Disclaimer: DBZ no es mío, es de Akira Toriyama y Toei Animation, y cada canción, de sus respectivos dueños
Éste es un verso de la canción que le da el nombre a esta historia, y quizá el más significativo a lo que respecta del capítulo.
Titanium (fragment).David Guetta ft. Sia.
You shout me loud, but I can't hear what you say
Talking loud, not saying much
I'm critizied but all your bullet ricochet
Shut me down, but i'm get up...
—¿Estás segura de que te vieron? —
— Por supuesto. Se quedó mirando como un idiota. Saben que estamos aquí. — le respondió ella con seguridad, sin mirarlo a los ojos. Pensando por dónde podría empezar.
—Si tú lo dices hermanita. Aquí vamos— seguido de eso, en su mano se formó una bola violácea del tamaño de una pelota de básquet. Balanceó su mano hacia atrás y lanzó ese golpe de energía justo sobre el edificio que correspondía al departamento de luz de la ciudad. Con una sonrisa lo vio desplomarse rápidamente. Los gritos de la gente eran música para sus oídos.
Ella dio un gruñido de disgusto, quería ser ella la que comenzara. Analizó a la gente con sus ojos y rápidamente lanzó un ataque parecido al de su hermano, a diferencia que este le dio justo a un gran grupo de gente horrorizada. Los pájaros que estaban en un árbol salieron volando justo hacia donde estaban ellos, por lo cual los dos aterrizaron firmemente en el medio de una avenida transitada. Una camioneta venía a toda velocidad, y frenó justo antes de atropellarlos. Tras suyo, algunos autos terminaron chocando.
El dueño y conductor de la camioneta se bajó de ella furioso y gritando barbaridades al ver cómo había quedado la parte trasera de su coche. Con firmeza y furia se acercó a los dos sujetos que habían interrumpido su camino. Estaban de espaldas a él, pero no le importó. Tomó una gran bocanada de aire listo para comenzar a largar insultos y groserías.
—¡Ustedes que tanto se paran en medio de la calle! La calle, por si no lo sabían es para los autos.— Esperó para recibir respuesta. Como ni la vuelta se dieron, él por su puesto se preparó para largar la constitución completa. Se remangó las mangas y escupió al piso antes de seguir.— Malditos idiotas no me ignoren ingratos desagradecidos...
No pudo seguir escupiendo insultos porque una fuerte mano lo tenía agarrado de la tráquea, y hacía más presión para dejarlo sin aire. Ahí cayó en cuenta de lo que estaba sucediendo.
— ¿Qué me has dicho?— le dijo el chico mientras los sostenía con su mano. — no te escuché, repítelo.
El hombre intentaba sacar la mano del joven de su cuello, pero era demasiado fuerte, y ya comenzaba a ponerse su cara morada y sentía que sus ojos se le salían de su cabeza. No podía pronunciar una palabra siquiera. Lo último que intentó hacer fue retorcerse, pero no funcionó, y rápidamente murió, no se sabe si por la falta de aire o porque tenía quebrada la tráquea.
El joven soltó el cuerpo como si fuese basura hacia un lado, y lo demás conductores comenzaron a acelerar más rápido de lo que sus motores pudiesen soportar. La acompañante del joven simplemente movió su mano, y todos los coches se dieron vuelta, algunos explotaron al instante, otros chocaron contra las casas y los negocios.
—A17, no era tan necesario que lo mataras con tus manos. Cómo eres. — le dijo ella en modo de burla. Él frunció el ceño recordando que eso se lo había dicho a ella en otra ocasión. Ella levantó sus pies del suelo y comenzó a volar por la ciudad arrasando con todo lo que podía.
—Cállate A18, no eres nadie para decirme qué hacer— le respondió él y se dirigió para el lado contrario por el cual su hermana iba.
Fácilmente ella destrozó unos cuantos edificios con algunas ráfagas de energía. No era tan difícil, estos edificios a diferencia de los de una ciudad importante, aún estaban diseñados con ladrillos, lo cual era muy fácil para ella romperlos con sólo una patada.
No le gustaba ir por la ciudad y agarrar persona por persona y torturarla hasta la muerte, como su hermano. Llevaba bastante tiempo y paciencia, lo cual a ella le faltaba. Simplemente entraba a los edificios y les destrozaba su base, para que se desplomaran con la gente dentro. Ese si era un buen espectáculo que le daban ganas de ver, por eso prefería romper ciudades mayores.
A18 y su hermano 17 eran gemelos. En los noticiarios los tildaban de "cyborgs asesinos escasos de piedad". Eso no era tan cierto, por lo menos no se aplicaba a ella. Odiaba que la llamaran cyborg, o robot, o cualquier cosa referido con lo mecánico. A su hermano eso no le importaba, según él, eso se resolvía con la muerte del que lo haya dicho. Esa era su ley y dogma a seguir. "Todo el que aparece debe morir". Ella ya se había cansado de esa frase.
Habían ido a esa ciudad a buscar algunas provisiones para un viajecillo que 17 tenía planeado hacer. Aunque casi no necesitaban comida, cuando tuviesen hambre ella no quería tener que ir a cazar animales como a él tanto le gustaba hacer.
Y allí estaba otra. Otra diferencia entre ellos dos. Aunque eran hermanos gemelos, y hasta habían sido programados para cumplir el mismo objetivo, eran totalmente diferentes. Ella prefería hacer las cosas rápida e impecablemente bien, él quería dejar su huella por dónde pasara, para que todos supieran quiénes había pasado por allí. Ella, en cierto grado de interés, quería conocer personas. Él directamente matarlos a todos e irse a vivir pacíficamente al medio de la nada.
Odiaba ser hermana de ese apestoso ser sádico y molesto. Con el orgullo por las nubes, arrogante, uhg. Lo odiaba, pero después de todo eran hermanos y debían estar juntos. Bueno, eso le decía a cada momento libre, como para convencerla de que todo estaba bien así cómo estaba.
Ella entró a un pequeño centro comercial de tres plantas, y al parecer las personas que estaban allí dentro no se habían percatado del desastre que se desataba afuera. Caminaban sin perturbaciones, algunos mirándola descaradamente. Ella sin prestar atención caminó firmemente hacia adelante, mirando a un punto fijo, el cual era el ascensor. Cuando de pronto algo le llamó la atención. Dejó de caminar y miró hacia su izquierda. Un hermoso y brillante vestido blanco adornaba una vidriera de una tienda de ropa para ocasiones especiales. Se quedó estática analizando ese precioso vestido blanco, con un corsé de encaje blanco y decorado con perlas en su extremo superior, con una falda larga de seda original y una cola de casi cuatro metros. Sus ojos brillaron. Lo quería. Lo necesitaba, no sabía para qué, pero lo necesitaba. Entró al negocio y esperó a que alguien le atendiera.
—Quiero ese— le dijo ella señalando el vestido en vidriera. La muchacha que trabajaba allí comenzó a sudar frío, la actitud de la muchacha le estaba aterrorizando.
—Lo… lo siento señorita. Pero ese vestido ya está reservado y hecho especialmente para los dueños de la Capsule Corporation y asociados. — A18 frunció el ceño de tal manera que la chica temía por su vida.
—Deme ese vestido— volvió a insistir ella. Le estaba colmando la paciencia, y no había destruido el lugar simplemente porque quería esa ropa.
La muchacha volvió a insistir que no se lo podía dar, pero calló sus excusas cuando se elevó por los aires. La androide la tenía agarrada de la remera y la había colocado a una buena distancia del suelo. Las demás señoras salieron huyendo anunciado la llegada de los androides a todo el centro comercial. La empleada comenzó a rezar, cuando ella le repitió por última vez que le diese ese vestido o la mataría. De todas formas, si la mataba podría llevarse el vestido.
La chica, apenas fue soltada del fuerte agarre, salió corriendo hacia los cajones en los cuales guardaba cápsulas contenedoras. Metió con cautela y ante la atenta mirada de la rubia el vestido deseado y lo encapsuló. Con sus manos aun temblando le entregó la cápsula. A18 la tomó y se la guardó. Salió caminado con mucha tranquilidad del negocio.
La empleada no alcanzó ni a agradecer por su vida, cuando una bola de energía se llevó la tienda, y otras que se encontraban al lado. 18 ni siquiera tuvo que voltear, sólo apuntó su mano sin dejar de caminar y disparó. Los vestigios de su poca paciencia desaparecieron, ahora no soportaba nada.
De un salto alcanzó el ascensor y con una patada lo tiró abajo, destrozando todos los cables y haciendo desaparecer a la gente que estaba dentro de éste. Arrancó una columna que sostenía el segundo piso y la utilizó para romper tiendas de comida y ropa. Tiró hacia un lado la columna, haciendo más destrozos en la zona de cosméticos y perfumería. De pronto escuchó una voz temblorosa de un hombre mayor que hablaba bajo ella.
Un hombre de aproximadamente sesenta años estaba arrodillado a sus pies, temblando y con unas cápsulas en sus manos. Ella lo miró sin piedad y le preguntó qué diablos quería con una voz que haría temblar hasta al diablo, y esta no era la excepción.
—De-de-déjenos vivir y-y-y nosotros le regalamos estas cápsulas c-con diferentes cosas— Ella se había hartado de escucharlo balbucear tartamudeando y escupiéndole sus zapatos.
Miró sus zapatos llenos de saliva, y le propinó una patada en el estómago al viejo, el cual soltó las cápsulas. Ella las tomó y se las guardó en el bolsillo junto al del vestido.
Comenzó a caminar como una modelo, levantó una mano y disparó un rayo de energía que, a medida que ella caminaba, se iba rompiendo el techo, hasta caer el tercer y segundo piso hasta el primero. Se sacó el polvo que tenía en el hombro y buscó la salida tranquilamente con sus ojos. Una luz venía desde una gran polvareda, debía de ser esa. Demasiada suciedad no le dejaba ver, pero estaba casi segura de que escuchaba a alguien acercársele rápidamente. De pronto alguien chocó contra ella, y los dos cayeron al piso.
—Lo siento— le dijo un hombre, la agarró del brazo y la ayudo a parase. Ella se sacudió del agarre incómoda y enojada, cómo se había atrevido a tocarla. Aunque estaban en la oscuridad, casi no se veía nada por la humareda que se movía en el aire. Así que, por esta vez, lo dejaría pasar.— Una locura esto de los androides, ¿No crees? Esos dos causan los peores desastres. Yo justamente estaba saliendo de la ciudad cuando vi la humareda que se acercaba, y creo que ni la lluvia pudo apagar el fuego de esa gasolinera. La salida es por dónde está la luz. Voy a fijarme si hay más gente.
Ella avanzó hacia delante, sin planear que él también avanzaría, y volvieron a chocar, pero sin caer esta vez. Ella lo chocó con las manos, sintiendo su ropa empapada y algo sucia. Era de estatura baja, pero realmente muy musculoso, lo cual explicaba el por qué quería entrar a un edificio que se caía para ayudar a las personas. También pudo distinguir con sus manos una gorra de lana que cubría parte de su cabeza. Lo cual le recordó a ese hombre que la había visto hace unos instantes cuando se refugiaba bajo el techo del departamento de luz y quejas. Sin prestarle mayor atención salió de ese lugar, no quería seguir ensuciando una de las únicas ropas que tendría por un buen rato.
Al salir se encontró con su hermano, el cuál justo estaba pasando por allí. Con una sonrisa, eso era extraño, y ella dudó un poco de las intenciones de él.
—Mira lo que me encontré tirado por ahí— le dijo él, luego le señaló con la mano un hermoso y reluciente convertible rojo. Él dio un salto y se sentó en el asiento del conductor. Con una seña le indicó que se sentara. Ella sin importarle demasiado si era un convertible o una camioneta de chatarra se subió al asiento del acompañante. Apoyó su mentón en la palma de su mano, y A17 pisó hasta el fondo el acelerador, dejando una ciudad hecha polvo tras ellos.
El viento sacudía los cabellos rubios de ella furiosamente. Él estaba tranquilo escuchando la radio, cantando la canción como si la conociera de toda la vida. Escuchar su voz desafinada la irritaba más de lo que ya estaba. Con su antebrazo acostado sobre la puerta del auto, dejó descansar su cabeza allí. Miró al frente sin un punto fijo, pensando a dónde la estaría llevando su hermano. Las nubes se movía hacia el lado contrario al que ellos avanzaban, dejándoles un hermoso día hacia dónde estuviesen yendo.
No había autos o camiones, a lo sumo algún auto pasaba sin prestarles atención. Sólo un camionero le había tirado un piropo a la rubia, y no terminó muy bien que se pueda mencionar. De todas formas, pareció un accidente.
El camino sin final le permitió analizar varias cosas sobre lo que estaba viviendo. Hacía tres meses que había despertado y su hermano había matado al viejo Gero, y habían escuchado rumores sobre otro androide de un número menor que el de ellos, pero lo dejaron pasar y fueron a su misión. El no encontrar a ese tal Goku fue su primera decepción. Aunque hubiese querido que la muchacha que se encontraba en la supuesta casa de él siguiera viva. Pero su hermano no le había dado opción. Eran sanguinarios. Debían serlo, para eso habían sido creados.
Duros como una roca, fríos como la misma Antártida, malos como el diablo. Pero eso no significaba que no fuesen humanos. Según lo dicho por el viejo Maki Gero, ellos tienen algo de humanos, pero fueron hechos para no sentir, para parecer más robóticos. Y así debía de ser. "No son más que máquinas de matar", decía el científico a cada rato, hasta estaba casi segura que esa había sido su última frase. Idiota, ni a sus propias creaciones pudo controlar.
—Vamos hermanita, quita esa cara de aburrimiento. Si quieres vamos a uno de esos lugares que te gustas. Cómo es que se llaman... esos dónde hay ropa y gente que la compra
—Shopping
—Sí, eso. Bueno, vamos allá y si quieres te traes todo. Aunque no sé dónde o cuándo lo usarás, pero puedes hacer lo que quieras. — Ella simplemente emitió un gruñido, mostrando que le daba realmente igual. Subió los pies encima del velocímetro, y automáticamente él los empujó hacia afuera— ¡Eh! ¿Qué haces? los pies abajo— le dijo, reprendiéndola.
Sólo tres meses despierta, y ya quería deshacerse de su hermano. Quién sabe cuántos años más habrán estado juntos. La puerta del lado del joven lado estaba mal cerrada, tal vez sólo un empujoncito hacia él...
De pronto el auto comenzó a emitir sonidos extraños. Y, sin previo aviso, se frenó en medio de la carretera, provocando que los dos se dieran la cabeza contra el vidrio. Enojado él se bajó y azotó la puerta para cerrarla. Abrió el capó del auto y el humo casi lo ahoga, comenzó a toser desesperado. Alejando el humo con su mano hizo escándalo mencionando algunos insultos hacia la madre del que construyó la chatarra esa.
— Que porquería, ya me parecía demasiado genial como para no tener fallas. A18, ven aquí y repáralo, tú sabes de esto— Ella cerró los ojos buscando algo de paciencia dentro de sí, salió del auto y se acercó para ver qué pasaba. Él también sabía lo mismo o más que ella, pero se ve que no tenía ganas.
Ella sacó algo del humo negro que salía y se dispuso a ver qué pasaba. Callada, en su mente intentaba mantener la paciencia contando lentamente hasta el diez. Metió la mano, pero recibió un gruñido proveniente del hombre. Lo miró de reojo y él estaba negando con su cabeza. Uno, dos, tres.
Ella buscó unas herramientas en el baúl del auto y volvió para ajustar algunas cosas. Cuando colocó la herramienta y comenzó a usarla, A17 la sacó del lugar con un manotazo y comenzó él diciendo que ella lo estaba haciendo terrible y que volviera a la escuela, que siempre las cosas las hace mejor él. Cuatro, cinco, seis.
Al instante el coche dejó de largar humo y él cerró el capó y se subió al auto ordenándole a ella que se subiera también. Ella puso un pie dentro del coche y él pisó el acelerador, provocando que ella cayera dentro de cara y golpeándose un poco.
—Muy lenta—se atrevió a decirle él. Siete, ocho...
Se estaba aguantando las ganas de largarle la biblia completa a su hermano diciéndose a sí misma que no valía la pena, que era sólo un momento y nada más. Pero no. No sólo era un momento, era cada minuto de cada día que pasaba junto a él. "18 haz esto, 18 fíjate aquello, 18 destruye eso pero con cuidado, que no se caiga ni una sola ventana en un ángulo de 92º al este de ese poste de luz". Era exasperante. Pero el tener que soportarlo ella lo tomaba como un reto, y no le dejaría ganar.
Varios minutos más tarde ella estaba mirando al fondo, cuando se sorprendió a ella misma mirando a algo de color negro moverse en el horizonte. Estaba harta de escuchar a su hermano hablar y hablar como un zumbido crónico en su oreja, criticando cada cosa que se le ocurría, y casi siempre estaba relacionado con ella. Nueve...
Mientras más se acercaba, más distinguía el objeto. Era un humano, de cabello negro y despeinado. Estatura media, era un joven, tal vez un niño.
—Vamos motor, sé que puedes ir más rápido— gritaba con una sonrisa de oreja a oreja 17. Ella no se había dado cuenta, en lo que estuvo analizando, su hermano se apresuró y ya estaba tratando de pasarle por encima al niño. De un grito ella saltó sobre su hermano y tomó el volante intentando evitar la tragedia. Giró el volante hacia un lado, pero él aplicó más fuerza y giró hacia el lado contrario. El niño se dio cuenta y gritó cerrando sus ojos. Algunas personas también estaban llevando cosas y cruzando la gran calle. Un movimiento brusco hacia arriba del auto y unos gritos de mujeres desesperadas aclararon lo que había pasado. 18 miró hacia atrás, un montón de personas se estaban acercando al chico que permanecía tirado en el piso. Ese fue el diez de la cuenta progresiva.
Pisó el pie de su hermano para frenar el auto. De golpe éste paró su marcha y ella se bajó del auto, alejándose directo al bosque que se encontraba a un lado de la carretera. El salió del carro de un salto y furioso dio zancadas fuertes y marcadas hasta llegar a ella. Sin mirar atrás y decididamente ella caminaba a paso veloz, hasta que un tirón de cabello la atrajo hacia atrás y casi cayó de rodillas.
—¿A dónde crees que vas chiquilla insolente?,¡ Tu vienes CONMIGO maldita sea!— le contestó él en su oído levantando su cabeza hasta que llegase a su boca. Ella se retorció y de un puñetazo en su pierna logró que la soltara.
— ¿Quién te crees para decirme que hacer? Soy libre para tomar decisiones e irme cuando se me canten las reverendas pelotas. No puedes andar arrastrándome como si fuera tu mascota. "18 haz esto", "18 haz aquello" ¿Por qué no lo haces tú, hijo de una gran...?—No pudo terminar porque una fría cachetada se le estampó en la cara y la mandó a volar.
Sacó su cara de las hojas marrones que habían caído de los árboles y escupió algo de tierra. Se puso de pie y esperó a la rápida aparición de su hermano gemelo. Se limpió las hojas secas del cabello y se puso en posición de pelea. Él hizo lo mismo, afinó su fría y azulada mirada y atacó sin piedad, dando inicio a la pelea.
Entre golpe fallido y golpe asestado se tiraban insultos y degradaciones a cada uno. ¡Al fin!, pensaba ella. Todo lo que estuvo aguantándose durante tantos años, mejor dicho meses, podía dejarlo salir. Parecía como si los golpes tuviesen nombre y razón de ser. Una patada en el costado de él, por todas las arrogancias soportadas. Un gancho en su mandíbula, para que aprenda a respetar a su hermana. Una llave, para que entienda quién es el más fuerte de los dos.
Aunque los suyos también tenían su propio asunto en tirada de cabello a ella, por "revelarse" de cierta forma ante su hermano. Una patada en su pierna, para que deje de desobedecer. Un insulto, para que no vuelva a hablar.
De un golpe realizado por los dos al mismo tiempo, cayeron contra el piso desde los muchos metros que habían llegado a tomar entre la pelea.
Escupiendo sangre que ocupaba su boca y casi no lo dejaba hablar, A17 sonrió y sosteniendo una herida en su brazo se irguió orgulloso de su integridad.
—No sirves— le dijo secamente, como si cada palabra que él decía le clavara una bala en el corazón frío que ambos tenían. Aunque fuese ese ser despreciable, era su hermano y sentía algo de afecto hacia él. —Jamás lo hiciste. Seguro que el viejo Gero te creó junto a mí para que yo no me sienta solo. Débil como una estúpida humana, y sentimentalista. Aún no entiendes, no estamos acá para mirar las nubes y comer caramelos en un hermoso y colorido mundo, llegamos para aplastar con el pie todo esto y dejar nuestra marca de zapatillas en sus podridas adueñarnos del mundo, aprovechar nuestra fuerza y, aunque deteste admitirlo, en eso el viejo tenía razón. Nada de sentimientos, ni querer algo, ni nada de eso. Eso es para los débiles, como tú. Débil, malagradecida, maldita, inservible, fea, asquerosa, me das asco y pena. —
Con los ojos cerrados de ira y las manos en las orejas, sacudía su cabeza negando de un lado a otro gritando que se callase. Tenía que ser fuerte, pero esas palabras herían, y mucho. Él se acercó hasta estar frente a ella y la miró con desdén. —Sólo eres una pieza de metal— le dijo. Eso fue suficiente. Puede soportar cualquier insulto, lo único que la saca de sus casillas es que le digan chatarra, robótica o algo que la muestre como un cyborg, además que no soporta que la traten de prostituta, pero eso jamás ha pasado. De una fuerte patada lo tiró al piso, casi quebrándole las piernas. Ella puso un pié sobre el cuerpo caído de su hermano e hizo presión. De una patada lo arrojó lejos de ahí y con su mirada llena de odio e ira sonrió maliciosa.
— ¿Y qué me insultas a mí? ¡Si sabes que te quedas "corto" en todo lo que haces, y sabes a lo que me refiero, idiota!—A17, que estaba arrodillado, levantó su cabeza con furia entendiendo la indirecta que ella le estaba mandando sin miedo a las consecuencias.
—No dijiste eso—
— ¿Ahora estás sordo?— le respondió desafiante
El utilizó todas sus fuerzas y se paró, rápidamente se puso frente a ella, casi rozando su nariz con la suya, y la agarró de la ropa.
—Está bien, lárgate si quieres. Pero te juro, androide número dieciocho, que cuando nos volvamos a ver, lo lamentarás profundamente.
La soltó y volteó, y de una propulsión salió volando de allí, haciendo volar las hojas otoñales de los á cayó de rodillas por el dolor, pero al instante se levantó. Se prometió hace mucho tiempo que no lloraría por cosas pequeñas e insulsas como ésta, y así fue. Aguantó su sentimentalismo, como 17 le había llamado, se arregló el cabello y recuperó su cara impasible. No le permitiría verla llorar, jamás había llorado y pensaba que no lo haría en toda su vida. Se limpió la suciedad del cabello y la ropa, y sacó la sangre de sus labios. Miró hacia el frente y comenzó a caminar tranquilamente, no sabía lo que haría hoy ni mañana, pero con encontrar dónde quedarse una noche bastaba, podría ir a un pueblo lejano y desconectado de la sociedad y buscarse una casa y comida, no sería difícil contando con su fuerza de persuadir violentamente a la gente. Las hojas caían sobre ella, y no dejaba de pensar qué le depararía el futuro.
Hacían diez meses que Krilin había estado en la ciudad haciendo reclamos, y aunque la ciudad había quedado bajo las tristes ruinas, aún no le devolvían la estabilidad del servicio de luz en su casa. Ahora tenía que ir hasta la capital del oeste, a la cede principal, a quejarse sobre el mal funcionamiento. Y ahora la luz faltaba, aunque con plazos más cortos de tiempo, cada vez era más frecuente. Y encima se arriesgaba a ser visto por su ex amiga Bulma, que vivía a sólo unas cuadras de ahí. Aunque le gustaba pasar y ver de lejos al hijo de su mejor amigo, Gohan, trabajando con el jardín y entrenando solo de vez en cuando.
Ahora, Krilin estaba tratando de arreglar una madera salida de su cama. Ésta, cada vez que se levantaba, le golpeaba justo entre los ojos, y temía que alguna vez con su descuido terminase con un parche en el ojo. Con pequeños golpes en la madera estaba logrando colocarla en su lugar, entonces una voz logró que le diera un fuerte golpe a la madera y la sacara de lugar nuevamente. Dejó el martillo en el piso y fue directamente a agarrar su gorra de lana.
Escondió su ki y puso su oreja en la puerta que unía su cuarto con el pequeño pasillo que llevaba al reducido living. Una voz, pero no cualquiera, sino que una femenina. Nadie le respondía, así que al parecer hablaba sola.
Estaba por salir de su habitación cuando el espejo del armario le mostró que estaba prácticamente desnudo, apenas con unas medias blancas y su bóxer puesto, y ni siquiera recordaba cuándo se los había puesto. Revolvió el ordenado armario dejando toda la ropa común e interior regada por los suelos fríos. Al fin encontró algo rápido, un gran abrigo que le tapaba hasta las rodillas. Apenas lo abrochó salió fuera de su habitación, percatándose que, vestido así, parecía el monstruo de la casa embrujada o el jorobado de Notre Dame.
Pero no le importó, y justo cuando se asomó por el living, la puerta de entrada voló hasta estar al lado de sus pies, y él en acto reflejo utilizó la puerta de su habitación cómo escudo, asomando su cara cuando estuvo seguro que no había más peligro.
Cuando hizo eso, unos profundos ojos azul agua, pero de esas cristalinas, lo miraron a sus ojos azabache por poco quemándolo vivo. Todos los pelos de su cuerpo se erizaron al recibir la energía electrizante de la mirada de la chica rubia que estaba parada ahí, dominantemente, en el marco de la puerta.
Sin salir de detrás de la puertecilla de madera, escuchó las frías e insípidas palabras de la muchacha.
— ¿Y tú qué demonios miras? ¿Y qué diablos haces aquí? No sabía que hubiese idiotas viviendo en esta choza inmunda.
Y aquí termina el segundo capítulo. Espero que les haya gustado. El próximo lo publicaré el lunes. Sí, sí, ya sé que dije que intentaría no variar de los viernes, pero dije que intentaría. Lo intenté.
Bueno, nos vemos!
