CAPÍTULO II – A mitad del camino
Cuando avisté el automóvil de Leon a varios metros ya estaba amaneciendo y la lluvia disminuía, así que desaceleré la motocicleta y aparqué a un costado de la carretera. Me quité el casco y me aseguré de que mi cabello siguiera presentable con un rápido movimiento de manos. El coche de Leon pasó por mi lado sin advertirme, pero unos segundos después hizo una maniobra peligrosísima para lo resbaladizo que estaba el pavimento debido a la tormenta y, dando un giro, clavó los frenos frente a mí. Me costaba mantener los ojos abiertos por la llovizna que aún luchaba por quedarse, pero a pesar de eso el cielo estaba purpúreo y la visión comenzaba a ser más clara. La puertezuela del coche se abrió de pronto y una melena dorada se asomó con elegancia.
- ¿Te vas a quedar en la lluvia? –me preguntó.
No estaba segura de si lo que debíamos hablar era confidencial, pero decidí acercarme a él en caso de que lo fuera –aunque en realidad era prácticamente imposible que hubiera alguien a cien metros a la redonda capaz de oírnos. Dejé el casco sobre la motocicleta y tragando saliva caminé hasta el lado del copiloto del coche y me subí.
- Estabas más cerca de lo que creías –comenté.
- ¿Y era tan terrorífico aguardar por mí en la residencia? –se llevó un mechón de cabello que le tapaba un ojo detrás de la oreja y suspiró- Como sea, ya estás aquí.
- ¿No has sabido nada de…?
- Lamento que aún no tenga noticias sobre Chris, Claire.
- De todos modos seguiré la pista de París, no es nada contundente, pero…
- No sabes lo difícil que me es pedirte ayuda en estos momentos –se aclaró la garganta y luego continuó-, sé que tienes mucho de qué ocuparte. Pero estoy bastante seguro de que me inyectarías el virus T adrede si no te hiciera parte de esto.
- Vamos, dímelo –sonreí.
- Échale un ojo –me pidió acercándome una pila de informes que estaban sobre sus rodillas y que no había visto hasta aquel momento.
- ¿De qué tratan? –investigué mientras abría los folios.
- Aún no ha sido confirmado, pero ¿recuerdas la mansión Spencer en medio de las montañas Arklay?
- ¿Bromeas? Allí ha comenzado todo esto.
- Creemos que el virus no habría sido liberado por accidente… Sino más bien como un experimento.
- ¿Un experimento?
- Spencer necesitaba recolectar datos de combate de sus proyectos antes de hacer volar todas las pruebas… Y los conejillos de indias serían los miembros de S.T.A.R.S. por ser los soldados mejor entrenados.
- Chris…
- Me he contactado con Jill Valentine y
- ¡Ella es una S.T.A.R.S.! –lo interrumpí.
- Lo sé, Claire. Déjame continuar, por favor. Jill me ha relatado cómo logró escapar de Raccoon City después que nosotros y, por suerte, antes de que el misil táctico vaporizara completamente la ciudad. En conjunto con Barry Burton y tu hermano siguen investigando… Pero ha sucedido algo que no es primordial para ellos, aunque estoy seguro de que sí lo es para nosotros. El doble agente y ex capitán del los S.T.A.R.S., que supuestamente había muerto en los laboratorios subterráneos de la mansión Spencer, Albert Wesker, sigue con vida.
- ¿Y eso qué demonios tiene que ver con nosotros, eh? –comencé a exasperarme porque Leon continuaba dándole vueltas al asunto- ¡No te entiendo!
- Birkin le había implantado un embrión a Sherry, Claire –dijo sin más y con un deje de cortedad.
- Lo sé, Leon… ¿Recuerdas que le inyectamos el antídoto?
- No ha sido suficiente. O al menos Wesker no lo cree porque
- ¡¿Qué le ha hecho?! –golpeé mi rodilla con el puño y dejé caer la pila de papeles.
- La ha secuestrado.
- ¿Y no se supone que el gobierno cuidaría de ella? ¡Lo habías prometido! –me indigné de tal modo que salí del coche y le di una patada inconsciente a uno de los neumáticos. Había dejado de llover.
- Claire –Leon también salió del coche y le dio la vuelta hasta quedar en frente de mí-… Iremos por ella.
- ¿Sabes dónde la tiene?
- Los S.T.A.R.S. desertores se encuentran investigando en Europa, lo sabes.
- Umbrella tiene bases por todas partes.
- Lo sé, y también sé dónde se encuentran los laboratorios Spencer 2.0. A ese tipo le gusta mucho la fachada de la mansión ostentosa –intentó bromear.
- ¿Y estás seguro de que Wesker ha llevado a Sherry hacia allí?
- Aún necesitan los datos e informes sobre las mutaciones del virus… Y el único embrión que queda…
- Debemos apresurarnos, Leon. ¡Sherry! –ahogué el llanto incipiente y sorbí por la nariz.
- Por eso mismo tengo planeado nuestro viaje al este de Kentucky. Más precisamente a Cumberland Mountains. Creemos que las instalaciones han sido establecidas paralelamente a las de Raccoon City, ya sabes, como back-up.
- ¿Cuándo salimos?
- Ahora mismo.
- ¿Puedo conducir mi Harley? –Leon levantó una ceja y observó de soslayo hacia el lugar en donde la había estacionado- Ya no llueve –comenté.
- Mantente cerca del coche… –dictaminó y luego regresó al volante, pero antes de encender el motor me gritó:- Salvaremos a Sherry.
Asentí con vehemencia y tuve esperanzas. Había estado equivocada, Chris no era mi única familia. De algún modo Leon y Sherry también lo eran y no los dejaría si me necesitaban, aunque eso supusiera la postergación indeterminada de mi viaje o mi potencial muerte. Umbrella seguía haciéndose de enemigos, pero Leon y yo ya no éramos los adolescentes inexpertos que se habían visto envueltos en una catástrofe por una tremenda mala suerte. Ahora sabíamos a lo que nos enfrentábamos… y, mucho mejor, sabíamos cómo hacerlo.
