Capitulo dos

Luna pov:

Solté la piedra porque sentí que ésta me quemaba la piel.

Todo a nuestro alrededor se volvió blanco cuando dejó de girar, y aterrizamos en el suelo de espaldas.

A medida que nuestros ojos volvían a visualizar, nos dimos cuenta que nuestro entorno había cambiado, ya no nos encontrábamos en el parque, sino que estábamos en un bosque muy frondoso.

Nos paramos de repente sorprendidas y me asusté al darme cuenta de lo que había hecho… Oh por qué debía ser tan curiosa.

Nos miramos. No podíamos ni hablar de lo sorprendidas que estábamos, pero aun así Emma miraba a su alrededor sorprendida por la naturaleza que nos rodeaba.

Estábamos asustadas y desamparadas sin saber qué había pasado ¿Sería todo un sueño?

-¿Dónde demonios estamos? –preguntó Natalie.

Los altos arboles apenas dejaban pasar los rayos del sol, estábamos casi en la oscuridad y el frío nos helaba y nos hacía temblar. Parecía que allí era invierno.

Luego de salir un poco del estado de shock, Emma nos miró y respondió y dijo lo obvio.

-Parece ser un bosque. –Y en broma agregó- parecería que es la Tierra Media.

-No, no puede ser, no existe tal cosa –protestó Natalie.

Reí nerviosamente sin saber qué haríamos y temiendo que no fuera un sueño y realmente estuviéramos en otro lado.

-¿Tendrá algo que ver la piedra? –preguntó Emma mirándola en el suelo mientras la pateaba con el pie y luego miró a Natalie.

De repente sentimos un ruido a lo lejos de pisadas y el crujir de las hojas y las ramas en el suelo. Sentimos que nos observaban y nos pusimos en guardia de espaldas las tres formando un triángulo.

Agarré mi báculo en caso de que pudiera defenderme pegándole a lo que fuese que llegara, decidida a defenderme a mí y a mis hermanas a toda costa.

El ruido iba aumentando cada vez más y miré hacia mis hermanas.

Nat todavía estaba con la cámara en mano y parada como una estatua, a la vez que Emma había tomado la réplica de la espada Dardo de su colección, también esperando que sirviera para algo.

Éramos dos frikis y una nerd en el medio de un bosque en quién sabe dónde intentando defendernos con armas de juguete. Cualquiera diría que damos vergüenza.

Mi barba me picaba y era molesta, pero no me importaba, porque el mal comenzaba a sentirse en la naturaleza misma, de alguna manera se sentía el peligro a medida que todo iba oscureciéndose.

–Luna –dije para mis adentros–, recuerda cómo se defendía Gandalf.

Sentimos ruido desde los árboles y miramos hacia arriba.

Horribles criaturas comenzaron a lanzarse sobre nosotras y juraría que era orcos.

Y lo eran.

También comenzaban a llegar por la tierra.

Los orcos comenzaron a rodearnos.

Miré a Emma, ella sabía al igual que yo lo que eran esas criaturas.

Emma al saber qué eran y que Natalie no tenía con qué defenderse la tomó y la puso detrás de ella.

–Cuidado con la cámara –gritó Nat.

Los orcos me miraban raramente y me pregunté por qué. Entonces, me di cuenta que yo era Gandalf.

Se acercaron cada vez más y empecé a alejarlos con mi báculo. Aquellas tontas criaturas creían que eran de verdad.

Parecía que ya sabían que nosotras terminaríamos en aquel lugar y nos estaban esperando. Me parecía extraño.

Lamentablemente no pude mantenerlos alejados mucho tiempo ya que eran muchos. Así que tuvimos que empezar a pegarles con las armas.

Emma se vio en el apuro de soltar a Nat y así quedamos separadas las tres mientras intentábamos sobrevivir.

Nat, al ver que un orco se le acercaba comenzó a gritar e impulsivamente le pegó con la cámara, para mi sorpresa, logró matarlo y toda la sangre negra y asquerosa salió volando salpicándonos.

Era una sustancia pegajosa.

– ¡Qué asco, sangre de orco! –gritó Natalie sacudiendo la cámara con cara de asco.

Pero Nat ignoraba que otra de las criaturas estaba atrás de ella.

– ¡Natalie! –grité, pero fue tarde, el orco ya la había atravesado un cuchillo envenenado por el abdomen.

Emma y yo corrimos hasta ella, pero nos tomaron mientras intentábamos llegar a ella. Nos agarraron de la cintura –ese momento me recordó a le escena de la Comunidad del Anillo, cuando agarraron a Merry y Pippin.

Nos llevaron a rastras alejándonos de nuestra herida hermana.

Gritamos, pero fue en vano, escapar nos era imposible. Intentamos pegarles, pero ellos nos pegaron más fuerte y a lo último fue tan fuerte en la cabeza que perdimos el conocimiento.

Desperté más adolorida de lo que jamás había estado en mi vida.

Y si el bosque era malo, esto era peor.

No sabía qué había pasado con Nat y tampoco sabía dónde estaba Emma. Todo lo que sabía se resumía en que estaba encadenada en lo que parecía ser un calabozo sucio con rejas.

La cabeza me daba mil vueltas, pero aun así pude levantar la cabeza y ver a través de la reja que en una celda de enfrente estaba mi hermana Emma –a quien reconocí por su cabello negro y vestido azul– en la misma situación que yo.

Me daba miedo por lo que había leído y lo que sabía que podían hacer, eran pura maldad.

De pronto, recordé algo, si llegáramos a estar realmente en la Tierra Media… Puede que estemos en dos lugares: Mordor –lo cual me ponía muy nerviosa porque podíamos estar en la Guerra del Anillo–, o en Dol Guldur, lo cual también me asustaba.

¿En qué edad del Sol estaríamos?

Aunque sin importar eso ¿Cómo hacemos para escapar?

Miré más detenidamente la habitación, era horrible. Había un cadáver al lado mío que emitía un asqueroso olor. Las paredes y el suelo estaban bañadas en sangre.

Tenía todo el cuerpo herido y me habían sacado la barba, aunque seguía con la túnica gris y el sombrero.

Vi que mi hermana se movía un poco con quejidos de dolor.

–Emma –susurré.

Y ella levantó la mirada.

– ¿Luna? –preguntó ella.

– ¿Qué sucedió? –pregunté.

–No lo sé…

–Tenemos que encontrar a Nat –dije.

– ¿Cómo puede ser que estemos en la Tierra Media?

–Siempre quisimos venir, pero esto no era lo que realmente queríamos.

Intenté soltarme de las cadenas, pero no tenía resultado, solo conseguía más dolor.

Solté quejidos de dolor, en especial en el brazo, creo que me lo había roto.

Pero sabía que la herida de mi hermana Nat era peor.

–Nat no tendría que haber estado aquí, somos nosotras las que siempre hablamos de la Tierra Media.

Emma seguía quejándose al igual que yo y de repente sentimos los horribles gritos de los orcos y ruido de espadas.

– ¿Elfos? –preguntó Emma moviéndose cerca de los barrotes, intentando agarrarlos.

Puse los ojos en blanco, odio los elfos.

En el pasillo de ese calabozo aparecieron algunos orcos hablando en lengua negra de Mordor, no logramos entender nada y Emma puso cara de asco.

Se pusieron en guardia frente a las celdas tapando la vista de una a la otra.

De pronto se sintió el ruido de una puerta abriéndose y golpeando contra la pared muy fuerte.

Sobresaltó a los orcos y a Emma y a mí.

De la nada una flecha acabó en la cabeza de un orco y éste cayó al suelo.

Quedé mirando al orco que sangraba en el suelo sorprendida.

Varios elfos aparecieron en escena y empezaron a pelear contra los orcos. Vieron a las celdas y notaron que todas estaban ocupadas.

Miraron a Emma, quien se había desmayado y parecía un elfo. Y en la otra estaba yo, que los miraba con los ojos sobresaltados.

– ¿Mithrandir? –preguntó un elfo rubio con sorpresa.

Levanté la cabeza para verlo bien, y allí pudo ver que en realidad era una mujer vestida como el mago.

Su cara fue de total desconcierto. Yo pensé para mí misma que él no entendería nada y para él sería muy cómico… Lo que me faltaba, ser cómica para un elfo.

Cuando le presto más atención a su cara, me doy cuenta de que es muy parecido a Legolas.

Lamentablemente es hermosamente odioso.

– ¿Quién eres tú y por qué estás vestida como un Mayar?

–Es muy difícil y complicado de explicar, en este momento estoy preocupada por mi hermana desmayada –dije y la señalé con la cabeza.

– ¿Ella es tu hermana? Pero si es un elfo.

Cada vez parecía más desconcertado.

–Es obvio que no es un estúpido elfo. Solo está disfrazada como uno.

– ¿Estúpido? –preguntó él con una ceja levantada.

Puse los ojos en blanco.

– ¿Nos sacarán de aquí?

Él abrió mi celda de una patada mientras otro elfo hacía lo mismo con la de mi hermana.

Rompió las cadenas que me sujetaban y en ese momento perdí el equilibrio. Tuvo que agarrarme de la cintura, donde terminé por completo en sus brazos. Sentí un escalofrío que me recorrió todo el cuerpo y lo miré a los ojos.

Intenté separarme de él y sonrió arrogantemente. Cada vez me caían peor.

–No te creas la gran cosa –susurré.

Me agarré el brazo porque me dolía demasiado y el notó eso, entonces me lo agarró cuidadosamente y lo observo, puso mala cara.

–Debe estar quebrado –dijo.

No le di importancia y miré a mi hermana.

La llevaba un elfo en brazos a upa.

–Tengan cuidado con ella –dije.

El elfo que la llevaba me miró y se rio.

– ¿Le das órdenes a un elfo? –preguntó el que me ayudaba.

– ¿Legolas, no?

– ¿Cómo sabes mi nombre?

–La misma larga historia.

–Eres humana ¿De dónde vienes?

–Rohan –respondí impulsivamente.

–Tu acento no parece ser de Rohan.

– ¿Puedes dejar de cuestionar todo? Me duele todo, una de mis hermanas está desaparecida y la otra desmayada en los brazos de tu amigo, quiero irme de aquí… Un momento ¿Estamos en Dol Guldur?

Legolas y el otro elfo compartieron una mirada que me dio a entender que no sabían cómo sabíamos todo.

De repente, Legolas sin pedirme permiso me tomó en sus brazos.

–¿Qué? ¿Qué estás haciendo maldito elfo?

Él se rio sin gracia.

–Quédate quieta.

– ¡Suéltame ya mismo, elfo! ¡Ahora mismo!

Le di golpes sabiendo que no le dolerían porque yo casi no tenía fuerzas.

Él dejó de sonreír y miró al frente mientras caminaba conmigo en sus brazos.

–Si te quedas quieta podremos salir más rápido.

Acepté por el momento, pero no llegué a decirle nada porque me desmayé. Por suerte, porque iba a seguir protestando, no dejaría que un elfo me ganara en una discusión.