Aquí os dejo la segunda parte del fic, espero que os guste :)

2

2

Aquella noche Lucy no pudo dormir presa de los nervios. Cada vez que cerraba los ojos veía el gremio medio destruido y a todos corriendo hacia allí, recordaba a Bisca con su hija en brazos mientras Al corría en busca de un médico para la niña; recordaba a Wendy arrodillada al lado de la niña mientras trataba de curarla con su magia, a Juvia vendando las heridas de Gray y a todo el mundo gritándole qué había hecho.

Lucy se veía a si misma paralizada en medio de aquel caos, con un cúmulo de gente a su alrededor, con todos nerviosos a la par que preocupados y ella incapaz de decir o de hacer algo, mirando sin mirar a Asuka, sin mirar hacia ninguna parte.

También veía a Natsu abriéndose paso entre la gente, mandándoles callar, tomándola del brazo y apartándola del lugar. Recordaba que el chico se la había llevado aparte, que le había obligado a sentarse en el suelo y le había limpiado las lágrimas, después él le había dicho algo que no era capaz de recordar, porque se había desmayado en sus brazos.

Poco antes del amanecer se cansó de dar vueltas en la cama y decidió levantarse. Con gesto cansado levantó la persiana y disfrutó de las primeras luces del día, del sol tiñendo de rojo y naranja el cielo, de las sombras alargándose, de la ciudad despertando del hechizo de la noche.

Cuando la magia del amanecer desapareció, Lucy saltó de la cama y fue a prepararse el desayuno. Acababa de tomarse el café cuando Natsu llamó a la puerta. De puntillas la chica salió al pasillo y le abrió, dejándole entrar.

—¿Todavía no te has preparado? —En su voz ya no había rastro de la decepción del día anterior. —Venga, ¿a qué esperas? El viaje es largo…

—Natsu, son cuatro horas en tren.

—No, vamos a ir andando. —Respondió él alegremente mientras dejaba la mochila en el suelo y se tumbaba en la cama de la chica.

—Baja los pies de la cama, que la manchas. Y, ¿cómo que vamos a ir andando? Vamos a tardar una eternidad…

—Lo sé, pero necesitas que te dé el aire, y no me apetece montarme en ese cacharro con el tiempo tan bueno que hace.

Suspirando, Lucy cogió la ropa y fue al baño a cambiarse y, al salir, se encontró con Natsu profundamente dormido en su cama. Con cuidado para no despertarlo, dejó el pijama sobre una silla y se sentó en el borde de la cama mientras contemplaba su rostro.

Natsu despertó pocos minutos después, cuando el viento movió las campanillas, haciendo que toda la habitación se llenase con su sonido. El chico se incorporó sobresaltado, haciendo que Lucy se asustase.

—Vaya, me he quedado dormido, lo siento —dijo él rascándose la cabeza.

—No pasa nada—respondió ella—. Levántate, anda, que tengo que hacer la cama.

Al final, cuando quisieron salir de casa hacía tiempo que el reloj había dado las diez. Lucy metió prisa a Natsu, que se había dedicado a saquear su nevera.

La temperatura en el exterior era agradable, el sol brillaban haciendo que el agua pareciera cubierta de oro, el viento mecía las hojas de los árboles suavemente y las mujeres habían sacado sus mejores plantas a los balcones, por lo que por toda la ciudad se respiraba el aroma de las primeras flores del año.

Lucy y Natsu caminaban muy juntos, uno al lado del otro. Natsu hablaba animadamente, mientras que ella iba con la cabeza gacha perdida en sus pensamientos. Al doblar en una esquina vio a Bisca y a Al de lejos, el corazón de la chica comenzó a latir deprisa y las manos le comenzaron a sudar, Lucy se sentía agobiada y no quería seguir caminando para evitar encontrarse con ellos.

—Na..Natsu, regresemos a casa, por favor —la voz le salía entrecortada y estaba a punto de echarse a llorar. Natsu, que no había visto a los padres de Asuka, se paró en seco y se dio media vuelta para mirarla.

—¿Qué dices? Venga, anda, si apenas hemos salido de la ciudad.

—Natsu, por favor —Lucy se había puesto a temblar, a pesar de que Al y Bisca ya habían desaparecido de su vista.

Natsu arrugó la frente y se acercó a ella, abrazándola de golpe. Lucy, sorprendida, dejó de llorar, pero cuando se sobrepuso de la sorpresa, le devolvió el abrazó, apoyándose en su pecho, sintiendo el calor de su piel y luchando por tranquilizarse.

—No pasa nada, Lucy. Estoy aquí, ¿lo ves? No voy a volver a dejarte sola, no va a pasarte nada malo, lo prometo. —Natsu siguió abrazando a Lucy, ajeno a la gente que se para para observarlos, hasta que la chica pareció tranquilizarse.

Cuando por fin dejó de llorar, Natsu se apartó de ella y le miró a los ojos, sujetándola suavemente por los hombros, después le limpió el rastro que las lágrimas habían dejado en su rostro, y siguió caminando.

Aquel día apenas avanzaron, pues Lucy caminaba muy despacio, perdida en sus propios pensamientos, ajena al hermoso paisaje que estaban atravesando e ignorando las bromas y burlas de Natsu, que acabó por dejarla en paz.

Por la noche, acamparon en un hermoso prado lleno de flores, cerca de un pequeño río en el que Lucy sumergió los pies doloridos mientras Natsu preparaba la cena, después cenaron en silencio.

Natsu contemplaba a Lucy. El chico se sentía frustrado, quería animarla y no sabía cómo, por eso, después de cenar dijo que se iba a dar un baño para quitarse el polvo del camino, distraída, Lucy asintió mientras jugueteaba con sus llaves, pero el chico no fue al río, sino que se dedicó a recoger las pequeñas flores silvestres que había por todo el prado.

Cuando llegó al campamento, la chica se había quedado dormida acurrucada sobre sí misma, Natsu sonrió y le puso una manta por encima, a pesar de que durante el día la temperatura era agradable, por las noches todavía refrescaba. Después, dejó las flores que había recogido a su lado, atadas con un pequeño cordel que había encontrado.

El chico se tumbó a su lado, no demasiado cerca, pero sí lo suficiente para poder contemplarla bajo la luz de la luna, que brillaba llena en el cielo. La respiración de la chica era tranquila, al igual que su sueño, pero Natsu temía dormirse y que las pesadillas acudiesen a ella, impidiéndole descansar, aunque poco antes del amanecer el sueño pudo con él.

Lucy abrió los ojos cuando un cosquilleo subió por su nariz. La chica estornudó y se incorporó temiendo haber despertado a Natsu que, sin embargo, dormía a pierna suelta a su lado. La chica dejó caer la manta con la que su amigo le había tapado y se estiró, dejando caer los brazos después. Al hacerlo, fue a apoyar las manos en la hierba, pero una de ellas fue a caer sobre el ramo que Natsu le había hecho.

Sonriendo, Lucy lo tomo entre sus manos y aspiró el aroma de las flores, que durante la noche habían comenzado a marchitarse. Sonriendo, se movió hasta donde estaba su amigo y comenzó a hacerle cosquillas en la nariz. Natsu se dio la vuelta, molesto, pero ella no cejó en su intento de molestarle. Cuando por fin logró que abriera los ojos, se lanzó a sus brazos, haciendo que los dos rodasen por la hierba.

—¿Qué pasa? —Preguntó él frotándose los ojos mientras se ponía en pie con Lucy en brazos, la chica no tardó en saltar a la hierba, sintiendo su frescura en los pies.

—Muchas gracias por las flores— Natsu sonrió y le dijo que no era nada.

Después recogieron el campamento y siguieron su camino, todavía les quedaba mucho por andar.

Muchas gracias por leerlo ^^