Buenas tardes, días, noches, mis queridas lectoras, véanme aquí tratando de continuar este fic, no me hacia a la idea, hasta que, mientras hacia tarea, me llego como un relámpago que golpeaba mi cabeza (alabanza al rayo!). Bueno, sin mas que decir, he aquí el capitulo.
Desclamier: Ninguno de los personajes me pertenece, todos y cada uno son de sus respectivos autores, no recuerdo al creador de Danny Phamton, pero sea quien sea, es de él, no mio. En caso de lo contrario, Kikyô jamás, y digo, JAMÁS, hubiera revivido, Kagura no hubiese muerto y tanto el anime como el manga de Inuyasha tendría una gran cantidad de escenas hentai. En caso de Danny Phantom. Danny les hubiera dicho tanto a sus padres como a toda la ciudad que él era el fantasma que los protegía, o por lo menos alguien se hubiera dado cuenta.
Capitulo 2 - Experiencias no muy agradables.
—Esas que tiene ahí el muchacho ¿Son orejas? —Se escuchó la pregunta de Tucker.
— Será algún tipo de cosplayer —Sugirió Danny, ahora que lo veía bien, tanto el como el pequeño niño tenían unas ¨pequeñas¨ peculiaridades que no eran realmente comunes.
— ¿Eres un fantasma? —cuestionó Tucker con total normalidad.
— No —fue Shippô el primero en contestar, pues los demás no sabían si estaba bien comenzara hablar sobre los ¨secretos¨ de hanyô, apenas se estaban conociendo— es que Inuyasha es un hanyô.
Un golpe en seco se escuchó.
— ¡Kagome! ¡Me pegó! —lloró el kitsune, mientras se sobaba el chipote que se le había hecho en la cabeza.
— ¡Inuyasha! ¡Osuwari! —gritó la pelinegra, castigando al chico y mandándolo al suelo.
Ante lo sucedido, los tres adolescentes recién llegados solo pudieron sorprenderse, parecía un perrito obedeciendo a su amo, pero un poco más… rudo.
— Kagome ¡¿Qué diablos te pasa? — levanto la cara del suelo el medio demonio.
— Pero… que fue… ¿Lo que pasó? —fue lo único que dijeron los tres muchachos americanos.
Ante esto, todo el grupo recordó que los tres chicos eran de la época moderna, y que ellos desconocían por completo lo que ocurría.
Mientras estos tres jóvenes, tan solo se miraban entre si y trataban de encontrar una solución lógica a lo que acababan de ver.
Entonces Kagome cayó en cuenta de que ellos no sabían nada de lo que estaba pasando ahí, eran de otra época, e incluso otro país, tendrían que explicarles lo que pasaba, o al menos intentarlo, para que no se sintieran tan ajenos a aquella situación, no sabía cuanto tiempo se quedarían, pero solo eran unos niños (claro, hay una gran diferencia, tu tienes 15 y ellos 14), creía poder confiar en ellos.
— Bueno, verán, como les explico… Inuyasha tiene un collar, el morado que trae, es un rosario, este collar tiene un conjuro, que permite que cuando yo diga una única palabra, él sea arrastrado junto con el rosario al suelo —intentó explicar la azabache.
Los tres chicos trataban de procesar la información, y en ese preciso momento llegó un aldeano, entrando apresuradamente a la cabaña.
— ¡Anciana Kaede! —exclamó, se notaba temeroso, asustado, estaba sudando debido al esfuerzo que debió haber hecho par llegar ahí, probablemente por correr— los guerreros están aquí… —dijo en un susurro, así es como se les conocía en la aldea e igualmente en aldeas vecinas, se sabía lo fuertes que eran, y que ellos buscaban a Naraku para acabar con él— ¡Hay yôkais esta atacando la aldea! —recordó rápidamente la razón por la que estaba ahí.
Todos se levantaron y salieron corriendo, ante esto, Sam, Tucker y Danny no supieron que hacer, si quedarse ahí o salir con ellos, con la incertidumbre de que podría pasar si se quedaban ahí solos pero más que nada curiosidad, salieron corriendo tras ellos, tratando se seguirles el paso, pues tardaron en reaccionar.
Cuando llegaron a donde estaban, se dieron cuenta que en realidad no estaban tan alejados de ellos, pues se percataron como observaban las circunstancias en las que se encontraba la aldea, y la escena los horrorizó.
Ante ellos, aunque no eran muchas, había varias personas muertas, por desangrado, mutiladas, sin un brazo, una pierna o la cabeza, dieron algunos pasos hacía atrás inconscientemente, la escena que estaban presenciando era asquerosa, pero sobre todo, era traumática, no importaba cuantos fantasmas habían acabado, cuantas veces habían luchado o contra quienes, nunca habían presenciado algo así, algo tan terrible, no querían mirar, pero sus cuerpos no respondían, no podían moverse, habían quedado en shock.
Ooo/ooO
Mientras tanto, con nuestro grupo de recolectores de fragmentos, Kagome Y Sango ayudaban a algunos heridos, e igualmente Shippô las ayudaba a transportarlos a un lugar seguro, comenzaron a curarlos, limpiando sus heridas, ya que habían llevado el botiquín cuando salieron de la cabaña.
Inuyasha estaba más ocupado peleando con un yôkai, eran 5 ogros, pero eran demasiado grandes como para acabar rápido con ellos, pues tan siquiera con el que estaba, le era un poco difícil por los ataques que le lanzaba con sus manos colosales (N/A: hay siempre quise usar esa palabra! XD), hasta que le dio un fuerte manotazo, que logro esquivar, pero fue tan fuerte que su mano lo resintió por un par de segundos, dándole tiempo a Inuyasha para lanzar el viento cortante y así eliminarlo, siendo sus restos esparcidos por el lugar.
Pero antes de que Inuyasha se percatara, otro de los grandes ogros se encontraba detrás de él, y estaba a punto de atacarlo, el peli plateado percibió su olor, pero al darse la vuelta era demasiado tarde, no le daría tiempo de esquivarlo, mínimo sería lanzado fuertemente hacía algún lugar un poco alejado de la aldea, dejando a Sango y Miroku solos en la batalla, y desprotegida a la azabache. Ante este pensamiento, se aterró, no podía dejarla desprotegida. Todo aquello pasó en una milésima de segundo por su mente, pero antes de que pudiera reaccionar una luz rosada se acercó al ogro pulverizándolo al instante.
El chico volteó su rostro en dirección de donde salió la flecha y pudo ver a Kagome aun con el arco tensado, quien le sonrió en cuento cruzaron sus miradas, él le devolvió la sonrisa, y así se quedaron por un momento.
Mirándose.
Sonriéndose.
Y sus mejillas se sonrojaron, ya era la tercera vez que eso pasaba, de repente, por alguna razón, ellos se quedaban mirando el uno al otro, y se perdían en la mirada del otro, después de la pelea con Garamaru esas situaciones eran muy comunes.
Un grito desgarrador se escuchó, sacándolos de su ensoñación, una niña estaba siendo atacada por uno de los tres ogros que quedaban, estaba a punto de ser tragada por el, cuando se vio a Miroku absorber al yôkai con su agujero negro. Kagome corrió hacia la niña y se aseguró que estuviera bien, para después llevarla a donde estaba Shippô.
Al ver esto, Inuyasha decidió que lo mejor sería que terminaran con esos ogros de una buena vez, así busco a los dos restantes con la mirada, que para su gusto estaban juntos, así que podría acabar con ambos de un solo ataque.
Corrió lo más rápido que pudo hacía ellos y lanzo el viento cortante, pero los vio saltar esquivando el ataque. Bufó fastidiado, y los vio aproximarse a él, gritándole cosas como ``maldito hanyô``, ``como se te ocurre atracarnos`` ``estábamos a punto de comer`` y ``ahora morirás``.
El medio demonio solo sonrió con arrogancia, atacándolos con algo más fuerte esta vez, el Bakuryuha, y los yôkais terminaron como el primer ogro que en hanyô destruyó, destrozados y esparcidos sus restos por el campo de batalla.
Una vez con los ogros exterminados, Inuyasha guardó su espada y caminó hacía la cabaña donde se encontraba Kagome, esta curaba a un hombre, a quien le habían rasgado el abdomen, no quiso interrumpirla, y examino el campo de batalla, buscando algún indicio de peligro, pero no vio ni tampoco olió nada peligroso, pero si encontró los olores de los tres chicos que habían llegado de la época de Kagome.
No los vio por ningún lugar, así que decidió buscarlos, dirigiéndose a donde estaba más concentrado su olor.
Los encontró en la entrada de la aldea, estaban inmóviles, y se preguntó el porque se quedaban ahí sin hacer nada.
Se acercó a ellos, y se dio cuenta que ni siquiera parpadeaban.
— Oigan ¿Qué es lo que les pasa?— les cuestionó pues ninguno movía ni un solo músculo.
Podía oler el miedo en ellos, la desesperación, casi podía oler las lagrimas, los vio por unos momentos y no podía pensar en porque estaban así, malditos humanos, si no reaccionaban rápido tendría que hacerlos reaccionar por las malas.
Pero mientras pensaba lo anterior, los tres cayeron desmayados, cayendo hacía atrás.
Inuyasha tan solo los miró, y decidió que tendría que llevarlos a la cabaña de la anciana Kaede, no podía dejarlos ahí, Kagome se molestaría con el y lo mandaría una vez más al suelo. El único problema estaba, en como los llevaría a los tres, admitía que tenía mucha fuerza, pero sería un poco difícil, ya que eran tres adolescente un poco más bajos que Kagome, y por lo tanto tendría que dejar mínimo a uno solo para después regresar por el, y cualquiera que dejara correría el riesgo de devorado por cualquier yôkai.
Mientras se debatía en quien llevar primero, apareció Shippô, quien llego corriendo.
— Inuyasha, estas aquí, Kagome te estaba buscando —el niño se percato de los chicos desmayados— ¿Qué les pasó? ¿No me digas que a ellos también los golpeaste animal? Y por lo que veo muy duro —dedujo el kitsune.
— ¡Claro que no Shippô! Cuando llegue se desmayaron… —dudoso de la razón aún— Pero hay que llevarlos a la cabaña de la anciana Kaede, y tu puedes ayudarme en eso.
— ¿A sí? ¿Y como?
— Llévate a la chica y yo me llevó a los otros dos.
Shippô asintió y entre los dos los transportaron hacía la aldea de la vieja sacerdotisa.
Ooo/ooO
Kagome se encontraba curando a un pequeño niño, que se había hecho un corto algo profundo en la pierna, mientras intentaba huir de los ogros, le paso un algodón con alcohol y le puso a venda.
— Listo pequeño Keishin, ahora estarás bien —le sonrió de forma dulce.
— Gracias miko Kagome —le dio un beso en la mejilla.
Kagome disfrutaba de curar a los heridos, le hacía sentirse bien saber que podía ayudar, y este tipo de cosas eran su recompensa cuando veía a los niños felices.
— Muchas gracias señorita Kagome —le agradeció la madre del niño, mientas cargaba a su pequeño.
— No es nada, cuídelo mucho, cámbiele mañana las vendas, y cuídense mucho — le dio una venda a la señora y la vio partir, había sido el último niño, y herido, ahora podía buscar a Inuyasha, y a Shippô, quien no regresó cuando lo mando buscar a Inuyasha.
Se levantó y vio a Sango y Miroku, quienes no habían sufrido de ninguna herida, deba gracias al hecho de que sus amigos y su amado ojidorado estuvieran sanos y salvos.
Guardó las vendas en el botiquín y salió la cabaña en la que se encontraba, observó el resto de las casas, había pocas destruidas, solo eran tres, y en la que se encontraba hace un momento era de una familia, que desgraciadamente había perdido la vida, al parecer eran 3 hijos y los padres, y tuvieron el infortunio de ser los primeros en ser atacados.
Caminó tranquilamente hasta encontrarse en las afueras de la aldea, en dirección a la cabaña de la anciana Kaede, tal vez Inuyasha estaba allá, ya que Shippô tampoco había regresado.
Observó el campo de batalla, y también a las personas que ahí se encontraban mutiladas, pobres aldeanos desafortunados, tuvieron muy mala suerte… pero al menos habían llegado a tiempo para evita más muertes.
Cuando se dio cuenta ya estaba a unos metros de la cabaña, y apresuro un poco el paso, una vez llegada a la cabaña se dio cuenta del pequeño incidente que había ocurrido.
— ¡¿Que pasó aquí? —exclamó sorprendida.
— No tengo ni la menor idea Kagome, cuando llegue a la entrada de la aldea ellos estaban ahí sin moverse y después se desmayaron —dijo con fastidio Inuyasha.
— Si, y cuando llegue con el me pidió que lo ayudara a traerlos, por eso ya no regrese —agregó el pequeño zorrito.
—Bueno, lo mejor será esperar a que despierten para saber que les pasó —y se sentó junto al hanyô, olvidando por un momento lo ocurrido durante la pelea, cosa en la que el ojidorado no dejaba de pensar, ya que al instante se sentir su aroma tan cerca se tenso, y se sonrojo levemente.
Por alguna razón, su presencia, su olor, su tacto, su cercanía lo estaba volviendo loco, no sabía que le estaba sucediendo, y eso le estaba pasando desde que habían estado en el bosque de ilusiones de Garamaru. No podía dejar de pensar en ella, e incluso en una ocasión se la había dicho. Recordaba cada palabra que había dicho, no fue exactamente una gran conversación, y tampoco le había dicho gran cosa, pero si había causado un pequeño ''avance'', por decirlo así, en su relación, pues ahora ya no peleaban tanto, y así había sido su ultima semana, desde hacía ya 7 días que habían hablado, y con solo mirarse se perdían en la mirada del otro.
Flash Back
Ya había pasado un día desde el incidente con Garamaru, y ahora se encontraban acampando junto al bosque, cerca se encontraba un río, y se había acabado el agua, así que Kagome e Inuyasha habían decidido ir por agua.
Esa noche era luna nueva, así que en ese momento, el hermoso peli plateado se había convertido en un, no menos hermoso, hombre humano.
Una vez que llegaron al río, comenzaron a llenar las botellas.
— Kagome —la llamo el ahora ojiazul.
— Dime Inuyasha.
— Yo… no sé que hubiera pasado si algo te hubiese ocurrido —le comentó, dejando a la chica estática en su lugar, sin creer las palabras que él estaba diciendo.
No sabía de donde habían salido esas palabras, pero ahora que lo estaba diciendo no se detendría.
— Cuando estábamos ahí, tuve miedo, miedo de quedarme solo, miedo de que ustedes murieran, pero sobre todo, miedo a perderte... —se sonrojó, mirando hacía un lado.
— Inuyasha… —y para cuando el aludido se dio cuenta, ella lo estaba abrazando, y él lo correspondió, sintiendo el cálido contacto de ella, y comenzando a sentirse extraño, a tener deseos hacer algo más con ella, aspiro su aroma para intentar relajarse recordando como lo podía hipnotizar, sin darse cuenta, le dio un beso en el lóbulo de oreja, y la sintió temblar, dio uno más en su mejilla, y así hasta llegar a la comisura de sus labios.
Seguido, al quedar frente a sus labios, sintió como sus alientos se mezclaban, se acercó lentamente, a pocos milímetros de que sus labios hicieran contacto. Pero de pronto se escuchó como unos arbustos se movían fuertemente, haciendo que se separaran rápidamente.
De ahí, se vio salir un pequeño conejo, que solo cruzo hasta otro arbusto, y lo perdieron de vista.
— Cr…Creo que será mejor que llevemos el agua —dijo Kagome tomando algunas de las botellas y dándoselas a Inuyasha, quien la recibió para después ver como ella tomaba el resto, y regresaron al campamento.
Fin flash back.
Desde aquel día, no podían evitar sonrojarse con tan solo mirarse, al recordar aquel momento que al parecer había quedado en el olvido. Pero aun así, desde hacía algún tiempo no podía dejar de pensar en ella, ansiando poder pasar más tiempo con ella, poder tener más derechos que cualquier otro macho sobre ella, y casi era así, pero como un buen cobarde no le había dicho nada.
Después de unos minutos llegaron Sango y Miroku, e igualmente sorprendidos por el asunto preguntaron por lo sucedido, recibiendo la misma respuesta que Kagome.
Ooo/ooO
Habían Pasado ya unas horas desde que se habían desmayado, para ser exactos tres y quince minutos, y ellos aún no despertaban, Inuyasha comenzaba a impacientarse, pues todo ese tiempo habían permanecido casi en silencio, a excepción de cuando tuvieron que explicar que había ocurrido.
De repente, se vio a Danny comenzar a quejarse, en señal de que estaba comenzando a despertar, todos se acercaron a él, esperando a que abriera los ojos.
El chico se quejo y abrió lentamente los ojos, encontrándose de frente con Kagome, quedando embelesado al instante y con una sonrisa de tonto.
— Kagome — fue lo único que pronunció en su estado de ensueño.
— ¿Danny? —Recordó el nombre por el que lo habían llamado sus amigos— ¿Estas bien?
Pero el muchacho recordó rápidamente la razón por la que se había desmayado y abrazó a la chica efusivamente por el cuello, recargando su rostro en su hombro.
— ¿Qué… ¿Qué ocurre? —se puso nerviosa la azabache, pues no era muy común que un chico la abrazara así, cuando Inuyasha la abrazaba se sentía feliz y reconfortada y…
Momento…
Volteó a ver a Inuyasha y se dio cuenta, tenía el fleco cubriendo sus ojos, pudo sentir como su yôki aumentaba, parecía molesto, y supuso porque era, y no pudo evitar sentirse contenta, pues le agradaba saber que se ponía celoso, eso le demostraba que tenía una oportunidad, y que podría ser correspondida.
Tan perdida estaba en sus pensamientos que no pudo reaccionar hasta que se dio cuenta que Inuyasha estaba caminando lenta pero decididamente hacía ellos, y comenzó a hacer crujir sus dedos, preparando sus garras.
Kagome trató de separarse de Danny, pero el chico no la soltaba, comenzó a entrar en pánico, Inuyasha peleaba con Kôga, pero el joven lobo era un yôkai, en cambio el niño que ahora la abrazaba era un humano, un sensible y débil humano que podría ser terriblemente dañado por las garras que el hanyô poseía, o hasta morir en un instante.
Con más insistencia trato de alejarlo, comenzando a empujarlo, si no la soltaba se arrepentiría, si bien Inuyasha no había lastimado algún humano que se acercara a ella, como Akitoki, había sido por que ninguno la había abrazado de esa forma, y parecía que planeaba no soltarla.
Intentando no lastimarlo lo aventó, haciéndolo caer al suelo con un quejido. Y corrió hacia el hanyô para intentar calmarlo.
— ¡Inuyasha! —Lo llamó, tomándolo por los hombros— por favor, tranquilo.
Pero no reaccionaba, simplemente se quedo quieto. Kagome tomó su rostro entre sus manos y lo alzo, permitiendo ver sus hermosos ojos, y notó como sus pupilas se comenzaban a tornar un azul brillante.
— Inuyasha, todo esta bien, tranquilízate, no ha pasado nada malo —lo miró fijamente con dulzura.
Ante esto, vio como los ojos del hanyô volvían lentamente a la normalidad.
— Kagome... ¿Qué es lo que pasó? —la miró confundido. Solo recordaba haberse molestado mucho al ver al niño tonto abrazándola, y después como un aroma de felicidad emanaba de la chica, para después ponerse todo negro.
— No estoy muy segura… te estabas convirtiendo en demonio, pero que bueno que ya estés bien —volvió a sonreírle, pero esta vez con alegría.
Enseguida la joven recordó que había dejado a Danny tirado en el suelo, y se volteó rápidamente a verlo, encontrándolo sentado en el suelo, mientras abrazaba sus rodillas.
Todos se acercaron rápidamente a verlo, pues el chico estaba temblando.
— ¿Qué es lo que paso? — volvió a cuestionarlo Kagome, arrodillándose para quedar a su altura.
El mitad fantasma solo alzo el rostro y la vio por unos segundos, abrazándola de nueva cuenta, pero esta vez por la cintura aun temblando.
— Sa… Sangre… —susurró.
Y de repente comenzó a despertar Sam, quien al abrir los ojos lanzó un sonoro gritó, recordando todo lo que había visto, y tomando la misma posición que Danny tenía momentos antes de que este abrazara a Kagome. Pero esta comenzó a llorar aun en la posición.
Sango se acercó a ella, pobres chicos, que les habría ocurrido como para ponerlos así.
— Tranquila, todo está bien ¿Qué fue lo que les ocurrió? — la chica alzó igualmente el rostro y comenzó a buscar por todos lados con la mirada de forma desesperada, pero tras unos minutos de búsqueda sin éxito, regreso a su posición anterior, volviendo a llorar desconsoladamente.
Sango aun más preocupada, la tomó por el hombro y comenzó a moverla suavemente.
— No pasa nada, tranquila. Por favor, dinos que ocurrió. —pidió.
— Yo… yo… tengo mied…miedo… perso… personas… mutiladas — musitó entrecortadamente por el llanto y el miedo.
Ahí entendieron todo, al ser de la época de Kagome no podían ver tanta sangre, no estaban acostumbrándoos a ese tipo de cosas, y probablemente aquella había sido demasiado para sus jóvenes e inocentes mentes.
Trataron de tranquilizarlos, después de veinte minutos, tal vez treinta, lograron su objetivo, dejando los chicos comiendo un poco del estofado hecho anteriormente, ya que con el ataque yôkai no habían tenido tiempo de comer.
Una hora después de que despertaran sus amigos, Tucker despertó de golpe, temblando y muy agitado, al parecer había tenido pesadillas con lo que vieron, así que, al igual que a Danny y Sam, tuvieron que tranquilizarlo, para después dejarlo comiendo junto a sus amigos.
Worales… ya termine el segundo cap... Aunque siento que el hacer llorar así a Sam fue un poco… diferente a la Sam que todos conocemos, ya saben, ella aguanta mucho, y pues como que la hice más sensible…
Sugoi, pensé que no tendría ni un Review, pero en vista que su hubo, pues les presento la continuación, agradezco a quienes me dejaron Review
Ikuykagome.- Gracias por el Review, muñeca, eres un amor (?) ahí nos leemos.
Luffyame.- Gracias por tu Review, espero que continúes leyendo.
rocio e-chan.- sobre lo d Danny… lo he estado pensando mucho, pero es una sorpresa, quiero que Inu se ponga celosito XD, y pues no sabes como me emocione por tu Review. Aquí la conti, espero que la disfrutes.
pau5001.- Gracias por tu Review, aquí esta la continuación.
Ok. Iré actualizando aproximadamente cada semana, por tiempo, tal vez ahorita que empiecen mis vacaciones pueda ser dos veces por semana…
Tennyoukai se despide
Cuídense!
Mata ne!
