No pensé que fuera a extender más esta historia. Aunque sinceramente me divierto mucho escribiendo. Como siempre, espero que les guste ^^

Disclaimer: "In your Head" Es una canción propiedad del grupo The Cranberries y no fue utilizada en este fic con fines de lucro.


Desde el día en que lo vi por primera vez, no pude dejar de pensar en él. Era como una droga, de la cual necesitas cada vez más para sentirte satisfecha. Obviamente, mi madre no me dejaba acercarme ni de chiste a su casa, después de lo que dijo aquella mujer. Vaya familia que tenía. Yo supuse que no debería ser tan malo, de lo contrario, el señor Igneel no lo acogería en su casa. Tenía la habitación de Natsu, que colindaba con la mía. De vez en cuando, me asomaba con cuidado de entre las cortinas para asegurarme de que no estuviera matando a nadie (sabía que era mentira, pero me divertía saber eso).

Dejé de usar shorts y tops juntos. No lo sé, me sentía demasiado extraña usándolos al mismo tiempo. No tenía más ropa que no fuera eso, así que cierta tarde tomé un poco de limonada que había en el refrigerador, caminaba arrastrando mis pantalones verdes favoritos y una remera con patitas de animales. Mamá me vio y susurro algo como que "Una chica no debería vestir así" pero mis pies descalzos la ignoraron y subieron a toda prisa, encendiendo el reproductor y me arrojé sobre un cojín en mi balcón de rejillas blancas a leer un poco. Era un libro, sin importancia, insignificante, pero el último que me faltaba leer de la colección que Natsu me regaló antes de irse. El sol del atardecer se difuminaba en mi cuerpo, atacándolo, creando sombras a su gusto caprichoso, mientras yo me perdía en la angustia de aquél hombre que Sartre relataba tan mágicamente. Los lentes me resbalaban de vez en cuando y era cuando aprovechaba a refrescarme con la bebida que subí conmigo, antes fría pero ahora templada a gracia del caluroso sol que abatía la ciudad. La última vez que resbalaron, opté por quitarlos de mi rostro y giré un poco la cabeza hacia mi habitación. Mi reflejo ahí estaba, tirada, en el espejo entero que me miraba de frente. Apareció algo detrás mio, oscuro y notable. Giré la cabeza al lado opuesto y como mera reacción, coloqué el libro sobre mi rostro, simulando perderme de nuevo en sus páginas ásperas, para mirar así de reojo a mi nuevo vecino. Andaba por su habitación, caminando de un lado a otro, como perdido en un mundo propio del que no quisiera salir. Sentía las agujas en las rodillas, esas que te dan cuando sabes que reprobarás una prueba, cuando muere alguien que amabas, las mismas agujas que te clava la adrenalina. Lo miraba pasearse por ahí con esa melena azabache cayendo sobre su cuerpo, con la remera blanca y esos jeans que… Sartre me gritaba que lo atendiera, que absorbiera nuevamente sus palabras, la necesidad de sentirme cerca, todo, todo ignorado ante el recuerdo de aquellos ojos que recorrieron mi cuerpo, el placer culposo de saber que era malo me recorría la sangre. Una canción irónica sonaba ahora mismo. In your head, in your head, they are fighting... Algo realmente peleaba en mi cabeza, esas ganas de golpear a alguien que me atacaban. Él me miró. Di un respingo y en seguida escuché los gritos de Sartre, ahora casi mudos, me volví a la lectura. Pero no dejé de sentir su mirada sobre mí, ni de escuchar el contralto, llamando zombie a alguien, que en ese momento, no entendía quién era.

Eran ya tres días ahí, sin entender a nadie. No es que sintiera necesidad de entender a todas esas chicas que sin quererlo vivían con ella, después de todo, nunca había tenido amigas. Bueno, tal vez, sólo tuvo una. Esa pequeña de cabellos azules como los suyos, de sonrisa encantadora, que mataba el tiempo leyendo en la biblioteca de la escuela. Era menor que ella, pero siempre tuvo una palabra de apoyo para consolarla. Wendy Marvell era el nombre de aquella niña que seguramente no sabría nada de donde está ahora. Imposible que lo supiera, se sentiría avergonzada de ello. Pero extrañaba su compañía de vez en cuando. Ahora, que todo lo que la rodeaba era una polvorienta oficina con estantes varios de libros varios, revueltos entre títulos y materias, nada que nadie pudiera entender nunca. Sentada en el suelo luego del almuerzo, con Lucy a pasos de ella y aunque se creyera desapercibida, Erza las vigilaba desde lejos.

-No sabía que hubiera una biblioteca aquí

-Yo tampoco Lee-chan, la descubrí cierto día en que traté de escapar.

-¿Trataste? – Revisaba una portada. "Chicken Soup for the Soul" bastante necesario en un lugar así.

-Sí, lo trate, pero alguien-señaló a la puerta con la vista- me detuvo.

-Era tu cuerpo debilucho lo que no te permitió correr lo suficiente mente rápido- Erza contestó a su indirecta.

-Vale, como sea, pero así di con la bibliotecucha esta. Luego le rogué a papá que donara dinero para restaurarla a cambio de que aceptara quedarme aquí lo suficiente, aunque eso ha sido el problema sin contar que a nadie más le interesan los libros. Pero ahora te tengo a ti –se arrojó sobre ella en un abrazo asfixiante.- Ya me cansé de solo verte leer ese libro de poesía. ¿No te hartas de él?

-No. Nunca lo haré.

-Hmmp. Al menos así tendremos más de donde escoger. Según mi papá, mandará un poco de libros nuevos, así que mientras-Levantó un par de franelas en ambas manos-¡A limpiar!

Una de las franelas cayó sobre la cabeza de Levy para lograr carcajadas de parte de Lucy. Lo tomó y comenzó a limpiar los volúmenes de una enciclopedia médica. Tal vez, ahí dentro, podría encontrar una forma de distracción como lo hizo al estar en la escuela.

-¡Hey, Lee-chan!-Una sombra rosa pasaba frente a sus ojos varias veces- ¡Lee-chan! ¡Despierta, que te has quedado dormida! ¡Ya es tiempo de irnos!

Una lámpara estaba encendida. Su ropa, polvorienta. Su cuerpo, tirado en el suelo entre la basura que sacaron de aquel lugar. Pero ahora sí que era una biblioteca.

-¿Qué hora es?

-Deben ser cerca de las 6. Debemos bañarnos para ir a cenar-Una mueca en el rostro de la rubia.

Se levantó con pesadez, sacudiéndose las ropas. Tomó de la mano a Lucy, cosa que ya le era costumbre y caminaron directo a su habitación.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Levy revisó su cajón. Sacó un vestido sencillo, naranja, con algunos pliegues y listones blancos en la parte superior. Era de ese naranja del que se pintan los amaneceres.

-¡Que bello! –Lucy estaba envuelta en una toalla, recién saliendo de ducharse- Seguramente usabas a diario ese vestido tan bonito.

-Es casi nuevo Lucy, pero mamá lo puso en mi maleta.

-¿Tu madre hizo tu maleta para venir acá?

-Sí, yo estaba en el hospital además… no me dejaron volver a casa después de… Bueno, pero el vestido me trae un buen recuerdo.

-Pues cuéntalo cariño.

Levy se quedó con una sonrisa grabada en el rostro. Pensándolo bien, el recuerdo de aquella tarde no era tan bueno.

Año con año, en la segunda semana de vacaciones de verano, la empresa donde trabajaba mi madre hacía un día de campo con todos los vecinos del fraccionamiento donde vivíamos. Hacían juegos, pescaban en un lago, asaban distintos cortes de carne, todo en el parque que colindaba con el vecindario, lleno de álamos y robles, con aire muy fresco y banquillas multicolores donde disfrutaban sus alimentos, algo verdaderamente adorable. Yo lo odiaba. Me molestaban tantos niños, tantas madres evitando que esos niños corrieran por ahí y chocaran contra los árboles, hombres que se decían expertos en el arte del asador y terminaban en un casi incendio forestal y otras cuantas personas que terminaban llenas de piquetes de insectos. Sí, y pensar que debía ir por la fuerza. Solo quedaba resignación.

Debido a mi reciente crisis de ropa, mi mamá fue de compras mientras yo estaba en el club de literatura del colegio. Solo llevo para mí la ropa que creía adecuada para una chica de mi edad, lo que me convencía de que mi madre no tenía ni la más mínima idea de lo que yo necesitaba, pero acepté de buena gana y me probé todo lo que eligió. Al final, lo que llevaba puesto el día de la reunión, era un vestido color naranja con listones blancos en la parte superior, bastante cómodo. Busqué una mesa lo suficientemente alejada del horrible olor a carne que emanaban los asadores, bajo un roble, cogí el libro que llevaba en mi bolso, coloqué mis lentes en mi rostro y me perdí por completo en la lectura.

Una mujer puso un plato con comida frente a mí a pesar de ser ignorada completamente. Luego de un rato, escuché unas risas y gritos de entre unos hombres que peleaban por organizar un partido de soccer. Bajé un poco el libro y comencé a comer un poco de calabazas que había en el plato. Distinguí la figura de Igneel a lo lejos, más allá estaba su esposa charlando con mi madre y otras mujeres. Me pregunté si no habría venido con ellos su sobrino. Me encogí de hombros y volví a la lectura. Estaba distraída en ello, cuando de reojo, noté que alguien se sentaba a mi lado.

-¿Te vas a comer eso?- señalaba la hamburguesa que aún estaba en mi plato

-No, adelante- Aún no miraba quién era mi nuevo acompañante.

-¿Segura que no la quieres?

Ahí estaba mi tormento. Lo miré tratando de conservar la calma, aunque mis uñas se enterraban con fuerza en la pasta del libro.

-Segura, no como carne. Soy vegetariana.- Intenté inútilmente esbozar una sonrisa

-De acuerdo.

Mi madre nos miraba con cara de angustia, como queriendo correr hacía mi pero al mismo tiempo conservar la calma, después de todo, ella era la organizadora del evento. Con la mano izquierda, aparentemente fuera de la vista de aquel chico, le hice una seña para que supiera que estaba bien. Su semblante pareció cambiar para mejor y continuó platicando sin quitarme la vista de encima. Por mi parte, miré al chico ¿a dónde se había ido la hamburguesa?

-Tu madre se preocupa demasiado de ti, ¿No lo crees?

-Sí, puede ser, pero por lo que dice tu tía de ti no creo que sea para menos.

Una carcajada. Irónica carcajada.

-Parece que tengo buena fama.

-Digamos que nadie quiere que un asesino sea amigo de su dulce hija.

- Yo no soy tu amigo enana y no creo que a tu madre le guste saber que su "dulce hija" suele espiar a sus vecinos por la ventana.

Sarcasmo. Me quité las gafas y junto al libro los coloqué en la mesa.

-No creo que alguien le diga eso a mi madre, amigo. Y sí así fuera, dudo que le crea.- me acerqué más a él, desafiante, aún con el pendiente de mi madre martillando en mis sienes.

- Te repito que no soy tu amigo.

- Ya escuché eso, aunque nunca negaste ser un asesino.

- No tendría por qué hacerlo.

Me helé. ¿Acaso serían ciertos los rumores sobre él?

Un partido se realizaba en el campo contiguo a la mesa donde estábamos sentados. Un chico conocido llegó hasta nosotros, bastante acalorado, rompiendo nuestro momento de tensión.

-¡Hey Levy! Es bueno encontrarte por fin-miró a mi acompañante, pero se volvió a mí de nuevo- En quince días será la llegada de delfines a la costa y los otros chicos y yo nos preguntábamos si te interesa venir con nosotros.

Me incliné hacia la izquierda, buscando a los otros. Miré su mesa, todos me hacían señas y sonreían. Era el club de literatura.

-No lo sé, no estoy segura- Miré de nuevo al mensajero

-¡Anda Levy! Sólo será una tarde, por favor, acompáñanos. Pasaremos por ti.

Le sonreí como diciendo "Si acepto ¿te largarás de aquí?"

-Prometo pensarlo, no más.

-¡Eso es! Nos pondremos de acurdo en estos días. Por cierto- Giró hacia mi nuevo vecino- Tú también estás invitado amigo de Levy.

-Ahí estaré.-contestó él con falsa resignación.

-No es mi amigo- dije entre dientes.

Se alejó corriendo de vuelta con los otros chicos. Me tiré sobre la mesa, vencida.

-Creo que oficialmente sí somos amigos.- Su rostro dejó atrás esa expresión dura y de sarcasmo que tuvo antes. Ahora, se notaba contento de verdad.

-Pues…

-Y como tu amigo te diré, que ese libro no es algo que yo dejaría que leas

-¿Debo pedirte permiso?

- No. Pero no dejaría que lo leas.-Me extendió una mano- Soy Gajeel Redfox.

Sonreí y tomé su mano. Un escalofrío recorrió toda mi columna vertebral. Se separó de mí, porque mi lengua desapareció de mi universo bucal, dejándome si habla. Se levantó y se fue alejando.

-Hasta la próxima vez que me espíes, Levy McGarden.

Puse las manos en mi enrojecido rostro y negué con la cabeza. Idiota, eso es lo que era en ese momento. Luego, un rayo me recordó algo que olvidé con la emoción. Parada detrás de mí estaba mamá.

-¿Qué hacías platicando con ese?

-Nada mamá. Estoy bien.

-No quiero que te le acerques por nada del mundo.

Giré para verla de frente, le sonreí y la abracé.

-Tranquila mamá. Es sólo un amigo.

Sentí sobre mi cabeza la mirada de desaprobación que solía darme. La ignoré mientras mi mente seguía recordando como él pronunciaba mi nombre.


Gracias a Kanako Mei-chan. y Asura por dejar un review. También, gracias a quienes leen. Recuerden que todas sus críticas sos bien recibidas.

Besitos ¡Abur!