Hey, ya estoy aquí de nuevo. Loka-Bones, Lucyyh y Patri13 muchas gracias por los reviews no saben lo mucho que me gustaron. Me alegra que les haya gustado y espero no decepcionar en capítulos posteriores :)
Disfrutadlo¡
Capítulo II :El consultor
Patrick Jane se convirtió en mi consultor, en nuestro consultor, cuyas meteduras de pata recaían en mi responsabilidad, como agente senior.
No tardó ni dos casos en dejar claro cómo era y que no pensaba cambiar. Enseguida empezó a comportarse como…bueno, como Jane. Hacía trucos, enfadaba a gente (gente importante), se inmiscuía en los interrogatorios interrumpiendo y llevándose al sospechoso a su terreno, cambiaba pruebas de sitio, las falsificaba. Realmente no sé cómo llegamos a ganar un sólo caso con la de jugadas sucias que hacía Jane. Se saltaba los protocolos casi por costumbre argumentando que él no era agente, que no estaba, por tanto, sujeto a las mismas reglas que yo, pero aún así conseguía lo necesario para llevar los casos a buen puerto y conseguir lo que necesitábamos para ganarlos. Era extraordinario su poder de observación. Pero más extraordinaria era su cara dura para conseguir lo que quería, de Minelli, ante el que yo intercedía, de los sospechosos, de mí…especialmente de mí. Porque, afortunadamente para él, había topado con la siempre tranquila y muy, muy paciente Teresa Lisbon.
Siempre me pregunté cómo sería su vida anterior. Pero no la de los programas de televisión en los que se hacía pasar por médium y que había visto cientos de veces después de conocerlo para estar al tanto acerca de John el Rojo y acerca de él, sino su vida privada, su vida verdadera, la vida que compartía con su mujer y su hija. No nos conocíamos tan bien como para hacer una fiesta de pijamas en mi apartamento, pintarnos las uñas de los pies y hablar de nuestras vidas y penalidades, así que no podía preguntarle, no iba a preguntarle. Por mucha curiosidad que tuviera por aquel hombre yo no era nadie para hacerle revivir los fantasmas del pasado, y aunque así fuera y yo me hubiera convertido en su mejor amiga y confidente él no me hablaría de ellas. Nunca lo hacía. Era demasiado doloroso. Y yo lo entendía. Tenía la información necesaria para el caso, pues aquella relación era estrictamente profesional y yo no tenía por qué saber más detalles que los necesarios para resolver el caso, y esos detalles eran pistas recopiladas dentro de cajas con los nombres de las víctimas, no fotos personales de la familia Jane ni tristes narraciones de cómo de bien su hija pintaba o lo mucho que añora la suave piel de su mujer.
De modo que, desde mi posición profesional, nunca llegué a preguntarle nada, ni a pedirle que me contara nada.
A veces cuando lo veía metido en algún caso, y sobre todo en los que se involucraba de manera especial, me preguntaba si esa faceta era nueva, si había venido tras la tragedia o si siempre había estado ahí, aunque menos entrenada. ¿Su mujer se enamoró del capullo que engañaba a gente en programas de televisión y citas privadas por 400 dólares la hora para hablar con sus familiares muertos o se enamoró del maravilloso hombre que era Patrick Jane en realidad y cuyos mejores sentimientos guardaba para ellas?
Me pregunto cuántas veces su esposa le pidió que abandonara aquel trabajo y que vivieran con lo que ya tenían, que era bastante, pero el quería más. Quería la gloria y la fama, su nombre siendo mencionado, su cara siendo reconocida. Quién sabe… Esa sería una historia que yo nunca conocería.
Supongo que todos albergamos en nuestro ser distintas facetas, unas las mostramos más, otras menos…Que Jane se ganara la vida como lo hacía era sólo una parte de él. La parte que ansiaba no sólo el reconocimiento que nunca tuvo por parte de su padre, sino darle a su familia la vida que nunca consiguió para él. ¿Cómo lo hizo? No de la manera más adecuada, pero era la única que sabía, la única destreza y los únicos conocimientos de los que disponía para que la chica a la que conoció un día cualquiera en un puesto de café o dando un paseo por el parque se sintiera orgullosa de él, que podía conseguir cuanto quería.
Pero, desde luego, Patrick Jane no fue una mala persona. Era lo que era y ahora es lo que es. Diferentes aspectos y diferentes momentos de una misma persona y en el medio un asesino que sin piedad ninguna le arrebató todo por lo que había vivido, igual que a otras muchas familias. Esto le hizo una persona diferente. Una persona a la que fui conociendo y que no podía comparar con el anterior porque, por suerte o por desgracia, no conocía al antiguo Patrick Jane. Sólo conocía a este Jane. Un Jane consumido por el dolor y cegado por la venganza. Un Jane al que, con sorpresa y decepción, llegué a ver alguna vez siendo incluso cruel. Un hombre roto y temerario. Un hombre al que, por encima de todo quería ayudar.
