Capítulo I: El último pueblo
Parte 1
Apretó los dientes con fuerza. Sentía el latido de una vena en la sien. Tenía los ojos cerrados. Intentaba quitar de su mente toda mínima conexión con sus cinco sentidos. Misión Imposible. La vez de su padre penetraba sus oídos con decibeles espantosos. El fuerte olor a sudor lo mareaba. Podía sentir esas mínimas gotitas de saliva que golpeaban su cara cada vez que un nuevo sonido emanaba de aquella boca.
Tenía las uñas enterradas en la palma de la mano. O casi, pues las había recortado el día anterior para evitar lastimarse hasta sangrar otra vez. Si tan sólo pudiera dar un poco de impulso a sus brazos... No, debía controlarse. Debía comportarse. El hijo adolescente de un soldado debía guardar normas de conducta. Si no, el entrenamiento en batalla de ese mismo soldado podía volverse en su contra.
Los gritos de siempre. Su padre jamás perdía la voz. Años de práctica dándole órdenes a sus subordinados. El mismo volumen, a un palmo de su rostro.
- Mírame cuando te hablo, - le ordenó. Años de costumbre, Greg obedeció. No es que quisiera mirarlo. Es que sabía lo que le esperaba si no obedecía. Así que levantó sus ojos grises para encontrarse aquella mirada glacial que tanto odiaba. – Eres un inútil. – El mismo tono que dedicaba a sus reclutas. Como si él fuera uno más entre sus filas de inadaptados. - ¡Contéstame cuando te hablo!
- ¡Sí, señor! – le gritó, cerrando los ojos otra vez. A pesar de ya no verlo adivinó esa sonrisa maliciosa que ponía cada vez que lo obligaba a aceptar sus insultos sin más.
- ¿Ya ves cómo tú también lo reconoces? – le espetó, su tono de voz había descendido hasta sonar a balbuceo. – Quítate el suéter, las botas y el cinturón... y ponte ese pantalón de pijama que te compró tu madre en el verano. Hoy duermes afuera.
Lo vio girarse y salir de su habitación. Y cerrar la puerta de un golpe. Dos segundos más tarde la volvía a abrir. Y Greg no iba a volver a cerrarla. Ni siquiera para mantener su privacidad mientras se cambiaba de ropa. Si llegaba a hacerlo le hubiera esperado una buena tanda de patadas en las rodillas, como aquella única vez cuando tenía trece años y se atrevió a hacer frente a la regla de "papá es el único que abre y cierra puertas".
En menos de un minuto quedó en camiseta de tirantes y medias, y se puso el pantalón fino que le había indicado su padre. Ni se molestó en maldecir que le apretara en la entrepierna y que apenas le llegara al borde de los zoquetes. Le quedaba chico, y el maldito lo sabía. Se lo había hecho poner a propósito.
Salió de la habitación a paso firme, dirigiéndose a la puerta trasera. Se le puso la piel de gallina al primer contacto con el aire frío de principios de marzo. De la primavera acechante no había ni rastros.
Escuchó la voz de su padre en la otra punta del patio, llamándolo. Y al acercarse le pareció que lo miraba con odio. Y le señaló un rincón bajo el cobertizo del coche que ahora estaba en el taller.
- Ahí te quedas hasta la mañana.
Greg asintió con la cabeza. Si llegaba a abrir la boca su padre escucharía el castañeteo de sus dientes. Firme en su lugar lo vio entrar a la casa y cerrar tras de sí con otro golpe.
Miró a su alrededor con disimulo. Sabía que su padre lo observaba desde la ventana de la cocina. Y así sería por una hora más, cuando se fuera a dormir. Recién entonces Greg podía hacer algo para paliar el frío. Sentarse, quitarse los calcetines y frotarse los pies. Insuflar aliento entre sus manos juntas. Flexiones de brazos, cinco, seis, diez series. Trotes alrededor del patio, veinte, treinta, cien vueltas. Tomar algo de la reserva de dulces que tenía escondida tras un ladrillo en la pared del fondo del cobertizo. Hidratos de carbono con que se inyectaba energía. Y algunas series de abdominales. Seguro que ya habría batido el récord mundial. Lástima que nadie lo supiera.
A las cinco en punto de la mañana escuchó el despertador de su padre sonar apenas dos segundos, y volvió a la posición que éste le había mostrado. Diez minutos más tarde lo vio salir al trote con su uniforme de campaña rumbo al trabajo.
...
