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Capítulo 2: Nuevo integrante.

Al día siguiente después de que el doctor Cortex junto con los mutantes Koala Kong, los hermanos Komodo y Tiny Tiger atraparan a los cuatro marsupiales hallados en la playa de N. Sanity, los animales evolucionados fueron hacia el laboratorio ya que recordaron con gracia sobre aquel animal que se golpeó la cabeza con las rocas por el susto que se llevó, a tal punto que hasta se paraban frente a su jaula para burlarse.

—Es el animal más tonto que vi —dijo entre risas Komodo Joe.

—Si lo evolucionan, será peor —comentó el otro reptil.

Los marsupiales sólo reían y, como subían más el volumen de sus voces, estas llegaron a los oídos del malhumorado doctor de la marca de la letra N en la frente que, al principio trataba de ignorarlas; trataba, pero no lo logró. Después de escuchar tantas risas, el doctor Neo Cortex procedía a echarlos del laboratorio ya que no podía concentrarse en su trabajo. Caminó con furia en sus pasos hacia el sector de animales y, con ese mismo sentimiento, les gritó:

—¡Se van ya mismo de aquí! ¡No ven que están asustando a los animales con sus risas!

Los mutantes sólo bajaron un poco la voz mas no se retiraron.

Dottor Cortex: ¿Cuándo será el tiempo de hacer evolucionar a esos animali? —preguntó el gángster.

—¡Ahora no! ¡No puedo trabajar tranquilo si ustedes están estallando de risa! ¡No puedo concentrarme! —respondió el científico enfurecido—. ¡Se retiran ya! —vociferó y les indicó la salida con su dedo índice.

—Menos yo. Soy el asistente de laboratorio —se defendió el marsupial quien estaba orgulloso de su trabajo a tal punto que dejaba de lado su traje a rayas para vestirse con una bata de laboratorio.

—Bueno. Si tanto quieres que comencemos con la evolución, empieza preparando todo lo necesario —ordenó Neo.

Fue entonces que los animales se dirigieron lentamente al living y en ese momento, el doctor Nitrus Brio ingresaba al laboratorio. Cuando vio a su colega, le preguntó:

—¿Acaso piensas evolucionar a los cuatro marsupiales al mismo tiempo, como sucedió con los dragones?

—No. Como el rayo evolutivo no dio los resultados que esperaba: esos dos debían ser inteligentes, sin embargo sólo uno lo adquirió. Esta vez sólo se mutará a un individuo.

Dottori: ya está tutto listo. ¿Con quién empezaremos? —interrumpió Pinstripe Potoroo con su acento italiano.

—Elige a cualquiera. Es lo mismo —dijo Neo.

Molto bene —respondió y se encaminó hacia el sector de las jaulas.

En aquel momento, el marsupial escogió una de las marsupiales con mechón de pelo rubio la cual era la más alta de todos ellos. La eligió ya que estaba harto de convivir con sus colegas del mismo género; él quería ver a una chica mutante. Luego él la colocó en la plataforma, la amarró y se alejó junto con los científicos.

Nuevamente los hombres discutieron sobre quién accionaría la palanca, así que recurrieron a la moneda y ganó el doctor más envejecido, quien festejó riéndose con un sonido extraño; Cortex lo miraba con disgusto. Al recibir los rayos, el animal empezó a gritar con tonos agudos y moverse continuamente. Al instante en que terminaron los sonidos estrepitosos y que la energía eléctrica se reestablecía, los tres se acercaron para ver el resultado y se quedaron impresionados. Sin darse cuenta habían hecho evolucionar a una hermosa bandicut, quien estaba desorientada, como sucedió con los demás mutantes.

Ahora ella tenía más cantidad de cabello rubio algo ondulado, el cual el largo pasaba los hombros, y mantuvo el color anaranjado del pelaje. Sus ojos contaban con unos irises de color verde azul. Además medía la misma altura que el marsupial mafioso y, como estaba desvestida, mostraba que poseía un cuerpo atractivo y curvilíneo.

Como no contaban con ropa de mujer, el mutante le acercó la bata de laboratorio que tenía puesta.

—Aquí tienes, bella. Luego te conseguiremos ropa más adecuada —dijo el marsupial amablemente.

Al parecer, por aquella belleza, él se había enamorado de la recién evolucionada.

—No te pases de listo con la recién llegada —le retó el doctor de la inicial de su nombre marcada.

—Gracias —respondió ella simplemente sonando con algo de dificultad al hablar por primera vez.

Después de ayudarle a vestirse, la llevó cuidadosamente hacia el living para mostrarle a los demás mutantes y al televisor, mientras que los doctores aún continuaban en el lugar de experimentos discutiendo por el reciente experimento.

—Me parece que es mala idea que integremos a una mutante femenina al ejército. Creo que no tiene ninguna habilidad —dijo Cortex sin ánimos.

—¡Otra vez con eso! Para que veas ella tiene una habilidad: la distracción. Puede atontar a cualquiera con ese físico. Sólo debemos usarlo a nuestro favor y no en contra —respondió el calvo—. Además ella es inteligente y podemos enseñarle artes marciales, por ejemplo.

—…Bueno. Pero aún creo que es mala idea —comentó Neo de brazos cruzados.

Mientras tanto, todos los mutantes observaban atentamente la pantalla chica pero dejaron de ver el aparato para sorprenderse con la presencia de la joven mutante. Entonces el asistente de laboratorio captó la atención de sus pares pidiendo:

—Compañeros, ¿Quieren presentarse a la recién llegada?

—Soy Koala Kong, el primer mutante —se presentó toscamente.

La chica sólo se limitó a escuchar atentamente cada palabra.

—Mi nombre es Pinstripe Potoroo, bella —dijo con amabilidad y tomó la mano de la joven por un instante. Luego se soltó para volverse al grisáceo—. Me parece que debo contradecirte, Kong, tu no eres el primero. Un canguro de color azul claro llamado Ripper Roo fue el primer experimento.

—¿Cómo lo sabes? —preguntó el koala.

—Accedí a los registros sin que los doctores se dieran cuenta —comentó en voz baja.

—Bueno seguimos nosotros. Soy Komodo Joe y él es mi hermano Moe. Somos expertos con la espada —y con esa señal ellos alzaron las armas en cuestión.

—Yo ser Tiny Tiger —habló con su voz ruda que sobresaltó a la muchacha.

Por respeto, Koala Kong se levantó del sillón para cedérselo a la rubia y, como había lugar, el gángster también se acomodó. Para ayudar a la chica con sus inquietudes, algunos mutantes, especialmente el pandillero, le explicaban las cosas que aparecían en televisión:

—Viste. Los humanos son los dueños del mundo. Por esta razón, los hombres que te hicieron evolucionar quieren formar un ejército en el cual nosotros somos los soldados para equilibrar las cosas y vengarnos de quienes se aprovecharon de los animales.

—Entiendo pero… ¿Los hombres qué ganan con esto? —preguntó la bandicut razonando.

—Pues ellos nos dirigirán y también se vengarán; ellos también fueron maltratados. Si ocurre algo malo, nos rebelaremos —respondió Pinstripe tranquilamente.

Ella aprendió con rapidez todo lo que le decían y de pronto, el potoroo notó que la chica aún no tenía un nombre.

—Es cierto, todavía no tienes nombre ¿Cuál te gustaría? O… ¿Quieres que te lo elijan los científicos?

—Que la caja informativa nos lo diga —dijo ella refiriéndose al televisor.

Haciendo zapping con el control remoto buscaron uno y ella le encantó el nombre "Tawna", porque le pertenecía a una chica hermosa. Entonces le quedó ese nombre el cual fue el primero que no lo eligieron los científicos.

—Te queda bien. Vamos al laboratorio para que te registren —decidió y nuevamente la tomó de la mano con suavidad para llevarla hasta los doctores.

Con nueva identificación, el potoroo llevó a la bandicut hacia el laboratorio para presentarla a los doctores. Caminando, los mutantes conversaban. En un momento, él se detuvo para mirarla a los ojos y decirle algo:

—Tawna: desde el momento en que te vi, me di cuenta de que me gustas mucho ¿Quieres ser mi novia? —preguntó sin problemas y sin miedo alguno.

La joven se soltó del agarre con lentitud y se mantuvo pensando por un momento hasta que contestó:

—Eres muy dulce, pero ya estaba con alguien: el bandicut de los ojos verdes.

—¿El que se golpeó la cabeza?

—Si, espero que esté bien —respondió ella—. Pero considero que eres mi mejor amigo entre todos los mutantes —dijo tratando de no lastimarlo.

—Bueno,… te lo pediré otro día. Voy a esperarte —contestó él sin signos de angustia.

—Pero… —Tawna quería explicar que no cambiará de opinión hasta que el mutante de pelaje marrón la interrumpió.

—No digas nada. Ya llegamos —comentó sonriendo.

Al marsupial no le preocupó la respuesta de la chica: sólo tendrá que deshacerse de aquel bandicut sin que ella se entere. Las películas de gángsters que vio le ayudaban a tener en mente mil formas para sacarse de encima a los molestos. Cuando pensaba en las maneras de matarlo, ambos ya se encontraban con los doctores. Como siempre, ellos estaban discutiendo por problemas menores. Pinstripe se acomodó la garganta para que le presten atención pero fue ignorado.

—Doctores —comenzó a decir para llamar su atención.

—¿Qué quieres, comadreja? —expresó Cortex enojado.

El gángster hizo oídos sordos a ese comentario y sólo puso una cara de pocos amigos aunque después cambió su expresión.

—Sólo quería presentarles a Tawna Bandicoot —anunció y señaló a la chica con su mano. Por su parte, ella sólo sonreía.

—Bien. Ya tienes algo para registrar en la consola, Cortex —dijo el doctor Brio y se retiró del laboratorio.

—Bueno ¿Me dejan en paz para trabajar? —pidió enojoso a los marsupiales.

Después de quedarse solo en aquella habitación, Neo completó los datos de la nueva mutante escribiendo en la máquina:

Sujeto experimental n º 7

Especie: bandicut (Peramelesgunii)

Edad humana: 15 años.

Nombre: Tawna Bandicoot

Habilidades: Inteligencia y distracción

Observaciones: presenta un cuerpo desarrollado a pesar de su corta edad.

Cuando el doctor del tatuaje terminó con su registro, el doctor de los tornillos en la cabeza regresó al laboratorio para sugerirle una idea a su colega:

—Para no ir por indumentaria femenina en la ciudad, el cual es peligroso, podemos pedirle a tu sobrina que le preste unas prendas.

—¡Pero no tienen la misma talla! —se molestó Neo con algo de furia en sus palabras.

—Pues usaré el rayo "cambia tamaños" para aumentar los talles ¿Acaso no viste las enormes zapatillas que lleva puesta el tigre? Fue mi rayo quien lo hizo posible.

—Es cierto, y no hace falta pedirle nada a Nina… Tengo la ropa que le secuestré —dijo con voz apenada por lo último.

—Bueno ¿Qué esperamos? ¿Dónde tienes esa ropa?

—En mi habitación —dijo sin ánimos.

Fue así que los dos científicos fueron al cuarto en busca de ropa para la recién llegada. Ambos se sentían algo raro revisando la ropa de la niña y, además no tuvieron en cuenta que la mutante en cuestión y su admirador escucharon la conversación en el laboratorio. Al ver que los hombres se veían despistados, el potoroo intervino desde la entrada en compañía de la rubia:

—¿Por qué no permiten que ella elija qué ropa ponerse? —solicitó Pinstripe interrumpiendo a los doctores.

—¡Comadreja, ¿Cómo te atreves a escuchar una conversación ajena?! —gruñó Cortex y se acercaba a ellos para echarlos de la habitación.

—¡Espera, Cortex! Él tiene razón ¿Para qué perdemos el tiempo pensado en qué le quedaría mejor a ella? Deja que ella elija.

—¡Está bien, pero sin hacer un desastre en mi habitación! —ordenó con su típico mal carácter y salió de su dormitorio.

Entonces, Tawna observó cada prenda y seleccionó las más frescas debido al calor.

—Ya tengo lo que me gusta —anunció la rubia con unas cuantas en sus manos.

—Bien. Ahora apártense hacia otro lado —advirtió el calvo para prevenir accidentes.

El doctor Nitrus Brio los expandió con su rayo, el cual era muy parecido al arma de Cortex sólo que era más grande y, cuando ya estaban listas, ella fue a cambiarse la bata de laboratorio que tenía por una playera sin mangas color fucsia y una pollera verde. Además tenía unas zapatillas en color rojo oscuro con suela y líneas blancas.

—Así te ves mejor, Tawna —habló el gángster admirándola aún más.

—Bueno, Tawna. Si quieres puedes quedarte con todas las cosas que secuestré. Eso incluye esos maquillajes, pero no los juguetes —decidió el doctor Cortex quien regresó para echar a los intrusos de su habitación.

—¡Muchas gracias, doctores! —agradeció sonriendo.

La bandicut se llevó la gran mayoría de la ropa y los maquillajes aunque también ella necesitaba algo para guardarlos. Por suerte, Neo poseía un baúl que no utilizaba y Pinstripe se lo llevó a la habitación de los mutantes. Una vez allí, el mutante se encargó del lugar de descanso de la chica, quien luego ella agradeció por su esfuerzo.

Próximamente una nueva evolución sucedería sin pensar en las consecuencias que con eso traería.