Que decir, tenía ganas de escribir algo fiel a los personajes.

Bueno, debo comunicar son capítulos cortos, el tercero ya lo tengo listo y el cuarto lo estoy terminando. Serán cinco y seis capítulos, aún no lo tengo decidido.

Disfruten la lectura.


DEBAJO DE MI PIEL

CAPÍTULO 2: CULPA

Silencio, silencio reino dentro del departamento a esas horas de la mañana; las largas cortinas azul oscuro mantuvieron un espacio entre sí para dejar pasar los primeros rayos matutinos. Sobre la gran cama dormía profundamente Natsuki, sumergida en aquel sueño solo concedido cuando compartía lecho con Shizuru. Giró entre las sabanas, abrazada a la almohada que minutos antes usaba su castaña.

Había un espejo de cuerpo completo colgado en la pared izquierda, poseía un marco de madera negro y era tan ancho que con facilidad podrían verse ahí tres personas. Por el momento, una sola le utilizaba, de hecho la mayoría de las ocasiones así era. Shizuru contempló su reflejo y debido al análisis tan profundo de sus facciones pareciese que veía su rostro por primera vez en años. Por un segundo bajo la cabeza, solo para ver su mano extendida, vacía y pulcra; volvió a alzar la mirada mientras suspiraba, ocultando en ese pequeño soplo de aire la verdad de todo. Por la mirada que se dedicaba, cualquiera hubiese dicho que era la juez en un juicio donde ella misma era la condenada.

No pudo parar de contemplarlos, esos ojos, sus ojos, de un rojo igual al de la sangre. Rebuscando dentro de las memorias más lejanas, era posible encontrarse con recuerdos de unos iris carmines rebosantes de inocencia. Orbes existentes antes de recurrir a la desesperación, a la locura de dolorosos latidos dados por un corazón fragmentado. Ojos sepultados en el pasado. Irrecuperables.

A veces hacia eso, contemplarse y terminar confirmando su mirada decía a gritos: Asesina.

Pero era extraño como se sentía al respecto.

Podía llegar a sentir la culpa asfixiándole, no obstante continúo respirando normalmente; hubiese mentido con el mayor descaro en caso de llegar a decir arrepentirse, pues, el remordimiento carecía de un sitio dentro de ella. Justo por eso era extraña la maldita percepción de culpa encargada de perseguirle a través del tiempo. ¿Cómo era eso posible? ¿Cómo sentirse culpable, sin arrepentimiento de por medio?

Lo pensó durante largas horas, anhelando encontrar la respuesta. Y ella creía tener una teoría: Cuando cometió aquella matanza, traicionó los pensamientos, valores y principios en los cuales solía basar su vida. Así que técnicamente la única razón por la cual sentía culpa, era el haberse fallado a sí misma.

Asesinó al Primer Distrito por Natsuki, en la búsqueda y propósito de mantenerle protegida.

Ahí la respuesta a la segunda parte del cuestionamiento; jamás caería en el arrepentimiento por que podía traicionarse mil veces con tal de crear un mundo adecuado para su princesa de hielo. Esa era la dura verdad, desalentadora desde el punto de vista de un tercero, pero nadie podría entenderlas, nadie comprendería nunca el crudo e imborrable acto representado en su mirada.

Observó de nuevo sus manos, imaginó los dedos, dorsos y palmas manchados de rojo, esa sangre podrida metida debajo de las uñas, impregnando su cuerpo con la asquerosa esencia de aquellos malditos bastardos. Bueno, imaginarlo era muy fácil después de haberle vivido.

Sonrió, con los labios repletos de ironía y dejes burlescos. El espejo le devolvió la sonrisa; aquel reflejo representaba la mescla de pasado y presente, porque ciertamente era la imagen de la Shizuru parada frente al espejo, con la complicidad de aquella que teniendo 18 años protagonizo una terrible masacre, era el conjunto de su estabilidad y su locura.

Era algo que estaba segura solo ella misma podía ver.

Claro, solo ella… y Natsuki.

Lento, la mueca desapareció de su rostro. Imaginó tener su naginata entre manos, recordó a la perfección el peso y la longitud de la filosa hoja, anhelando fugazmente poder cargarle así fuese solo una vez más. Y es que, antes fue tan natural materializarle, seguía siendo difícil aceptar dejó de poseer la marca hime.

Dijo muchas veces el conocimiento proveía poder, efectivamente, poseer secretos de otros y ocultar los suyos creó una enemiga compleja, calculadora, peligrosa e inestable; está última característica se unió a la descripción después del instante donde la situación alcanzo puntos drásticos, luego de ver develado su mayor secreto: el amor a Natsuki.

No obstante, agradeció desde el fondo de su corazón ya no danzar al son del carnaval hime. Tener aquella marca en su cuerpo significaría agonía, tragedia, sadismo, amistades perdidas, principios destruidos y voluntades derrumbadas; peor aún, significaría correr el riesgo de perderla a ella, a su Natsuki. Por eso, si, definitivamente era mejor jamás volver a ver aquella estrella roja.

Dejó de ver su reflejo. Por ese día fue suficiente de culpas acumuladas sobre un pilar de cuerpos sin importancia. Era seguro llegaría otra mañana en la cual volvería a llamarse asesina, también era seguro volvería a decir no se arrepentía.

La oji-verde despertó. –Buenos días Shizuru-. Su tono fue somnoliento.

-Buenos días Natsuki-. El reloj marcó las 7am.

El desayuno siempre conservó el primer lugar entre los momentos más acogedores de día, lleno de sonrisas cómplices, miradas enamoradizas, palabras verbalizadas en tono pícaro y sonrojos que le parecerían adorables. Sin importar el paso del tiempo, la cantidad de veces en las cuales vio esas mejillas colorearse de rojo, los reclamos de la menor por dichos instantes bochornosos; amaba seguir ocasionando sonrojos en Natsuki. Era muy cierto ¿No? Las costumbres tan arraigadas raramente cambiaban.

-¡Shizuru!-. Adquirió gran similitud a un semáforo. Las bromas acerca de sexo nunca fueron un tema que pudiese sobrellevar sin sentir hundirse en mares de vergüenza.

-Ara, como si no lo pusiésemos en práctica-. Quizá en verdad le brotaba un poco de malicia a la hora de avergonzarle.

Ambas salieron del departamento, y gracias al karma instantáneo ella perdió el "piedra papel o tijera" contra su novia; irían a la universidad en motocicleta. Tenían auto, por supuesto, de hecho el 70% de las ocasiones lo usaban para asistir a clases. En lo personal, prefería por mucho el coche, no obstante visto desde otra perspectiva el abrazarse al abdomen de Natsuki era una ventaja muy buena. Además, negarle usar su preciada motocicleta equivaldría a que la peliazul le negase beber su té matutino.

Fuera de la cochera, Kuga aceleró.

Se aferró con fuerza al marcado abdomen, encantada por ser la única con el privilegio de tocar dicho cuerpo. Cuando salieron del estacionamiento noto le observaban ciertos vecinos y procuró devolverles el favor mediante una frívola mirada semejante a la de Natsuki; le caían mal, se hacían los educados mientras creyendo nadie los escuchaba cuchichiaban chismes y críticas hacia ellas. Pero Shizuru Fujino de todo se enteraba, de uno u otro modo. Así que el desagrado era mutuo.

Si tales moradores del edificio departamental hubiesen estado enterados de lo ocurrido a quienes fueron una molestia para Natsuki, y también a aquellos a los cuales Shizuru considero un estorbo. Claramente ni siquiera se hubiesen atrevido a pronunciar sus nombres.

A mitad del camino tuvieron que parar en un semáforo, de esos con pausas tan largas que parecían descompuestos. Giró el rostro hacía la derecha al sentir alguien le miraba de un modo no precisamente amigable, en efecto, desde el lado contrario, parada en la acera, una pelirroja le veía deseándole muerte lenta y dolorosa. ¿Quién era? Nada más ni nada menos que Nao Yukki.

Por supuesto, pocas personas llegaron verle con tanto odio como aquella muchacha. Desgraciadamente tenía la mala fortuna de coincidir en constantes ocasiones con ella; estaba segura era casualidad, Nao no querría topársela aunque de eso dependiese su vida. Las nítidas imágenes llegaron a su cabeza, brindándole con lujo de detalles el día en que eliminó al child de Nao y por poco a ella… de no ser gracias a la repentina piedad de Natsuki.

La chica la odiaba.

Shizuru acepto el hecho tranquila, sabiendo era totalmente responsable de aumentar el odio que de por sí ya le tenían, a conciencia de haber ocasionado traumas imborrables al volver a romper a una persona ya rota. Sabía era culpable y sin embargo no sentía culpa.

Rompió el contacto visual una vez Natsuki aceleró de golpe.

Cuando llegaron a la universidad, las manecillas indicaron faltaba una hora para su primer clase. Con su novia manejando, siempre acababan en sus destinos con tiempo de sobra. Tomadas de la mano rondaron a través del campus hasta sentarse en la cafetería más cercana.

El vapor de dos cafés se entrelazaba sobre la mesa. –Estuviste viéndote al espejo de nuevo, ¿cierto?-. Subió la mirada, conectándose con la de ella. Era maravilloso ver esos ojos esmeralda despejados de frialdad, y era aún mejor saberse responsable de ello. Movió los dedos, apenas tocando el borde de su vaso.

-Si-. Jamás fue una mujer de rodeos. Sabía Kuga conocía ese pequeño y destructivo hábito. Poseer tatuado en los ojos el minúsculo detalle de ser una asesina en masa, acarreaba desventajas como el hecho de no poder ocultarlo.

Le rodearon en cálido abrazo, una acción que extraño bastante a los trabajadores de la cafetería, ¿La hostil Kuga mostrando afecto? Mundo loco… –Ese día yo no te detuve-. Natsuki detestaba con toda su alma que se martirizara, el pasado debía quedarse atrás, a fin de cuentas cambiarlo estaba fuera de sus manos. –Hiciste eso por mí-. En ese tiempo de adolescentes cometieron innumerables errores. –No me importa la sangre con la cual te manchaste, te ensuciaste las manos sólo para protegerme-. Fue un acto de locura pasional llevado a los extremos, la mayor locura siendo sinceros, con resultados demasiado sangrientos.

Natsuki entendió aquella obra de violencia representó los actos de amor más incondicional que llegaría a ver en su vida. Era un amor enloquecido, innegablemente, pero era el amor que Shizuru le tenía. –Así que, si seguirás sintiendo culpa, compartiré tu sentimiento, hasta que entiendas que…-. Le beso de modo lento, cálido y apasionado. Después separó sus labios, apenas los milímetros necesarios. -Tú nunca has sido la mala de esta historia-. Ya después de consolar a su castaña podría volver a la misma conducta fría de siempre.

Pequeña lágrima fugitiva rodó por su mejilla, los rojizos ojos se vieron cristalizados y gracias al cielo sabía tendría quien secase esas lágrimas. –Natsuki-. Tal como suponía, la peli-azul estaba al tanto de todo, sabía ambas conocían el reflejo contemplado en el espejo, sabía su princesa de hielo podía ver perfectamente la muerte en sus ojos carmines.

Y a Natsuki eso no le importaba.

–Te amo-. Tanto el cielo como infierno sabían el peso de esas dos palabras.

-Te amo Shizuru-.

Tarde o temprano volvería a sentirse asfixiada. Se pondría frente al espejo, vería tras de sí a la muerte ofreciéndole usar su guadaña y le tomaría entre dedos si eso protegía a la mujer de frívolos ojos esmeralda.


Pido una disculpa a quienes leen alguno de mis otros fics, se que ha pasado bastante sin que actualice, pero el tiempo me juega en contra. Lose no tiene coherencia saque esta pequeña historia y las demás no XD, pero así funciona mi mente, yolo.