Los rayos de la luz entraban por la habitación de aquella casa que parecía sostenerse por magia. Varias chimeneas asomaban por su techo, y parecía que las habitaciones habían sido agregadas cada vez que se necesitaba. En el último piso, una habitación cubierta de empapelado naranja con una inscripción que decía "Chudley Cannons" y donde habían animaciones moviéndose de un lado al otro. La luz pasaba por las ventanas molestando a un pequeño pelirrojo y a un pelinegro que dormían tranquilamente.

-te dije que cerraras las cortinas-susurro el pelinegro revolviéndose en su cama

-era tu turno de cerrarlas Potter-respondió el pelirrojo acomodándose la almohada en la cabeza-además tu mama va a subir en tres…dos…uno-

-¡HARRY JAMES POTTER EVANS DESPIERTATE!-grito una mujer desde el primer piso de la casa despertando a los Potter y a los Weasley de un tiro.

-¡Voy mama!-respondió Harry rascándose los ojos. Agarro la toalla de uno de los baúles en frente de la cama y se metió al baño completamente enojado por haber sido despertado así de mal.

A los diez minutos salió el pequeño de cuatro años con una camisa de Donkey Kong negra, una pantaloneta de jean y unos converse negros.

-arriba Weasley-dijo Harry empujando a su mejor amigo fuera de la cama. Esos dos habían sido amigos desde que habían nacido. Compartieron cuna, juguetes, sus primeras palabras, eran hermanos hijos de otros fulanos.

-déjame dormir, él que tiene que ir al jardín de niños no soy yo-respondió Ronald empujándole la mano a su amigo. Harry se encogió de hombros y abrió la puerta antes de que su mama le gritara otra vez.

Con paso lento bajo las escaleras, ya que eran demasiado altos para el y tenia que bajar casi saltando, y eso que el pediatra decía que era muy alto para su edad igual que Ron, él no se comía ese cuento, porque si de verdad lo fuera no tendría que saltar las escaleras.

-ya llegue-susurro Harry cuando toco el piso de la sala. Allí lo estaban esperando su mama, la señora Weasley, su padre y Ginny.

-buenos días-dijeron todos sonriéndole al pequeño. Harry movió una de las sillas y se brinco, lastimosamente para él era la silla del lado de Ginny, eran casi como hermanos pero ella tenia esa fobia de andar siempre pegada a él.

-miren que linda pareja hacen Ginny y Harry-susurro la señora Weasley poniendo las manos en la cara.

-si, es como dice la tradición de los Potter, todos los hombres Potter se casaran con pelirrojas-dijo James agarrando a su esposa de la cintura.

-hacen linda pareja. Pero a mi me gustaría más una castaña para Harry, James. Eso de la tradición de la familia no es tan bonito-susurro Lily imaginándose a sus futuros nietos con cabello castaño y ojos verdes.

-si, seria el primer Potter en romper la tradición-respondió James encogiéndose de hombros.

-bueno suficiente de eso, apenas tienen cuatro años. Vamos Harry, vas a llegar tarde-dijo Lily agarrando a su hijito de la mano.

Un buen tiempo después llegaron al Londres muggle, donde James dejo a Harry en el jardín de niños y se fue a trabajar. Harry siguió su rutina normal. Entro al salón, dejo su maleta de WWE en los casilleros para los niños de la clase y se sentó en la ultima silla, ultima fila, nadie enfrente suyo, nadie a su lado, así le gustaba más, no quería que su magia se descontrolara en medio de la clase porque alguien lo enojo.

-bueno niños hoy tenemos una nueva estudiante-dijo la profesora sonriéndole a todos los pequeños que no se atrevían a decir nada, solo por miedo a que Dudley Dursley les hiciera algo-¿Quieres que te presente yo misma o lo haces tu?

-yo lo hare, muchas gracias-respondió la pequeña niña que estaba a su lado. Traía un vestido rosado, zapatos de charol que combinaban además de que su cabello castaño tenía un moñito rosado-mi nombre es Hermione Granger-dijo la niña lo suficientemente alto para que hasta el último en la clase, que era Harry, la escuchara.

-bueno Herm…Hermi…Hermione-dijo la profesora con un poco de dificultad-porque no te sientas atrás, en el escritorio al lado de Harry-sugirió la mujer apuntando al pequeño pelinegro. Los ojos verde esmeralda del niño brillaban con intensidad, la intensidad con la que nunca habían brillado. Esa niña que apenas si conocía le causaba una extraña alegría, como si fuera la salvación que había estado esperando.

-claro profesora-la pequeña se movió entre todos los niños hasta sentarse justo al lado de Harry, donde estaba el escritorio vació-mucho gusto, Harry ¿Verdad?-

-amm si, mucho gusto Hermione-respondió el estrechándole la mano que la pequeña le había estirado. Ella abrió sus parpados de dos en dos, parecía ser que era el único niño que lograba pronunciar su nombre. El niño se quedo viéndola, como entre sorprendido y asustado, solo le rogaba a Dios y a sus angelitos que no dejara que su magia se descontrolara, ya que según uno de los doctores de San Mungo, esa era la edad en la que los niños desarrollaban sus poderes mágicos mas rápido de lo normal, y al ser el hijo de dos magos como lo eran Lily y James, debería poseer una magia increíblemente poderosa.

Harry ya no dijo más, pero aquella tarde fue la mejor que había tenido en mucho tiempo, esa niña había llegado en el momento preciso. Y cada vez que su primo lo molestaba solo bastaba con sentirla cerca suyo para calmarse, era algo extraño, la verdad quizás demasiado.

Pero la verdad en la vida de Harry Potter no era duradera, de eso es encargaba el destino. Después de varios meses de alegría junta aquella niña que le había movido el piso su suerte se agotaba, y llegaba lo que menos quería que llegara, el día en que la linda castaña de ojos miel se iría del jardín de niños.

-entonces ¿Es verdad que te vas?-pregunto Harry cabizbajo. Hermione le tomo las manos entre las suyas, curiosamente parecían estar hechas a la medida.

-lo siento mucho Harry, pero mi mama dice que tenemos que movernos porque mi papa consiguió otro trabajo en Liverpool-respondió la pequeña con su tonito petulante que Harry había empezado a querer con el paso de los meses.

-no hay cuidado-susurro separando sus manos ligeramente de las de Hermione. El timbre del final del día sonó y Harry solo la dejo ir, no tenia de otra.

-prométeme que siempre seremos amigos Harry, y que algún día nos casaremos-dijo la niña sonriéndole.

-¿Casarse? ¿Qué es eso Mione?-pregunto el con un tono curioso que siempre usaba cuando no sabia algo.

-es cuando dos amigos se quedan juntos para siempre-respondió ella sin tampoco tener pleno conocimiento de la palabra. Harry lo analizo bien, quedarse con Hermione toda la vida seria algo que le fascinaría.

-si Herms-volvió a susurrar. Hermione le dio un beso en la mejilla y salió corriendo al carro de sus papas. Harry corrió detrás de ella y le dio su objeto favorito, una pequeña lechuza nevada en forma de collar, se parecía a la lechuza que había tenido desde siempre, Hedwig-me gustaría que te lo quedaras, para que no te olvides de mi-

La pequeña niña le dio un anillo con un león, uno de sus favoritos-tu tampoco me olvides-

Harry le dio un abrazo a Hermione y la dejo ir, y ano había nada que pudiera hacer, más que quedarse con el recuerdo de la castaña que le movió el mundo.

ESPERO QUE LES HAYA GUSTADO. EL SIGUIENTE CAPITULO LO SUBIRE EN APROXIMADAMENTE UNOS DOS DIAS.

CUIDENSE