Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la trama es obra mía.

¡Felices fiestas patrias a todos los que celebran este mes! Y Chilenos, a comer empanadas sin culpa! Jaja. Nos leemos abajo.

Capítulo II

"En el río"

...

Lo primero que noté al despertar fueron mis miembros entumecidos por haberme quedado en la misma posición por demasiado tiempo. Con un resoplido me levanté y tomé una ducha.

Limpié el maquillaje corrido y a eso de las doce estuve presentable, vestida con unos simples jeans de mezclilla y una camiseta ligera a cuadros. Até mi cabello en una coleta y tomé aire antes de abrir y bajar la escalera.

Tuve que reconocer, muy a mi pesar, que ayer había cruzado los límites con mis padres y la bofetada la tenía más que merecida. Vale, es cierto que enviaron al cretino infame a buscarme, pero ellos no tenían la culpa de mis celos injustificados y de aquella ira asesina que encendió mi carne como una explosión. Apreté los dientes ante el recuerdo de su cuerpo arremetiendo contra la asquerosa arpía esa.

— Hola, Bella— saludó mi padre al verme, tan sonriente y fresco como siempre. Era difícil que Charlie se enojara conmigo.

— Hola papá— deposité un beso en su mejilla y me volteé a mi madre. Esperaba una expresión furiosa, pero a cambio se encontraba una sonrisa marcada por el arrepentimiento— hola mamá— apenas me acerqué lo necesario, enredó con fuerza sus manos en mi cuello y me hizo apoyarme en su hombro.

— Lo siento mucho hija, no fue mi intención golpearte, no sé qué me sucedió— pero yo sí podía hacerme una idea, cada vez que me encontraba cerca del aquel malnacido, una rabia invadía cada poro de mi piel y se comía mi sentido común.

— Yo también lo lamento. No me comporté como era debido y les pido una disculpa por eso— me aparté de Renée, que parecía aliviada, aunque de todos modos me sostuvo de la cintura.

— Qué va, eres una adolescente y ya era hora de algún arranque— rió mi padre, marcando aquellas arrugas de la risa que tanto adoraba.

Sonreí ampliamente. Sin duda alguna, amaba a estos dos individuos con toda mi alma.

Luego de ese episodio matutino, procedí a tomar desayuno-almuerzo y mis padres se quedaron conversando animadamente hasta que terminé.

— Tengo que atender unos asuntos en los corrales. Compramos un nuevo purasangre y aún no está domado, ¿quieren venir? — Ofreció Charlie y Renée pareció dudosa. Ella y los caballos no se llevaban muy bien desde que uno casi la pateó. Por mi parte, asentí con entusiasmo.

— Cuenta conmigo— me gustaba pasar tiempo con mi papá. Era un hombre amistoso, risueño y con la broma a flor de piel.

Y mientras caminaba con él hacia la puerta, ésta se abrió un poco más para dejar entrar el sol de mediodía y…la figura de Edward.

Mi sonrisa se borró de inmediato y me congelé. Deseé negar que mi corazón aceleró su latir, pero ahí estaba, mostrando todo su vigor al rebotar contra mis costillas. Maldita sea.

— Hola, señor Swan. Bella— ladeó ligeramente el ala izquierda de su sombrero.

Bufé con los dientes apretados.

Era increíble tener dos sentimientos tan diferentes dentro de uno. Por un lado, lo encontraba el ser más jodidamente sexy sobre la tierra con aquellos jeans gastados, la camisa azul con los primeros botones abiertos, dejando a la vista unos esculpidos músculos que de inmediato, para mi horror, deseé tocar con la yema de los dedos. Mientras que por el otro, una ira, impotencia y furia barría con todas mis reservas de autocontrol para no saltarle encima y arañarle todo el condenado cuerpo.

— Hola muchacho, ¿estás listo? — Interrogó mi padre, ajeno a mi tensión.

— Sí, señor— asintió sonriendo simpáticamente. Maldito bastardo.

— Entonces pongámonos en marcha— me obligué a caminar al lado de Charlie, puesto que yo no dejaría de ir porque el peón se quisiera colar.

Aunque cuando comprendí que era yo la colada, me mordí los labios algo avergonzada.

Espera, yo era la hija del jefe ¿no? ¡Nunca sería yo la colada! Menuda estupidez que piensas Isabella.

Sacudí la cabeza, sonriendo ligeramente por la reprimenda mental.

Y cuando alcé los ojos, me topé con los suyos y de inmediato me tensé, poniéndome seria.

— Bells, irás en la yegua blanca ¿vale? — Preguntó mi padre cuando comenzaron a ensillar los caballos.

Asentí, pues él sabía que era mi favorita.

Ignorando por completo a Edward me acerqué a Bonita, acariciando su nariz. De inmediato la acercó, instándome a tocarla.

— ¿Qué tal, eh? Eres hermosa, ¿lo sabías? — Ella relinchó, ocasionándome una sonrisa amplia.

— Vamos, Bells— apuró Charlie y me moví para poderme subir y cuando puse el pie en el estribo y me impulsé para pasar mi otra pierna por sobre el lomo de Bonita, sentí una mano grande y demasiado osada en mi trasero, presionando con fuerza en mis nalgas.

Apenas me encontré sentada, volví la mirada sumamente aturdida hacia el que había hecho aquello, encontrándome con los ojos de Edward y una sonrisa socarrona. Sabía que tenía las mejillas rojas, pero quise creer que por la furia.

— Eres un asqueroso— musité para que él pudiera oírme, pues mi padre se encontraba concentrando en otra cosa.

— Solo intentaba ayudarte— susurró con falsa inocencia, acercándose.

— Deja de tutearme, no eres quien ni para tocarme ni para hablarme. — Su sonrisa se enfrió.

— Como guste la señorita— y moviendo su sombrero vaquero, caminó lejos de mi campo de visión.

Lo seguí hasta que se subió a su caballo y luego aparte la mirada enfadada. Bonita se removió un poco y supe que lograba entender mi estado de ánimo.

— Ssht, tranquila— sonreí, mientras le acariciaba entre las orejas.

Tom soltó la yegua, justo cuando Charlie me decía que lo siguiera, por lo que después de agradecer, lo hice.

Agarré su paso rápidamente y me mantuve a su lado, al contrario al que iba Edward, claro.

— Ah, tu madre no sabe lo que se pierde— suspiró Charlie, mirando al frente donde el área verde se extendía mucho más allá de lo que mis ojos podían captar. Este sitio era realmente hermoso y conocía casi todos sus secretos, lo cual, en parte se lo debía a mi espíritu aventurero y otra a Edward. Era mi compañero de juegos y me enseñó muchos lugares, como el río y el árbol enorme junto a él.

Recordé cuando solíamos lanzarnos al agua desde ahí y luego nos deshacíamos en carcajadas y…

Joder, qué patético. Hasta asco sentí del sentimiento de añoranza y tristeza que comenzó a construirse en mi vientre.

Ash, cómo le odiaba.

Mantuvimos el paso lento hasta que pasamos los establos y la tierra abierta, entonces Charlie me dio una mirada y sabía lo que significaba.

Casi al mismo tiempo que él, apuré con mis talones a Bonita para que empezara el galope. Ella lo comprendió de inmediato y sonreí cuando mi cabello golpeó con el viento mi espalda.

La sensación de libertad era indescriptible mientras lo seguía, solo concentrándome en los estímulos de la naturaleza y dejando que mis malos pensamientos se fueran yendo uno tras otro.

Finalmente, nos detuvimos en una zona apartada donde solíamos dejar a los caballos no domados. Era bueno que su entorno no fuera agresivamente diferente a lo que estaban acostumbrados, pues podría irritarlos y el proceso sería más largo.

En el corral se encontraba un purasangre de pelaje negro brillante, con una mancha perfectamente simétrica entre los ojos de color blanco. Sin duda, era un animal hermoso y asombroso.

Me bajé con cuidado, aunque montar para mí era como andar en bicicleta, desde que tengo memoria que lo hago y sé que es gracias a Charlie.

— Bien, aquí está ¿a que es maravilloso? — Interrogó entusiasmado.

— Es hermoso, papá. Aunque creo que está un poco inquieto— observé como corría en círculos y a veces daba unas patadas locas a la cerca. Por suerte, el material era resistente y estaba diseñado para soportar semejantes golpes.

— Está salvaje. — Acotó con voz seca Edward y pensé que su comentario tenía la misma relevancia que el vuelo de una mosca.

— Pero será increíblemente bueno para la cría. Y será muy veloz, por lo demás. — Mi padre me observó con intención y no pude hacer más que sonreír.

— No creo que sea un caballo para mujeres— comentó el sucio peón cuando Charlie avanzó más cerca del animal y ojo que me refiero al equino.

— No te he pedido opinión, y deberías callártelas a menos de que alguien te las pida. — Pasé por su lado con la barbilla erguida y sin detenerme a mirarlo en ningún momento.

Dije que lo haría reconocer su lugar una y otra vez, por lo menos hasta que me sacara esta rabia del interior, luego simplemente le ignoraría.

— Insisto en que es una pena que Renée no quiera venir. — Suspiró Charlie— me gustaría tenerla entre los brazos mientras observamos todo esto— susurró, dando una mirada periférica al sector. Sonreí ante la ternura de mi padre.

Magnífico, así podría describirlo. Los árboles verdes, el sol en lo alto y los cantos de las aves. Era un paraíso, se respiraba la calma y… ese olor masculino.

Volví el rostro hacia Edward, que permanecía apoyado contra la cerca con la mirada perdida.

— ¿Y qué opinas? ¿Qué tal va todo? — Le preguntó Charlie.

— Muy bien, bueno… al menos recibe la comida y poco a poco va dejando que nos acerquemos. — Relató el chico, sin observarme en ningún momento.

— Ya veo. — Sonrió— iré a hablar con Harry, ya vuelvo— anunció, dejándome sola con aquel ser. Inconscientemente me tensé, y por más que me reprendí lo tonta que era, no pude revertir la situación.

Hubo un incómodo y pesado silencio.

— Vaya… ese sí que es un buen trasero— me paré bien al oírlo y lo observé con incredulidad y algo de rubor en las mejillas. — Joder, eso es a lo que yo llamo tener todo en su lugar— sus ojos brillaban, pero no me veían a mí, sino que a la estúpida arpía de cabello rojo que venía hacia nosotros con una bandeja. — Qué mujer— solo le faltaba babear, pensé con rabia.

Cuando se dignó a mirarme, lo hizo con desprecio y el vistazo que le dirigió a mi cuerpo me hizo plenamente consciente de mis falencias y de lo lejos que estaba del nivel de aquella mujer.

— ¿Qué? — Preguntó burlón, sin despegar sus ojos de los míos— ¿Creíste que hablaba de ti? — Y ante mi mutismo soltó una sonora carcajada que se clavó en lo profundo de mi pecho. Aparté la mirada y me mordí los labios para no largarme al llanto. — Eres una niña, señorita. ella— señaló a mis espaldas, pero no me volví, sabía lo que vería y eso dolía. Mordí más firmemente mi boca— ella sí es una mujer— susurró cerca de mi oído y lo esquivé, viéndolo con todo el resentimiento dentro de mí, que lamentablemente se veía muy reducido en comparación a la vergüenza y dolor.

Di media vuelta y me aparté de su lado, caminando con la barbilla en lo más alto posible hacia la yegua.

Me subí sin ver nada en particular y apenas me hallé bien sentada, hice que se volviera y empecé el galope sin rumbo fijo.

No sé por cuánto tiempo estuve simplemente sintiendo el azote del aire en mi cara y el cuerpo de Bonita moverse con velocidad.

Me detuve cuando ella y yo nos encontramos cansadas y para mi mala suerte fue en donde solía pasar la mayoría de mis tardes con Edward, así fue hasta que comencé a crecer y él también, al menos. Ash, estúpido imbécil. Detuve de inmediato mis pensamientos maldiciéndolo.

Descendí y até las riendas al tronco, dejándolas lo suficientemente sueltas como para que Bonita pudiera comer a gusto. Además, quedaba cerca del agua como para refrescarse.

Por mi parte, me dejé caer en la hierba de espaldas, evitando pensar en las obvias diferencias que existían entre Victoria y yo. Claro que fallé y terminé por darme cuenta que ella era una mujer con un cuerpo de infarto, mientras que yo… yo sólo soy Bella. La chica plana y sin figura, lo sabía y también sabía que no despertaba el más mínimo interés en los hombres, a menos, claro, que estuvieran borrachos. Pero incluso ni entre los chicos de mi edad era capaz de llamar la atención, me veía empequeñecida al lado de mis regias y estupendas compañeras que se habían desarrollado muy bien, no como que yo que parecía más un muchacho.

Sin quererlo, dejé caer la mirada por mi cuerpo, encontrándome con mi poco prominente busto y mis flacas piernas. Aunque eso nunca me había molestado tanto como ahora, cuando Edward me lo había dicho de ese modo tan cruel y burlón. Una cosa era saberlo, pero otra es que la gente te lo escupa en el rostro.

Me escondí entre mis manos y estúpida y patéticamente comencé a sollozar, sin embargo, me lo negué y sin pensarlo demasiado me quité la camisa y los pantalones junto a los zapatos y me lancé sin más nada al río.

Bonita alzó la cabeza y al verme emerger, volvió a la suyo.

Me quité el exceso de agua de la cara y miré alrededor. El sol seguía brillando, los pájaros trinando y el árbol meciéndose a la brisa. Nada había cambiado, aunque por dentro me sentía un poco menos intranquila.

Volví a sumergirme y nadé a mis anchas bajo el agua cristalina.

El río tenía la particularidad de poseer arenilla en el fondo y no piedras que lastimaran mis pies, por lo que era casi como una piscina con corriente.

Mientras más chapoteaba, más feliz y menos poca cosa me sentía. Al cuerno con las curvas y los pechos, yo tenía lo mío y por lo menos podía ponerme vestidos o blusas y tener escote. No era voluptuosa, eso es cierto, pero serlo no es el centro de la vida.

Contenta, dejé que la corriente me moviera un poco, manteniendo los ojos cerrados y la mente tranquila, así estuve por un buen rato hasta que decidí que era hora de volver.

Me sumergí una última vez, arrastrando el estómago en el fondo de la poza y saliendo por fin.

Mientras sacaba el cuerpo del agua, eché hacia atrás mi cabello y le quité le exceso de líquido, sonriendo feliz de la vida.

Era casi como si hubiera lavado mi cerebro. La imagen mental me hizo reír, de verdad que tenía que estar loca como para estarme riendo sola en el medio de…

— Aquí estabas…— la frase murió en los labios de Edward y con un grito ahogado terminé de salir y corrí a ocultarme tras el grueso tronco.

— ¡Vete de aquí! — Exclamé con las mejillas rojas, vale, tenía todo el cuerpo de ese color.

Pensé que me había hecho caso, pues solo oí el relincho de un caballo y luego nada.

Me atreví a mirar a hurtadillas y me topé con su pecho.

Di un brinco y me moví de forma automática, escondiéndome de él.

— Tu padre mandó a decir que te quiere en casa antes de las tres— anunció, sin moverse y con la mirada fija en mí.

Me sentía tan avergonzada y temerosa de salir y que me viera. Ya había dejado claro que yo era una niña y no soportaría su mirada de desprecio nuevamente.

— Vale, mensaje recibido. — Contesté y me alegré de que mi voz saliera tranquila. A pesar de eso, él no se iba y tampoco dejaba de observarme. — Ya te puedes largar— hice un gesto con las manos.

Sonrió ligeramente y se cruzó de brazos, viéndome de forma arrogante.

— Pues no pienso irme, ¿cómo la ves?

Me quedé brevemente en shock y una corriente fría fue capaz de sacarme del estupor.

— ¿Disculpa?

— Lo que oyó, señorita— acentuó más la sonrisa y apreté los dedos entorno al árbol. Comenzaba a tener frío.

— Esta es casa de mi padre y…

— Exacto, es casa de su padre y él no me restringe los lugares que puedo o no visitar.

—Pero yo soy su hija y te ordeno que te vayas. — Echó la cabeza hacia atrás y soltó una sonora carcajada.

— ¿Me ordenas? ¿Tú? — Se acercó y retrocedí.

— Sí, yo. — Apreté la mandíbula ante el repentino escalofrío que sacudió mi cuerpo.

— Ah, por favor señorita— rió— no eres más que una chiquilla, no pretendas ser más.

Lo miré mal.

— Muy chiquilla seré, pero sigo estando por sobre ti. —Escupí con enojo—y te exijo que te marches y me dejes en paz.

— No te estoy molestando, simplemente disfruto del paisaje— miró alrededor para reafirmar la idea y luego centró su atención en mí. ¿Cuál era el propósito? ¿Avergonzarme nuevamente? ¿Burlarse?

Me enfurecí ante el pensamiento y antes de que pudiera pensar lo que hacía, le di un fuerte empujón que lo tomó por sorpresa, pues terminó cayéndose al río.

Miré sorprendida un segundo antes echar a correr por mi ropa, cuando la rocé con mis dedos unos fuertes y húmedos brazos me agarraron de la cintura, alzándome en el acto.

Pataleé para que me soltara y conseguí librarme gracias al agua que escurría de su cuerpo.

— Maldita seas niñita— esta vez huí un par de pasos antes de que me tomara sobre su hombro y caminara hasta la sombra del árbol que parecía ajeno a mi forcejeo.

Le golpeé la espalda mientras gritaba obscenidades o bueno, lo hice hasta que me depositó en el pasto y me volteó al segundo sobre mi estómago.

Me removí como poseída, tratando de huir, pues esto no era un juego y estaba avergonzándome.

— ¡Suéltame! ¡Déjame! — Le di un codazo y gruñó, dejando caer su peso sobre mí, inmovilizándome con sus brazos.

— Necesitas que alguien te enseñe modales y te dé una buena tunda— espetó con tono brusco antes sostener mis muñecas por sobre mi cabeza y ponerse a horcajadas tras de mí.

El corazón me martilleó en el pecho cuando sentí su aliento en mi espalda. Percibía el rubor expandiéndose por todos lados ante la postura. ¿Por qué no podía dejarme ir y cortarla con esta situación tan vergonzosa?

— ¡Basta! ¡Ya déjame! — Me removí, alzando la cadera del suelo en un intento de zafarme y luego me congelé cuando su mano se dejó caer en mi trasero con bastante fuerza.

— Así es como las niñas malcriadas aprenden a comportarse. Pero claro, tus padres jamás te lo han enseñado ¿no? — Me dio otra nalgada y me retorcí, tratando de apartarme y alejar las ganas que tenía de llorar. Primero, porque dolía, y segundo por el sentimiento de profunda humillación.

— ¡Déjame! — Grité impotente cuando volvió a hacerlo y mis lágrimas se deslizaron sin que pudiera hacer otra cosa. Finalmente, me quedé quieta cuando comprendí que no podía hacer más que enterrar las uñas en la tierra y morderme los labios para no sollozar.

Me dio tres nalgadas más antes de detenerse y soltar mis muñecas.

No esperé un instante y me moví lejos de él, tomé mi ropa sin mirarle y corrí hacia Bonita que parecía ajena al horrible momento.

A toda prisa me coloqué los jeans y la camisa sin molestarme en abrocharla. Sabía que no se trasluciría nada, pues la tela de mi sujetador y bragas era gruesa.

— Isabella— me tomó de la muñeca que aparté de inmediato, volví el rostro y eliminé el rastro de las lágrimas.

Solté las riendas de la yegua, pero se interpuso en mi camino.

— Bella, lo siento— me obligó a verlo.

— ¡No me llames así! — Mi exclamación rabiosa me sorprendió hasta mí.

— No quería…— tomó mi mano.

— Me da asco que me toques, me da repulsión el simple hecho de estar a tu lado— miré fijamente sus ojos— eres un maldito muerto de hambre y no quiero que vuelvas a poner tus asquerosas manos sobre mí nuevamente, porque haré que te corran— advertí y sus rasgos se endurecieron. — No tienes un jodido derecho de hacer lo que acabas de hacer, no eres nadie, no eres nada. Deberías metértelo en la cabeza de una buena vez. — Luego de decir aquello me zafé de su agarre y me volví; todavía furiosa a Bonita y me monté en su lomo con fluidez.

No volví ni una sola vez la mirada hacia atrás y apuré a la yegua para avanzara rápidamente, así como esperaba olvidar este humillante suceso.


Hola! ¿Qué les pareció el cap? Ese Edward sí que está loco…

Para empezar, quiero agradecer por la sorprendente respuesta que estas historias tuvieron, de verdad que no me lo podía creer, pero me hicieron muy feliz al decirme que les gustaba y que querían que las continuara. Me ayudaron a aclararme y ahora ya sé el orden en que serán terminadas, muchas gracias. El orden será Mírame- Por un heredero- Espíritu indomable - Chantaje despiadado - My Way- Insane. Quería responder una pregunta en esta oportunidad, que fue hecha en "My Way" la playera hace referencia al personaje Donald de Disney, espero leas esta historia también supattinsondecullen. Y también quisiera agradecerles a aquellas chicas que siempre están ahí cuando subo algo y que se pasaron por todas las nuevas, me alegra mucho saber que siguen allí y espero no decepcionarlas. Sus comentarios y las de todas me alegran mucho.

Ahora, siguiendo con otro asunto importane, quiero enviar toda la fuerza a cualquier chilena o chileno que lea esto, sé que el terremoto fue fuerte, pero estoy segura que podremos levantarnos (: les deseo lo mejor y envió muchas bendiciones.

Finalmente, para terminar, quiero decir que de esta historia que no tiene más de cinco capítulos, tengo la mayoría, así que actualizaré día por medio. Con la que sigue, será un poco más lento, ya que es más larga y tengo menos capítulos hechos. Esperando que les haya gustado y ojalá me hagan saber lo que piensan, me despido.

Un abrazote enorme y muchas bendiciones!

Pd: Lamento cualquier error ortográfico y/o de gramática que pude haber pasado por alto.