Bienvenida mi amor, bienvenida a tu pena, bienvenida a la cena, bienvenida a mi suerte.
Bienvenida a la muerte.
CRETINO DE MIRADA PERVERSA: No hay casualidades con un demonio así.
Había discutido con Kiba. Así es, en años de formar un "team" de intachable organización y envidiable historial de logros y misiones cumplidas, en el que ella solo se había limitado a obedecer y asentir sin discrepar nunca de nada, había discutido por primera vez con un compañero.
Lo de Hinata no era sometimiento, no era sumisión ni nada de eso. Obediencia pensada. Aunque no se viera a simple vista todo era consensuado, de común acuerdo. Todo lo que Shino o Kiba decidieron o decidieran le parecía, sin objeciones, la mejor opción. No había que pensar y no tenía que ver con la comodidad de no planificar una misión, en realidad siempre sintió que no hacía ningún aporte interesante.
No se explica fácilmente. Tal vez tampoco abría la boca a causa esos sentimientos de inferioridad que le tocó aceptar sin rechistar de nacimiento, o que le habían inducido sus progenitores y el consejo, haciéndole entender una realidad en la que ella solo contaba como un número más que contribuiría a paz Konoha sin ser relevante y quedando prontamente en el olvido. No debería complicarle los asuntos a sus compañeros: "Intenta no ser una carga para tus pares" solía inquirir Hiashi. De ahí, el simple hecho de que temía sugerir una opción que lleve a los tres ninjas rastreadores a algún tipo de peligro sin retorno.
-Inseguridad- sí, eso era. Era una muchacha insegura hasta para respirar y no es una exageración. Se sentía la encarnación de la mala suerte, la consejera del mal augurio. Todo lo que sugeriría condenaría inexorablemente al resto. Siempre.
Por eso, cuando en aquella invitación a un nuevo entrenamiento encontró la veta para poder moldear su personalidad a gusto, no vaciló un segundo, no lo dudó. Y exactamente eso: el no dudar en una situación fue un indicio de seguridad que la entusiasmó hasta el límite de lo humano. Pensó que finalmente esa maldita suerte podría removerse.
Kiba se mostró en desacuerdo y una molestia poco usual surgió en su garganta y a pesar de que su naturaleza era claramente pacifica, conservadora y calma, enseguida hizo notarle a su amigo que ella había tomado una decisión, por eso le reclamó respeto y en la medida de lo posible, apoyo.
Un mes más tarde del altercado, su compañero, con los brazos cruzados detrás de la nunca y sobre el césped, llevaba con él una actitud de niño caprichoso. Observó las últimas horas del sol en el cielo y abrió el fuego mientras sus compañeros empacaban sus arsenales —No puedes llevar el ritmo de todos ellos. Lo sabes...
Shino se dijo que ahí iba todo una vez más y de limitó a ignorarlo. Tal como Hinata que proseguía con su labor, no quería volver a discutir.
—No te recibirán con bombos y platillos— atentó con voz provocadora. Odiaba cuando lo ignoraban indicándole que su palabra carecía de valor.
—Me recuerda a aquél día en el que dijiste que no iba a poder contra Neji, que me dé por vencida aun antes de saber si él era realmente mi oponente—Hinata sonrió. Su voz fue dulce pero firme, con sus amigos las palabras no temblaban.
Kiba se dio un golpe mental y un reproche por ser tan falto de tacto. Impulsos, impulsos. De todos modos a ella le importaba -nada- el concepto de "hermanita indefensa" que su compañero tenia de ella. Estaba claro. La cuestión es que a él si le importaba -mucho- el hecho de saber que ella creía que él la conceptualizaba como "hermanita" y lo aceptaba con enorme normalidad, situación que lo desquiciaba, lo frustraba. Le daban ganas de arrancarse cada mechón del cuero cabelludo con ambas manos.
Por el resto, Hinata era indefensa pero no físicamente. Dios, si sus palmas eran duras como una maquina demoledora.
Hinata es la ternura reencarnada en una persona. Allí estaba el fondo de la cuestión, el gran meollo del asunto... y ese cretino de eterna mirada perversa. Ese energúmeno que estaba incluido en el grupo de entrenamiento que los ANBU habían ofrecido generosamente a su compañera. No lo quería cerca de ella, jamás.
¿Por qué Anbu había invitado a Hinata a un tipo de entrenamiento tan rudo? Kiba se lo había estado planteando y replanteando. Tenía una respuesta: Se buscaba lo mejor, era elitista sí, pero "necesario para la aldea". Y a falta de Neji, Hinata. De ahí la noticia que había traído hacia una semana "Fui seleccionada para el entrenamiento especial de ANBU, Naruto-kun me informó". El "Naruto-kun me informo" no removió en él más celos de los que se había acostumbrado a sentir de por vida.
Ino una vez le dijo que Naruto no tenía el menor interés en Hinata y nunca la tendría, que Naruto siempre estaría automáticamente fuera del enredo perverso de amores no correspondidos que todos sufrían y que ella estaba igual de marginada que la Hyuga pero con Sasuke. Ese día Kiba rechistó, y con tono agresivo le respondió que a él no le interesaba para nada lo que ocurriera entre Naruto y Hinata y que ella era una persona molesta que siempre se encontraba hablando de personas que no debía, donde no debía.
Ino también sabía hacer uso de su lado desesperante.
Su risa burlona le resonó en los tímpanos. Que Ino tenía razón, la tenía. En esa ocasión y siempre: a Naruto no le interesaba que Hinata ingrese o no a un entrenamiento privilegiado. Pero siquiera se le había atravesado por la cabeza mencionar este último pensamiento. Destrozaría a Hinata. Aun así...—Quiero decir...— suspiró irritado —. Mira… sabes que eres más determinada que el propio Naruto... digo... no...
Lo había nombrado, primer acto fallido. Allí fue cuando obtuvo toda la atención de Hinata y una sonrisa también —No lo creo Kiba-Kun, Naruto-Kun... él, con su determinación ha...
— ¡No!— intentó disimular el tono molesto —. No comiences con "Naruto-Kun" de nuevo.
—Lo siento… pero sigues dando vueltas sobre lo mismo y es … es una dedición que ya tomé.
Mientras tanto el ninja se debatía si soltar o no soltar lo que pensaba de todo el asunto. No es como si un Inuzuka se preste demasiado a la reflexión antes de hablar de todas formas, así que simplemente se lo vomitó.
—No te quiero ver cerca de este tipo.
Ella ríe internamente. ¿Qué le pasaba con Naruto-kun?, a decir verdad, ¿qué le había pasado toda la vida con Naruto-kun? Siempre estaba queriendo competir con él o desmereciéndolo delante de ella.
—No te rías porque no hablo de Naruto— aclaró con voz seria. Había abandonado el papel de niño encaprichado y en segundos el aura de la conversación se volvió gélida, pesada, tan así que Shino esta vez fue quien concentró su visión en Kiba.
—O…otra vez con eso…— Hinata intentó disimular nervios.
—Exacto— Le enterró los castaños ojos encarnados—.Otra vez dándole vueltas al mismo asunto— luego los cubrió con el antebrazo, recostándose, como si le diera vergüenza seguir hablando— , se trae algo contigo y lo puedo olfatear a kilómetros— Hinata creyó que a veces su gran amigo abusaba de la excelencia de su olfato. Y aunque ella también tenía un mal presentimiento, como clásica insegura pensó que solo imaginaba cosas. ¿Que querría ese tipo de mirada horrible de ella?.
—Kiba- kun... seguramente él no recuerda ni mi nombre—sentenció, calmándolo y cerrando el bolso.
—Si lo vez de esa forma explica por qué agachas la cabeza cuando pasa cerca nuestro—los ojos de la Hyuga se apagaron y la obligó a desviar la mirada hacia ningún lugar en especial. No conseguía sostener los ojos a las personas que no fueran íntimas. Era uno de los tendidos defectos de ella misma que tanto detestaba. Kiba a veces solía hacerla sangrar por la herida. Tal vez alejarse de su equipo por un tiempo no era algo tan difícil de decidir...
Además, Uchiha Sasuke miraba de forma odiosa a todos en la aldea….
—Conoces a Hinata, conoces su personalidad— minimizó Shino— .No creo que se sienta tan segura y en confianza como para sostenerle la mirada a Sasuke Uchiha.
La voz de la verdad, aunque duela. Aburame no tenía interés en involucrase en la conversación pero vio necesario esta vez aclarar ese punto. No era justo que Kiba destroce la autoestima de un compañero con pretensiones tan infantiles. Después de todo, Hinata era una persona mayor, con libre albedrio y no le vendría mal un entrenamiento estricto.
Kiba soltó una risotada irónica y parodió la solemne voz de su compañero —"Sasuke Uchiha", nadie puede sostenerle la mirada al el "Gran Sasuke Uchiha", ¿por quién carajo lo tomas? Dime.
— Por uno de los criminales más importantes de la historia de la Aldea— el chico de los insectos acomodó sus gafas.
—De-deténganse— El debate se había ido otra vez por la tangente y Kiba siempre reconstruía su casi inexistente ego y la llenaba de miedo, temor. No lo comprendía, pero hacia días que se refería a Sasuke Uchiha como si fuera un habitante del séptimo círculo del infierno y aunque si así lo fuese o había sido, él llevaba tiempo residiendo en la aldea y sin cargo alguno. No supo porque motivo exacto había regresado, pero si tenía que ver con Naruto-kun, tenía sentido: Naruto podía lograr lo impensado en los demás, incluso a que Sasuke cambie. Sí, porque Uzumaki Naruto siempre cumplía a los retos que la vida le anteponía. Sonrió para sí convenciéndose de que no había de que temer.
—Te irás. Armarás tu equipaje y te irás tras Naruto. ¿A qué? a arrástrate.
Arrastrarse, como un gusano. Un golpe demasiado sucio.
Hinata detuvo su paso —Ahora el problema es Naruto-kun.
Conforme a esto Kiba, enredado en sus propis palabras, ya estaba de pie tras su compañera —¡No! ¡Antes era Naruto!— reprochó con un tono nervioso—.Ahora es Naruto y Sasuke. ¿Mañana quién? ¿Eh? ¡¿Quien?!.
Kiba estaba gritando, nunca le había gritado. Ella solo volteó a obsérvalo con rostro indignado.
—Siempre hay alguien por quien nos olvidas— murmuró desesperanzado.
Lo miraba incrédula. Ya había tomado la decisión de emprender la marcha sin despedirse, porque estaba dolida y enfadada como pocas veces. Esos arranques de "hermano mayor" de Kiba la fastidiaban. ¿Que estaba tan mal con el últimamente?
— ¿En serio crees algo así? ¿Crees que podría olvidarlos por completo? ¿Crees que soy tan patética como para arrastrarme detrás de Naruto? Lu…luego de que solo se limite a ignorarme desde que finalizó la guerra… ¡jamás los abandonaría!.
El tono de voz tan apenado de su amiga le dio el dato de que estaba siendo demasiado severo y que estaba removiendo mucha mierda. Pero no sintió el orden de detenerse — No lo sé Hinata, no sé qué pensar. Cuando piensas en Naruto... y en todo lo que le compete te quedas ciega. Crees en todo lo que te dice fielmente pero no aceptas una precaución mía. Siquiera la registras. No confiaría ni en mi sombra cerca del Uchiha y tú te vas a entrenar al medio de la nada cerca de él. Lejos... de nosotros—agachó la cabeza y se encaminó de regreso hacia su lugar.
Media lágrima luchaba por salir de uno de los orbes cristalinos. Atinó a decir algo, sin saber qué, porque en parte su compañero tenía razón.
—Hinata, mejor vete a casa—Fue Shino quien decidió dar por cerrada aquella incoherente e innecesaria discusión, que terminaba en no más que una pelea sin sentido—.Que tú ocasionaste—indicó una vez que su compañera se retiró en medio de un silencio tajante.
Kiba se revolvió los cabellos nervioso — ¿Querías que le dijera que ese maldito la observa con mirada depredadora? como un trozo de carne que muere por devorar. ¡Debe hasta babearse! Lo he visto hacerlo, hombre. Tú lo has notado. Y lo sospechamos desde antes que el deje la aldea.
—No de esa forma. La asustarías y la anularías como lo han hecho con ella toda su vida— Aburame cargó el bolso en su espalda y ambos emprendieron su camino siguiendo el rastro que había dejado minutos atrás una irritada muchacha.
— ¿No fue acaso lo que intenté hacer?—se preguntó luego de pasados una quincena de minutos. Apenas quedaban vestigios del sol que había resplandecido durante toda la tarde de entrenamiento.
— ¿Hacer qué?
—Advertirle sin decirle lo que realmente pensamos de Uchiha.
—No era la forma. Mezclar una alerta con tus sentimientos por ella y los de ella por Naruto solo volvió todo muy confuso para Hinata. Ella es una persona mayor y con veinte años debe tomar sus propias decisiones. Tu solo la trataste de débil y vulnérale. Además, si me permites, creo que hemos exagerado acerca de Uchiha Sasuke.
El sermón de Shino podría haber sido beneficioso para Inuzuka, si no fuera porque solo se había detenido, ruborizado, en un punto y automáticamente dejó de oír el resto para poder aclararse lo antes posible —Mis sentimientos por Hinata son idénticos a los tuyos
Shino no contestó solo lo observó acomodándose las gafas.
—Dices estupideces.
—No volveré a tener esta discusión farsa donde quieres demostrar un amor fraternal por Hinata que nunca has concebido.
—Vete gustosamente al demonio. ¿Entonces dices que hemos exagerado antes? Enumeremos entonces las veces que nos pusimos alerta. Cuando Hinata y Sasuke están cerca todo es pesado y se ha vuelto peor desde que él regresó. ¿Lo niegas? Niégalo Shino, quiero escucharte negármelo.
—La cautela es indispensable en todos los aspectos de la vida. Pero no degrades a Hinata solo porque temes que Sasuke te la arrebate. No te dirigías a ella como si se tratase de Ino.
—Púdrete.
...
Su compañero exageraba. Eran extravagantes las culpabilidades que le adjudicaba a Uchiha-san para con ella. Y no es que no le temiera, solo kami sabía lo mucho que la estremecía su presencia, aun de niños su cercanía le volvía la piel áspera. Pero tenía una teoría clara y aunque ella no lo supiera, demasiado alejada de la realidad. Sasuke la miraba con ojos odiosos porque le provocaba gracia verla temerlo. Se burlaba de ella, como solía hacerlo con el resto de Konoha. En eso iba parte de su venganza frustrada, no podía tocarlos pero podía hacerlos sentir seres nulos e inferiores con solo posar sus pupilas en ellos. Sasuke podía estar estudiándola más de cinco incómodos minutos y eso bastaba para arrimarla al abismo de un desmayo. Sentía algo así como un calambre en todo su cuerpo, calor excesivo y transpiración helada. Dejaba de oír a su alrededor como si estaría sumergida en el agua. Ciertamente la cercanía de Uchiha era terrible pero... y no quería volver sobre lo mismo... Naruto-kun le había asegurado que todo estaría bien y que aprendería muchas técnicas nuevas.
Y si Naruto lo certificaba... y ella podía volverse más fuerte.
Eso era todo. Confiaba en que las cosas marcharían bien. No existía mejor garantía en el mundo entero que Naruto Uzumaki Namikaze. Se mantendría alejada del espeluznante Uchiha menor, de sus ojos molestos, de sus aires soberbios, claro que sí. Y si no lo conseguía, frente a todo ese poder imponente y con mucho miedo pero a través de ese miedo, obtendría su voluntad obstinada y tan deseada. Esa era la filosofía que iba a adoptar, y por supuesto... su nuevo camino ninja.
...
Hinata dice que ya no siente nada por Uzumaki, pero se va al medio del bosque a entrenar cerca de un maldito loco que desde niños la ha mirado como si fuera a hacerle algo terrible, solo porque Naruto se lo pidió.
El interior del Inuzuka gruñó sucumbiendo todos sus órganos. Hinata no le haría caso y marcharía. ¿Y qué iba a hacer el?, ¿atarla de pies y manos?, su retórica era mala y no lograría sembrar dudas acerca de lo que Naruto le garantizó, ni un ápice de ellas. Además era cierto, era hora de que ella tomara sus decisiones. Hinata no era un objeto que se remataría con Sasuke. Estaba cosificando a su amiga. Se estaba volviendo tan detestable como él, que la miraba como si fuera un dulce que quisiera comprar y probar.
Cuanto asco siente.
Era redundante pero su olfato no se podía equivocar. ¿Acaso alguna vez lo había hecho? No se lo diría a Hinata... pero hace meses atrás, cuando volvían de una misión y estaban frente a un puesto de no recuerda qué, Sasuke y Naruto merodeaban con sus trajes oscuros por la aldea. No los cruzaban muy seguido, pero siempre que Sasuke aparecía la miraba con ese asqueroso gesto particular. Era tan desquiciante... pero el punto fue otro: algo cambió en esa exacta situación, algo olía distinto en el ambiente ese día. Era un dolor tan dulce y tentador como empalagosamente amargo. Algo contradictorio. Ese aroma no podía ser sano. Que su amiga no perciba un peligro real por ese tipo no era novedad. Nadie volvió a ser el mismo luego de aquella guerra, pero ella conservaba una inocencia perspicaz que se negaba a abandonarla, incluso luego de haber presenciado directamente los horrores bélicos.
Había sido el peor aroma que alguna vez pudo percibir. ¿Por qué? Porque cargaba una mezcla de ternura, excitación y odio aberrante. ¿Cómo Sasuke podía oler así?.
Lo había seguido por la aldea en otra ocasión y lo había vuelto a olfatear estando ausente Hinata. El aroma fue otro. La conclusión es que solo olía extraño cuando la tenía cerca.
Suspiró irritado. Lo detestaba más que a nadie en este puto mundo.
Cuando ese tipo estaba cerca la tensión era tajante entre ellos. ¿Pero qué le diría a él? Aunque no lo reconozca ante Shino, Uchiha podría asesinarlo con solo un pestañeo de su Sharingan.
Aunque no podía desconfiar de su nariz y simplemente olvidar ese perfume maldito, y aun así sintiendo incrédulo el hecho de que alguien tan perverso se fijara en una persona tan pura. Luego, creyó que tampoco lo cuestionaba porque Hinata Hyuga, para quienes podían verla de verdad, era un ser deslumbrante y en todo aspecto.
Sasuke la miraba desde niños. Nunca dijo nada, nunca insinuó nada… claro, estaba demasiado ocupado jugando al vengador dramático. Pero ahora estaba devuelta y su forma de estudiarla era mucho más profunda. ¿A Sasuke le gustaría Hinata?.
Gustarle si, pero no le inspiraba sentimientos. Esa especie de ser humano, tan cargada de resentimientos, no sabía querer.
¿Qué era lo que presuponía con ese olor, entonces?. Esa era la parte que más escalofríos le causaban a Inuzuka.
Ingresó a su habitación casi concluyendo que si Hinata no temía de ese demonio, la cosa se ponía aún más pesada. Debía advertírselo, desmayo de por medio seguramente, que si sus ecuaciones eran correctas, y el olor no lo confundía. Hinata debería mantenerse precavida, lo menos.
Porque si Sasuke se lo proponía, la violaría hasta mentalmente
Capitulo editado.
Explicación: Hinata es seleccionada para un estricto entrenamiento Anbu. Kiba no está a favor, porque tiene un mal presentimiento con Sasuke, que desde que ha regresado no deja de mirar maliciosamente a su amiga y además detectó un olor extravagante que no se anima a explicarse. También recuerda que de niños Sasuke siempre tenía una actitud distante pero particular con su amiga. Hinata también teme de Sasuke, pero cree que Kiba exagera, que Sasuke solo la quiere molestar como supone que molesta al resto de aldeanos con su porte soberbio. Además se siente útil por primera vez y los sentimientos por Naruto todavía le rondan. Kiba se frustra, no hay forma de que Hinata no participe.
