CAPITULO 1: UN NUEVO VIENTO
En una iglesia gótica se ve a un sacerdote y a un hombre con capucha arrodillado en el suelo.
Ha llegado... el momento. No importa si es necesario destruirme a mi mismo, entregaré todo lo que soy, por lo que creo, por mi deseo.
¿Lo entregarás todo? ¿Pero de verdad es tan importante ese deseo tuyo?
Sí. Asumiré cualquier sacrificio para que se pueda hacer realidad.
¿Lo dices en serio? Hablas como si se tratase de tu destino. En ese caso adelante, expresa ese deseo tuyo.
El hombre de la capucha se levanta. Es rubio y tiene algunos mechones azules.
Mi deseo es... dominar el mundo del fútbol.
Es un nuevo día en la ciudad Inazuma. En una casa hay una mujer barriendo la entrada. Sale un nino de cabello castaño con el uniforme de Raimon.
Buenos dias Spotel.¿A qué me queda muy bien?- le dice el chico a su perro, señalando el uniforme. El perro ladra en señal afirmativa.
El chico se va corriendo. Por la calle saluda a todos los vecinos, que le dan suerte por su primer día de clases. Cuando llega al Raimon dice:
Por fin estoy aquí. En el Instituto Raimon. Voy a jugar... al fútbol.
Se acerca a la antigua caseta del club y la mira asombrado. De repente, aparecen una mujer y una chica detrás de él. La mujer tiene el pelo azul oscuro y le llega a los hombros. La chica tiene el pelo castaño largo hasta la cadera. Lo lleva recogido en una cola de caballo. Lleva el uniforme femenino de Raimon.
¿Quiéres algo?- El chico da un respingo- Perdona, ¿te he asustado? Lo siento mucho.
Uff que susto me he llevado. Perdona, ¿es esta la sede del club de fútbol?
Fue la sede hace mucho tiempo pero ya no se utiliza. Solo la mantenemos por nostalgia – le contestó la mujer.
La nueva sede del club es aquel edificio de allí – le dijo la chica.
¿Aquél edificio? Es enorme.
Es más que una sede. En el edificio hay un campo de fútbol y todo.
Este el el club de fútbol del Raimon – dijo animado el chico.
Yo soy Celia Hils, la asistente del club.
Yo me llamo Julia, encantada – dijo la chica.
Yo soy Arion Serguin y quiero entrar en el club de fútbol.
Las dos sonrieron al ver al chico tan animado.
En el despacho del director se encontraba el presidente de la junta escolar y el entrenador del Raimon.
Es un grave problema el que tenemos, Travis. Nos preocupa su empeño en no comprender como funciona el fútbol hoy día. Si se obstina en no hacer caso a lo que le decimos tendrá que presentar la dimisión. Está empezando la época del fútbol regulado. Nada que ver con lo que había en la época del expresidente Sony Raimon.
No pienso traicionar mi trabajo lo más mínimo.
Pues su salida de la escuela es solo cuestión de tiempo.
Bueno yo me voy.
De pronto entra un hombre en la sala:
Tienen que venir al campo de fútbol... es horrible.
El hombre se va corriendo.
Arion sigue hablando con Celia. La otra chica ya se ha ido.
¿ A si que quieres apuntarte al club?
Si, me gusta mucho el fútbol. Tenía claro que me apuntaría al club cuando llegase a secundaria. Además, admiro mucho al Raimon.
Genial, ahora habrá empezado el entrenamiento matutino, ¿quieres verlo?
Claro.
En el campo de fútbol había mucho polvo y se podía ver a un chico de pie. Era alto y con el cabello azul oscuro. Todos los jugadores del segundo equipo estaban en el suelo. Llega el señor Travis y el otro hombre.
Dime tu nombre y tu clase – le dice al chico.
Es mi primer día – le contesta – me llamo Víctor Blade. Usted es Perci Travis si no me equivoco.
Celia y Arion llegan corriendo.
¿Qué ha pasado?
He destruido el fútbol, es algo inutil.
El fútbol no es inútil – dijo Arion – el fútbol se enfadaría si te oyera decir eso.
Jajajaja no me hagas reir chaval. Bueno demuestramelo, intenta quitarme el balón.
De acuerdo acepto.
Empezaron y Arion era incapaz de quitarle el balón. Se tiraron un rato y nada, pero no se rendía.
Dos chicas los estaban observando. Una era Julia y la otra tenía el pelo rubio y corto con varios mechones rosa y morado.
Parece que ese chico se esfuerza mucho – dijo la morena.
Pero de nada le sirve contra Blade.
Víctor Blade le pegó un balonazo a Arion. Estaba furioso. Empezó a pegarle más balonazos. Arion estaba en el suelo, no podía moverse. Entonces, chutó otra vez, directo a su cara, pero otro balón desvió la trayectoria. Lo disparó Ricardo di Rigo, el capitán del equipo de fútbol. De repente aparecieron sus compañeros, el Raimon Eleven.
