Capítulo dos:
Un Brujo Acumulado
Los arboles ya estaban perdiendo todas las hojas. Las nubes acompañaban todos los días al sol, pero aún así, el clima estaba maravilloso, lo suficientemente templado como para no hacer frio, y lo suficientemente soleado como para no sentirse como un hielo bajo el sol.
Pero eso no le importaba en lo más mínimo a Ron Weasley.
Estaba en su baño, más específicamente en su ducha, recién había cortado el suministro de agua, por lo que estaba todo mojado y se acomodaba una toalla en las caderas. Se había levantado tan temprano como los demás días, empapado en sudor como todos los demás días y con una gran erección… como todos los demás días. Agradecía a Merlín que Harry ya no durmiera en su habitación porque no hubiese podido soportar el mismo espectáculo de gemidos y sudor entre sueños.
Porque él, Ronald Bilius Weasley, parecía un volcán de hormonas.
-Ya estás bastante crecidito para esto- murmuró mirándose al espejo mientras sacaba su cepillo y el dentífrico-, es normal en un niñito de doce años, pero tú…
Tenía razón. Todos los adolescentes de doce años experimentaban esos sueñitos húmedos y subidos de tono, era completamente normal. Ahora, que un adolescente de dieciocho los experimente, eso es otra cosa.
-No puedo soportarlo más- murmuró enjuagándose la boca-, ¡Ésta situación es absurda!
No había nada de absurdo en tener un sueño calenturiento, eso es la parte normal, lo anormal es tenerlos con tu novia de cuatro meses, a quien vez seguido, muchas veces en habitaciones vacías. Hacía sólo unas semanas ella le había confesado sus deseos de que él la tocara, y Ron no lo podía creer, una vocecita en su interior le gritó "¡Adiós sueños, pasemos a la acción!"
Oh, sí, pasaron a la acción. Pero no la clase de acción que él quería.
Ése mismo día le había tocado los pechos. Según sus cálculos basados en el libro sobre citas que le habían regalado sus hermanos, sólo le faltaban tres citas más y ya estaría con su problema solucionado sin tener que recurrir al "autoservicio". Pero no, ¡Claro que no!, habían pasado tantas citas que él había perdido la cuenta, y en todas ella se conformaba con esas caricias en sus pechos y nada más.
Parecía que Hermione Jane Granger le hubiese instalado un cinturón de castidad.
Era impresionante. ¿Cómo podía obviar su permanente estado de excitación? Él no hacía nada para evitarlo, es más, hacía todo para acentuarlo, para que ella notara que el bulto en sus pantalones no era su billetera ni nada por el estilo, que era una desesperada y gran erección. Pero nada, nada de nada, sólo un par de brazos en su cuello y unos besos espectaculares, ¿Qué era lo que ella quería? Y no me malentiendan, le encantaba tocar esos pechos, le encantaba que ella disfrutara de sus caricias, le encantaba que lo abrazara y suspirara su nombre, pero él también quería algo.
Levantó los ojos para verse en el espejo. Estaría con ella en cualquier minuto.
Lo volvía loco, pensaba todo el día en ella, la amaba con todo su corazón. Le encantaba que fuese la bruja más inteligente de Hogwarts, que estuviera con ellos siempre, que no se interesara en las mismas cosas que las otras chicas. Cuando estuvieron buscando los Horrocruxes, él solía mirarla de reojo pensando cómo sería cuando él le confesara su amor, cómo serían sus besos, a qué sabría su piel. Y ahora que lo sabía su amor por ella no había decaído, al contrario, crecía cada día más.
Lo único que empañaba su felicidad era su pequeño problemita nocturno-matutino.
Terminó de vestirse y bajó las escaleras, se despidió de su madre y salió. El viento estaba exquisito y decidió disfrutarlo hasta llegar a la parada del autobús. No había apuro, estaba bien en la hora y además sabía que a Hermione le gustaba que él llegara a la hora exacta. Sonrió. Siempre había sido así, mojigata para algunos, divina para él. Recordaba cuando George lo había visto salir de la ducha con las mejillas sonrosadas pero con el pelo goteando agua fría.
-¿Segunda ducha del día, enano?- preguntó con malicia.
-No molestes- había respondido él, George subió una ceja.
-No hay para qué molestarse, Ronnie, tú sabías como era Hermione cuando empezaste con ella- dijo con tono casual, Ron se volteó para verlo.
-¿A qué te refieres?- preguntó un poco molesto, no le gustaba que opinaran sobre Hermione, para él era perfecta.
-Ya sabes, que sigue las reglas, que es muy correcta- explicó eligiendo una revista de Quidditch y abriéndola-, además de medio mojigata.
Casi lo había matado, si por él fuera, ojalá nadie hablara de Hermione, pero lo triste era que esa era la verdad, Hermione era muy santurrona y eso lo sabía, ahora demasiado bien para su gusto. Tocó la puerta de la casa de su novia, al cabo de unos segundos ella le abrió y se lanzó a sus brazos.
-Te estaba esperando- dijo sonriendo y jalándolo de un brazo hacia adentro-, mis padres no están.
-¿No?- murmuró Ron, Hermione se veía radiante, cerró la puerta y volvió a lanzarse a sus brazos.
-¿Tienes hambre?- le preguntó-, ¿Quieres que te prepare algo?
-Eso depende- respondió él atrayéndola hacia sí con sus fuertes brazos.
-¿De qué?
-De cuanto se demoren tus padres en volver- respondió, Hermione volvió a sonreír.
-Llegaran en un par de horas- murmuró, Ron se mordió un labio.
-Entonces deberíamos darnos prisa- dijo poniendo cara de cachorrito, Hermione lo besó en los labios y luego lo jaló del brazo hasta las escaleras, llegaron a la habitación de la chica besándose entre risitas, se recostaron dándose muchísimos besos, Ron comenzó a mordisquearle suavemente el cuello intentando no dejar ninguna marca, hasta que ella lo volteó para sentarse a su lado e intentar quitarse su camiseta, sin embargo se detuvo al ver sus ojos algo turbados.
-¿Estás bien?- preguntó acercándose, Ron miró sus manos-, Ron, ¿Estás bien?
-Sí- afirmó sin dejar de ver sus manos, luego cerró los ojos-, digo, no, no lo sé…
-Ron, puedes decirme todo, ¿Qué tienes?- preguntó preocupada, Ron se acomodó para quedar sentado en la cama.
-Es que, estas veces, cuando estamos juntos- comenzó a explicar- todo es maravilloso, no me malentiendas- Hermione asintió-, pero siempre, ya sabes, hacemos esto, yo te toco y tú…
-… ¿No hago nada?- completó, Ron sintió levemente.
-No me malinterpretes, Herms, yo te amo y adoro tocarte y que lo disfrutes, pero a mi también me pasan cosas…
-Lo he notado- murmuró Hermione, Ron levantó la vista avergonzado-, es un poco difícil dejar de notarlo- agregó rodando los ojos-, pero yo… Ay, Merlín, me da vergüenza decírtelo.
-Dilo- dijo Ron-, por favor.
-Yo no sé… no sé que hacer- confesó Hermione, Ron sonrió-, ¡De verdad que no lo sé!, ay, debo ser la peor novia del mundo- dijo tapándose la cara.
-Hermione, ¿Quieres dejar de ser tan dura contigo misma?- dijo Ron acercándose para abrazarla-, está bien, no quiero que te sientas presionada- la besó suavemente rodeándola con sus brazos, Hermione lo recibió con cariño pero a la vez llevando el mando. A Ron no le importaba, él se dejaba querer, le encantaba que Hermione fuese dominante en los besos, así le daban ganas de quitarle el mando y una gran lucha de lenguas y pasión se desataba. Tal como ahora. Se habían vuelto a recostar quedando Ron abajo y Hermione ladeada sobre él, entonces ella bajó la cabeza hasta su cuello el cual comenzó a besar delicadamente mientras su mano de deslizaba hasta el pantalón, tomando fuertemente la parte de la entrepierna. Ron soltó un gemido separándose un poco.
-¿Qué haces?- preguntó un poco sobresaltado con el contacto.
-¿Te… dolió?- preguntó algo nerviosa quitando la mano.
-No… pero de verdad, no te sientas presionada, Herms- murmuró, Hermione posó su dedo índice sobre sus labios.
-No me siento presionada, digamos que ésta es mi idea- volvió a besarlo, dejando que su mano volviera al lugar donde había estado pero sin hacer la misma presión de antes, provocándole un gemido muchísimo más relajado que el anterior. Ron comenzó a relajarse disfrutando los blancos dedos de la chica acariciándolo, sin embargo maldijo la existencia de los jeans entre ellos. Los labios de Hermione se dirigieron a su cuello mientras que sus dos manos se dirigían al cierre del pantalón, ¿Qué esta chica sabía oclumancia?, se separó de su cuello para poder bajar los pantalones hasta la altura de las rodillas.
La respiración del pelirrojo se hizo agitada.
Notó como las mejillas de Hermione se coloreaban de carmesí. Tenía los ojos pegados en sus bóxers negros, luego acercó su mano tímidamente y lo tocó, logrando que Ron soltara otro gemido y se estremeciera un poco, el contacto de su mano tibia haciendo movimientos suaves lo volvía loco. Cerró los ojos sintiendo cómo Hermione volvía a recostarse junto a él, besando su cuello y labios, logrando que su mano se volviera experta en esos movimientos precisos. No sabía qué era lo qué más le gustaba, si el placer que sentía en su entrepierna o la lengua de su novia en el lóbulo de su oreja. Sintió como sin separarse de su cuerpo ella le estaba despojando de la única prenda que tapaba su miembro y tocaba, ya sin ningún intermediario, su pene.
Notó que Hermione volvía a separarse un poco, sólo un poco, para mirarlo.
Ron sintió como volvía a acercarse a sus labios, mordiéndolos suavemente mientras su blanca mano hacía un movimiento hacia arriba y hacia abajo. El corazón le palpitaba fuerte, mandando toda la sangre justo a la parte que Hermione tenía entre sus dedos. Acercó su mano y alejó la de su novia sentándose de golpe.
-¿Qué pasa, no te gustó?- Preguntó Hermione un poco decepcionada.
-No, está muy bien, pero debemos detenernos- dijo Ron con la respiración agitada- porque si no nos detenemos yo, bueno…
-¿Vas a acabar?- preguntó la castaña, Ron se sonrojó y asintió-, ay, Ron, eso es exactamente lo que quiero que hagas- y sin esperar respuesta volvió a hacer lo que estaba haciendo antes de que la interrumpieran, obligándolo a recostarse para besarlo. El pelirrojo sentía que quizá no aguantaría mucho, además los labios de Hermione retenían los suyos en un beso perfecto. La abrazó fuertemente posicionando su mano en uno de sus firmes pechos en el momento en que comenzó a sentir que su cuerpo se tensaba en pequeñas convulsiones y una gran explosión de placer.
Sonrió llevándose una mano a la cabeza.
Abrió los ojos. Hermione le dio un beso en la mejilla y se levantó para entrar al baño. La vio irse y se sintió feliz, la amaba y la deseaba. Se arregló la ropa hasta que ella salió y se acercó para recostarse a su lado, abrazándolo sonriente, el la abrazó también dándole un beso en la frente.
-¿Te gustó mi idea?- preguntó, Ron sonrió.
-Claro que me gustó tu idea- le respondió, Hermione sonrió-. Siempre he pensado que eres la bruja más inteligente que alguna vez pisó Hogwarts, pero ahora veo que eres la bruja más inteligente que alguna vez pisó la tierra.
