Capítulo 1: Entrevista
Dos días después del suceso
Cuando le dijeron que tendría su primera exclusiva, Vanessa no pudo evitar sentirse emocionada, o al menos así fue hasta el momento en que supo de qué trataba esta. Estaba enterada de los hechos ocurridos dos días antes, sabía que en el mundo de la prensa se debía estar al pendiente de todo pero no imaginó que ese sería precisamente su primer reportaje.
Llevaba varios meses trabajando en ese periódico como becaria pero hasta ese momento le ofrecían una exclusiva, por lo general sus tareas se limitaban a servir el café o apoyar a los reporteros como camarógrafa. Ser reportera era su sueño desde que era una niña pero no deseaba hacer ese tipo de reportajes, más cuando se trataba de una tragedia como esa.
El caso no le era desconocido, el día antes había estado encargada de tomar las fotografías en el juicio de Phineas, fue testigo de la expresión ausente que tuvo en todo momento, incluso cuando lo declararon culpable.
De manera oficial había leído la bibliografía que publicaron sobre el joven, nada que le interesara pues lo consideraba un artículo lleno de amarillismo o una historia digna de un creepypasta, descrito como un psicópata e internado en el psiquiatra con un avanzado grado de locura.
No obstante no rechazó la petición, sabía que una oportunidad como esa se presentaba pocas veces en la vida y no quería desperdiciarla, no podía permitírselo, era su trabajo lo que estaba en juego. Tomó su abrigo del perchero y se dirigió a la salida. No tardó en encontrar la dirección, tomó eso como una buena señal.
El sonido de la puerta al ser golpeada alertó a sus inquilinos. Pasaron varios minutos antes de que alguien se animara a abrirle al extraño frente a la puerta. No parecía estar de buen humor y ciertamente el que tocaran la puerta no era lo que más le molestaba.
— ¿Otro periodista? Entiéndanlo de una vez, no va a decir ninguna palabra, es un niño y está pasando por una situación difícil. Con sus preguntas indiscretas solo le causan más problemas, tienen suerte de que sea una mujer religiosa porque de lo contrario les diría a todos sus verdades.
—Pero yo quiero hablar.
Ambas voltearon al escuchar esa declaración. Por la puerta podía verse a un niño de cabellos verdes asomarse. Lo más notable en él eran las pronunciadas ojeras bajo sus ojos. Habían pasado dos días desde aquel incidente pero parecían ser más.
No había dormido desde entonces. Las ojeras bajo sus ojos eran prueba de ello. Era un niño pero la tragedia lo había marcado. Vanessa se sintió culpable al hacerle recordar una experiencia como esa e intentó retirarse. Podría conseguir otra exclusiva pero odiaría lastimarlo más de lo que estaba.
Si se hubiera tratado de una situación diferente estaría celebrando el que hubiera hablado, pensaría que se trataba de un avance pero en ese momento solo podía pensar en que estaba en peligro. Cuando la monja se enteró de su historia prometió protegerlo como lo hacía con todos los niños que tenía a su cuidado.
—No se encuentra en condiciones de hacerlo —insistió la monja —. Todavía no se recupera por lo sucedido. La gente de su tipo debería dejar de obligarlo a hablar solo para conseguir audiencia.
—Quiero hablar —insistió, la desesperación era palpable en su voz —. Quiero ser escuchado y que mis palabras perduren. No me quiten lo último que me queda.
Esas palabras le hicieron reflexionar. Él se veía determinado a hablar, quería contar su historia y por alguna razón la había elegido a ella para transmitir su mensaje. Quiso preguntar pero alguien más se le adelantó.
— ¿Está seguro de que es lo que quiere?
—Sí.
Fue una respuesta corta pero concisa y la mujer no continuó hablando. Desde que había llegado era la primera que tomaba la iniciativa en una conversación, desde que llegó había permanecido callado. Todas ellas se habían resignado a que no volviera a hablar, incluso creyeron que el trauma le había hecho perder la voz por lo que verlo deseoso de contar su historia, aún a una reportera a la que había etiquetado como mala persona, le hizo suponer que era un avance, estaba equivocada.
—Me llamo Vanessa. Encenderé esta grabadora y te haré algunas preguntas. No te sientas presionado, si algo te molesta podemos terminar esta entrevista cuando gustes ¿Por qué te decidiste a hablar?
—Quiero ser escuchado —le dijo sin perder su expresión ausente —, pienso que de haber hablado antes nada de esto hubiera sucedido. Quizás sea absurdo pero quiero evitar que algo así se repita. No quiero que esta historia se pierda sin que nadie la escuche.
—Es muy noble de tu parte —comentó Vanessa, no había lastima en su voz pero sí sorpresa al ver la madurez con la que el niño hablaba.
Pasaron varios minutos antes de que el niño continuara hablando, durante ese tiempo su rostro permaneció inexpresivo. Vanessa temió haber dicho algo que lo ofendiera y la monja comenzó a arrepentirse de su decisión, pudo haberle lanzado una cubeta de agua para que se marchara antes de que él la viera como lo había hecho con otros periodistas pero no había sido lo suficientemente rápida.
—A muchos le parecen absurdo que en los programas de televisión digan que algo no debe ser intentado en casa cuando a simple vista es algo que está fuera de las posibilidades de los espectadores, pues bien en este caso la advertencia no sirvió de nada. La idea surgió de un programa en la televisión —continuó hablando el de cabellos verdes, su rostro continuaba inexpresivo pero en sus ojos se reflejaba un brillo de tristeza —. Habíamos estado trabajando en pequeños proyectos durante las vacaciones y creímos que algo grande sería aún más emocionante. O al menos así fue al principio.
—Si te sientes incómodo podemos sacar a esta reportera de aquí, nadie te obliga a nada.
—Estuvimos investigando, creando planos y tratando de conseguir los materiales. No nos fue tan bien como esperábamos. Por primera vez pensé en abandonar el proyecto, incluso se lo dije. No fui el único en intentar detenerlo pero eran más los que deseaban que continuáramos. Supongo que soy tan culpable como mi hermano.
—No digas eso, no era algo que quisieran.
—Ayude en la construcción, eso me hace responsable de lo ocurrido. Supe que era un error pero cada vez que decía que no hablaba demasiado no hacía nada por detenerlo. Soy tan culpable como él pero es a él a quien tienen en esa celda acolchonada. Si hubiera insistido más…
No era normal ver a un niño tan inexpresivo ni permanecer tan callado por periodos de tiempo tan prolongados pero lo que había pasado era algo que nunca debía sucederle a ninguna persona y menos a un niño.
— ¿Qué pasó? —preguntó Vanessa sin perder detalle de lo que decía.
—Creo que eso lo sabemos todos.
Habían pasado dos días pero todos seguían hablando de ello. La magnitud de aquel incidente había sido tan grande que llegó a ser conocida incluso fuera del área limítrofe. Dentro de tres días se realizaría el juicio, un día antes los funerales.
—Mamá, Phineas y Ferb están planeando construir una montaña rusa en el patio.
Fueron las palabras que se escucharon en todo el vecindario, temprano en la mañana. Nadie dijo nada pues ya estaban acostumbrados al volátil carácter de la joven Candace.
—Candace, deja a tus hermanos jugar tranquilos, son unos niños, es normal que imaginen cosas pero tú deberías madurar un poco, ya eres una adolescente.
—Pero mamá, es verdad —respondió Candace algo alterada.
— ¿Cómo aquella vez que me dijiste que habían adoptado un ornitorrinco?
—Pero lo hicieron, solo que llegaste demasiado tarde y no viste como el dueño del circo recogía a esa cosa.
—Solo no causes problemas, tengo mucho que hacer —fueron las palabras que dijo Linda antes de irse a hacer las compras, su esposo la esperaba en el vehículo.
Cuando las vacaciones empezaron, Phineas y Ferb se habían propuesto evitar el aburrimiento y ciertamente lo habían logrado. Tenían muchas historias que contar para cuando las clases iniciaran, historias que probablemente muchos no creerían, especialmente su madre a pesar de que Candace muchas veces intentó convencerla de lo contrario.
Candace continuó desayunando mientras sus hermanos se dirigieron al patio. Ferb llevaba los planos en la mochila. Phineas era el más ansioso por iniciar ese proyecto, Ferb comenzaba a tener algunas dudas.
—Deberíamos abandonar este proyecto —comentó Ferb mientras consultaba los planos —, no hemos podido conseguir todos los materiales y los que tenemos no son de buena calidad.
—Todo saldrá bien, ya lo verás.
—Nunca hemos hecho algo tan grande y es peligroso, lo mejor será que...
Un pequeño grupo de niños llegó hasta el jardín. No conocía a ninguno pero sabía que eran amigos de su hermanastro.
Phineas le mostró los planos a la chica del grupo para que luego ella se lo entregara a sus dos amigos. Esa fue la segunda vez en que intentó abortar el proyecto pero no obtuvo una respuesta.
—Él es mi hermano Ferb, no habla mucho.
A pesar de que deseaba demostrar que no era mudo, no dijo nada, estaba demasiado sorprendido para hacerlo. No entendía por qué había dicho algo así. Desde que se habían conocido se habían llevado bien, ambos compartían una gran pasión por la ingeniería pero desde que empezó a contradecirlo con ese proyecto se había comportado algo distante.
Y él no supo cómo detenerlo. Phineas era su único amigo en ese país desconocido, no quería perderlo. En tan poco tiempo ya lo consideraba su hermano.
Phineas quería que ese día fuera recordado por todos en el área Limítrofe y ciertamente tenía razón. Los medios de comunicación no dejaron de hablar sobre ello en mucho tiempo, permaneció en la memoria de niños y adultos pero nada fue como él esperaba.
Isabella, Baljeet y Buford se encargaron de la publicidad. A pesar de que colocaron carteles por toda la ciudad ni Linda o Lawrence vieron uno de ellos. Distraídos o no fue algo que les permitió llevar el proyecto hasta el final, nadie pudo escapar de las consecuencias.
Vanessa apagó la grabadora, la entrevista había terminado. Se levantó de su asiento pero no se retiró como había planeado en un principio. Extendió su mano en dirección al entrevistado y le dedicó una sonrisa.
— ¿Me acompañarías a tomar un helado?
—Realmente lo disfrutaría.
— ¿Es que acaso lo que tengo que decir no importa? —preguntó la monja con el ceño fruncido para luego adoptar una expresión más relajada —. Solo cuida bien de Ferb, por primera vez desde que llegó se ve feliz.
