Los personajes CC no me pertenece y esta historia está basada en mis propias locuras después de ser inspirada por tantas escritoras maravillosas de fancfics

Juro que esta es mi propia historia aunque algunos nombres y lugares pueda ser similares a los de otros fic – mil veces disculpas si esto ofende a alguien… no ha sido mi intención.

Capitulo 2 – Descubrimiento

Anochecer - 25 de abril de 1915 – Chicago, Estados Unidos

Candy tuvo un día maravilloso en su trabajo. Tras el pequeño momento íntimo en la mañana con Albert, pasó su día flotando en una nube blanca de felicidad. Su corazoncito ondeaba con entusiasmo preguntándose si encontraría a Albert esperándola por el poste de luz en la plaza esa noche. A veces tenia curiosidad de saber cómo ellos se verían dos para las otras personas. ¿Acaso realmente lucen como hermano y hermana, o será que sus miradas aluden a algo más?

Estaba tan perdida en sus propios pensamientos que ni siquiera se dio cuenta cuando llego a la plaza. El mercado pequeño de crepúsculo era una colmenita de actividad. Los vendedores con todo tipo de productos orgullosamente cantaban las alabanzas de sus mercancías. Candy compraba víveres para la cena y por último se detuvo frente el vendedor de frutas. Recordando el tierno cuidado de Albert con su pelo esa mañana, decidió comprar unas naranjas como agradecimiento por su bondad."Las naranjas se ven deliciosas y la vitamina C es buena para el cerebro" pensó.

Ella acercó al vendedor sin dudarlo. "Cuánto cuesta una naranja" pregunto con algo de dinero ya en la mano. "Sólo se puede comprar media docena de señora, pero son deliciosas" dijo el hombre con una sonrisa, "aquí tiene señora, seis de mis mejores naranjas. A su marido le encantarán. Gracias y vuelva pronto otra vez". Tomó el dinero de la mano de Candy antes de que la pobre chica tuviera la oportunidad de decir otra cosa más. "Señora?" pensó mientras se alejaba del vendedor, "señora? Pero si yo soy demasiado joven para ser una esposa. Qué grosero!"

Candy echaba humo por sus oídos y comenzó su camino a casa pisoteando los ladrillos enfadadamente. Al final de la plaza su corazón saltó de alegría cuando vio una figura familiar esperándola por un poste de luz. Con el pelo ligeramente alborotado y vistiendo su camisa negra y pantalón beige, Albert se veía casualmente guapo. Candy apresuro sus pasos para saludarlo. "¿Por qué siempre parece tan apuesto" se preguntó, "lleva ropa tan sencilla y sin embargo, hay algo en él que lo hace parecer casi aristocrático, sin importar como se vista". Sus pensamientos hicieron que inmediatamente se sonrojara como un tomate de la cabeza a los pies. Desde cuando pensaba que Albert era 'tan apuesto'?

Albert la miraba con una sonrisa en los labios y la saludo. "Hola Candy, por que esas pisoteadas tan enfadadas?" dijo en un tono cómico. La había visto cruzar la plaza y marcharse de una manera brusca después de comprar las naranjas. Candy no sabía dónde esconder su cara, seguramente a estas alturas ya estaba más roja que una remolacha. "Ah, no es nada…" dijo con una vocecita casi apagada, "Albert, crees que parezco una vieja? El hombre de la fruta me llamo 'señora' y pues yo no creo que en realidad me vea tan mayor". Albert acopo suavemente su barbilla con la mano y miró fijamente sus hermosos ojos. ¿Cómo era posible que ella pareciera una anciana si para él ella brilla como un ángel travieso caído del cielo? "Candy, vamos no te preocupes" dijo, soltando su mentón y tomando la pesada bolsa de comestibles de las manos de ella "estoy seguro que los vendedores llaman a todas las mujeres 'señora'. Esa es su manera de hablar".

Candy sonrió aliviada y tomando el brazo de Albert empezaron a caminar rumbo a su apartamento. "Mi hogar" pensaba, "nuestro hogar…" A manera que caminaba tomada del brazo de Albert, se preguntaba cómo se sentiría ser la esposa de Albert. Era la primera vez que pensaba una cosa así y en vez de sentir vergüenza, se dio el lujo de soñar sus sueños privados en todo trayecto mientras sujetaba el brazo de Albert con su mano.

Albert noto la fijeza de la mano de Candy sobre su brazo y su corazón daba saltos de alegría. Él también se preguntaba si así sería estar casado con Candy. Caminando brazo en brazo cada tarde después del trabajo, preparando su cena y charlando mientras cocinan juntos. Abrazándose y besándose mientras dormían en la misma cama; despertando con los brazos alrededor de su cuerpo mientras el sol de la mañana se asomaba por la ventana.

Los dos rubios estaban tan absortos en sus propios pensamientos y sueños que no pudieron darse cuenta de un joven observándolos desde la oscuridad de un coche aparcado cerca de la plaza. El auto los siguió sigilosamente desde una distancia discreta y paró una vez que la pareja entró en el edificio de apartamentos. El joven salió del auto, fijando su mirada en el edificio hasta que vio que una luz se encendió. Desde el lado opuesto de la calle, vio a Candy de pie a través de la ventana y su lado un hombre muy apuesto y joven. Parecían estar desempaquetando comida sobre una mesa y podía ver cómo se reían y bromeaban mientras trabajaban.

Neil Leagan estaba furioso "Quién se cree ese hombre" gruñó bajo su aliento "Cómo se atreve ese imbécil a intentar cortejar a mi Candy!". Desde que vio a Candy meses atrás en Nueva York, en aquella obra en Broadway, él había estado obsesionado con ella. Aquella noche tan lejana ya, ella se veía espectacular: sus ojos brillaban como estrellas en el firmamento, y sus labios carnosos de rubí parecían exigir el más ardiente de los besos. Sus rizos dorados estaban recogidos lejos de su rostro, revelando la belleza y suavidad de su piel en el cuello y escote. Incluso cuando ella salió súbitamente del teatro, Neil no lo pudo evitar y desde ese entonces solo podía pensar que ella era la mujer más bella que había visto en su vida y no descansaría hasta que fuera suya.

Neil no podía escuchar la conversación de los dos rubios así que decidió esperar a que el intruso se largara para subir y hablar con ella. Pasaron un par de horas y Neil había observado como llevaron platos y vasos a la mesa, compartieron una cena y luego levantaron todo para seguro llevarlo a la cocina. "Ya no tardara en largarse" se dijo a sí mismo, "son casi las once de la noche y de seguro ella tiene que trabajar mañana". Apenas acababa de cruzar ese pensamiento por su mente cuando se dio cuenta que todas las luces en el apartamento se apagaban. "Como es posible" gruño con mas rabia, "ella tiene que ser mía, como es posible que ese don nadie se quede en su departamento. Por lo que veo Candy no es tan inocente como aparenta. Maldita sea!". Y con un movimiento brusco encendió su auto y se marcho a la mansión Ardley en Chicago a toda velocidad.

"Esto no se queda así, Candy" rabiaba mientras conducía como un loco por las calles "vas a ser mía. De alguna manera vas a ser mía. Eso lo juro". En su mente maquiavélica estaba formulando un plan perverso para humillar a Candy y obligarla a rogar por su ayuda. "Te quiero ver de rodillas pidiendo mi ayuda, pecosa maldita" refunfuñaba mientras el auto llegaba a su destino.

Al entrar a la mansión Ardley, Neil le tiro las llaves del auto al mayordomo casi en la cara y le dijo que le informara a la señora Elroy que él quería hablar con ella de un asunto familiar muy importante antes del desayuno. Morris, el pobre mayordomo, detestaba a ese catrincito petulante pero con una cortesía nacida de años de experiencia en el trabajo sirviendo a la familia Ardley, se limito a contestarle eficientemente "sí señor, como usted diga" antes de cerrar la puerta y retirarse a descansar.

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Anochecer - 25 de abril de 1915 – Nueva York, Estados Unidos

Terry estaba realmente arto de todo y de todos, pero especialmente de Susana. Sentado en un bar cerca del teatro, quería demorar su llegada a casa a como fuera de lugar. "A casa…" pensaba mientras alzaba otro trago de whisky a su boca, "esa es solo una casa, nunca va a ser mi hogar". Generalmente trataba de no pensar en cosas amargas pero últimamente parecía que todo su mundo se estaba desmoronando a su alrededor. Su despedida con Candy, las consecuencias del accidente de Susana y las circunstancias de su compromiso parecía obscurecer su trabajo en el escenario. Las revistas estaban llenas de especulaciones acerca del efecto que el accidente tenía en su trabajo y sobre todas sus actuaciones. Su compromiso y su vida privada eran la comidilla de los periódicos a diario y no por razones buenas.

Vivía con Susana a insistencia de la dichosa. Ella dijo que él tenía que apoyarla ya que había dejado el hospital y realmente no podía salir a ninguna parte sin su silla de ruedas. Claro, que él no consideraba mucha 'vida' eso de trabajar en el teatro casi todo el día, luego salir a cenar a un restaurante local y después pasar a ese bar para tomar unas copas para finalmente llegar a casa y encerrarse en su habitación. Si tenía suerte, llegaría lo suficientemente tarde y Susana ya estaría en su propia habitación. Si no tenia suerte, la encontraría esperándolo en la sala, enfadada por el olor a whisky y gritando como loca, exigiendo que le dijera con que 'nueva estrella' se estaba revolcando esa noche. Para empeorar las cosas la señora Marlow, que también vivía con ellos, siempre le hacía coro a su hija y Terry terminaba caminando triste y cabizbajo a su habitación mientras las dos damas lo seguían lanzando quejas y abusos hasta que él cerraba la puerta de un solo golpazo.

Al principio Terry había tratado de hablar con Susana y asegurarle que no había nadie más en su vida. Mas todas las razones y explicaciones no hacían ninguna diferencia o cambio en la actitud de ella. Siempre había una nueva pelea, siempre ella tenía una razón para estar celosa. Al fin, después de meses de ser sometido a esa Inquisición española, una noche ya no pudo más y se dejo llevar por su rabia y sus deseos, acostándose con Karen Kleiss, su compañera de teatro. Karen sabía la situación difícil por la que estaba pasando Terry y no le hacía ninguna demanda. Los dos tenían una relación de amantes casuales y solo se concentraban en vivir el momento. Esos momentos robados eran lo único que animaban a Terry a levantarse cada día. Como un vagabundo perdido en un desierto, los momentos clandestinos con Karen eran el único alivio en un paisaje árido y negro.

Terry termino su bebida y dejando una propina generosa se marcho rumbo a casa. Cuando llego todas las luces estaban apagadas. "Gracias a Dios" murmuro entre dientes, "por lo menos esta noche me podre ir directo a la cama sin dramas ni reclamos". Con mucho cuidado, abrió la puerta con sus llaves y sigilosamente se quito los zapatos para entrar sin hacer ruido. Con los zapatos en las manos y en la oscuridad, caminaba muy despacio buscando la entrada de su habitación. Cuando al fin sus dedos tocaron la manecilla, abrió la puerta y cerrándola cuidadosamente detrás de él suspiro con alivio. Justo cuando se aflojo la corbata y dejo caer los zapatos a suelo, una luz se encendió en la habitación casi matándolo del susto.

"Donde diablos has estado?" le reclamo la voz poco histérica de Susana "te dije esta mañana que mi madre no estaría en casa esta noche y no tenia alguien más que me ayudara a cambiarme". Terry quiso que en ese momento la tierra se lo tragara. "Lo siento mucho Susana" le suplico con su voz ya marcada por las copas, "tú sabes cómo es el teatro: ensayos, luego reuniones y entrevistas. De verdad, no me di cuenta de la hora. Discúlpame". Se sentó en un sillón cerca de la puerta a esperar la baldeada de abusos que Susana le tenía preparada….

"Claro, ahora soy yo la que tiene que comprenderte, no? Crees que todavía me chupo el dedo? Aunque tu no lo creas yo no soy tan estúpida como para no saber qué clase de 'ensayos' haces en tu camarín. Tampoco no me equivoco en decir que ningún ensayo de teatro se lleva a cabo dentro de un bar". Sentada en su silla de ruedas y todavía vestida con su ropa de aquella mañana, la mirada despectiva de Susana parecía decirlo todo, menos lo que él realmente quería escuchar.

Cansado, con el estomago revuelto y la cabeza a punto de estallar Terry se atrevió a interrumpir la letanía de quejas. "Susana, que estamos haciendo? Esto no es vida. No ves el daño que nos estamos haciendo?" dijo en voz baja, sujetando su dolorida cabeza con sus manos mientras sus ojos lo amenazaban con lágrimas que él evitaría a todo costo. Sus únicas lágrimas habían sido por Candy y él nunca estaría dispuesto a derramarlas una vez más por otra persona que no fuera su amada.

Las palabras de Terry solo sirvieron para echarle mas leña a la hoguera de furia que Susana llevaba en su ser. "Quien le está haciendo daño a quien, dime! Acaso tú has perdido una pierna o un brazo por mi? Que yo sepa no te pierdes pero ni siquiera una fiesta por mí, imbécil! La única que se ha sacrificado en esta relación soy yo!" grito mientras que se acercaba en la silla de ruedas, mirando a Terry con ojos destellando rayos.

En ese momento Terry exploto y toda la rabia y el rencor que había guardado por meses empezó a brotar a correntones. Levantándose del sillón súbitamente la agarró por los hombros, gritándole a la cara. "Quieres mas sacrificio Susana? Dime exactamente que mas quieres de mí porque realmente yo ya no puedo darte más. Estoy asqueado de este papel de víctima que haces. " Los ojos de Susana, redondos como platos por unos segundos, se endurecieron nuevamente sabiendo que había perforado la coraza de indiferencia de Terry. "Tú sigues pensando en ella" le reclamo a quemarropa "nunca me has amado porque tu siempre sigues pensando en la bendita Candy". Ella sabía que esa era una patada baja, pero si este era el final ella no se quedaría con nada en su arsenal de armas.

Fastidiado y al borde de totalmente perder el control de su cólera, Terry le dio a Susana una mirada de advertencia. Ella estaba pisando suelo sagrado y si ella creía que él se iba a quedar con la boca cerrada, pues bien… Susana estaba a punto de descubrir cuanto realmente abarcaba la ira de Terry.

"Tú no tienes derecho a mencionar el nombre de Candy. Tu manipulaste la situación y lograste que ella se fuera de mi lado para que tu no sufrieras más de lo que ya habías sufrido. Yo le prometí a ella que iba a ser feliz a tu lado para que SU SACRIFICIO no fuera en vano. Porque ese si fue sacrificio para ella: una muchacha que había pasado por tantas dificultades en su vida, sola como una huérfana. Ella sacrifico la ilusión de una familia, de hijos, de un hogar A MI LADO por tu culpa. Y tú, en toda tu estupidez, trataste de suicidarte para no ser un 'obstáculo' entre nosotros. Qué clase de mujer hace eso? Solo alguien tan egoísta y estúpida como tú. Si de verdad hubieras sido menos egoísta, abrías hablado con ella y a mí me hubieras absuelto de mi sentimiento de culpa…."

Susana no podía creer todo lo que estaba escuchando. Sus labios temblorosos trataban de formar palabra pero ningún sonido salía de su garganta. Terry sabía perfectamente lo que estaba haciendo pero ya no le importaba nada, si esta era la única vez en la que él podría decirle todo lo que sentía en su corazón pues tenía que aprovechar esa oportunidad. Con una mueca de burla y asco en su semblante, Terry continuo su ataque verbal. "Realmente creías que Candy iba a ser feliz a mi lado si tú te matabas? No, no lo creo. En tu mente enferma sabias que ella nunca sería feliz de esa manera y pasaría el resto de nuestras vidas culpándose por tu muerte. Tu cizaña no tiene medidas mujer. Usaste el corazón y la bondad de Candy como armas contra ella y eso nunca, me entiendes, nunca te lo voy a perdonar. Espero que esto te quede muy claro".

Aparatándose un poco de ella, ahora le tocaba a él dar el golpe de gracia, y después de tantos sufrimientos su corazón adolorido se lo reclamaba. "Sabes qué? Yo me podría haber enamorado de ti si tú no me hubieras obligado a permanecer a tu lado o chantajearme con el suicidio. Eso solo sirvió para hacerte ver como una mujer egoísta y manipuladora. La gota que derramo el vaso de agua fue tu obsesión de tener celos de cualquier pensamiento o palabra acerca de Candy sin ponerte a pensar que ella había sido más que una novia para mi, ella era mi amiga. Nunca comprendiste por que seguía pensando en ella y sabes por qué no la podía sacar de mi cabeza?" Susana cubrió su rostro con sus manos frías y temblorosas, ya no quería escuchar nada mas pero sabía que era muy tarde. Terry ya no era capaz de detenerse y le iba a decir algo que ella nunca, nunca había querido saber…

Por un segundo Terry vio el pánico y el dolor reflejado en los ojos de Susana pero no se detuvo ante esa imagen quebrantada y sin piedad alguna la miro directamente a los ojos. "Candy permanece en mi mente porque ella es una de las personas más bellas y desinteresadas que andan sobre la faz de la tierra. Por eso es que todo el mundo ama a Candy y verdaderamente es una pena que tu nunca aprendiste o apreciaste eso."

Susana ya no podía pelear más. Estaba derrotada, pero más que nada se sentía humillada. Todos sus sentimientos estaban al descubierto, haciéndole ver como una mujer odiosa, obsesionada y vacía. No podía luchar contra el fantasma tan perfecto de Candy. Con un último arranque de rabia le arrojo a Terry un florero que estaba en la mesita de noche que por poco le rompe la cabeza. "Lárgate!" grito a todo pulmón, "lárgate lejos que aquí y nunca vuelvas mas. Te odio Terruce! Espero termines podrido en un bar de mala muerte, nunca más trabajaras en Broadway – de eso me encargo yo. Espero que una de esas cuantas mujercillas con las que te la pasas todas las noches te pille una enfermedad fatal. Y de hecho te advierto una cosa: mañana mismo voy a denunciarte a la prensa y les diré todo acerca de tus engaños y tu abandono. Candy nunca volverá a ti. Su consciencia no lo permitirá".

BINGO! Terry al fin escuchaba las palabras que tanto ansiaba. "Lárgate!" Susana volvió a gritar mientras él apresuradamente metía lo que podía en un par de maletas, esquivando el reloj y un vaso de cristal que estaban sobre la mesa de noche y que Susana le lanzo con toda la agilidad de una deportista olímpica hacia su cabeza.

Dejando a Susana llorando abiertamente sobre su lecho mientras que rompía el resto de la ropa que pertenecía a Terry, él salió a la calle para encontrar un taxi y tomando sus maletas se dirigió a un nuevo futuro con el corazón lleno de dudas pero con la llama de la esperanza firmemente encendida. "Candy…" susurro suavemente, "será que al fin podremos tener una oportunidad?"

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Continuara….

Hola chicas. No podía dormir así que mejor me puse a escribir este capítulo. Espero les guste.

Acuérdense de que acepto sugerencias, comentarios, piropos, flores, tomatazos pero no pedradas.

Gracias especiales a Clau Ardley (hermosa!), Friditas y ccc73 por empezar a seguir este disparate. Se los agradezco de todo corazón.

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Notas: algunas escenas en este capítulo están basada en la manga pero las he manipulado un poco para que encajen en mi historia.

Catrincito: dandy del los años 20