AMNESIA
Mientras tanto en la casa de la veterinaria Konoy era cuidado cariñosamente por la doctora, él estaba recostado sobre un pequeño cojín, su pata había sido vendada y curada; frente a él se encontraban dos tazones: uno con comida, y otro con agua.
-Eres un lobo muy fuerte, no me sorprende que hayas sobrevivido- dijo la veterinaria arrodillándose frente a la jaula- tienes mucha suerte de que Balto te encontrara- el pequeño mostró los dientes y gruñó asustado pero estaba inmovilizado y le dolía mucho la pata.
A la veterinaria le gustaba hablar con los animales, ella creía firmemente en que ellos le entendían y además le hacía sentir comunicada con ellos.
Le quitó la cubierta a la jaula y metió la mano sin miedo a que la mordiera, como era de esperarse Konoy lo intentó, pero cuando la mano de la joven tocó su cabeza este se estremeció y se relajó –así que te gusta- sonrió amablemente, la cola de Konoy se agitó – descansa, te recuperarás muy pronto- y dicho esto colocó la tapa de la jaula en su lugar, se levantó, apagó las luces y subió por unas escaleras que llevaban al piso de arriba de la casa.
El calor de la chimenea logró que Konoy se quedase profundamente dormido entrando en un mundo de sueños y fantasías.
Por la mañana Balto dormía en el bote abrigado por su manta, él estaba acurrucado en una esquina de la cabina del conductor sintiendo el suave viento chocar con su cara.
Mientras tanto Aleu jugaba con Muck y Luck que a la vez eran vigilados por Boris. Balto despertó, se levantó y fue a su tazón de agua al que dio unos cuantos sorbos.
-Cuida a Aleu mientras regreso- dijo Balto a Boris tranquilamente.
-No te preocupes Balto- respondió Boris mientras que Balto emprendía el viaje hacia el pueblo.
En la veterinaria Konoy ya había despertado, esperaba pacientemente a que Katy despertase, por su mente pasaban muchos pensamientos; por un lado él quería regresar a la naturaleza, no le gustaba estar enjaulado pero por otro él quería seguir junto a Katy por alguna razón que no comprendió en aquel momento, la vida doméstica de una noche le había parecido satisfactoria y ella no parecía querer hacerle daño.
Las orejas de Konoy lo alertaron de que alguien se encontraba al otro lado de la puerta; era Balto que comenzó a aullar suavemente para que le abrieran la puerta, Konoy se sintió familiarizado así que contesto con un aullido más fuerte pero más agudo, lo suficiente para que Katy se despertara.
-¿Qué sucede pequeño?-Katy bajó las escaleras, luego escucho el aullido de Balto que estaba afuera- parece que alguien viene a buscarte- dijo mientras abría la puerta.
-Hola Balto… ¿vienes a buscar a tu amiguito?- Balto asintió con la cabeza y entro a la casa, Katy le mostró donde se encontraba Konoy a lo que Balto la siguió con atención.
-Buenos días Konoy, ¿Cómo te encuentras?- preguntó Balto.
-Mejor, gracias a que su hija me salvó la vida- Konoy respondió con mucha cortesía.
-Quiero hablar un poco contigo - dijo Balto dirigiendo la conversación directo al tema principal.
Konoy sabía que Balto tenía muchas dudas, y tenía una ligera idea de ellas –Como por ejemplo… ¿Por qué estoy herido?... o ¿Quién soy?... o tal vez ¿de dónde vengo?... o ¿algo de mi manada?- Todas las preguntas que Balto tenia reservadas en su mente Konoy las acertó. –no lo sé, recuerdo muy poco-
-Sé que podrás hacer memoria- dijo Balto entendiendo la situación, apenas era un cachorro y debía estar confundido.
-¿Porque debo estar aquí?- pregunto el joven aburrido del encierro, quiero salir y...-
-Y entonces tratarías de huir y te lastimarías mas- lo interrumpió Balto -además, estas en muy buenas manos, por el momento no debes preocuparte.-
-Que aburrido, además me siento mejor-
-Si te aburres trata de hacer memoria para que te entretengas- Balto guiñó su ojo –volveré mañana para ver como sigues- y dando media vuelta salió por la puerta dejando atrás a lobo que miraba el exterior extrañando su libertad.
Pasaron un par de días, la herida de la pata del pequeño lobo había sanado al haber sido solo un rasguño de la bala, podía caminar aceptablemente aunque cojeando. Balto lo visitó un par de veces más hasta el tercer día de su estancia en la veterinaria. El joven lobo se sentía atrapado en una trampa al no poder salir, pero había ideado una forma de escapar.
Cuando Balto cruzó la puerta de entrada, se dirigió hacia la jaula del pequeño.
-¿Cómo has amanecido hoy?-
-Tan encerrado como de costumbre- respondió molesto
-Descuida que en un par de días podrás salir de aquí-
-Yo no puedo esperar tanto- se molestó el lobo y aullando quejosamente como si algo le doliera captó la atención de Katy la veterinaria. Balto se asustó pensando en que algo malo le había pasado, pero justo cuando Katy abrió la rejilla, Konoy saltó y corrió a toda prisa dándose a la fuga. Huyó a toda velocidad de la veterinaria y comenzó a correr en la gran avenida de Nome en la cual casi choca con varias personas que caminaban y atravesando entre sus piernas cruzó la avenida y corrió entre las calles, Balto corrió detrás de él y al pasar la puerta notó a Konoy a una distancia considerable.
Konoy tenía una velocidad superior a la de sus hijos que seguramente contaban con su misma edad, cosa que sorprendió a Balto que aún después de apresurar su paso no lograba alcanzarlo; en un momento estuvo a centímetros de tomar al pequeño del pellejo del cuello con sus colmillos, pero falló, Konoy dobló una esquina esquivándolo y por la velocidad que llevaba Balto, no logro detenerse para girar, chocando con unos tablones que le cayeron encima.
Konoy era rápido, pero no como Balto, ya que él era adulto; pero aun así Konoy tenía una gran habilidad para esquivar obstáculos con la cual logró evadirlo varias veces. Pero Balto tenía otra ventaja, el conocía a Nome como a el mismo; mientras que a Konoy era como un gran laberinto en el que no existía salida.
Después de vagar por varios minutos Konoy no hallaba la salida del laberinto de altos muros de madera, lleno de desesperación Konoy giro corriendo un callejón un tanto oscuro, en él se lograba ver la salida hacia la gran avenida.
-¿Corrí en círculos?- se dijo frustrado
-Felicidades…- Konoy quedó petrificado ante la voz de Balto que sonaba detrás de él- encontraste la salida-
-Déjeme en paz- dijo poniéndose de un brinco viendo a Balto de frente –no dudare en pelear si es necesario- y mostró los dientes
-Yo sé que no; al igual que no dudaste en escapar de la veterinaria, pareces alguien determinado-
-A veces para ser libre hay que escapar… ¿No lo cree?- Konoy cambio de postura a una pasiva, viendo por encima de sus hombros y se sentó en el suelo.
-Pensé que no dudarías en pelear- dio Balto un poco sorprendido por su cambio de postura.
-Si em… me di cuenta que no tiene intenciones agresivas, además no tengo oportunidad contra un adulto…- Balto estaba a punto de decir algo pero Konoy lo interrumpió –usted me es un poco… familiar, como… ¡un lobo!-
-Eres muy listo, ¿cómo lo sabes?-Balto sabía que su pregunta era un poco obvia o tonta, pero tenía curiosidad.
-¿Bromea?- Konoy rio un poco- sus patas son muy grandes, eso es algo que no tienen los demás perros en este pueblo, y sus ojos…, bueno ¿Qué puedo decir que usted no sepa?, además su aullido de hace rato, bueno… sonó un poco familiar.-
-Eres un pequeño muy inteligente- dijo Balto al notar la astucia de Konoy.
-Si esto lo tranquiliza…- Konoy suspiró- no es algo que escuchara de mi de nuevo…me rindo, le diré todo lo que recuerdo-
Balto mostró una gran sonrisa entusiasmado –Caminemos Konoy- Ambos canes salieron del callejón y caminaron por la gran avenida hasta salir del pueblo. Konoy contaba a mientras tanto a Balto lo que le sucedió.
*"Flashback"
(Seis días antes de llegar a Nome)
El sol brillaba intensamente, en el bosque los pájaros cantaban alegremente, el follaje de los árboles se movía al compás del viento. Cerca de un árbol estaba Konoy tendido en el suelo.
-Que golpe tan duro, ¿Qué pasó?- Konoy se encontraba confundido, un gran golpe en la cabeza lo limitaba a recordar.
Konoy se levantó mareado y comenzó a caminar dentro del bosque, el viento acariciaba su cara trayendo consigo varios olores como el de troncos de diferentes árboles, hierbas, conejos, y uno que otro armiño. No recordaba como había llegado ahí, ni donde estaba, solo recordaba su nombre.
A lo lejos un conejo se metió entre unos matorrales, Konoy no tenía mucha hambre, pero aun así su instinto lo impulsaba a cazar acechando al conejo que no se había percatado de la presencia del lobezno.
Konoy caminaba lentamente cuidando cada paso acercándose más a su presa, a una distancia considerable, observó al conejo que aún no se percataba de él. Se lanzó y el conejo trató de huir, pero era demasiado tarde, los colmillos de Konoy se clavaron en su yugular, la muerte no fue rápida, pero no tardó mucho en que el conejo dejase de forcejear.
Después de saciar su hambre, Konoy escondió el resto y siguió su camino hasta llegar la noche. Pero esta no lo detuvo, de hecho lo alentó a seguir caminando y corriendo en el bosque iluminado por el resplandor de la gran luna.
Con la llegada de la noche varias criaturas nocturnas salieron de sus escondites a cazar. Konoy miró a la luna con gran sentimiento y sintiéndose sumamente feliz aulló fuertemente.
Al amanecer Konoy dormía plácidamente sobre unas hojas secas dentro de una cueva de poco tamaño, pero lo suficiente para él.
Se dispuso a salir de su cueva y continuar con su viaje sin rumbo, el cielo era algo nublado, pero el sol se asomaba algunas veces. Konoy caminó por el bosque husmeando algunos árboles descubriendo nuevos olores, aunque en realidad todo era nuevo para él, como un recién nacido.
Durante los siguientes dos días Konoy jugueteaba persiguiendo a los armiños, había cazado dos conejos más y siempre en las noches buscaba a la luna para aullarle la canción de los lobos.
Al amanecer del cuarto día en el bosque, despertó dentro de un tronco hueco, al salir de él, percibió un olor similar al suyo, pero lejos de ser un pariente; algo era seguro, no era amigable.
Se alejó de esa zona lo más pronto posible, internándose más en el bosque al punto en el que se perdió.
A unas horas de percibir el olor, sintió la necesidad de comer, no lo había hecho desde la mañana y el hambre se pronunciaba más. Entró a un claro en el bosque husmeando los rincones buscando algún desafortunado conejo.
El viento sopló fuertemente estremeciendo al bosque, con el aire sintió el olor extraño a una corta distancia.
-¿Estás perdido?- un perro de cacería con múltiples cicatrices y heridas en su rostro y cuerpo se acercaba peligrosamente a Konoy.
Konoy observó cuidadosamente el panorama, se disponía a escapar cuando de pronto, otros dos perros salieron de entre la oscuridad del bosque por ambos lados.
-Es un poco pequeño, ¿no lo cree jefe?- el perro a la izquierda de Konoy era manso, café y con manchas negras en su cuerpo, no era muy listo, pero era muy bueno en la pelea.
-No importa, piensa un poco; con esa piel extraña, nuestro amo nos recompensara maravillosamente- el perro a la derecha de Konoy era un perro albino, era un tanto más pequeños que el anterior, pero era más inteligente y tenía unos dientes muy afilados.
-Den la señal- el perro jefe era un perro mediano color negro y tenía más experiencia en combates cuerpo a cuerpo que los dos perros anteriores, el tenia las ventajas de sus dos compañeros y siempre era elogiado por ellos.
Konoy se sentía acorralado, no podía tratar de escapar, era simplemente un suicidio. Uno de los perros comenzó a ladrar, acción que recibió respuesta de una voz que se escuchaba a lo lejos.
De la espesura del bosque, un hombre alto y fuerte salió maldiciendo y hablando solo, tenía una barba grande y ojos color café, una voz ronca y detrás de él colgaban pieles de animales muertos y un gran rifle.
-¿Pero que tenemos aquí?- dijo el cazador con una sonrisa que mostro sus dientes amarillos – no es muy grande… pero tal vez si lo cuidamos de grande valdrá mucho.-
Konoy se sacudía vigorosamente tratando se soltarse da la gran mano de aquel hombre que lo había tomado del pellejo de su cuello. En un intento desesperado de escapar, mordió con todas su fuerzas al cazador sintiendo su sangre caliente fluir.
Calló al suelo, el cazador maldijo a Konoy que salió corriendo directo a la maleza, tomó su arma que colgaba de su espalda, apuntó y de aquel rifle se escuchó un estruendo similar al de un relámpago cayendo a un árbol en una noche de tormenta.
Konoy cayó al suelo dando un gemido después de sentir un proyectil caliente rozar su pata liberando la sangre que había en ella, pero se levantó rápidamente al escuchar los ladridos de los perros. Cojeo durante unos metros hasta hallarse en un acantilado sin salida, los tres perros aparecieron frente a él como un relámpago, debajo al agua de un rio fluía estrepitosamente.
-Se acabó el escape, mocoso- dijo el perro jefe
-Si… no tienes salida- lo relevó el perro manso.
Konoy se paró de manera pacífica frente a ellos, como si no corriese peligro alguno.
-Bah, parece que me han atrapado; ¿Qué piensan hacer ahora?,- dijo tranquilamente pero burlándose –ustedes serán la deshonra de los perros cazadores, dejaron a un lobo de tres meses escapar-
-¿De qué hablas niño?– el perro mediano enfureció
-¡No hablen, solo atrápenlo!- el jefe gritó lanzándose a Konoy, pero este se aventó al abismo; el perro trató de alcanzarlo, pero no lo logro deteniéndose justo en la orilla del acantilado, Konoy cayó a la turbulenta agua.
-Parece que escapó jefe- dijo uno de los perros.
El perro jefe lleno de ira mordió el flanco del perro que habló, sacando de su garganta un chillido. Los tres perros se retiraron.
Se vio atrapado en una gran turbulencia que lo jalaba hacia el fondo del rio, la corriente se hacía cada vez más fuerte, algunos troncos y ramas flotaban, nado y nado hasta alcanzar un tronco que flotaba cerca de él, el rio arrastro a Konoy cientos de metros hasta que logró saltar a la orilla.
Mojado pero a salvo caminó rio arriba durante varias horas, la noche comenzaba, pero eso no le preocupaba a Konoy, sino una tormenta de nieve se avecinaba.
Konoy tenía hambre y frio, además estaba adolorido de su pata que sangraba incesantemente, la tormenta se posó sobre de él cubriendo cada centímetro de suelo con nieve.
Después de unos minutos, se metió en un árbol hueco, y ya dentro de él se quedó profundamente dormido. La noche terminaba, Konoy despertó y aún con un poco de tormenta sobre de él se encaminó hacia adelante, no se detuvo, subió un monte de nieve, pero dolido y cansado se desmayó cayendo, en las faldas de esa pequeña montaña miró un bosque y trató de arrastrarse hasta el, pero no lo logró; recostado en la nieve miraba al cielo esperando su muerte quedándose paralizado por el frio.
*"Fin de flashback"
