hola!!
aqui esta mi segundo cap..
espero que les guste!!
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Capítulo 2: Desahogándose
Draco llegó a su habitación y cerró de un portazo. ¡Su propia hermana lo había dejado solo en aquella estúpida casa! Se dirigió a su cama, pero encima de ésta vio un sobre. Lo tomó y se dio cuenta que era de su hermana para él. Lo abrió con manos temblorosas.
Draco:
Ya sé que debes de estar muy enojado porque me fui de casa sin siquiera decírtelo. De verdad lo siento mucho, yo te lo hubiera dicho, pero fue algo de improvisto.
Todo fue porque el estúpido de Blaise me besó. El pobre debe de tener la marca de mi mano aún marcada en su cara (Draco sonrió. Ahora que hacía memoria, cuando llegó al living vio que Blaise tenía una marca roja en la mejilla. Pero él trató de ocultarla. Bien merecido se lo tenía)
No sé dónde voy a ir, quizás vaya a Hogwarts, quién sabe. Pero lo único que te puedo decir es que nos vemos el uno de septiembre sí o sí. Ahora que lo pienso mejor, sí voy a ir a Hogwarts, aunque quede un mes para entrar a clases, espero que el profesor Dumbledore me deje.
Draco, recuerda tratar de fingir que vas a estar feliz de ser un estúpido Mortífago. Si quieres, cuando estemos los dos en Hogwarts, podemos hablar con el profesor Dumbledore, no antes sin decirme qué es lo que te van a obligar a hacer. Tenemos que ser espías. Bueno, con todos los años que hemos estado rodeados de Mortífagos, sabemos mucho, quizás esa información sirva. Pero no le voy a decir nada al profesor Dumbledore hasta que tú estés conmigo.
Recuerda que te quiero mucho, no lo olvides, y perdona de nuevo por haberme ido así. Te lo aclararé mejor cuando nos veamos.
Tu hermana que te quiere mucho…
Magdalena
P.D.: por cierto, si veo a cierta castaña con ojos color miel, no tendré ningún problema en decirle que le mandas muuuuuuuuuuchos saludos.
Draco terminó de leer la carta, sonrojado por lo último que había escrito su hermana. Aquella castaña y de ojos miel era una de las razones por las cuales no quería ser un Mortífago. Ella era hija de muggles, por lo tanto, tendría que tarde o temprano matarla si se convertía en uno. Suspiró. Su hermana tenía razón, tenían que decirle todo a Dumbledore, no por nada era el mago más grande de todos los tiempos, aparte del chiflado que estaba en el lado oscuro.
Guardó la carta en su mesa de noche, se estiró en su cama y sin darse cuenta, se quedó dormido, soñando con cierta castaña.
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Magdalena entró corriendo al colegio, y siguió corriendo hasta que llegó frente la gárgola que daba al acceso hacia el despacho del director del colegio: Albus Dumbledore. Pronunció la contraseña y la gárgola se movió, dando paso a la escalera de caracol, la cual subió la chica, temblando por los nervios. Se paró al frente de la puerta. Respiró hondo y la tocó.
- Adelante – se escuchó la voz del director.
La chica respiró hondo, nuevamente, y abrió la puerta.
El anciano de pelo y barbas largos, color plateado y los ojos color azul que estaban detrás de unos anteojos de forma de medialuna, la miró sorprendido.
- Señorita Malfoy – le dijo, mientras le indicaba que se sentara.
Ella cerró la puerta tras de sí y se sentó al frente del director, tímidamente y con algo de vergüenza. Evitó la mirada del sabio anciano.
- ¿Qué la trae por aquí? – le preguntó con curiosidad.
- Yo… bueno… yo… - ella no sabía cómo decirle la verdad – es que yo… - respiró hondo para tratar de calmarse – es que yo le quería pedir algo, señor – dijo al fin.
- La escucho, señorita Malfoy – le dijo amablemente Dumbledore.
- Yo… yo le quería preguntar si me puedo quedar aquí, en Hogwarts, hasta que acaben las vacaciones – le dijo ella tímidamente, aún sin mirar los ojos de su director.
- ¿Pasó algo? – preguntó él, preocupado.
Ella, por primera vez desde que había entrado a la oficina del director, lo miró a los ojos, y asintió con la cabeza.
- Sí, señor, me fui de casa – le respondió ella mientras sentía que sus ojos se llenaban de lágrimas, las cuales intentó que no cayeron de sus ojos, pero fue imposible – ya no aguantaba más a mis padres, aparte que me quieren obligar a casarme con Blaise Zabini.
Dumbledore la miró detenidamente.
- No tengo ningún problema en que se quede aquí, señorita Malfoy.
- Muchas gracias, señor – le dijo ella secándose las lágrimas - ¿dónde me quedo?
- Venga – dijo él y ambo salieron del despacho del director.
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Hermione Granger se despertó sobresaltada. Había tenido un sueño muy raro, pero era un sueño que tenía desde hacía una semana más o menos. Se secó el sudor de la frente y se sentó en la cama. Escondió su rostro en las manos y luego miró a su alrededor. En otra cama había una chica pelirroja durmiendo plácidamente. Sonrió.
Se encontraba en la Madriguera, casa de uno de sus mejores amigos: Ron Weasley. Le gustaba estar ahí, se sentía muy a gusto, aparte que la noche anterior había llegado otro de sus mejores amigos: Harry Potter, aunque claro, se notaba que estaba mal¿cómo iba a estar bien si su padrino, al único que veía cómo padre, lo más cercano a ello y a quién quería mucho, estaba muerto?
Suspiró, se levantó de la cama y se dirigió hacia la ventana. Vio que estaba amaneciendo, ya que algunos rayos de sol salían entre las montañas. Sonrió, debían de ser como las seis y media, siete de la mañana.
Se dirigió a su baúl, sacó su ropa y se dirigió al baño. Dejó todo encima de la tasa del baño, dio el agua de la ducha, se desvistió y se metió bajo el agua. Mientras se duchaba, pensaba en el sueño.
Su sueño de trataba de cierto rubio de ojos grises, en el cual él le decía que no seguiría los pasos de sus padres por que la amaba. Hermione sonrió irónicamente al pensar en el sueño. Aún no podía comprender cómo se había enamorado de él, lo único que sabía era que, a pesar de los insultos y todo, lo amaba, pero todo lo que decía en su sueño era… un sueño.
Salió de la ducha, se secó, se vistió y se cepilló el pelo. Salió del baño y bajó hasta llegar al living, donde vio, sorpresivamente, a Harry.
- Harry¿qué haces despierto a estas horas? – le preguntó mientras se sentaba a su lado.
- No podía dormir¿y tú? – le respondió él, y a la vez le preguntó de vuelta.
- Lo mismo – le respondió ella sonriendo.
Se quedaron en silencio, cada uno metido en sus propios pensamientos, hasta que Hermione lo miró y preguntó, preocupada:
- Harry¿estás bien?
- Sí¿por qué? – respondió Harry sin mirarla.
- Harry, no me mientas – le dijo ella.
- Entonces si sabes que no estoy bien¿para qué preguntas? – le dijo él, pero no lo dijo de mala forma, más bien lo dijo algo angustiado.
- Sí, tienes razón – suspiró ella, y ambos se quedaron en silencio, cada uno metido en sus propios pensamientos, nuevamente.
Luego de una media hora bajó Ron, quien los miró con el ceño fruncido al verlos tan juntos.
- Hola, Ron¿qué tal estás? – lo saludó amablemente Hermione.
- Bien – respondió algo frío.
- ¿Pasa algo, Ron? – preguntó Harry.
- No, no, nada – dijo él, más tranquilo.
- Bueno¿hay que ir a tomar desayuno? – preguntó Hermione.
- Sí, mi madre ya nos está esperando – respondió Ron.
- Perfecto – dijo Hermione, se levantó y se fue al la cocina.
Tomaron desayuno tranquilamente, hablando de cosas sin importancia, hasta que les dieron una noticia.
- Chicos – dijo el señor Weasley – según el profesor Dumbledore, tienen que ir a un lugar más seguro.
El resto lo miró con el ceño fruncido.
- ¿Dónde, papá? – preguntó Ginny.
- A Hogwarts – respondió él.
El resto lo miró con los ojos bien abiertos.
- ¿A Hogwarts? – repitió Ron y su padre asintió - ¿Y cuándo?
- Hoy mismo – respondió el señor Weasley – en la tarde.
- ¿Hoy? – preguntó Ron.
- ¿En la tarde? – preguntó Harry.
- ¿Por qué? – preguntó Hermione.
El señor Weasley los miró unos segundos en silencio, hasta que empezó a responder las preguntas por orden.
- Sí, se van hoy en la tarde porque… bueno… - miró a Harry – la verdad es que eres tú el que tiene que ir a Hogwarts – Harry lo miró sorprendido – pero, conociendo a Ron y Hermione, ellos te querrían acompañar¿no? – Los miró y ambos asintieron de inmediato – entonces ya le avisé al profesor Dumbledore que ustedes van¡ah! Ginny – la chica lo miró – tu también vas a ir, aprovechando que van a estar en Hogwarts. Van a tener un día para poder ir a comprar sus cosas – los miró un momento, en silencio – y bueno – dijo, sobresaltándolos a todos - ¿qué esperan para preparar sus maletas¡se van en unas horas¡muévanse, rápido!
Los cuatro chicos no necesitaron oírlo dos veces. Los cuatro se levantaron y fueron corriendo a ordenar sus baúles.
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Magdalena miró su habitación, contenta. La sala se encontraba en el séptimo piso y era muy bonita. Cuando uno entraba, al medio de la sala se encontraba con una chimenea, tres sillones alrededor de ésta y una mesa de centro. A su izquierda, donde había una ventana, se encontraba con una mesa y con cuatro sillas, y a su derecha también había una ventana, y alrededor de ésta, en las paredes de ambos lados, unos muebles llenos de libros, y una estantería más chica para dejar tus propios libros. Detrás de los sillones había una puerta, la cual conducía a un pasillo, con una pequeña ventana al final, y había dos puertas a los lados, de frente, las cuales daba a dos habitaciones, cada una con su baño. Ella había elegido la del lado derecho y se encontró con una habitación muy amplia. La cama estaba al lado de la puerta, apegada a la pared y con un velador al lado izquierdo. Al frente de ella había un ventanal que daba paso a un balcón grande. Al lado del ventanal había un escritorio apegado a la pared con una silla al frente. Al lado izquierdo de la puerta había dos puertas más: una que daba al grande baño y otra al amplio closet.
Ahora Magdalena se encontraba en la cama, mirando a su alrededor contenta. Estaba tan feliz de estar fuera de casa, pero a la vez triste. Sí, triste porque echaría de menos a su hermano. Lo quería mucho y ella era la única que había derretido el hielo de sus ojos y poder ver lo que expresaba cada vez que la veía. Amor, cariño, no por nada eran mellizos, aparte que entre los dos se conocían como la palma de sus manos.
Estuvo unos minutos más allí, pensando, hasta que se le ocurrió una idea. Se levantó de la cama y salió por el cuadro de unas bailarinas de ballet que estaban ensayando una coreografía mientras su profesora se las enseñaba. Caminó por los desiertos pasillos del castillo hasta que se encontró en el exterior, camino a una casa que estaba al borde del Bosque Prohibido. Llegó frente la casa y tocó la puerta. El semigigante abrió la puerta, y al verla, sonrió.
- Magdalena, que agradable sorpresa – le dijo él.
La chica le sonrió tímidamente.
- Sí – fue lo único que dijo mientras se sonrojaba.
- Bueno, pasa – le dijo Hagrid y se hizo u a un lado para que la chica entrara. El hombre la miró con satisfacción – bueno, siéntate – le ofreció una de las grandes sillas que había alrededor de una gran mesa.
- Gracias – dijo ella en un tímido murmullo.
- Bueno – dijo Hagrid luego de unos segundos en silencio – ¿a qué se debe tu visita?
- Bueno, tú me preguntaste a qué se venía mi vista aquí y por qué estaba mal cuando llegué – lo miró – te vengo a decir todo.
- Hagrid la miró, sorprendido, y Magdalena le sonrió dulcemente, para luego empezar a contarle el por qué se escapó de casa, mientras las lágrimas escapaban de sus ojos.
Hagrid la escuchó en silencio, haciendo de ves en cuando algunos comentarios, pero en el momento preciso. Cuando Magdalena terminó de hablar, Hagrid la miró.
- Me da mucha pena lo que te pasó, Magdalena – le dijo Hagrid – pero pienso que ibas por un mal camino si es que le seguías los pasos a tus padres.
- Sí, gracias a Dios que saqué algo de valentía y escapé de allí, pero lo que me preocupa es Draco – bajó la mirada – lo dejé solo en casa. Quizás qué cosas le estarán haciendo mis padres – dijo en un susurro.
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- ¿Estás seguro de lo que dices, Draco? – le preguntó su padre.
- Sí – respondió él – no sé nada de ella – miró el cielo que se estaba oscureciendo y en el cual estaban saliendo las primeras estrellas – si lo supiera te lo habría dicho, sé lo preocupados que están – mintió el chico.
"Preocupados" – espetó él – "Jamás estarían preocupados por nosotros, lo único que quieren es que estemos aquí para luego entregarnos al estúpido de Voldemort y así decir que el apellido Malfoy es el más temido de todos porque toda la familia le pertenece a Voldemort" – arrugó la frente, haciendo que sus cejas rubias formaran una línea – "A mí me daría vergüenza"
- Bueno, cualquier cosa que sepas nos avisas – le dijo su madre y ambos salieron de la habitación del chico.
Draco se estiró en su cama, mirando el techo.
"Magda tiene razón. Ojalas tuviéramos una familia como los Weasley. La única que me daba amor y cariño es ella, y ahora no está" – una lágrima cayó de sus ojos grises, cayendo hasta que se perdió en su pelo rubio – "espero que esté bien y que me eche de menos tanto como yo a ella"
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fin del segundo cap!!
que les parecio???
espero que les haya gustado...
espero sus reviews!!
chau!!!
