Advertencia: Este fanfic puede contener algunas escenas pervertidas conforme avancen los capítulos XD

Disclaimer: No me pertenece Shugo Chara ni ninguno de sus personajes, todos pertenecen a sus respectivos autores.


CAPITULO 2: Sorpresas

Fanfic by Pinkbutton


Amu se quedó helada, mientras un dolor punzante le recorría. ¿Había dicho prometida? Pensó. ¿Cuándo había pasado eso?

-Amu-chan…-le llamó Mikki preocupada al ver la expresión en el rostro de la peli rosa.

-Estoy bien—sonrió Amu tratando de estabilizarse-, han pasado tres años, era lógico.

Ella se dirigió a la habitación de huéspedes, amplia, lujosa, y la sacudió, aspiró y la dejó lo mejor que pudo. Con cada mueble que limpiaba, trataba de imaginar cómo se vería aquella mujer, la que habría capturado el corazón de Ikuto.

La noche cayó rápidamente. El sonido del motor de un coche se escuchaba afuera, Amu se asomó por la ventana de la recepción de la puerta principal, así como las curiosas charas. Había una limosina negra afuera, el chofer abrió la puerta de atrás y de adentro salió una hermosa joven, cabello negro como el ébano, ondulado como cascadas que caían hasta la cintura, tez blanca y ojos verdes brillantes como las esmeraldas. Vestía de forma elegante, con un vestido negro de tirantes y corto, un collar de perlas blancas y un sombrero negro que tenía alrededor un listón azul.

-Es realmente muy bonita…-murmuró Amu con sorpresa y mientras cierto dolor se apoderaba de ella, sus esperanzas se escapaban. ¿Era ella? No había forma de competir contra alguien así, pensó Amu, muchas cosas comenzaron a cruzar por su mente en un instante tan pequeño, por un momento su mirada se perdió en sus pensamientos.

La elegante joven entró por la puerta principal, encontrando a Amu, la mucama, quien miraba por la ventana distraída.

-¿No vas a llevarme a mi cuarto?—preguntó la peli negra impaciente, sintiéndose irritada por falta de servicio de Amu.

Sin embargo la chica del cabello rosa no respondió, seguía sumergida en sus pensamientos. Mikki al ver que Amu no reaccionaba le pateó en la cabeza con su pequeño pie, provocando que la peli rosa sacudiera su cabeza y se girara inmediatamente.

-¡Oh! Lo siento—se disculpó ella-, debes ser la prometida de Ikuto, te llevaré a tu habitación.

-¿Ikuto?—le miró la joven inclinando ligeramente la cabeza con desconcierto y enfado-, ¿por qué lo llamas por su primer nombre? y no solo eso, ¿Quién te crees que eres para hablarme tan familiarmente?

-Yo…-Amu le miró sorprendida, no sabía que responder todo lo que se le venía a la mente sonaba mal, le había llamado por su primer nombre sin pensarlo.

-S-si, lo lamento, no volverá a pasar—se disculpó Amu-, yo jamás había trabajado de mucama antes.

-Eso no es una excusa—dijo ella cruzando los brazos-, es sentido común llamar al señor de la casa con respeto, más te vale comportarte apropiadamente en mi presencia. No se te ocurra tutearme como lo has hecho, ya que solo eres la sirvienta, soy Akazaki-sama para ti, en muchos sentidos soy superior a ti, no me rebajes a tu nivel.

Ran le miró enfadada inflando las mejillas, ¿Cómo podía tratar de esa forma a Amu-chan? Pensaron las charas, mientras Amu trataba de digerir sus malas maneras. La chica de ojos color ámbar le miraba frunciendo el seño, aquella mujer tenía la apariencia de un hermoso ángel, pero era una desvergonzada.

-No le daré más problemas…Akazaki-sama—dijo Amu agachando un poco la cabeza, tratando de contenerse, este no era momento para ponerse a discutir, pensó, esa chica podía hacer que la despidieran, y necesitaba el trabajo desesperadamente.

Después de haberle dejado en su cuarto, Amu se dispuso a limpiar, de nuevo se encontraba frente a la puerta de Ikuto, no queriendo entrar. Tocó la puerta de madera pero nadie respondió y abrió lentamente esperando que nadie estuviera ahí, tras asomarse y comprobarlo suspiro de alivio y dio un paso junto con su trapeador.

-Así que aquí estabas—dijo una voz masculina detrás de ella, muy cerca de su oreja, haciéndola saltar y estremecerse, enredándose en el palo del trapeador. Ella cayó irremediablemente al suelo.

-I-Ikuto—tartamudeó ella con cierto nerviosismo en el suelo, el joven la observó detenidamente con el rostro inexpresivo, podía ver su ropa interior desde donde se encontraba, al darse cuenta Amu se puso de pie completamente roja, desesperada y agregó-, ¡No me mires de esa forma!

-¿Qué no te mire? —Le cuestionó clavándole la mirada y con una sonrisa traviesa agregó-, eres tu quien me ha mostrado su ropa interior, debes querer que te mire con lujuria desesperadamente.

-¡Eres tu quien me ha dado este uniforme con una falda tan pequeña!—se quejó la pelirroja con las mejillas encendidas mientras su corazón latía como un tambor-, las otras mucamas los usan más largos, ¡No creas que no me he dado cuenta!

-¿En verdad?—dijo mientras le veía divertido-, ¿Estás diciendo que te di ese a propósito?

-Si—asintió furiosa con la cabeza.

-Si, amo—dijo Ikuto sosteniendo con gentileza el mentón de la peli rosa, con el objetivo de que lo repitiera, provocando que las mejillas de la joven de ojos color ámbar se sonrojaran de nuevo.

-A-ah…no…voy a ¡No voy a repetir eso!—se rehusó Amu completamente avergonzada mientras sus propios latidos la golpeaban-, siempre bromeas conmigo, te has burlado de mi ayer en la noche con el mismo truco

-¿Te parece que bromeo?—le miró Ikuto con total seriedad, observándola de forma penetrante, parecía que se estaba enfadando

-Tu…siempre te burlas de mí…-le miró roja y nerviosa directamente a los ojos, tratando de ser valiente.

-Sí, amo—repitió Ikuto alzando un poco más la voz, se veía impaciente.

-¿En verdad no estás bromeando?—preguntó ella un poco atemorizada con los ojos llorosos.

-Haremos una cosa—dijo Ikuto relajando la voz, abrazando a Amu de la cintura, atrayéndola hacia él, logrando en ella la sorpresa total -, si no lo repites, no me detendré.

-¿Detenerte?—preguntó ella nerviosa y confundida de estar tan cerca de él, podía percibir el aroma del joven y sentir su calor-, ¿qué es lo que harás?

Ikuto comenzó a deslizar su mano por el cuello de Amu, haciéndola estremecer y mientras le miraba con seriedad y sus profundos ojos azules, jugueteó con sus dedos sobre el cuello de su uniforme, Amu no esperaba lo que sucedió a continuación, desabrochó uno de sus botones, sobresaltada intentó alejarlo, pero los brazos de Ikuto eran mucho más fuertes.

-¡¿Qué haces!?—le dijo casi con lagrimas en los ojos

-Sí, amo—repitió Ikuto con una sonrisa maliciosa.

El segundo botón se desabrochó, Amu no pudo soportarlo más tiempo.

-¡Sí Amo!—gritó ella desesperada, con las mejillas encendidas al borde del infarto.

-¿Lo ves?—dijo Ikuto con una sonrisa despreocupada, soltándola inmediatamente mientras ella retrocedía unos pasos-, no era tan complicado, de verdad que debes tomarte más en serio tu trabajo.

-Menos mal que Ran, Mikki y Sue están jugando en el jardín—dijo Amu mirándole con cierto resentimiento-, no sabría cómo explicarles lo pervertido que eres, tienes una prometida…esas cosas debes hacerlas con ella

La sonrisa de Ikuto se borró, dejando paso a un leve asombro.

-¿Estás celosa?—preguntó Ikuto recuperando su traviesa sonrisa

-N-no sé de qué me hablas—dijo ella desviando avergonzada la mirada -, sabes perfectamente que yo tengo a Tadase.

-Dices "Yo tengo" pero no "Yo quiero"—dijo Ikuto mirándole con los ojos entrecerrados, analizando las palabras de la chica.

Ella permaneció en silencio, mientras más hablaba, Ikuto le irritaba cada vez más.

-Está bien—dijo Ikuto encogiéndose de hombros-, no hay caso… ya no estoy interesado en ti, estoy a punto de casarme.

Esas palabras fueron como golpes duros en su pecho, la peli rosa casi pierde el aliento, en sus ojos zafiros pudo observar un extraño vacío, muy parecido a aquel con el que le conoció.

-Pero no has dicho que estás enamorado—dijo Amu con cierta preocupación al observar al muchacho de cabellos azules.

-¿Tengo que decirlo?—dijo Ikuto con cierta molestia-, es bastante evidente, estoy a punto de atar mi libertad para siempre a otra persona.

Eso no suena muy romántico, no parece estar feliz, pensó Amu desconcertada, más bien suena como si fuera una pesada carga.

-Retírate—le dijo Ikuto con indiferencia-, Shizune vendrá al estudio en unos minutos, dile a Misako que prepare el té.

Así que ese es su primer nombre, Shizune, pensó para sus adentros.

Ella se marchó, ciertamente Ikuto se veía distinto al hablar de su matrimonio, ¿por qué sentía un aura de tristeza en él?

Minutos después el ama de llaves le mostró a Amu una bandeja plateada con tasitas y una tetera, además de unas deliciosas galletas dulces.

-Lleva esto al amo Tsukiyomi por favor—dijo Misako -, y no le molestes, recuerda está con su prometida.

-S-si, claro—tartamudeo Amu con nerviosismo, pensando en que tendría que verle la cara y también a esa mujer.

Se marchó y tocó suavemente la puerta de madera con el puño a medio cerrar, recibió un "adelante" como repuesta.

-Te he traido el té—dijo Amu sin pensarlo a lo que la chica de cabello negro respondió arqueando una ceja, al darse cuenta de su mirada cayó en cuenta de que le había tuteado, la chica abrió sus enormes ojos ambarinos en sorpresa y corrigió desesperadamente mirando hacia todos lados-, té he t-traido yo, este…es decir que he traído el té al a-amo Tsukiyomi

Ikuto sonrió levemente, le parecía divertido observarla en esa situación, sonrisa que no pareció inadvertida para su prometida quien le miró con el rabillo del ojo, como sospechando.

-Déjalo en la mesa por favor, querida—dijo la chica de ojos verdes con una gentil sonrisa

¿Querida? Pensó Amu con desconfianza mientras caminaba hacia la mesita dando un pesado suspiro. Yo no tengo nada que estar haciendo aquí, pensó, me siento tan extraña atendiendo a Ikuto, más ahora sabiendo que está con su…prometida. Amu observó de reojo a Ikuto, quien permanecía con la mirada inexpresiva en el piso. ¿Qué pasaba por su mente? Se preguntaba Amu.

¿Cuántas veces más iba a pasar vergüenzas? ella ladeó la cabeza con tristeza, pensando en todo lo que le había pasado desde que llegó, entonces suspiró de nuevo. Al parecer no las suficientes pues su cuerpo se llenó de adrenalina cuando sintió tropezar con algo cerca de su pierna, lo cual alcanzó a divisar como una zapatilla, la bandeja cayó al suelo haciendo un ruido estrepitoso derramando todo su contenido sobre piso y su cuerpo se golpeó violentamente contra el mismo, provocando que Ikuto cerrara los ojos reciamente al oír el estruendo.

-Amu-chan!—exclamaron las charas

-Dios mío, ¿estás bien?—se hincó la peli negra de prisa al verla y limpió el rostro de Amu con una servilleta, pues se hallaba cubierto de rastros y migajas de galleta y azúcar.

Amu la miró mientras trataba de recuperar la compostura, los brillantes ojos verdes de la joven se tiñeron de preocupación.

-Estoy bien, no sé cómo me fui a caer-dijo Amu cerrando uno de sus ojos por el dolor, poniéndose de pie mientras sacudía su falda de migajas, estaba extrañada de que aquella joven de repente se mostrara tan considerada con ella, hace unas horas le había tratado de lo peor.

-¿Te lastimaste?—preguntó Ikuto con la mirada serena

-No—respondió ella haciendo un gesto para negar despacio con la cabeza, sintiéndose algo feliz de que se preocupara, había algo extraño en todo esto, estaba segura de que el camino estaba despejado cuando pasó, de repente una zapatilla se interpuso ¡No puede ser! Pensó Amu observando a la prometida de Ikuto con los ojos llenos de asombro. ¿Acaso le había puesto el pie a propósito? Amu se recriminó ante este pensamiento, quizá solo era su imaginación.

-Iré a traer más té—dijo Amu haciendo una reverencia apresurada.

-No te preocupes—le detuvo Shizune con una voz dulce y entusiasta y juntando las manos agregó- tomate un descanso que yo misma prepararé el té, ¡con lo que me gusta hacer té!

Amu le miró completamente extrañada, era completamente otra persona ¿tenía una gemela? ¿Se había perdido de algo? pero algo la hizo reaccionar con un sobresalto.

-Lárgate—le susurró en el oído con una voz pesada llena de rencor provocando que Amu abriera los ojos como platos.

-No sabía que te gustaba hacer el té, Shizune—le respondió Ikuto inexpresivo mientras apoyaba su mejilla en la palma de su mano, casi aburrido.

-¡No lo sabes pero me encanta cocinar!—se giró ella con inocencia para verlo mientras sonreía-, es que todo ha sido tan apresurado, pero no te preocupes que soy un libro abierto, en poco tiempo sabrás todo lo que necesitas saber de mí antes de la boda.

Amu estaba casi petrificada y desconcertada por sus cambios de personalidad, incluso sintió algo de miedo.

-Tomate un descanso—se giró hacia Amu con una sonrisa-, yo atenderé a Ikuto en todo lo que necesite por el resto del día—y entonces acercándose a su oído sin que Ikuto lo notara agregó con una voz maléfica en un susurró-, no te atrevas a intentar quitármelo o te mataré.

Los latidos del corazón de la peli rosa se aceleraron con temor, su rostro empalideció mientras retrocedía un pequeño paso. ¿Había escuchado bien?

-Estás pálida linda—le dijo con una expresión entre sorpresa e inocencia, provocando que Ikuto se interesara y volteara de inmediato-, ¿Cuál dijiste que era tu nombre?

-A-amu—respondió ella aterrada

-Amu-chan, ¿está bien que te llame así?—preguntó ella-, no te preocupes por nada, yo me encargo, retirate.

Amu salió del cuarto y caminó hasta su habitación. ¿Qué había sido todo eso? dijo que la mataría… ¿Acaso estaba loca?

-¡Esa Shizune es aterradora!—exclamó Mikki en voz alta, rompiendo el silencio

-Si…me da mucho miedo—dijo Sue encogiéndose

-No fue solo idea mía entonces—dijo Amu sintiendo cierto alivio al saber que no estaba desvariando, realmente ella le había amenazado, sabiendo eso ¿Debería seguir en esa mansión? Es imposible que hablara en serio, pensó.

-¿Ikuto va a casarse con ella?—dijo Ran preocupada agitando las manitas con sus pompones en pánico-, ¡Qué miedo! ¿Por qué? Si es de lo más mala.

-¿No la viste?—dijo Mikki cruzándose de brazos-, era toda dulzura mientras Ikuto la veía, lo tiene totalmente engañado, debe pensar que ella es una especie de santa, no escuchó todo lo feo que le dijo a Amu-chan.

-Ella le dijo que en poco tiempo sabría todo lo que necesita saber antes de la boda—dijo Amu analizando la situación-, suena como si…se hubieran comprometido sin conocerse, pero ¿Por qué?

-Yoru jamás habría permitido que él tomara una decisión como esa—agregó Ran-, claramente es una mala persona.

-¿Yoru?—le cuestionó la peli rosa y con un gesto de sorpresa agregó-, ¿Dónde está Yoru? No lo he visto desde que llegamos ¿y ustedes?

Las charas negaron con la cabeza, sorprendidas. Todo se volvía cada vez más confuso para Amu y no podía resolver el rompecabezas. ¿Por qué Ia mirada de Ikuto se veía distinta? ¿Dónde estaba Yoru? ¿Por qué iba a casarse con Shizune? pensó mucho durante las próximas horas pero solo logró que diera la noche.

-Tanta conmoción me ha dado hambre—dijo Sue con cara de preocupación

-A preparar pastelillos—exclamó Ran emocionada

Antes de que Amu pudiera decir que ella también quería uno las tres charas se habían marchado tras la puerta, dejándola entre abierta.

-Está bien, al cabo que ni quería—dijo Amu enfadada estirándose sobre la cama.

El silencio inundó la habitación, sin sospecharlo algo se aproximaba a ella lentamente de forma sigilosa, cautelosa. Imposible de escuchar, invisible para la chica pues distraída miraba al techo y no se percataba de la sombra que la acechaba. Cansada, se quitó el listón atado a su cuello y la diadema de encaje, un aroma familiar inundó sus sentidos y sus ojos se abrieron en asombro al sentir sus muñecas aprisionadas contra el colchón y sus músculos se estremecieron al observar aquellos ojos color zafiro a milímetros de su rostro, ocupando todo su campo de visión.

-I-Ikuto…-pronunció nerviosa, cuando se dio cuenta él se encontraba encima de ella, aprisionando sus muñecas.

-No soy Ikuto—dijo el joven con seriedad y con una sonrisa traviesa agregó un susurro en su oreja con un aliento tibió-, Soy tu amo, esta noche serás mía

Su aliento estaba bañado en licor, Amu percibió el aroma inmediatamente. ¿¡Ikuto bebía!? ¿A qué se refería con que sería suya? ¿Podría ser…? ¡No! ¡Pero si yo todavía soy virgen! pensó entrándo en pánico.

-¿¡Qué estás diciendo!? —Dijo desesperada, tratando de liberarse sin éxito, mientras sus mejillas se teñían violentamente debido a sus alarmantes hipótesis-, ¡Estás ebrio! ¡No estás siendo tu mismo! estás a punto de casarte...oye, tu nunca me obligarías…nunca me harías daño ¿Verdad, Ikuto?

-Quiero jugar—le dijo Ikuto mientras se esbozaba una sonrisa lujuriosa.


¿Ikuto cumplirá su objetivo? ¿Qué le espera Amu de ahora en adelante?

Continuará...


Muchas gracias por sus reviews!, me alegro que les vaya gustando ^^