CAPITULO 2: "GRYFFINDOR"

Althea lo miró con sorpresa y dijo:

— ¿Acaso no es lo normal?

—No, generalmente lo de recibir a los alumnos lo hace otra profesora —contestó Remus.

—Buenas noches —dijo Dumbledore, dirigiéndose al grupo—. Me alegra ver que ya se lleve bien con alguien señorita Steffanof. Deseo que tenga buena suerte durante el curso y que se adapte bien. —Ella asintió agradecida—. Ahora debe ir con los alumnos de primero, para que el sombrero seleccionador le asigne una casa y, según la que le toque, se sentará con los alumnos de quinto año de dicha casa.

Ella no tenía once años como los recién ingresados, sino dieciséis recién cumplidos, pero igualmente debía someterse a la selección.

—De acuerdo, señor —aceptó con una sonrisa aunque sus ojos se dirigieron a los merodeadores con un interrogante.

—Tranquila, no será doloroso —le aseguró Sirius.

Entró en el Gran Comedor con un grupo de niños y uno a uno fueron pasando por una silla donde se les ponía un sombrero viejo, andrajoso y deformado; éste gritaba el nombre de una de las cuatro casas apenas era apoyado sobre las cabezas de los nuevos alumnos.

Por fin le tocó el turno a ella, estaba nerviosa, se sentó en la banqueta y el sombrero comenzó a hablarle:

—Vaya, vaya, ¿qué tenemos aquí? Hacía tiempo que no entraba una búlgara en Hogwarts. —Althea se quedó sorprendida.

- "¿Y eso cómo lo sabe?", pensó la joven.

—Soy un artefacto mágico, habló y te leo la mente, ¿me dejas ya penetrar en tu futuro?

—Pero, si solamente quiero que me digas…

— ¡CALLA! Veamos que te depara Hogwarts —interrumpió el sombrero.

La cara de la muchacha era un poema de emociones encontradas, echó una mirada hacia sus tres nuevos amigos y esperaba que alguno de ellos fuera capaz de transmitirle calma.

- "Ayudadme, sacadme de aquí", pensaba desesperada.

—Mmm… buena mente, sí señora, aunque no estás del todo en tus cabales —observaba el sombrero mientras tanto—. Eres lista, valiente y tienes carácter, no te veo en la casa de las serpientes, pero tampoco te veo en la casa Ravenclaw, ¿crees que tu valentía taparía los libros o tu voluntad para estudiar dejaría la valentía para otros? —El sombrero reflexionó un momento y luego grito—: ¡GRYFFINDOR!

Althea respiró aliviada, miró las cuatro mesas y se dirigió a la que estaban sentados todos los alumnos de su casa, la misma que decorada con rojo y dorado, se le hacía más llamativa y agradable que las demás.

— ¡Ven! —susurraba James.

— ¿Por qué no te sientas con nosotros? —propuso Sirius cuando estuvo a su lado, puesto que James y Remus estaban al otro lado de la mesa. Sirius hizo que Peter se moviera para dejarle el sitio a la Joven.

— ¡Bienvenida a Gryffindor! —dijo Sirius con una sonrisa.

—Gracias —dijo ella.

La potente voz de Dumbledore resonó por todo el Gran Comedor.

—A todos aquellos que sois nuevos me gustaría deciros unas cosas: El bosque que está más allá del lago queda totalmente prohibido para los alumnos. Así mismo todos los menores de quince años deben estar en sus salas comunes antes de las once de la noche. Quiero recordaros que como cada año la copa de las casas está en juego, así que tened cuidado con romper reglas —resaltó, mirando a James y a Sirius, especialmente—. Os deseo que paséis un buen año. ¡Que comience el banquete!

Y ante la cara de asombro de Althea, apareció un montón de comida en la mesa. Ella cogió un trozo de algo que parecía ser calabaza gratinada.

— ¿Qué es eso de la copa de las casas? —le preguntó a Remus.

—Los profesores nos van dando puntos, al final de curso se hace un recuento y la casa que más puntos tenga gana la copa, pero también nos los pueden quitar —explicó, echándoles una severa mirada a James y Sirius.

Ya durante el postre, Althea echó una mirada por las dos mesas que había enfrente de ella.

— ¿Quién es aquel? —pregunto con curiosidad por una melena dorada como el sol.

— ¿Quién? ¿El que está sentado al lado del muchacho de Quejicus? —se aseguró Sirius, acercándose a ella para mirar en la misma dirección.

—Sí, supongo.

—Lucius Malfoy y el que está sentado a su derecha es Severus Snape o Quejicus, como le decimos nosotros. Son de Slytherin, nuestro principal rival en la copa de las casas.

— ¿Rival? Vaya tontería, rivalidad entre las casas. —"Es guapo", pensó la joven de ojos azules.

Cerca de medianoche terminó el banquete de bienvenida, cada uno de los alumnos se levantó para dirigirse a sus respectivas salas comunes. Althea se dirigía hacia la puerta del comedor con sus amigos cuando alguien o algo la retuvo, agarrándola por el hombro.

Ella se giró para ver qué era lo que la detenía y allí descubrió un bastón negro con empuñadura de plata en forma de serpiente que pertenecía al muchacho rubio que antes había estado mirando y que ahora se hallaba sobre su hombro.

—Tú debes de ser la nueva —dijo con un tono frío casi sepulcral.

—Sí, mi nombre es Althea —contestó con el mismo tono que habían usado para dirigirse a ella.

—Yo soy Lucius Malfoy —se presentó él, mientras le tendía la mano.

—Déjala tranquila, Malfoy —exigió la voz de Sirius a espaldas de ella.

—Yo en tu lugar me apartaría de toda esta escoria de traidores y sangres sucias.

Los dos jóvenes cruzaron sus miradas de odio, si matasen, ambos estarían a veinticinco metros bajo tierra.

—Gracias, pero sé elegir mis amistades yo solita —contesto en tono frío la muchacha.

En ese instante, Sirius tiró de ella, llevándosela de allí antes de que perdiera el control y le diera dos hostias a Malfoy. La joven iba a rastras detrás de Sirius, pero en mitad de un pasillo desierto, se plantó.

— ¿Se puede saber qué has hecho? —preguntó ella.

— ¿Yo? —murmuró con asombro.

—Sí, tú, ¿a qué ha venido lo de sacarme así del gran comedor?

—Te he echado una mano. Cómo se nota que no conoces a Malfoy.

— ¿Acaso tú le conoces bien?

—Sí, hace cuatro años y no es buena persona.

—Soy mayorcita, para saber elegir con quién debo o no juntarme… y hay que conocer muy bien a la gente antes de hablar sobre ella.

—Tienes sólo quince años y para conocer a Malfoy no hace falta llegar tan hondo.

— Los mismos que tu… - Althea puso los ojos en blanco y siguió caminando por el pasillo seguida de Sirius hasta llegar a la sala común.

— ¿Dónde está mi cuarto? —preguntó a Remus apenas entró.

—Subiendo las escaleras a la derecha —contesto él.

—Gracias. Hasta mañana —dijo secamente, dirigiéndose a Remus, James y ni siquiera se dignó en mirar a Sirius.

Éste, se sentó en un butacón a lado de sus amigos, fue entonces cuando James le preguntó:

— ¿Qué le has hecho a la nueva?

— ¿Yo? —dijo Sirius con asombro como si no hubiese roto un plato en su vida.

—No, mi abuela —ironizó James.

—Nada, simplemente la saqué del Gran comedor por que Malfoy intentaba meter cizaña y ponerla de su bando, como siempre.

— ¿Y por eso se ha puesto así? —preguntó Remus, sin llegar a creérselo de todo.

—Pues por lo visto sí, me dijo que ella sabía defenderse solita y que antes de juzgar a alguien debía mirar el corazón o algo así.

—Jajaja —río James—. Como se nota que es nueva y no conoce a Malfoy, ya le conocerá.

—Yo me voy a dormir —avisó Remus—, que mañana empezamos las clases y hay dos horas de Historia de la Magia.

Un instante después de Remus, subieron también James y Sirius.