Hanna se despertó y miró a su alrededor. Aria y Emily seguían durmiendo en el sofá. Spencer no estaba. De pronto la puerta del granero se abrió y una figura apareció iluminada desde atrás. Hanna se cubrió los ojos con una mano.

- Buenos días –le susurró Spencer cerrando la puerta – ¿Cómo has dormido?

- Podría haber sido mejor pero…

- No te quejes.

- ¿Dónde estabas?

- He salido a correr.

- Eres tan…

Hanna se detuvo al escuchar un ruido detrás de ella. Emily se frotaba los ojos con las manos cerradas. Parpadeó un par de veces y se quedó mirando a sus amigas:

- ¿Qué hora es? –preguntó.

- Casi las siete y media –respondió Spencer – ¿Despertamos a Aria?

- ¡Aria! ¡Fuego! –gritó Hanna.

La chica se despertó tan asustada que cayó del sofá provocando la risa de sus amigas. Aria le dio un golpecito a Hanna en el pie.

- Me has asustado –dijo.

- Pensé que era una nueva forma de despertarte –respondió la rubia –Ya sabes que la rutina aburre.

Emily se rió mientras Spencer negaba con la cabeza. Aria miró a Hanna un poco enfadada pero acabó por reírse con las demás.

Mientras tomaban café en la cocina de Spencer, alguien llamó a la puerta:

- ¿Qué haces aquí? –le preguntó la joven a una persona que las demás no vieron.

- ¿Me dejas entrar? –replicó una voz de chico fuera –Tengo que hablar contigo.

Spencer se apartó de la puerta y Jason entró dentro de la cocina. Saludó y se sentó junto a Hanna.

- ¿Un café? –le preguntó su medio hermana.

- No, no me quedaré mucho tiempo –respondió él –Venía a preguntarte por el caso de Alison. ¿Es verdad que han sustituido a Wilden?

- Sí –respondieron Hanna, Emily y Aria a la vez.

- Por una chica de diecisiete años –aclaró Spencer.

- Es la mejor de Nueva York –añadió Hanna sonriente.

Jason alzó una ceja, asintió y se levantó. Volvieron a llamar a la puerta.

- ¿Quién es? –preguntó Spencer sin moverse del sitio.

- Policía –se oyó fuera.

Todas se miraron mientras Jason caminaba hacia la puerta. Mia apareció sonriente.

- Ya veo que os he asustado –dijo –Estoy buscando a Jason DiLaurentis y supongo que…eres tú.

La chica se dio la vuelta para señalar al muchacho. El tragó saliva y asintió.

- Solo venía a preguntarte cuándo puedes hablar conmigo –dijo Mia –Sobre el caso de tu hermana.

- Trabajo todo el día –respondió Jason –Llegaré a mi casa sobre las nueve.

- Bien, allí estaré –la detective le sonrió.

Jason salió de la casa tras despedirse. Mia sonrió a las chicas y se dispuso a salir:

- ¡Espera! –exclamó Emily – ¿Vas a ir al instituto?

- Sí –respondió la rubia sin dejar de sonreír.

- Llévame –le pidió la morena.

- ¡Te iba a llevar yo! –casi gritó Hanna.

- Lo siento –se disculpó Emily –Luego te compenso.

Mia salió siguiendo a la nadadora. Las dos chicas entraron en el Audi s5 negro de la joven detective.

- Bonito coche –sonrió Emily.

- Gracias.

Por un instante, la morena contempló los ojos verdes de Mia, hasta que ella arrancó.

- Supongo que querías decirme algo –comentó la rubia sin dejar de mirar la calle.

- Sí –respondió Emily tímidamente.

Así, de perfil, incluso podría llegar a confundirla un poco con Alison.

- Cuando quieras –dijo Mia –Si puede ser, antes de que lleguemos al instituto.

- ¿Por qué me preguntaste por Maya?

- Es complicado. Perdona si te ofendí o algo pero son cosas de los asesinatos.

- Sabes que fue Nate o Lyndon o como se llamase, ¿no?

- Sí, me han puesto al día de esa historia pero hay algunas cosas que no encajan.

- ¿Qué cosas? –preguntó Emily intrigada.

- Es confidencial pero te diré una cosa: Wilden no estaba muy interesado en el caso.

- ¿Por qué lo dices?

Mia aparcó sin decir nada.

- ¡No me ignores! –gritó Emily saliendo del coche – ¿Por qué has dicho eso?

Mia continuó avanzando hacia la entrada del Rosewood Day. Emily corrió hacia ella y le dio un tirón del brazo.

- ¿Por qué lo has dicho? –insistió la morena.

- Déjalo, no importa –dijo Mia.

Emily parecía enfadada. La primera vez que la detective habló con ella, le pareció muy agradable y tímida. Sin embargo, en ese momento, pudo ver la seriedad en sus ojos. Mia miró al suelo. Emily resopló, negó con la cabeza y se marchó sin decir nada.

- Hola –saludó Hanna acercándose a la detective – ¿Dónde está Emily?

- Ha entrado –respondió Mia – ¿Y el team Sparia?

- Entran a segunda hora –dijo ella – ¿Sabes ya en qué clase estás?

- Ni siquiera he entrado.

- Te acompaño.

Las dos rubias se dirigieron al despacho del director.

- Bueno, te dejo aquí –sonrió Hanna –Tengo que ir a clase.

Mia vio a la chica alejarse y entró:

- ¡Mia Beckett! –exclamó el director –Bienvenida. Aquí tienes tu horario.

Tras una larga y pesada charla, el director la dejó marchar. Por fin podía ir a su clase. Allí le esperaba una sorpresa.