Disclaimer: En esta historia se utilizan los personajes de la saga Crepúsculo, los cuales no me pertenecen a mí, sino a la increíble Stephanie Meyer. Sin embargo, la historia que leen si me pertenece.
Summary: Isabella Swan, una joven traicionada, espera iniciar una nueva etapa lejos de la causa de su dolor. Sin embargo, la suerte no parece estar de su parte, y la ilusión se convierte en dolor.
Capítulo 2.- Evasión.
Ella no sabía por qué, pero todas las noches soñaba con él.
-Queridos alumnos, con esto llega el final de la clase. Recordar que la fecha máxima de entrega para el trabajo es el día dos de noviembre.- Mi primer trabajo. Cincuenta páginas de redacción. Genial.
-Bella, vamos. Angela y Alice nos están esperando.- Miré hacia la puerta y ví que las dos se encontraban ahí. Supongo que su clase terminó antes que la nuestra.
En cuanto nos unimos a ellas y salimos al pasillo, había otros dos chicos fuera a los que me presentaron. Jacob y Jasper (mellizo de Rose), los dos muy simpáticos.
-Oye, ¿dónde está Ed?- Les preguntó Rose. ¿Ed?
-Míralo, ahí viene.- Me giré a la vez que ellas, y no puede evitar taparme lo boca y salir corriendo nada más verle avanzar con su sonrisa ladina en la cara. Me metí en el primer baño que encuentré, y vomité el desayuno y una gran cantidad de bilis sobre el inodoro. Maldita sea, debí de haberles dicho su nombre a las chicas. No pensé en la posibilidad de que le conocieran.
Me dirigí a lavarme la cara y mirarme en el espejo. Al menos, estaba casi segura de que no me había visto la cara. Salí corriendo nada más verle, asique supuse que todavía no sabía de mi existencia en esta universidad. Mierda, quizás las chicas le dirían el nombre de la amiga loca que se ha ido espantada al verle. Decidí mandarle un sms a Rose:
Perdona, pero me he encontrado mal de repente. Me ha debido sentar mal el desayuno. No os preocupéis, ya estoy yendo hacia casa. No le digáis mi nombre a Ed, ya me presentaré yo a él otro día. Lo siento, nos vemos. Bella.
Supuse que así estaba bien. Salí de la universidad por una de las salidas traseras y cogí un taxi a casa. No creía poder andar ni cinco minutos en mi estado. Le pagué y cogí el ascensor una vez estuve dentro de miedificio y subí hasta mi piso. Me tiré en la cama y me dormí durante tres horas. Nada más despertar, comiencé el trabajo que nos mandaron hoy. No quería pensar en nada. Me comporté como si fuera un robot, intentando evitar todo lo que me podía hacer daño. Al final me rendí, y pensé en lo que había pasado.
No podía hacer nada más que esperar, ya que tarde o temprano me vería y me sentiría obligada a decirle algo. Por ahora, no quería decirle nada a Rose, Angela o Alice. No quería malmeterles sobre Edward. Que a mí me hubiera hecho daño no significaba que no pudiera ser un buen amigo para ellas ni nada por el estilo. Me mantendría al margen.
Después de comer media lasaña precocinada, cogí mi portátil y me dirigí a la biblioteca pública más prestigiosa de la ciudad. Necesitaba información para seguir con el trabajo, y aunque todavía quedaba un mes y medio para la fecha de entrega y nos lo acababan de mandar, no podía evitar empezar ya. No era de las que dejan las cosas para el último día y, de todas formas, no tenía nada mejor en lo que ocupar mi tiempo.
La estación de metro más cercana de la biblioteca quedaba a tres estaciones más desde la que a mí me pillaba más cerca de casa. Encontré un asiento libre en el metro, y esperé hasta llegar a la estación que me correspondía.
La biblioteca por fuera era preciosa. Parecía un edificio antiguo, y era realmente grande. Tendría unas cuatro plantas, y bastantes metros de largo. Subí las escaleras para llegar a la entrada, y pasé por la puerta principal. Lo primero que hice fue dar mis datos a la bibliotecaria para crearme un carnet de socio y así poder coger todos los libros, discos o DVDs que quisiera prestados. Me senté en una mesa vacía de madera color caoba con seis sillas alrededor. Dejé mis cosas, busqué los libros útiles para coger la información que necesitaba, y volví a sentarme. Una vez se encendió el portátil y busqué las páginas que me podían aportar información para el trabajo, me puse a teclear sin descanso. Había pasado al menos una hora cuando noté a alguien tocarme el hombro por atrás.
-Perdona, quería decirle que su carnet de socio estará listo para pasado mañana y se lo enviaremos a casa. ¿Podría darme su dirección?- Esta vez no era la bibliotecaria la que me hablaba, sino algún bibliotecario varón.
-Claro.-Saqué una libreta de uno de los apartados de mi maletín y escribí mi dirección en una hoja nueva. Una vez la arranqué, me giré y se la di en la mano.
No puede ser… No puede ser… Pero si lo es. Me giré rápidamente, otra vez hacia mi portátil, y recé porque no se hubiera fijado en mi cara.
-Perdona… ¿Nos conocemos?-Mierda.
-No, es imposible. Soy nueva en la ciudad.
-Sí, bueno, yo también, pero…Es como si te conociera de antes.
-Te habrás confundido.
-¿Podría dejarme ver su rostro de nuevo?
-¿Para qué?
-Sólo es por asegurarme…
-Ya le he dicho que es imposible que nos conozcamos. Además, su cara no me suena de nada.
En ese momento, dio la vuelta a la mesa y se me quedó mirando de frente. Bajé mi cara lo máximo posible, esperando que mi cabellera caoba me tapara el rostro lo suficiente para hacerlo irreconocible, y me escondí con la pantalla del portátil.
-Bueno, no la molesto más. Pasado mañana le mandaremos el carnet.- Soltó un suspiro nada más terminar de hablar.
-Perfecto.-Intenté sonar cortante, y logré mi cometido. Se fue por donde vino.
No podía estar más allí, por lo que cerré la sesión de mi ordenador, guardé mis cosas y cogí mi cazadora, lista para irme. Me aseguré de no volver a encontrarme con él mientras me dirigía a la salida, y una vez fuera me sentí liberada. Aun así, estaba paranoica, e incluso una vez estuve dentro del piso, sentía como si en cualquier momento pudiera aparecer y descubrirme. En realidad, sabía que no debería huir, ya que era inevitable que tarde o temprano supiera de mi existencia en la universidad. Sobre todo si tenemos amigos en común.
Todavía estaba pensando en ello cuando el sonido del teléfono me despertó de mi embotamiento.
-¿Diga?
-¡Bella! ¿Estás bien?- Rose. Es verdad, fingí estar enferma ante mis amigas. Supuse que debía poner una voz algo áspera y fingir encontrarme mareada.
-No te preocupes, sólo me encuentro algo enferma y cansada. Siento haberme ido corriendo y de una forma tan brusca.- Intenté poner un tono culpable.
-Tranquila, no nos ha molestado. Lo único que has conseguido ha sido preocuparnos. ¿Irás a clase mañana?- No valía la pena perderme clases por eso, asique mi respuesta fue firme.
-Claro, iré. Seguramente mañana me encontraré perfectamente.
-Eso espero. Te dejo, he quedado para cenar y tengo que arreglarme. Nos vemos mañana.- Me preguntaba si Edward iría a esa cena…
-Cuídate.
-Igual tú. Hasta mañana.
Nada más colgar escuché como me rugían las tripas. No estaba de humor para cocinar, asique metí al microondas la porción de lasaña que me había sobrado antes y esperé a que se calentara. Una vez lista, me la serví en un plato y la engullí entera mientras veía un rato la tele. Hice zapping por todos los canales, pero no había nada realmente interesante, por lo que terminé poniendo la MTV y viendo un programa musical. Al final, el cansancio me pudo y decidí irme a dormir. Realmente había sido un día duro. Si ya me costó verle esa vez en la cafetería, hoy me lo había tenido que encontrar dos veces. Parecía que el destino se estuviera burlando de mí. Además, mis reacciones empezaban a asustarme. Cada vez iba a peor. Patético.
Cuando sonó el despertador, me levanté sudorosa y con lágrimas en los ojos. Hace tan solo unos segundos, estaba viendo el cuerpo de Edward de espaldas a mí, alejándose. Le llamaba, pero no había respuesta. Iba tras él, pero por más que corría la distancia entre los dos cada vez era más larga. Al final, quizá debido a mis súplicas, se paró y se giró a mirarme. Pero ese no era Edward. La forma de su cuerpo cambió en ese momento, y su rostro se convirtió en el de Tanya, sonriéndome cómplice.
No sé si desperté debido al sonido de la alarma que indicaba que ya eran las siete de la mañana o al horror del sueño. Probablemente fue lo segundo.
Me salté el desayuno, y en las clases estube completamente callada e inerte. Supongo que parecía que prestaba atención, pero para cuando terminaron las clases, una tras otra, me dí cuenta de que no me había enterado de nada. Al final, llegó la hora del almuerzo y nos dirigimos juntas a la cafetería yo y las demás.
-Bella, ¿te pasa algo? Me estoy empezando a preocupar.- Sí. Realmente la voz de Rose sonaba preocupada.
-No, solamente es que estoy un poco floja. Ya sabes, por lo de ayer.- Suponía que esa excusa era lo bastante buena.
-Los chicos me han dicho esta mañana que nos juntáramos para almorzar con ellos. ¿Os parece bien?- Las palabras de Alice me despertaron completamente.
-No tengo hambre, asique me voy ya.- No quería ver a Edward. No estaba preparada para ello.
-¿A dónde irás?- La voz de Rose no sonaba demandante, sino como si de verdad le preocupara.
-Me gustaría apuntarme a algún club, asique voy a ver lo que hay.
-¿No quieres sentarte con nosotros aunque no comas, y luego te acompañamos? Así podemos apuntarnos a algo juntas.- Alice realmente era insistente.
-Lo que pasa es que luego tengo varias cosas que hacer, por lo que quiero irme pronto a casa y ponerme a ello.- Me estaba quedando sin excusas. Nunca había sido buena en esto, y mi cerebro no daba para inventar más. No era muy imaginativa que se diga.
-Está bien. Nos vemos.- La voz de Alice sonaba a derrota.
-Adiós a todas.
No tenía pensado apuntarme a ningún club, pero una vez lo dije, me pareció una buena idea. Probablemente me ayudaría a ocupar parte de mi tiempo libre.
Fui al hall del edificio y me detuve frente al tablón de anuncios. No era buena en los deportes. No era buena en la hostelería. No era buena en la danza. No soy era buena en la música…
Estaba a punto de rendirme cuando ví en letras elegantes: TALLER DE TEATRO.En ese momento me vinieron a la mente imágenes de hace años. A los catorce me apunté a un taller de teatro, y aunque en un principio lo hice solo por pasar el rato, al final acabó apasionándome. No eran obras para niños, sino todo lo contrario. Nuestro director nos trataba como personas adultas, aunque supongo que mentalmente lo éramos. O al menos, yo me consideraba alguien más bien madura.
No dudé ni un momento en decidir apuntarme, y leí la descripción del taller:
La obra que va a ser representada este año se llama Lágrima Dulce.
Esta obra está escrita y dirigida por Emmett McCartney.
El tema principal de esta obra es el amor,o mejor dicho, el desamor.
Es una demostración de que no todas las obras de romance tienen un final feliz.
Cualquiera que esté interesado, no dude en apuntarse.
Las pruebas para determinar el reparto de los personajes serán el viernes a la 1:OO.
Gracias por su atención.
Genial. No soportaba el rollo cómico.
Hoy era viernes y, al mirar el reloj, vi que eran las doce y media. Fui hacia el salón en el que eran las pruebas y ví a un chico de poca más edad que yo sentado en una mesa y leyendo lo que supuse que eran los guiones.
-Eh… Hola. Soy Isabella Swan. Venía por las pruebas de los personajes de la ob…
-Todavía falta media hora para que empiecen las pruebas.- Su tono era cortante y, por un momento, pensé en irme y no volver.- No pongas esa cara, era broma. Anda, pasa.- Esta vez se dirigió a mí en un tono totalmente diferente acompañado de una sonrisa. Asique me tocó el director bromista…
-Perdona por llegar antes de la hora, pero es que acabo de leer el cartel del hall y como no tenía nada más que hacer…
-No importa. Y por favor, llámame Emmett.- Después me mandó una sonrisa juguetona.
Una vez llegó la una, hubo bastantes personas para hacer las pruebas. Para tener igualdad, todos tuvimos que hacer el papel de una sirvienta fregando el suelo y maldiciendo. Emmett decía que según lo hiciéramos, decidiría que papel nos pegaba más a cada uno, y que nos lo diría el lunes. No comprendía muy bien en que se parecía una vieja loca y una muchacha con el corazón roto, pero qué sabré yo.
Cuando salí del salón, ví que ya son las tres. Mientras pasaba por el campo de rugby, donde el equipo de la universidad estaba entrenando, sentí un ligero mareo y necesité apoyarme en uno de los bancos para sostenerme en pie.
-¡Eh, chica!- Alguien me llamaba. Me giré para ver quién era, pero en ese momento todo me dio vueltas, y las figuras de los chicos se empezaron a distorsionar hasta que, al final, todo se volvió negro.
Hola de nuevo (; Lo primero, agradecerle a mi Beta, Bittersweet Hell, por su trabajo. Los elogios también los recibe ella, ya que me ayuda mucho y de verdad es fantástica.
Espero que les haya gustado el capi, y lo siento si todavía no he dejado que Edward la descubra, pero os adelanto que para el próximo capítulo habrá ''reencuentro''.
Lo del teatro lo he añadido por qué es algo que, como a Bella, me apasiona. Y lo he hecho, claro. No sé si es algo que os gusta, pero quería meterlo en el fic.
Ya he comenzado con el tercer capítulo, y las ideas me siguen viniendo, asique realmente estoy emocionada. No sé si los capítulos os resultan cortos. Si ese es el caso, avisarme. Si os resultan largos, (que no creo), avisarme también.
Ya estoy pensando en nuevos personajes, y en el papel que van a tomar.
Bueno, ya he dicho bastante por esta vez, por lo que sólo me queda despedirme hasta el próximo capítulo.
Ya sabéis, darle a review y arrancarme una sonrisa. Os responderé a todos con gran ilusión, de verdad me dais ánimos. Las gracias a NachiKa Cullen. Gracias por darme el primer review, y porqué de verdad tu comentario me motivó un montón. (;
Ahora estoy de vacaciones veraniegas en la playita, asique subiré el tercer capítulo cuando pueda, ya que el wi-fi va cuando quiere. El calorcito y la tranquilidad me sienta genial, asique en cuanto encuentro huecos libres me pongo a escribir. El relax es fantástico, ¿sabéis?
P.D.: Para cualquier pregunta o sugerencia, . Mandarme lo que queráis. También podéis contactar conmigo por vía Twitter. Todo está en el perfil.
Abrazos para tods. Se despide, Mers.
