Me alegra que os haya gustado. ¡Aquí viene la continuación!
CAPITULO 2
Emma se había despertado temprano, Hook la había desvelado al madrugar para salir a navegar. Fue con él y lo despidió en el puerto, al más puro estilo de una damisela angustiada que sacudía en el aire un blanco pañuelo. Después, al no tener nada de nada por hacer, se fue a la cafetería. Quería chocolate.
- Emma cielo, ¿qué te pongo?
- Mi chocolate, Granny – la abuelita seguía sin perder la esperanza de que algún día la joven rubia decidiera pedir algo distinto.
Se marchó suspirando mientras sacudía la cabeza y entraba en la cocina.
Saludó a sus padres, se habían traído al pequeño Neal que estaba berreando como un pequeño cordero a punto de entrar al matadero. Después, si eso, se sentaría con ellos.
- Buenos días señora Alcaldesa, ¿qué desea? – Ruby entraba tras la barra, le tocaba servir también las mesas.
- Un café con leche, con mucho café – recalcó la morena.
Emma sonrió.
- ¿Alguien te ha quitado el sueño? – le preguntó burlándose completamente.
- Como para no hacerlo… ¡Robin esta como un queso! – exclamó la camarera metiéndose de lleno en la conversación -. ¿Qué? – preguntó nada más las otras dos mujeres la miraron -. Voy a por tu café – acabó por decir.
Emma sonrió.
- Hola…
- Hola…
- Ten Emma, tu chocolate – Regina sonrió al escucharlo -. Deberías cambiar un poco, no es bueno tanto chocolate.
- Imposible Granny – le guiñó un ojo a la morena.
MM y David buscaban la atención de la rubia desde su mesa, esta hacia como si no los viera a ellos ni a sus brazos moviéndose por el aire, tan solo les faltaba silbar.
- Como sigan así van a descolocarse los hombros – susurró Emma dando el primer sorbo.
- ¿Por qué no te sientas con ellos? – Regina había decidido sentarse en la barra. Junto a ella.
- ¿Y cambiarte por ellos?
La morena se sonrojó levemente. Al menos tenía ya su café para disimular.
- Que no te oiga Blancanieves que prefieres a la Reina Malvada antes que a ella – comentó divertida después de todo.
- ¿Tan malo seria? – preguntó -. No respondas, se la respuesta – claramente aquella era un no bien rotundo -. Tengo que irme… mi jefa es algo así como algo malvada.
- ¿Cómo que algo? ¡Soy LA súper malvada! – aquello era más propio de Henry que de ella pero ya estaba dicho.
Emma se echó a reír y se fue hacía donde sus padres estaban, al menos sí que se iba a despedir de ellos.
- Queríamos desayunar contigo Emma – lloriqueó MM.
- Perdona mamá, me entretuve con Regina… - ¿y se suponía que, en teoría, ella era la adulta?
Se la veía ofendía, pero bueno, era problema suyo. De MM y no de Emma, claro.
- Después hablamos mamá, voy hacía la comisaría – dijo -. Adiós papá – le dio un beso en la mejilla y le robó la nariz a su hermanito.
- Hasta luego cielo – se despidió David antes de que su mujer pudiera decir algo más.
MM agarró a Neal y empezó a mover su manita como si despidiera a su hermana mayor que se alejaba.
- Disfruta del café, guapa – dijo al pasar por detrás de su espalda y acariciarla imperceptiblemente a los ojos de los demás.
Regina: ¿Comes conmigo?
Emma: ¿Es una cita?
Regina: Es una manera de seguir con lo de anoche
Emma: Puedo ir ahora mismo.
Regina: ¿Te dejara tu jefa? Creí que era "algo" malvada…
Emma: Creo que, en esta ocasión, lo entenderá.
Regina: Ven.
Y Emma se teletransportó en su nube blanca particular.
- Te has dado prisa, Emma – Regina se quitó las gafas que llevaba -. Una pena que la antigua señorita Swan no dominara tan bien la magia.
- Vuelve a ponerte las gafas Regina, estas cañón.
- ¿Te ponen?
- Eres una mezcla de Regina Mills, Reina Malvada y bibliotecaria sexy – dijo sentándose sobre las piernas de la morena -. Claro que me pone.
- ¿Bibliotecaria? ¿Cómo Bella?
- Dije sexy – se acercó más a Regina al notar sus manos en su cintura.
Regina fue la que inició el beso. ¡A la mierda Robín y el amor verdadero del polvo de hada! Aquella cosa brillante y rosa no había visto en su vida a una mujer como Emma. Tenía a Emma encima de ella, era suya, toda una fantasía hecha realidad. Podía notar como sus pezones habían empezado a despuntar por encima de su sostén y de su camiseta, se moría de ganas por verlos en directo. Emma fue a por su cuello atacándolo sin cuidado, tan solo lo devoraba. ¡Regina sabía de maravilla!
- Emma… - gimió al notar los labios de la rubia en su oreja.
Confiada, Emma siguió haciendo lo mismo, estaba claro que aquello gustaba en Regina. La morena, dispuesta a ver aquellos pezones erectos, empezó a desvestirla sin demoras. Aquello era excitante. Sexo de despacho. Emma, notando las manos de la otra bajando por su ropa, la imitó. Ella fue a por el botón y la cremallera de sus pantalones.
- Déjamelo hacer a mi – le pidió Regina -. Son perfectos… - dijo mirando los pechos asomarse por encima del sostén blanco de Emma.
- Yo no diría tanto – se río ella. Había parado sus besos para poder mostrárselos sin problemas.
- Entonces a partir de ahora son de mi propiedad, me los adjudico – dijo sin levantar la mirada y pasando las yemas de sus dedos sobre ellos.
Emma volvió a juntar los labios con los de la morena, era su turno de quedarse desnuda. Metió las manos bajo su camisa (esta era suave) y acarició su abdomen, estaba terso, muy terso. Las subió poco a poco hasta que llegó a sus pechos y los apretó a la vez haciendo que Regina gimiera de nuevo. Emma los movía en círculos mientras balanceaba su pelvis sobre la alcaldesa.
- Apriétalos más Emma – pidió.
No se hizo de rogar. Regina volvió a gemir, aquello era como estar en el cielo. Fue ella misma la que se desabrocho su camisa, no quería que las manos de la rubia se alejaran de sus pechos. No ahora.
- Eso, desvístete para mi, Regina – era como estar en una de sus fantasías.
Se lamió los labios al ver el sujetador de encaje (como no) de la morena, era negro y casi trasparente. No separó demasiado las manos de aquellos senos, tenía el broche entre estos. Redondos y rosados, sus manos los cubrían sin problema, los pechos de Regina eran perfectos.
- Quiero probarlos – dijo pidiéndole permiso.
Regina asintió y arqueó la espalda acercándolos más hacia el cuerpo de la rubia. Inclinó su cabeza y se dejó hacer. Tenía la respiración acelerada, casi tanto como la lengua de Emma que ya había ido a por su primera víctima: el pezón derecho. Regina deslizó las manos y comenzó a acariciar las piernas de Emma, eran largas, casi quilométricas. Paró antes de llegar a su centro, podía percibir el calor que emanaba de su ropa interior, Emma estaba mojada. Mentiría si dijera que ella no.
- Emma, quítatelas – le exigió -. Te quiero toda.
Se medio levantó y le dejó que ella misma se las quitara. No había parado de jugar con esos pezones ni un solo momento.
- ¡Ah! – suspiró Emma (dejando, muy a su pesar, su boca libre) al notar por primera vez el tacto de Regina en sus partes más intimas.
Era demasiado bueno para ser verdad, tener a Regina así era un sueño hecho realidad. Abrió más las piernas, quería ser tomada completamente, sin obstáculos. La mano de Regina se deslizaba sin dificultades por entre los pliegues de Emma, estaba tan húmeda… era tan fácil… Se lo tomaba con calma, quería disfrutar del momento, saborearlo, guardarlo en sus recuerdos. Había empezado tan solo acariciándola con un dedo pero poco a poco fue poniendo otro y otro hasta que toda la palma de la mano de Regina se movía por la intimidad de la rubia. Emma gemía cada vez más fuerte y su pelvis se acompasaba a los movimientos de Regina que habían aumentado su intensidad. Se pegó una cachetada cuando Regina empezó a frotarla más fuerte.
- ¿Le gusta lo duro, señorita Swan? – dijo poniendo aquella voz de alcaldesa sexy que sabía que imponía.
- ¡Dios Regina, entra de una maldita vez! – suplicó Emma que se frotaba con fuerza contra las piernas de la morena, se estaba muriendo de placer y necesitaba ser penetrada.
La mano libre de la morena fue hacía el trasero de Emma, justo donde se había golpeado y acarició la zona con suavidad para acabar apretándola con toda la mano y con fuerza. La había acercado más a ella, un poco más y Emma se convertiría en su segundo ombligo.
- ¡Sííí! – gritó cuando la acercó, había aprovechado para meterle tres dedos de golpe.
Regina, embriagada por aquel sonido, empezó a salir y a entrar de ella con fuerza y con rapidez, tenía la sensación de que Emma no aguantaría mucho más, con aquellas friegas la había debilitado.
- Muévete dentro de mi – le pidió Emma -. En círculos – cada vez que se masturbaba pensando en ella lo hacía así.
Regina lo hizo mientras se acercaba a sus pechos, ya era hora de lamerlos de nuevo.
- ¡Oh si Regina! ¡Sííí! ¡Joderrrr! ¡Sííí, sigueee, no paresss, no paresss!
Su mano apretaba con fuerza el culo de Emma empujándola más hacia ella, dándole más placer, entrando más en la rubia.
Y allí estaba, Emma Swan se había corrido encima de Regina Mills, encima de la Reina Malvada. Si Blancanieves se enteraba seguro que empezaba otra guerra. Regina seguía estando con los dedos dentro del cuerpo de Emma, no quería sacarlos de allí.
- ¿Esto… esto es real? – preguntó en medio de un jadeo.
- Es real Emma, muy real.
Regina apoyó la cabeza en el respaldo de la silla y se quedó mirando el cuerpo de Emma respirando con dificultad, sus pechos subían y bajaban con una rapidez que se fue relajando.
- ¿Porqué sigues con el tanga puesto? – le preguntó Emma.
Regina movió su mano y lo hizo desaparecer, de ningún modo quería que Emma se levantara de sus piernas.
- ¡Oh! – exclamó Emma al ver la entrepierna de la morena completamente depilada.
- ¿Qué sucede?
- Es perfecto, es mejor de lo que me imaginaba – dijo acercando los dedos hacia él pero sin atreverse a tocarlo.
- ¿Te imaginabas mi vagina, Emma?
- Yo no lo diría tan finamente pero sí, me la imaginaba constantemente. ¿Quieres ver como? – preguntó susurrándoselo en su oreja. Dejó un beso cuando Regina asintió.
Metió su mano entre las piernas de Regina sin miramiento. En sus fantasías más pervertidas metía la mano entre las dos vaginas y empezaba a acariciarle el clítoris para acabar haciéndoselo a cuatro patas.
- Mmm… - abrió los ojos cuando dejó de notar la mano de Emma -. ¿Dónde vas?
- Al suelo – dijo -. Pon las piernas sobre los reposabrazos.
Tenía delante de ella lo que pocos habían visto, a una Regina dispuesta a acatar sus ordenes y a su fruta prohibida. A su jugosa fruta prohibida. Dejó un pequeño beso en el centro de esta y sonrió al ver como la vagina de esta se contraía levemente. Era preciosa, supuso que los fanáticos de los museos sentirían lo mismo que ella estaba sintiendo cuando veían un cuadro. Se acercó lentamente y la olió, después pasó su lengua entre los muslos hasta llegar a aquellos pliegues que la estaban llamando a gritos. Cerró los ojos al sentir aquel tacto caliente, sujetó las piernas de Regina para que no las moviera demasiado. Siguió el recorrido de su anatomía hasta que llegó al clítoris y lo rodeó varias veces. El cuerpo de Regina se contraía y se removía en la butaca de cuero negro. Dejó otro beso en él y después lo mordió.
- ¡AH! – gritó.
- ¿Te ha dolido? – preguntó Emma parando todo movimiento y subiendo la cabeza para poder mirarla a las ojos.
- No, sigue – le pidió.
Lo volvió a besar y lo succionó durante un buen rato mientras sus manos acariciaban las piernas de Regina de manera automática. La pelvis de Regina chocaba contra los labios de Emma.
- ¡Así Emma, así! – las mejillas de Regina se habían teñido de un leve color rojizo.
Abandonó las piernas y agarró fuertemente a Regina por el culo y la empujó contra su boca, quería profundizar más en ella. Regina era la que se encargaba de masajearse y pellizcarse los pechos, tenía los pezones muy sensibles.
Emma cubrió con su boca toda la vagina de Regina y empezó a lamerla de arriba abajo, suavemente para empezar. Podía notar como cada vez Regina chorreaba más. Con ansias aumentó la intensidad de sus lamidas, casi parecía un perro hambriento. Era, más bien, una Emma hambrienta. Al final la morena tendría razón y Emma sería su putita.
- ¡SI, SI, SI, EMMAAAA, OH DIOSSS, SIIII! ¡JODERRRR, SIIIII! ¡EMMA, EMMA, EMMA! ¡PORRRR DIOSSS! - o no, tal vez lo fuera la propia Regina.
Ni en sus fantasías Regina era así, aquello era infinitamente mejor.
- Ven, baja al suelo conmigo – le dijo en medio de un ronroneo-. Ponte a cuatro patas, voy a penetrarte.
Regina la obedeció sin ningún tipo de objeción, estaba completamente dispuesta a hacer todo lo que quisiera la rubia.
Emma acarició los pechos colgantes de la morena y los meció con cuidado y adoración, los había dejado desatendidos demasiado tiempo y ya los echaba de menos. Besó en los labios a Regina y fue dejando pequeños besos por su espalda hasta llegar a su trasero. Se enganchó a él y se restregó levemente hasta que oyó el jadeo de la morena. Pasó los dedos por la entrada de Regina para comprobar si seguía estando tan caliente como antes, no quería dañarla. Lo estaba, Regina estaba demasiado lubricada incluso. Emma sonrió, estaba lista para la penetración.
Entró con cuidado y empezó a moverse dentro de ella. Regina tiró la cabeza hacia atrás, tenía los ojos cerrados y la respiración acelerada. Poco a poco Emma iba incorporando dedos sin separar su centro del culo de la morena. Sin parar de moverse fue a buscar con su mano libre el clítoris de la morena. Deseaba darle todavía más placer.
- Ni se te ocurra parar, Emma – jadeó justo cuando Emma lo masajeaba como una loca.
Las embestidas iban algo más lentas, cosa que excitaba más a ambas.
Regina nunca se hubiera imaginado desnuda y a cuatro patas en el suelo de su despacho a plena luz del día y gritando como una loca. Haciendo el amor o practicando sexo (cualquiera de las dos le valía) con Emma Swan sí que se lo había imaginado. Pero así no. Le gustaba como le hacía sentir, le gustaba aquel "peligro" que corrían. Si Hood o Hook entraran en aquel momento… Tan solo imaginar sus caras la excitaba más.
- Eres tan hermosa Regina – dijo Emma sacando sus dedos del interior de la vagina de la morena y lamiendo todo el liquido que le choreaba por sus piernas -. Y estas tan buena – sentenció entre lamida y lamida.
La morena, que seguía a cuatro patas y mirando como la rubia comía, le sonrió.
- He tenido mucho tiempo para embellecerme – bromeó Regina -. ¿Nos vestimos?
- ¿Ahora? – se lamentó Emma.
- Podría entrar alguien.
- ¿En serio? ¿Van a entrar ahora y no cuando gritábamos? – preguntó con una gran sonrisa.
- Tengo el despacho insonorizado querida, pura suerte que no haya entrado nadie.
- Tienes respuestas para todo, ¿no?
- Claro, soy la Reina – dijo con fingidos aires de superioridad.
Emma la besó antes de levantarse y acercar la ropa de ambas.
- Os voy a echar de menos pequeñines – dijo pasándole el sujetador a la morena y acariciándole uno de los pechos.
- Idiota – dijo golpeando su mano.
Emma se río y comenzó a enfundarse en sus vaqueros.
Hook era un marinero de pura chepa, adoraba el mar y adoraba navegar, hasta que no había regresado a puerto no se dio cuenta de cómo lo había echado de menos. Había abandonado demasiado a su querido navío, debía de remediar aquello.
- Amor, ¡he vuelto! – anunció cerrando la puerta y quitándose la gabardina que siempre llevaba.
Emma salió a recibirlo con una sonrisa y le preguntó como le había ido. Mala idea, Hook iba a pasarse más de media hora hablando maravillas del mar.
- Vámonos a vivir al mar Emma – propuso. Lo llevaba pensando desde que había pisado tierra firme -. Te gustará.
- ¿Y dónde viviríamos?
- En el Jolly Rogers - ¿dónde sino? -. Recorreremos otros mundos y te enseñare a reconocer las señales del mar. Hasta tal vez nademos con las sirenas, no son tan malas como alguna gente cree.
- No se nadar, Hook – dijo -. Y me gusta vivir aquí, me gusta que el suelo no se mueva. ¿Por qué ahora?
- He abandonado mi lugar, el mar siempre ha sido mi casa… Ven conmigo Emma, por favor.
- Yo me quedo, pero tu deberías ir – dijo -. Se lo que es abandonar a tu hogar, ve y vuelve a casa.
- No parece que te cueste demasiado dejarme ir Emma. Esperaba algo… no sé… algo más… llevábamos tiempo juntos y parece como si no significara nada lo que te estoy diciendo…
- Lo siento Hook, no me cuesta – era mejor ir con la verdad por delante.
Sí, lo sé, este era algo más corto. Igualmente espero que lo hayáis disfrutado, de verdad.
