Lo Aprendí de Ti
Zelda había pasado casi una semana en la posada de Kakariko, aún con su nueva apariencia la inseguridad de ser descubierta siempre estaba ahí, cuando salía a comprar las cosas que necesitaba lo hacia usando siempre su capucha negra, tenia temor de que en cualquier momento alguien la reconocería, iteractuaba con las personas lo menos posible lo que le dificultó un poco la tarea de encontrar a la persona adecuada que la ayudara a instalarse en Ordon. Después de preguntar con algunas personas al fin había conseguido dar con una habitante de Ordon que no hacía mucho se había mudado a Kakariko dejando su casa sola y completamente lista para ser habitada una vez más, la dueña era una señora de mediana edad y de trato agradable quien accedió a venderle su casa, casi se gastó todas las rupias que había traído consigo pero estaba segura de que sería una buena inversión.
Cuando salió de la posada con las pocas pertenencias que había logrado adquirir la señora ya la estaba esperando, montada en un viejo caballo marron, que resoplaba con desgano. Zelda ató su pequeña bolsa a la silla de Ly y se montó en el, -Muy bien Ly, ya es la hora-.
El trayecto realmente se le había hecho eterno a la princesa, no sabia si era por la distancia, la dificultad del terreno para andar, que el viejo caballo de la señora se movía de manera lenta y cansada o si era a causa de la interminable conversación de la señora que no se limitaba al momento de contar cualquier detalle que le fuera posible. En momentos dejaba de prestarle atención, de cualquier manera parecía no querer una respuesta, solamente quería ser escuchada; mientras ella divagaba aprovechó para memorizar lo mejor posible el camino, realmente era un poblado muy alejado, durante todo el trayecto solo se habían encontrado con una casa y a un hombre extraño vendiendo aceite para lámparas. Pasaron por un puente colgante que permitía el acceso a través de un abismo y ahora lo único que se podía ver era las formaciones rocosas que bordeaban el sendero, pasaron por un pequeño cuerpo de agua "el manantial del espíritu" según le dijo la señora el cual le llamó mucho la atención a Zelda, era realmente hermoso. Mientras mas continuaban adentrándose la fauna característica del bosque ocupaba su visión y los sonidos de los animales hacían eco en el lugar.
Cuando al fin las patas de su caballo pisaron la villa se dio cuenta de que había tomado la decisión correcta, el lugar estaba muy apartado seria perfecto para esconderse mientras decidía que hacer después. Ordon era un lindo poblado, mas grande lo que se imaginó por lo que vio en el mapa; pintorescas casas componían el lugar, hechas de madera con un diseño que le recordaba las cabañas, combinando perfecto con el ambiente natural que rodeaba la villa. Los cascos de Ly resonaron en la madera del pequeño puente de madera que cubría el paso de la corriente del río que cruzaba de un lado a otro la villa.
Mientras iban caminando la señora le explicaba algunas cosas, y no precisamente sobre su vida como lo había hecho durante todo el camino. Después de que le pagó por la casa solo le había pedido que le indicara donde estaba, ella podría encontrarla por su cuenta pero la señora insistió en llevarla ella misma y durante el trayecto parecía que le había dado cuerda, ahora incluso ya sabía sobre la vida de sus hijos, sus nietos y de medio Kakariko.
-Esa casa que esta allá es una tienda – apuntó a una casa ubicada a las orillas del río a un lado de un molino de agua – y esa de ahí es la del señor Bo, el líder de la villa, siempre que necesites ayuda puedes ir con él, es un señor muy amable y respetado, su hija también es muy querida por todos en este lugar, es casi como una princesa para todos quienes la conocemos, es muy gentil y dulce, deberías buscarla estoy segura de que serían grandes amigas. Veo que tienes un caballo, no muchas personas aquí tienen, puedes llevarlo al rancho de Fado, ahí lo pueden cuidar, estará muy bien en ese lugar, protegido del clima y bien alimentado, mira esta es tu casa, por fin hemos llegado- gracias a las tres diosas!
Zelda miró con recelo la pequeña casa que había comprado, todas las casas eran prácticamente iguales, la suya no era diferente, estaba a las orillas de la aldea casi topando con un alto muro de tierra.
Cuando entró y vio el interior casi le dan ganas de echarse para atrás y salir corriendo, por fuera se veía pequeño, pero por dentro ¡lo era aun más! Su armario en el palacio era más grande que toda la casa, los muebles eran rústicos y tenían un aspecto incómodo.
Mientras ella se quedo de pie mirando todo a su alrededor la antigua dueña de la casa comenzó a quitar las mantas que protegían a la mayoría de los muebles y artículos de la cocina.
-Parece que todo está en buen estado y funcional, lo único que te hará falta es agua para beber, en la cocina hay cubos para que la puedas traer del pozo-
-¿Y donde esta?-
-Al lado de la casa del señor Bo hay un camino, síguelo y llegarás al rancho de Fado debes atravesarlo y ahí encontraras el pozo de agua, yo ya debo irme, aún debo hacer mi recorrido de regreso a Kakariko pero si necesitas algo ya sabes donde me puedes buscar-
-Gracias por todo- Después de que la señora se fue respiró profundo un par de veces y tomó el cubo de madera para el agua, ya era pesado por si solo y con agua sería peor.
No le fue difícil dar con el rancho, los sonidos de los animales se escuchaban desde varios metros antes, la portezuela de la entrada no estaba cerrada por lo que supuso debían ser animales pequeños y dóciles ¿no?. Caminó la vereda hasta llegar al inicio del corral del rancho.
Desde ahí pudo ver al otro lado de la reja de madera el dichoso pozo de agua, esto no era tan difícil, pensó Zelda, caminó con confianza lo mejor que las zapatillas le permitían sobre la tierra irregular. Estaba tan enfoca mirando el pozo que dio un brinco del susto cuando escuchó el bramido de un animal, llevó una de sus manos a su pecho y abrió los ojos enormemente, ¡era la bestia más horrible que en su vida había visto!, lo peor era que estaba muy cerca de ella, su pelaje negro se veía áspero y sucio y unos enormes cuernos con forma circular adornaban su cabeza; ¿y si la atacaba?, solo de pensarlo le daba miedo.
-¡Ay no!, vete, vete- le rogaba mientras hacía ademanes con sus manos intentando alejarlo, pero parecía que tenía el efecto contrario, el animal lentamente se acercaba, quería gritar y correr, por segunda vez se arrepintió de estar usando zapatos con tacón así no podría correr rápido si era necesario, el animal volvió a bramar y mostró sus grandes dientes amarillentos, los nervios de Zelda no podían estar más alterados -vete por favor vete- volvió a insistir pero el animal no hacía caso, la cabra caminaba lentamente y estaba cada vez más cerca de ella haciendo que la chica sintiera pavor, cuando se dio cuenta de que la cabra no se iba a detener cerró los ojos y le gritó -¡Que te alejes!- le lanzó con fuerza la cubeta que le alcanzó a pegar entre la cabeza y los cuernos, parecía que solo así pudo haber entendido porque con un último berrido se alejó de la chica.
Cuando el animal se había ido suspiro de alivio ¡casi moría!.
Desde la entrada del establo Link miraba divertido el encuentro entre la cabra y la chica, nunca la había visto antes, no la hubiera olvidado de haberlo hecho, supuso que estaría de visita. La vio sacudirse sus faldas y dirigirse a la reja de madera, parecía que estaba intentando descubrir como atravesarla, subió uno de sus pies a uno de los troncos inferiores mientras sus manos se apoyaban en los bordes del tronco superior, después subió una de sus piernas y quedó a horcajadas sobre la madera, ¿debería decirle que un poco más a su derecha la reja se abría?, su respuesta no tardó en llegar, la chica lanzó un grito chillante y calló sobre su espalda en la tierra, no, no debía decirle; se levantó de mala gana refunfuñando todo el tiempo y sacudiendo con enojo la tierra en su vestido. Una sonrisa de lado se dibujo en sus labios; No podía esperar a ver su reacción cuando se diera cuenta de que había dejado la cubeta adentro del corral ….
Una vez que había quitado el polvo de su vestido y se sentía más presentable Zelda sonrió con suficiencia, no había sido tan difícil, ahora solo debía llenar el cubo de agua, el cubo…. ¡había olvidado el cubo! Apretó sus puños fuertemente y comenzó a hacer rabietas, volvió a pasar la cerca, esta vez abrazándose tanto a la madera como le era posible para no caerse, agarró la cubeta y la aventó sin cuidado al otro lado de la reja, ¡Debió traer un sirviente consigo!. Volvió a cruzar la reja, pronto dominaría ese arte; se acercó al pozo del agua y lo observó detenidamente, sabía cómo funcionaba su mecánica, alguna vez vio uno como esos en un libro, nunca había estado frente a uno pero ¿Qué tan difícil podía ser?, tomó el cubo y lo amarró a la soga que colgaba sobre el pequeño techo del pozo, con cuidado lo bajó hasta que poco a poco se hundió en el agua, sencillo, con ambas manos giró la manilla en sentido contrario para hacer que subiera, estaba pesado, una vez que estuvo a su alcance sostuvo la agarradera con ambas manos y lo jaló hacia ella, pero el cubo golpeó en el borde de piedra y toda el agua cayó sobre sus faldas y zapatos.
Eran los zapatos blancos que había elegido para su boda y ahora estaban arruinados. Pateó el cubo con todas sus fuerzas pero lo único que logró fue obtener dolor en su pie, la cubeta prácticamente no se movió.
Link ya no soportó más y dejo escapar una tremenda risa que hizo que Zelda se volteara inmediatamente. Después de todo había decido ayudarla, pero al estar tan cerca de ella y verla tan concentrada le fue imposible distraerla de su tarea en el pozo. Zelda lo miró con recelo, tenía las mejillas rojas a causa del enojo que sentía y su risa no ayuda en absoluto con la situación.
-¿Se puede saber de qué te ríes?- puso las manos en su cintura y levantó la barbilla esperando una respuesta.
-Lo siento es que eso fue muy gracioso-
Fue suficiente para ella quien descargó toda su frustración acumulada en él –Ya no hables mas, eres un grosero cínico mal educado y descortés- en el ultimo insulto su voz poco a poco se apagó , su vista se fijo detrás del chico rubio que ahora la miraba sin comprender su repentino volumen de voz, Zelda abrió la boca ¡la reja estaba abierta!-¡ ¿Por qué no me dijiste que la reja se abre?! –
-¿La reja?, no sé de qué me hablas acabo de verte -mintió- Un momento, si no sabías que se abría ¿entonces como cruzaste?- estaba evitando reírse, sabía exactamente como lo había hecho y no solo una vez.
Zelda se cruzó de brazos intentando disimular su vergüenza–Eso ya no importa-
Se quedaron en silencio por un momento, viéndose fijamente el uno al otro, realmente si la hubiera visto antes nunca la hubiera olvidado, era hermosa, delicadamente preciosa, sentía que podía estar ahí mucho tiempo solo mirándola y era lo que quería hacer, hasta que las cejas de ella se arquearon en señal de estar esperando algo -¿no me vas a ayudar?-
Link despertó de su ensimismamiento y recogió el dichoso cubo, con gran habilidad lo llenó de agua y lo puso a los pies de la chica quien otra vez lo miraba expectante.
-¿Qué pasa?-
-¿No lo vas a llevar a mi casa?-
-¿Disculpa?-
-Es lo mínimo que me debes por no decirme lo de la reja-
-Tú golpeaste a una de las cabras que se supone debo cuidar-
-¡Dijiste que no me habías visto!-
Link soltó un suspiro de resignación –Esta bien- tomó el cubo y comenzó a caminar hacia el rancho, ella caminaba detrás él, notó como al pasar cerca de los animales la chica se acercó más a él, con miedo de las cabras que ahora pastaban tranquilamente –No te harán daño-
-¿Cómo puedes estar tan seguro?-
-Son animales dóciles-
-¡Claro que no! Son unas bestias, debes tener cuidado con ellas-
-No eres de por aquí ¿cierto?- La actitud de la chica no concordaba con alguien acostumbrada a vivir en el campo.
-No, acabo de llegar-
-¿Vienes de visita?-
-Me voy a quedar a vivir aquí-.
Cuando llegaron a la casa Link dejó el cubo donde ella le indicó y se dirigió hacia el caballo que estaba a un lado de esta. Era un hermoso ejemplar , su pelo era completamente blanco, el de sus crines estaba bien cuidado y pequeñas trenzas lo adornaban –¿Es tuyo?- parecía que al caballo le agradaba Link porque movía su cabeza con alegría en respuesta a sus caricias, casi como un saludo.
-sí, su nombre es Ly. Alguien me dijo que lo podían cuidar en el rancho de Fado, es de dónde venimos ¿cierto?-
-sí, así es, yo lo puedo llevar, será una buena compañía para mi yegua Epona-
-Gracias- se acercó a su caballo y acarició su lomo –Nos vemos después Ly, ahora debes ir con.. –
-Link, me llamo Link, ¿y tú?-
Se quedó callada por un momento, no podía decirle que se llamaba Zelda, todos en Hyrule incluso en el remoto Ordon sabían que era el nombre de la princesa –Yo me llamo…. Hylia- fue el primer nombre que se le vino a la cabeza. Extendió hacia él el dorso de su mano esperando que él la besara como era el debido protocolo, se sorprendió cuando el sólo tomo la mano entre la suya y la apretó un poco.
-Es un placer Hylia- tomó las riendas de Ly y se encaminó por donde habían llegado.
Zelda se quedó parada ahí viendo como tomaba el camino de regreso al rancho quien ahora sabia se llamaba Link, antes de alejarse por completo se dio la vuelta.
-Ah, y por cierto, bienvenida a Ordon-
Notas:
Ah! Ordon, tierra de Link, de las cabras, de Link, del rancho, de Link, de los monos locos y de Link. XD
Espero que les siga gustando, la verdad no pensaba publicar esta historia, la empecé a escribir antes de "La Reina Debe Morir" y la iba a desechar, pero no me atreví XD quizás haya alguien por ahí que la disfrute.
Mil gracias por sus comentarios, de verdad me hacen el día :D y se los agradezco de todo corazón n.n, también a quienes agregaron la historia a favoritos y a quienes la están siguiendo!.
Nos leemos pronto!
