CAPITULO 2

JONATHAN

-Hay que ir a Idris- sabia lo que significaban esas palabras de Magnus

-¿Quieres decir que nos van a interrogar verdad?- no necesistaba preguntarlo.

El brujo asintió.

-No es un juicio Jen, solo un interrogatorio, calmate.

-Aun asi usaran la espada mortal- dije, mas para mí que para ellos.

-¿Pueden hacer eso?- pregunto Izzy mientras mojaba su bizcocho en café- quiero decir, ella no es... osea, tiene poderes de brujo.

Genial, podria haberlo dicho claro "ella no es una nefilim, es un demonio, la espada mortal es cosa de Nefilims, no funcionará". Me levanté , sabia que no lo habia dicho con intención de herirme pero aun así me hizo sentir incomoda. Salí y subí a mi habitacion a recoger algunas cosas para el viaje y revolviendo algunos cajones encontré la estela de Clary... y no solo eso, tambien su bloc de dibujo y todos sus materiales ¿Como demonios habian ido a parar ahi? Bajé a toda prisa a buscar a Jace pero me detuve a pensar un momento, no podia decirle aquello, volveria a undirse... Volví arriba y el bloc estaba abierto, con una runa dibujada en el centro de una página en blanco.

Cruzamos por el portal que Magnus habia hecho, Izzy se habia disculpado y luego de un abrazo todo habia quedado arreglado. Aterrizamos en la casa solariega de los Herondale, ahora deshabitada y legalmente de Jace.

-Como te sientes con esto?- le pregunté al rubio, que parecia ausente desde que aparecimos allí.

Se encogio de hombros y subio a la habitación de la casa que algun día perteneció a su verdadero padre, mi tio... y mi madre, estaba tan concentrada en Jace que no habia pensado aquello. Subí tambien, en busca de la que fuera su habitación.

-La segunda a la izquierda- me giré y vi a Marysse- Jocelyn, tu madre y yo pasamos muchas tardes jugando juntas aquí-sonrió- bonitos recuerdos de infancia.

Sonreí un poco, agradecida, y me encaminé a la habitacion que me habia dicho. Su nombre estaba escrito en la puerta con bonitas letras recortadas y pegadas, con ositos y corazoncitos en rosa, eso me sacó una verdadera sonrisa, los pocos recuerdos que tenia de ella eran recuerdos tan dulces como aquellas letras. Cuando entré me encontré lo esperado, la habitacion estaba en distintos tonos pastel y rosa, las estanterias llenas de muñecas -a mi parecer las muñecas siempre habian tenido un toque macabro que no me gustaba demasiado- y las paredes con cuadros pintados de manera algo inexperta pero sin duda con talento. La cama tenia puestas unas sabanas blancas conjuntamente con el cabezal de forja y la almohada en rosa que contrastaba con tanto blanco. Sin duda mamá era toda luz, no como yo... Escuche a los demas subir en tropel para instalarse asi que salí y cerré luego de dejar mis cosas en aquella habitacion.

-En un rato vendran a interrogarte- me informó Magnus

-¿Como que vendran?

Puso mala cara, claramente disgustado con aquello.

-No quieren que entres en Alacante, por eso vinimos aquí- me explicó- estupidos.

Todos los presentes se me quedaron viendo pero nadie se atrevió a decir nada hasta que apareció Jace, saliendo de su habitación, la de su padre en realidad.

-¿Que pasa?

Negué y baje, definitivamente jamás debí salir del instituto en Madrid y mucho menos presentarme en Nueva York, fue el peor error que nunca había cometido.

Salí de la casa, alrededor era todo bosques, espesos y probablemente lleno de criaturas peligrosas, pero ¿Qué podía haber mas peligroso que yo? No lo dudé y me sumergí en la espesura, corriendo como si no hubiese mañana hasta que mis piernas no pudieron mas, había caído la noche para aquel entonces y estaba totalmente perdida.

-No deberías estar aquí- me giré, sin alterarme, y vi un rostro conocido.

-Kyle- estaba desnudo, seguramente acababa de transformarse en humano al verme- por que exactamente no debería estarlo? A fin de cuentas soy la peor alimaña que hay por aquí.

Rió.

-No estés tan segura de eso. De todos modos, no es tu estilo estar compadeciéndote de ti misma- se apoyó contra un árbol, parecía cómodo así de desnudo, debía estar acostumbrado.

-No me conoces, no sabes nada de mí- me giré de mala gana para buscar la salida de aquel lugar, aunque con lo oscuro que estaba bien podría estar adentrándome aun mas.

Me detuve cuando vi que era imposible encontrar la salida y opté por lo más práctico, creé un portal con mis propias manos, era la primera vez que hacía magia desde lo del accidente y se sentía realmente bien. Aparecí de vuelta en la casa y la encontré con más gente que cuando me fui.

-¿Qué pasa?- pregunté un poco desconcertada, sabía que iban a venir pero no tenía idea de que la casa estaría tan abarrotada.

-Anda ven- Magnus tomó mi mano y me llevó al salón, allí había un tipo con la espada mortal que no me miró precisamente con buenos ojos, ni siquiera me dirigió la palabra, solo miró al brujo para que me diera las indicaciones correspondientes. Tomé la dichosa espada en mis manos, se notaba fría al tacto. Comenzaron a preguntarme cosas sobre el secuestro y contesté sinceramente a todo, no sentí nada especial viniendo de aquel pedazo de metal que tenía en mis manos asi que imaginé que no debía estar haciéndolo tan mal.

Pasaron mas de dos horas, miré el reloj por el rabillo del ojo y vi que daba la media noche. Por suerte el tipo bajito y gordo que antes había indicado a Magnus que comenzásemos también dio por finalizada la sesión. Tomó la espada y se dirigio hacia donde estaba Jace, apoyado en la chimenea, a pocos metros de donde yo estaba sentada, vigilante.

-Señor Herondale, mañana será su turno- le entregó una tarjeta- al medio dia, en Alacante.

Mi primo negó devolviéndole la tarjeta.

-Les espero aquí, si tanto les interesa saber mi versión vendrán- salió del salón y escuche la puerta de la calle cerrarse un momento después, no lo seguí, estaba hambrienta, mareada y cansada.

Cuando desperté la mañana siguiente me sentí mejor, estaba rodeada de las cosas de mi madre, ni siquiera las muñecas me parecían ya tétricas, las vi encantadoras y el rosa no resultaba tan asfixiante. Los pajarillos cantaban al otro lado de la ventana y un rayo de sol invernal se colaba por la gran ventana que había pegada a mi cama.

Me levanté y me miré en el espejo que había en la puerta del armario, tenía una pinta bastante desastrosa. Rebusqué en mi bolsa y saque una falda y una camiseta, cogí mis botas y me metí en el baño.

La mesa ya estaba lista para el desayuno y Alec, Magnus e Izzy tomaban café y tostadas, me senté con ellos luego de darles los buenos días y miré por la ventana, Jace estaba en el jardín con las armas, que novedad.

-Dijo que quería verte cuando desayunaras- comentó Isabelle- creo que está nervioso, no le será fácil recordar a Clary.

Dejé mi taza de leche y fui a la cocina por un bol de helado de chocolate que mi querido Magnus había tenido el detalle de comprar (ese tipo de compras tan particulares que hace el gran brujo de Brooklyn en las que nunca paga jaja). Salí con el helado y un par de cucharillas.

-Deberías parar- hice desaparecer el cuchillo que iba a lanzar y sonreí, el gruñó- ¿De que querías hablar?

-Aquí no- tomó mi mano y nos alejamos varios metros de la casa, adentrándonos en el bosque y asegurándonos de que nadie estuviera por los alrededores.

Me senté en una de las gruesas ramas y esperé. El ambiente estaba tenso, mi primo desprendía tensión por cada poro y verlo así solo me hacía pensar que algo realmente malo había pasado, Jace siempre se mantenía calmado.

-Voy a matarlo- habló sin alterarse pero se sentía la ira y el odio en su voz- está preso en la Ciudad Silenciosa. Voy a matarle.

-Sabes que no será tan sencillo- miré al suelo, un par de hormigas cargaban una hoja- los hermanos estarán vigilando y aunque lográsemos esquivarlos Sebastian es poderoso.

Gruñó.

-No necesito que me recuerdes eso, no soy tan estúpido- pateó una piedrecita- ¿me ayudaras?

Me levanté y lo miré.

-Eso no necesitas ni preguntarlo.