Capítulo 2: El despertar…

El hombre de grasiento cabello negro y corto que yacía sobre su escritorio, capturado en el sueño, abrió los negros y fríos ojos de súbito.

Como si un mal presentimiento lo hubiera despertado.

El despacho del director Severus Snape estaba muy pobremente iluminado, con un toque fantasmal y despiadado que sólo él podría darle a algún lugar que había sido agradable, respetado…

Se incorporo en el asiento en el que estaba, hasta quedar con la espalda erguida.

-Con que ella es Bella…- susurro para sí mismo, pensando en voz alta.

Su mente aun estaba procesando el extraño sueño que había tenido, después de caer rendido sobre sus brazos. En su escritorio aun estaba sus desordenados papeles, informes de todo tipo, provenientes de los profesores preocupados que él se esforzaba por evitar con frecuencia casi automáticamente.

La mayoría de los profesores no estaba de acuerdo con las medidas disciplinarias de los hermanos Carrow, los mortífagos, y se lo hacían saber al director de Hogwarts.

Snape agudizó el oído un momento, para asegurarse que nadie estaba deambulando fuera de su despacho. Se levanto de la cómoda silla, y rebuscó la varita en su túnica negra. La sujetó con su mano, y se dio media vuelta. Observó el retrato de Dumbledore un instante.

Hacía mucho tiempo que no observaba el retrato de su mentor, porque no tuvo el valor suficiente para mirarlo luego de haberlo asesinado.

El Dumbledore del retrato abrió los ojos, y lo miró fijamente.

- Con que la señorita Corbirock tiene una extraña conexión con el Señor Tenebroso…- dijo en un susurro apenas audible, mirando al retrato pero pensando en voz alta. – Debí suponerlo desde un comienzo…

- Nadie te culpa, Severus.- Le respondió el retrato de Dumbledore en voz baja, mirándolo a través de sus gafas de medialuna- No hubiera sido fácil sentirlo.

- Su modo de ser, su fría y orgullosa mirada, su pensamiento completamente racional y pocas veces emocional, su afición a las Artes Oscuras, y su habilidad con ellas… Es idéntica a su madre. Debí suponerlo desde un comienzo…

- Sin embargo, tienen importantes diferencias. Es por eso que no lograste verlo antes.- continuó el retrato de Dumbledore.- Yo tampoco lo supe a tiempo, antes de que Corbirock cometiera un grave error.

- No tiene importancia ahora.- dijo secamente Snape.

Snape miró su antebrazo izquierdo: la marca tenebrosa se sentía extraña esa noche, y estaba más ennegrecida que nunca. Incluso más que la noche en que Lord Voldemort regresó.

Sin hacerle más caso al retrato de Dumbledore, se dirigió a la puerta, preguntándose cuál sería el interés exacto del Señor Tenebroso en la joven Corbirock.

Decidió dejar el asunto de lado, mientras recorría con la mirada los retratos de los anteriores directores de Hogwarts colgados en las paredes del despacho.

Realmente tenía asuntos más urgentes que tratar, para que se le sume el que Corbirock tenga aspiraciones para ser un mortífago.

Abandonó la habitación poco iluminada, y comenzó su típica recorrida por los pasillos del colegio.

A los pocos metros escuchó una conversación agitada, seguida de un grito de súplica, que provenía del pasillo continuo.

Avanzó un poco más rápido, pero sigilosamente.

- ¿Realmente creías que no sería obvio con tanto ruido? ¡Un poco más y despiertas al castillo entero!

Snape reconoció la voz de Amycus Carrow, el mortífago.

- Por favor señor Carrow… Permítame…- dijo la voz suplicante de un estudiante de unos 16 años.

- Ni pensarlo. Has roto el reglamento. Este dice claramente que el toque de queda se extiende desde la cena hasta la hora en que las clases comienzan.- interrumpió el hombre, cortante y frío.

- No entiende, señor Carrow. Realmente tengo que ir a…

- Al lugar que debes ir ahora es al salón de detención, en las mazmorras. Fueron suficientes veces que has roto las reglas. ¡Yo mismo te llevaré a detención, asqueroso Sangre Sucia!

- No… el salón de detención no…- dijo incrédulo el joven, con la voz que se dejaba salpicar por el miedo que sentía.

- ¿Qué sucede aquí?- inquirió Snape secamente, apareciendo de entre las sombras.

El mortífago, Carrow, estaba sosteniendo a un muchacho rubio fuertemente por el brazo. El joven llevaba en su mano un pedazo de pergamino, de lo que Snape dedujo sería parte de una carta.

Carrow se quedó mirando a Snape de manera amenazante, diciendo que se metiera en sus asuntos. El chico también lo miraba, pero suplicándole.

- ¿Y bien?...-repitió Snape impaciente.

- Hallé al niño corriendo por los pasillos de noche. Tengo que llevarlo a la sala de detención. – respondió Carrow fríamente.

- No señor director. Por favor, necesito ir a ver a mi hermana a la enfermería. Encontré la receta de la poción que la ayudará a…

- ¿Con quién crees que hablas, mocoso insolente?- rugió Carrow con odio chispeando en sus ojos.- Es el director, le debes respeto. Ahora sí te lo has ganado. Vas derecho a ver a los dementores de la entrada…

- Un momento, Carrow. Soy yo quien decide eso aquí. Soy el director como bien has dicho. Y no creo que esto amerite semejante castigo. – interrumpió ferozmente Snape.

- No es la primera vez que rompe las reglas: una vez lo encontré husmeando libros en la biblioteca en horarios de su clase de Estudios Muggles.

- La profesora Alecto Carrow me envió a buscarle un libro de sus despreciables costumbres...- respondió desesperado el chico, atropellando las palabras.

- Otra vez lo hallé saliendo último en el gran comedor, y hablando con unos chicos de Griffindor…- el chico abrió la boca para hablar, pero una fuerte sacudida en su brazo lo detuvo.-Todas aquellas veces fuimos benevolentes, y tan sólo lo castigamos nosotros. Pero ha sido suficiente. ¡Este pequeño sangre sucia sabrá cuál es su lugar aquí! ¡Es honrado con estar en Hogwarts! ¡Más aún estando en Slytherin! - comenzó a gritar Carrow.

Snape no se inmuto, sino que dirigió una gran mirada de odio fulminante hacia Amycus, por lo que este se calló.

- Tienes presente, que el joven Rosline viene de cinco generaciones ininterrumpidas de magos, ¿Verdad, Carrow?- le informó Snape con calma, pero con su mirada aun fulminándolo.

- Yo…

- Es decir que tan sólo hace más de cien años sus ancestros Muggles murieron, dejando como fruto una de las más respetables familias de magos que se conocen.

- Pero es un sangre sucia…- intentó objetar sin éxito Amycus. – merece que le llevemos ante los dementores.

- Lo que merece el joven Rosline es que sea castigado por vagar de noche por los pasillos del colegio…- dijo secamente Snape, mirando al chico rubio.

- Pero señor, no entiende…Mi hermana está realmente enferma, necesita esta poción…- dijo casi sin voz el chico, esforzándose a cada palabra.- Si tan sólo pudiera darle esto a la señora Pomfrey…

- Escúchame niño,- dijo de repente Snape, apuntó su varita al rostro del joven Rosline,- más te vale que salgas de mi vista antes que reconsidere lo que ha dicho el profesor Carrow… Ya han hecho demasiado escándalo…

Dicho esto, Amycus sujetó del hombro al chico rubio, y lo llevó empujándolo al salón de castigos, en las mazmorras.

Snape los vio alejarse, sin remordimiento alguno en su mente. Miró al suelo y se dio cuenta de que había un pedazo de pergamino arrugado, que el chico rubio había dejado caer al ser empujado.

"Poción para los hechizos mortales a largo plazo"- leyó Snape vagamente, luego de haber recogido el pergamino del suelo. Era una poción bastante sencilla en realidad, incluso la enfermera podría prepararla.

Se encaminó a la enfermería, mirando hacia atrás sobre su hombro, para asegurarse de que no se encontraría con nadie más en su trayectoria.

A la mañana siguiente…

Amber había amanecido con un aire muy diferente al que cayó en sueños. Su preocupación y suspicacia por la información recibida de su tío desaparecieron aquel día frío.

En su pecho, un sentimiento de frialdad, de orgullo, se abrió paso, dejando en ella un aire igual de frío que la noche anterior, su aire frío… aquello que la definía.

Por un momento, al despertarse, le costó reconocer si seguía soñando, o si ya estaba en su cama. Se incorporó lentamente, y miró a su alrededor: dos de las camas estaban vacías, y en las otras tres sus compañeras de Slytherin se preparaban para ir a desayunar.

Amber las imitó y se puso el uniforme pero sin pensar en ello siquiera. Su mente vagaba por el sueño extraño que había tenido. Voldemort dijo que la había llamado para castigar a dos de sus servidores que le fueron desleales. Eso no tenía el más remoto sentido, ya que podría hacerlo el mismo si quisiera…

Si quisiera"información de tu pasado", "me debes un favor".

Voldemort quería llegar a alguna parte, pero Amber no estaba segura de si sus intenciones eran sólo cobrarse el "favor" o algo más relacionado con ella.

¿Por qué le importa tanto mi pasado? ¿Por qué me llama Bella?

'Ya lo sabrás, pequeña Bella…Ya lograrás atar los cabos sueltos…y eso será pronto.'

¿Qué quería decir con eso?

Estaba poniéndose la túnica negra, cuando flexionó el brazo derecho y sintió una punzada de dolor. Se sujetó el brazo en un acto reflejo, y se dio cuenta que no se había puesto el guante. Giró la cabeza para asegurarse de que ninguna de sus molestas compañeras la observaba, y detuvo sus ojos grises en la cicatriz un instante.

Estaba más notoria que nunca, hasta parecía tener más relieve que antes, y estaba pintada de un color carmesí. Tomó su varita, apuntó a su antebrazo derecho, y al instante un guante de seda negra sin dedos cubrió su cicatriz profunda.

Haciendo caso omiso a sus compañeras de cuarto, la chica de cabello castaño rizado, se dirigió a toda prisa al Gran Comedor.

Subió las escaleras que daban de las mazmorras hasta el Hall de entrada tan rápido que apenas se dio cuenta que lo había hecho. Ni mucho menos que había pasado inconscientemente por el laberinto que se extendía desde la entrada al interior de la Sala Común de Slytherin.

Al entrar al Comedor, vio a un par de estudiantes sentados en la mesa de sus correspondientes Casas. Había muy pocas personas, ya que aún era temprano.

Se sentó en la mesa de Slytherin, junto a una chica rubia, de cabello ondulado.

- Hola Amber…- la saludó sonriendo la chica rubia, mirándola a los ojos después de que se sentó.

- Sharon… ¿No deberías estar en la enfermería?- preguntó Amber, disimulando muy bien su preocupación.

- La enfermera Pomfrey ha logrado hacer la poción que necesitaba.- respondió Sharon. Tenía un espíritu animado, poco común en los alumnos de Slytherin.

Amber se limitó a dibujar una leve sonrisa en sus labios. Aún se le revolvía el estómago al pensar en aquel hechizo mortal a largo plazo del que su amiga había sido víctima, a causa de estudiantes de su propia Casa.

- Aún no puedo creer que no hayan castigado a Malfoy…- comentó indignada Sharon.

- Usa las influencias de su padre mortífago para no lidiar con castigos…- respondió Amber indiferente. Pero Sharon no se mostró ofendida, ya la conocía bien.- Pero las pagará, me aseguraré de ello.- dijo dibujando una sonrisa extraña en sus labios.

- No te metas en problemas por ese estúpido, Amber. Más como están ahora las cosas…- dijo preocupada Sharon.

Amber pensó en decirle a su amiga rubia que sabía defenderse, que incluso su tío le enseñó maldiciones poco conocidas, pero no quiso perturbarla. Su amiga, era casi como su hermana menor. Amber supuso que de aquella forma sobre-protectora reaccionaban las hermanas mayores, omitiendo ciertos detalles 'inecesarios' para no perturbar a sus hermanas y hermanos menores.

Hermana…

- Sharon… ¿Dónde está tu hermano?- preguntó Amber, percatándose de la ausencia de un muchacho rubio de forma repentina.

- No he visto a Chris desde que me internaron en la enfermería, la semana pasada…- respondió ella, poco animada por el comentario.- Tengo miedo de que lo hayan…castigado…- dijo, y un escalofrío atravesó su pecho, directo a su corazón.

- No lo creo, tu hermano jamás se busca un castigo…- respondió Amber, sorprendida por la preocupación irracional de la rubia.

- Lo sé… Pero con los hermanos Carrow aquí…- dijo en un susurro, mordiendo su labio inferior, conteniéndose de llorar.- Las cosas están difíciles…

Amber sintió por un momento el impulso de decirle que todo estaría bien, pero no estaba segura de ello…ni mucho menos. Por otra parte no le agradaba ver a su amiga de esa forma…

Lo meditó mientras comía, con calma.

Sharon no volvió a mediar palabra durante un rato, hasta que dirigió sus ojos azules de forma indiferente a la mesa de profesores.

Viendo al director de cabello corto y negro, la chica rubia le susurró a su amiga.

- Ayer, a media noche, tuve un sueño muy extraño, Amber…- su amiga se detuvo escuchando con atención y mirando disimuladamente a la mesa de los profesores.- Soñé que una figura con una túnica negra, como una sombra, le daba un pedazo de pergamino a la Señora Pomfrey, y luego salía a toda prisa de la enfermería. La enfermera se quedó sin reaccionar un momento, pero luego fue a su despacho, a toda prisa también… Lo siguiente que recuerdo es que la Señora Pomfrey me hizo beber un líquido espeso de sabor horrible…- dijo pensativamente, con la mirada en blanco.- ¿Crees que haya sido un sueño por la fiebre?

Luego de un momento de pausa, finalmente Amber respondió, con voz indiferente.

- Parece la hipótesis más aceptable, Sharon.

Pareció ser suficiente para la chica de 16 años, porque no volvió a tocar el tema, ni a decir nada hasta que el Comedor se llenó de estudiantes.

Amber, cada unos momentos, levantaba la vista a la mesa de profesores, más precisamente al profesor Snape. Más de una vez, sus miradas, igualmente frías y penetrantes, se habían conectado por una milésima de segundo. Él las estaba observando a ambas con atención.

Ella rió por dentro ante la idea de que el director podría estar interesado en ellas, ya que las observaba como si fueran la clave de algún misterioso acertijo.

Dos estudiantes comunes y corrientes de Slytherin…

Comunes no… desapercibidas tal vez, pequeña Bella…Tan sólo piensa en las posibilidades que tienes en tu brazo derecho…-Susurró una voz fría, en lo profundo de su cerebro. Distinguió a quién pertenecía aquella voz con sólo escuchar el leve siseo amenazante que emitía, pero no le dio importancia.

No turbarás mi espíritu y mis razonamientos a menos que Yo, te lo permita, Lord Voldemort.

La voz sibilante y fría hizo silencio absoluto entonces, a lo que Amber respondió con una exteriorizada sonrisa extraña, llena de satisfacción.

En ese momento, levantando la mirada al director nuevamente, notó que Snape frunció un poco más el entrecejo, casi de forma imperceptible. Los ojos negros del hombre miraron con tal fuerza que parecía estar intentando llegar a ver el Alma de la joven.

Amber borró automáticamente su sonrisa de suficiencia, pero seguía sonriendo para sus adentros con la demostración de obviedad por parte del director.

Legeremancia… Profesor Severus Snape…- pensó, sosteniendo aún la mirada imperturbable ante el director.- Creía que usted sería más discreto y cuidadoso de que la persona a la que está intentando leerle el pensamiento no caiga en cuenta de ello… Una persona de su categoría debería serlo…- Sugirió ella, divertida, sabiendo que quizás eso le ameritaría un castigo.

Snape rompió el contacto visual con Amber en ese momento, se levantó y se retiró de la mesa de profesores. No parecía enfadado, pero sí Amber tenía en cuenta de que había atado los cabos de algo, algo grande… que la implicaba a ella.

El suave toque de Sharon en su mano derecha la sacó de sus pensamientos, al mismo tiempo que ella apartaba el brazo.

- Sé disimulada, y no mires.- susurró Sharon por encima del murmullo del Comedor- Longbottom está hablando con Seamus Finnigan, pareciera que de algo importante porque intenta ser disimulado, y aún así es obvio.

Los ojos grises de Amber indagaron en el chico de pelo negro que estaba sentado de espaldas a ellas, en la mesa continua, de la Casa de Gryffindor. Observó que en el bolsillo de la túnica escolar de Longbottom, salía un brillo dorado.

- Te dije que no miraras, Amber.- le replicó la rubia, al ver que su amiga levantaba la vista rápidamente.

- Es un momento perfecto para hablar con él…- dijo levantándose de súbito de su asiento.

- Amber, no…- intentó detenerla Sharon, pero para cuando la alcanzó, ya había recorrido medio camino hacia la mesa de los Gryffindor.

Seamus Finnigan se quedó callado al ver acercarse a Amber, zarandeando el brazo de Longbottom para que hiciera lo mismo. Un momento después, bajo la mirada indiferente de la joven de Slytherin, los Gryffindor hicieron silencio, fulminándola con la mirada por su oportuna intromisión.

- ¿Qué es lo quieren ustedes dos aquí, Slytherins?- preguntó Longbottom, entre realmente intrigado, y desafiante.

- 'Nosotras dos, las Slytherins' tenemos nombres, Longbottom.- respondió Amber, clavando sus ojos en los del chico con cara redonda.- Soy Amber Corbirock, ella es Sharon Rosline.

- Bien… Ahora ¿qué quieren?- interrogó Seamus Finnigan, de malas maneras.

- Cálmate, Finnigan.- dijo ella, mirando a su alrededor para asegurarse de que los hermanos Carrow estaban a una distancia prudente antes de decir a lo que realmente había venido.

- Amber, no…- le suplicó Sharon, sujetándola de la túnica

- Sólo he venido a decirles…- les dijo en un susurro inclinándose para verlos bien a todos ellos.- que no están solos.

Dos de ellos cruzaron miradas de plena sorpresa, los otros tres se limitaron a interrogarla con los ojos, preguntándose si habían oído mal. Temieron en gran manera que fuera una maquinación para sacarles algún dato como…

- No sabemos de lo que hablas, Corbirock.- se limitó a responder Neville.

- Sí que lo saben… la resistencia…- dijo las últimas dos palabras moviendo apenas los labios, y mirándolos con atención, para captar cada una de sus reacciones.- No son los únicos, apostaría mi cuello a que algo parecido sucede en una minoría de Slytherin.- dijo suspirando.

Neville y Seamus quedaron pasmados con la misma expresión de desconcierto y sorpresa en sus rostros.

El joven Longbottom no confiaba en ella, ya que nunca había sido 'castigada', dudaba de sus razones de supuesta rebeldía. No le agradaba para nada su mirada, parecía una persona fría, sádica, mentalmente calculadora. Realmente parecía capaz de lanzar un Crucio al primer descuido del grupo.

Una cualidad digna de un mortífago.- Pensó Longbottom.

- No te creemos, Yo NO te creo…- dijo Neville, poniendo énfasis en el pronombre personal.

- Bien – respondió tranquilamente Amber. Se incorporó y quedó derecha de nuevo.- No creo que deban importar mis razones…pero digamos que odio a ciertos hermanos que andan sueltos por ahí…- dijo en un susurro casi inaudible para el que no estuviera cerca.- Me alegra que hayas dejado el castigo Longbottom, no te lo merecías. Supongo que los veré en Estudios Muggles. Por cierto, guarda mejor los comunicadores encantados, se caerán de tus bolsillos.

Y diciendo esto, se marchó tan súbitamente como llegó, ágil como una sombra. Dejó detrás de ella a los chicos de Gryffindor con infinidad de preguntas, que ella misma dudó que algún día pudieran disipar.

Antes de retirarse, Sharon, nerviosa, inclinó levemente la cabeza, sonriendo, a modo de saludo y disculpa a la vez.

Alcanzó a Amber, que estaba apoyada en la pared del largo pasillo que había después de la puerta del Gran Comedor de Hogwarts. Su amiga se concentraba, aparentemente, en un largo collar que colgaba de su cuello.