaba a su lado – me puedo sentar aquí verdad? – preguntó un poco incomoda
- Ningún problema de mi parte – y sin saber cómo y por qué, sonrió, la castaña pudo notarlo –
- Doble choca moka con extra espuma– llegó John con el café – algo muy poco tu, déjame decirte amigo rubio – observó con una sonrisa el barista, su sonrisa desapareció cuando comenzó a mirar a Draco y luego a Hermione y viceversa – se conocen?
- Si – contestaron ambos al mismo tiempo, sonrojándose ligeramente –
- Fuimos compañeros en el colegio – le contó la castaña – Nos conocemos hace años – ahora lo dijo mirando directo a los ojos grises
-Muchos años - sonrió levemente de vuelta el rubio
- Vaya … mis mejores clientes se conocen, debe ser esa escuela suya – rió John mientras desaparecía para comenzar a preparar los pedidos que tenía.
- Este café no es nada cercano a lo que suelo tomar – comentó Draco más bien para sí mismo -
- Que sueles tomar normalmente – pregunto la castaña acercando su silla un poco más
- Expreso, sin azúcar –
- Muy diferente –rió la castaña tomando un poco y ensuciando su labio con un poco de espuma, se limpió con la lengua rápidamente para que el rubio no lo notara. Pero este lo notó y no pudo evitar sonreír ligeramente, de verdad se había visto sencillamente adorable.
- Como has estado? – preguntó la castaña –
- Pues bien – contesto probando el café – no está mal –
- Es delicioso – sonrió la castaña dirigiendo su mirada a su café – Si … - se mordió el labio – si no quieres que te hable puedes simplemente decirlo – bajó su mirada – no somos amigos ni nunca lo hemos …
- No – se apresuró a decir el rubio – créeme, si no quisiera hablar contigo ya te lo hubiese dicho, Granger – hizo énfasis en el apellido de la mujer y esta rió ligeramente
- Ese es mi apellido- volvió a observar directamente a Draco – leí lo de tu divorcio en El Profeta
- No fue tan interesante como el tuyo – bromeó el rubio
- Oh para nada, gracias a ti se olvidaron del mío – rió divertida. Su risa, era sencillamente música para sus oídos, música que escucharía todo el día, no entendió como pero un escalofrió lo recorrió –
- Para la próxima nos ponemos de acuerdo y lo hacemos el mismo día, la prensa no sabrá que hacer – la castaña volvió a reír
- Gracias, pero no gracias, no volveré a casarme – sintió una leve molestia en el estomago – no en mil años al menos … si, quizás en unos dos mil años podría considerarlo – volvió a reír
- Pues en dos mil años será, los magos somos muy longevos sabías – y rió junto con ella
- Interrumpo algo? – apareció John con una sonrisa cómplice – Por cuenta de la casa – y puso en medio de ambos un gran trozo de brownie de chocolate junto con dos tenedores –
- Gracias – agradeció por los dos la castaña antes que el pelinegro desapareciera para seguir atendiendo
- Vaya … chocolate – observó Draco – Scorpius estaría maravillado con esto
- Scorpius … - musitó la castaña probando un poco – debe ser un buen chico … Rose habla maravillas de el
- Lo es – sonrió mientras tomaba un poco del pastel con su tenedor – lo educamos para que fuera todo lo que su madre y yo no pudimos ser nunca … feliz – completó en su pensamiento
- Estaré encantada de conocerlo, Rose piensa invitarlo a casa en navidad … si no te molesta, claro –
- Para nada, Scorpius estará muy feliz – comentó y probó otro poco de brownie
- Quien iba a pensar que tu hijo y mi hija serían amigos – jugó un poco con su tenedor –
- Iguales a nosotros – bromeó Draco y la castaña rió
- Igualitos – sonrió – son felices, eso es lo que importa
Estuvieron hablando mucho tiempo, hablaron del clima, política, religión, anécdotas, chistes. No imaginaba que el tiempo se podía pasar así de rápido, y sin darse cuenta habían pasado casi 3 horas ahí.
- Chicos, no quiero ser imprudente, pero vamos a cerrar en poco – les avisó John recogiendo tazas
- Oh si – se apresuró a contestar Hermione buscando en su bolso, pero la mano de Draco fue mucho más rápida y dejó dinero más que suficiente para cubrir la cuenta de ambos – No tienes por qué hacerlo…
- No, pero quise hacerlo – y ambos se dirigieron a la puerta sin antes despedirse de John que los despidió alegremente al notar la enorme propina que se llevaría ese día.
Cuando salieron la noche ya había caído, eran quizás las 9 de la noche, no estaba seguro, al ser sábado había mucha gente en la calle, paseando riendo.
- Yo … - comenzó a hablar Draco
- Fue genial verte – sonrió la castaña – sin hechizos y maldiciones de por medio, para variar – el rubio contestó con un sonrisa despreocupada – debo irme –
- Quieres que… -
- No, no, no te preocupes, debo ir con Luna para buscar unos libros, pero es muy caballero de tu parte, Draco – El rubio se quedó helado, su nombre jamás había sonado tan bien en los labios de alguien – porque … no te molesta que te llame Draco, verdad? – la castaña mordió su labio inferior
- Me agrada de hecho – soltó sonrojándose ligeramente – mientras yo pueda llamarte Hermione – y sonrió de medio lado provocando que ella también se sonrojara ligeramente
- Nos vemos – la castaña se puso en puntitas y le dio un beso en la mejilla – vamos a cenar el próximo viernes, si? – preguntó sonriendo
- A las 8 – completó Draco aun sin salir del shock por la pequeña descarga que había recibido -
- A las 8 – repitió Hermione y se acercó al callejón más cercano – Hasta entonces, Draco – pronunció suavemente y desapareció –
Merlín, Morgana y Circe, que se lo llevara al infierno el mismísimo Voldemort, acababa de acordar una cita con Hermione Granger. Se agradeció mentalmente haberse dado los ánimos para salir esa tarde. No sabía si era destino, pero si sabía que era lo más maravilloso que le podía pasar, por ahora.
