Hola hermosos míos!

Feliz año nuevo a todos! Espero que el 2015 sea un año lleno de bendiciones :)

Quería actualizar ayer, pero realmente estaba demasiado cansada como para hacer algo xD ajajajajaa ya saben... la celebración de año nuevo me dejó exhausta, pero aquí estoy! :D les traje capitulo nuevo. Espero que lo disfruten! y me dejen reviews dándome sus opiniones, quejas o sugerencias.

Capítulo 2:

La familia desayunaba cuando Takashi terminó su turno de vigilancia, ante la insistencia del cabeza de familia se sentó a desayunar con ellos.

—Esta noche tú y las otras dos chicas seleccionadas cenaran con Inuyasha en el hotel Shangri-La, pasaré a recogerte cuando salgas de clases para llevarte allí— le comentó a la joven.

—¿Por qué tan temprano? — quiso saber.

—¿Acaso no quieres estar linda para cuando lo conozcas? Allí te peinaran y maquillaran —le guiñó el ojo divertido, provocando que se sonrojara— Y no te preocupes por la ropa, ya te compré un vestido para que uses esta noche, lo llevaré conmigo esta tarde.

—¿Qué? —gritó sorprendida, casi escupiéndole el desayuno en la cara— ¿Por qué hiciste eso? Yo tengo ropa.

Él se rio.

—Quería hacerte un regalo, como disculpa por haberte dejado por tanto tiempo—dijo extendiendo la mano por sobre la mesa para tomar la de la joven— Por favor, acéptalo, me sentiré mal si no lo haces.

—Es un lindo gesto Kagome, no seas malagradecida —le susurró su madre.

—Pero…

—Por favor —insistió el hombre.

—Bien —gruñó molesta, suspiró y recompuso su expresión— Muchas gracias, Takashi. No sabes lo agradecida que estoy por tu regalo —dijo con una sonrisa resplandeciente.

Se sentía mal porque él se gastara ese dinero en comprarle cosas. Ya vería el modo de recompensárselo.


El día había sido el correr constantemente lejos de las cámaras que la seguían a donde quiera que fuera. ¿Qué podía tener de interesante la vida de una estudiante común y corriente? No es como si ya fuera famosa o algo, no pudo evitar preguntarse si las otras dos chicas no estarían igual de frustradas por no poder tener un día de clases normal.

Takashi fue a buscarla, como había prometido, y enseguida llegaron al estacionamiento del hotel.

—Tu habitación es la 1503, el restaurant está en el último piso. Toma, empaqué tu pijama, artículos de aseo personal y ropa limpia —dijo sacando un pequeño bolso del portaequipajes del auto— Te pasaré a buscar mañana, pero si tienes algún problema puedes llamarme a cualquier hora y vendré enseguida, aquí está mi número— dijo extendiéndole un pequeño trozo de papel.

No entendía nada.

—Espera, espera… ¿Qué está pasando? —preguntó confundida, abrazando su bolso.

—Vas a pasar la noche aquí, ¿no te lo había dicho?

—Nunca dijiste nada de eso, lo recordaría si fuese así.

—Error mío— se rio, subiéndose al auto.

—Oye, ¿a dónde vas? No me dejes sola —se quejó.

—Él te acompañará hasta tu habitación y se hará cargo de ti mientras estés aquí— dijo señalando a un hombre alto y de traje que estaba parado junto al ascensor del edificio.

¿Desde cuándo estaba ahí? No lo había visto antes.

—Piensa en esto como en una pijamada. Conocerás a las otras participantes, y sé que quieres ganar y toda la cosa…. pero pórtate bien con ellas —se burló, poniendo en marcha el auto nuevamente y sin más se fue.


Caminaba de un lado a otro por el pasillo, con el correr de los minutos estaba cada vez más nerviosa. A última hora se había decidido que cada una cenaría a solas con Inuyasha, así que le preocupaba quedarse sin temas de conversación, y ella era la última así que seguramente hasta eso él ya estaría cansado de hablar.

Su curiosidad la impulsó a espiar un poco desde un rincón de la puerta, vio a Inuyasha inclinarse y besar la mano de la chica en un gesto galante antes de que ésta se retirara.

—Kagome —llamó la asistente de Inuyasha, haciéndola brincar de la sorpresa.

Se giró y la muchacha le sonrió, indicándole de que era su turno y que podía pasar. Con paso tembloroso y vacilante se acercó hasta la mesa.

—Hola… —susurró con un hilo de voz apenas audible.

—Buenas noches —le sonrió, parándose a recibirla— Por favor, toma asiento —le indicó, acomodándole la silla para que se sentara.

—Muchas gracias— respondió.

Creía que esos gestos de caballerosidad solo se veían en las películas, nunca esperó que nada menos que Inuyasha hiciera eso por ella. Él se sentó en frente de ella, lucía cansado y estuvo a punto de decírselo pero prefirió morderse la lengua antes de hablar de más.

—Puedes pedir lo que quieras— le sonrió, entregándole el menú.

—En realidad no tengo mucha hambre. Pero, ¿te molesta si pido postre? —preguntó tímida y sonriente.

Aquello pareció tomarlo por sorpresa.

—Por supuesto— respondió con una traviesa sonrisa bailándole en los labios.

Un camarero se acercó a tomar su orden.

—Quiero la selección especial de postres —le pidió al camarero.

Éste se dispuso a marcharse cuando Inuyasha lo detuvo con un gesto.

—Yo quiero un mousse de queso mascarpone con crocante de coco y glasé de fresas, por favor.

El camarero lo miró extrañado un segundo, puesto que en toda la noche él no había pedido nada para comer.

—Sí, enseguida señor —dijo antes de marcharse.

—Vaya, pues me sorprendiste…—dije él de repente.

—¿Qué? —eso la había tomado por sorpresa— ¿Por qué? —preguntó curiosa.

—Las otras chicas pidieron solo ensalada, tú fuiste directa al postre —se rio divertido.

Eso la avergonzó, ¿qué pensaría de ella ahora?

—Debí haber pedido ensalada —susurró sin pensar, hablando consigo misma, haciendo reír aún más a Inuyasha.

—¡Oh, por dios no! Mas lechuga no, por favor —dijo entre carcajadas— En realidad, me gustan más las chicas que comen.

—Ah… bien…

No sabía que más decir, y empezó a jugar con el borde de su vestido.

—Espero no haberte incomodado. Es solo que me alegra saber de qué no todas las chicas comen solo pasto.

—Su orden —interrumpió el camarero, dejando sus respectivos platos.

—¡Oh, esto se ve delicioso! —exclamó contenta— ¡Son tan lindos que me da pena comerlos! —dijo refiriéndose a los cinco pequeños vasos con diferentes postres en miniatura que tenía delante de ella— El tuyo también se ve delicioso —comentó.

—¿Quieres probar? —preguntó acercándole una cuchara con un poco de su postre.

Ella asintió como una niña pequeña y comió de lo que él le ofrecía.

—¡Delicioso! —exclamó.

—¿Me das del tuyo?

—No.

—¿Por qué no? Yo te compartí del mío. ¡Que egoísta eres!

—Tú me lo ofreciste, nadie te obligó a que lo compartieras conmigo —dijo sacándole la lengua.

Él se rio, y ella una vez más se sintió avergonzada. ¿Cómo podía comportarse con tanta confianza con él? ¡Por Dios! era Inuyasha, no un chico cualquiera, debía corregir sus malos modales.

—Lo siento, puedes tomar un poco del mío si quieres —dijo esquivando su mirada.

—No importa, estoy bien. Come tranquila.

Lo miró a los ojos, y algo en ellos la tranquilizó.

El resto de la "cena" transcurrió tranquila y ambos se sorprendieron de lo bien que la estaban pasando juntos.

—Te ves cansado —comentó ella, no aguanto más y tuvo que mencionárselo.

—Ah sí, hoy fue un largo día —dijo pasándose una mano por el cabello— Todo esto del concurso me tiene como loco de aquí para allá. Al fin estoy relajándome un poco.

—Te entiendo, desde que dieron la noticia ayer, mi vida se puso de cabeza y todo ha sido una locura desde entonces. No me puedo imaginar cómo debe ser para ti.

—Ha de ser más difícil para ti, yo ya me he acostumbrado a manejar a los reporteros y camarógrafos. Para ti debe ser complicado lidiar con ellos.

—¡Si, así es! Me saca de quicio que me sigan a donde sea que vaya.

Para ese entonces los platillos de postre estaban vacíos, y el comedor estaba solitario a excepción de ellos.

—Creo que deberíamos irnos, si seguimos aquí el personal del restaurant no podrá cerrar e ir a descansar —comentó la muchacha.

—Tienes razón, hemos sido muy desconsiderados con ellos. ¿Te acompaño a tu habitación?

Eso la incomodó un poco, él no intentaría hacer nada raro con ella ¿verdad?

—No, estoy bien, puedo ir sola —intentó excusarse cuando salían del restaurant rumbo al elevador.

—Por favor, insisto.

No sabía bien como rechazarlo, así que tímidamente asintió con la cabeza y ambos subieron al elevador con rumbo al piso número quince.

—Gracias por acompañarme —agradeció una vez estuvieron en la puerta de su habitación.

—Fue un gusto conocerte, Kagome —dijo tomando su mano y llevándosela a los labios— Que tengas buenas noches, velaré por tus sueños —le apretó levemente la mano.

Aquello le hizo reír ligeramente, ¿alguien como él podía decir cosas como esas tan fácilmente?

—El gusto fue mío. Espero que tengas buenas noches y descanses bien —le sonrió.

Él finalmente soltó su mano, y con pesar se giró rumbo al elevador para ir a su respectiva habitación.


Al salir de la ducha se arropó en su pijama, y tomando una manta de la cama corrió las cortinas y se acurrucó en un sofá a contemplar la ciudad desde el ventanal de su habitación. Aquello era hermoso, nunca había tenido la oportunidad de ver la ciudad desde esa perspectiva, ver los autos, los edificios y las luces de las calles desde esa altura le hacían pensar que estaba en alguna especia de castillo de cristal donde todo era claro y brillante.

Sin quererlo su mente rememoró el tiempo que había pasado con Inuyasha hasta hace un par de horas atrás, se envolvió aún más en la manta sintiéndose avergonzada y a la vez muy muy feliz.

Le sorprendía sentirse así, pues era algo que no habría pensado sentir cuando se enteró de que había sido seleccionada. El pensamiento de aquella sonrisa pícara dibujada en el rostro de Inuyasha la acompañó hasta que el sueño la venció y cayó en brazos de Morfeo.


Se despertó cuando alguien tocó a su puerta la mañana siguiente, la luz entraba a raudales a la habitación, iluminándolo todo. El dormir en el sofá quizás no fuera una buena idea, le dolía el cuello y la espalda.

Alguien golpeó la puerta nuevamente, juntando toda la energía que tenia se dispuso a abrir.

—Buenos días, espero que hayas dormido bien —dijo la asistente de Inuyasha, entrando a la habitación— Vengo a avisarte que las otras concursantes y tú desayunaran con Inuyasha antes de irse, si necesitas peinado y maquillaje dime ahora así llamo a las estilistas.

Demasiada información para tan temprano en la mañana.

—No, no hace falta —dijo mientras se desperezaba y buscaba el bolso con su ropa.

—Está bien. Entonces, te veo en media hora en la puerta de la suite presidencial, no te retrases —dijo antes de marcharse.

Hago hizo clic en la cabeza de Kagome, y corrió a la puerta de la habitación.

—Espera —le gritó Kagome antes de perderla de vista por el pasillo.

—¿Qué sucede? —dijo dándose vuelta de inmediato, asustada.

—Aún no se tu nombre… —le explicó avergonzada.

—Sango —le respondió sonriente antes de girarse y seguir caminando.

Mientras se cepillaba el cabello, Kagome pensaba en que podía ponerse, finalmente llegó a la conclusión de que lo más practico seria usar simplemente su uniforme de la escuela, después de todo tenía que ir a clases luego.


Llegó antes de la hora acordada a la suite que Sango le había indicado, ¿qué hacer? Indecisa llamó a la puerta y esperó a que alguien abriera.

Grande fue su sorpresa cuando Inuyasha abrió la puerta.

—Buenos días —susurró nerviosa.

Él se apoyó en el marco de la puerta y sonrió, tenía el torso desnudo y eso puso aún más nerviosa a Kagome, que desvió la mirada al piso.

—Buenos días, llegas temprano —correspondió al saludo.

—Sí, lo siento. Veo que estas ocupado, volveré más tarde —dijo girándose para alejarse.

—Espera, ¿a dónde vas? —exclamó sujetándola de la muñeca antes de que se marchara— En este momento no podría estar más desocupado. Vamos, pasa —le soltó la muñeca y le abrió más la puerta para que pasara— Esperemos juntos a las demás chicas —le sugirió.

—Es… Está bien. Permiso —murmuró pasando al interior de la habitación.

Se sorprendió de lo grande que era.

—El comedor está allí —le indicó apuntando hacia la derecha— Siéntete cómoda, mi asistente vendrá enseguida con el desayuno. En un momento estoy contigo —dijo caminando hacia una puerta doble que se encontraba hacia la izquierda.

Se sentó en un taburete a esperar, Inuyasha apareció casi inmediatamente, poniéndose una camiseta antes de sentarse frente a ella.

—Me alegra volver a verte —le dijo.

—Ah, sí. A mí también —le sonrió, removiéndose nerviosa en su asiento— Tu habitación es muy linda, por cierto.

—Supongo… Es espaciosa y cómoda, aunque de todos modos no es que haya tenido el tiempo de disfrutarla. Ya te lo comenté anoche ¿recuerdas? De hecho, luego de dejarte en tu habitación volví aquí con más deseos de dormir que de seguir viviendo —dijo a modo de broma.

—Lo recuerdo. Pobre de ti —dijo riendo suavemente.

—¿Vas al colegio luego? —preguntó casualmente.

—Ah, sí. Perdón por no venir bien arreglada —dijo mirando su uniforme de preparatoria.

—¿Te dijeron alguna vez que te disculpas demasiado? —preguntó riendo.

—Lo sien… —él le dio una mirada significativa que la hizo callar— Bueno, elegí mi preparatoria porque me encantaba el uniforme —cambió el tema.

—Ah, ¿sí? Es lindo…—concordó.


Takashi la llevaba de nuevo a su casa luego de clases. Durante el desayuno con las otras chicas les informaron que esa noche les comunicarían quien sería la elegida. Con el correr de los minutos estaba cada vez más ansiosa.

Sakura era una chica divertida y extrovertida, parecía no tener vergüenza de nada. Rumiko era hermosa, amable y gentil. En comparación ella no tenía nada en especial que aportar, a veces la presencia de Inuyasha la ponía tan nerviosa que ni siquiera podía mantener una conversación decente que no terminara en trivialidades, y ni de cerca era divertida o linda como las otras dos. Estaba en clara desventaja, y sin embargo mantenía las esperanzas.

Se burló de sí misma, y de lo enojada que estaba al enterarse que era una de las tres seleccionadas. Que equivocada había estado respecto a todo, ahora esperaba ansiosa una llamada que podría cambiar su futuro.

—Takashi, ¿por qué sigues aquí? —preguntó casualmente mientras miraban televisión sentados en el sofá.

—¿Te molesta que esté aquí? —preguntó ofendido.

Ella explotó en carcajadas. La ansiedad debía liberarse de algún modo, y ella cada vez exageraba más todo.

—Sabes lo que quiero decir —él la miró confundido— Es decir, ¿no tienes un trabajo al que ir o una familia con la que estar o algo así? No quiero que pienses que te estoy echando o algo, solo que… —dudó sobre cómo expresarse— No entiendo porque sigues cuidando de mí.

—Te cuido porque quiero que estés a salvo mientras se desarrolla todo esta cosa del concurso —dijo acariciándole la cabeza— Y este es mi trabajo de todos modos, Inuyasha me contrató para que cuide de ti al igual que otras personas fueron contratadas para que cuidaran de Sakura y Rumiko.

—No lo sabía…

—Pues ahora lo sabes —le dijo dulcemente— Ahora quédate quieta que me pones nervioso a mí también —la reprendió.

A pesar de que estaban sentados mirando TV como si nada, Kagome no podía dejar de mover las piernas de los nervios que la invadían.

—Lo siento —se disculpó riendo— No puedo controlarlo.

El teléfono sonó y se quedó paralizada, el corazón se le detuvo y empezó a respirar agitadamente. Takashi se levantó a atender porque ella parecía no reaccionar.

—Es para ti…—susurró entregándole el teléfono.

—¿Hola?

—Kagome, soy Sango. Te tengo noticias…