Capítulo 2: 'I Ran Away'

Fue una semana después de que Bella fuera a ayudarme con mis invitaciones para la graduación. Todos los de último año andábamos revolucionados por la idea de terminar la secundaria. Algunos sólo celebrarían un almuerzo familiar el día siguiente del gran día, otros se juntarían entre las familias de amigos para cenar en Port Ángeles. Como no había una gran fiesta de graduación en el gimnasio los más osados comentaban que podrían hacer una fiesta en sus propias casas o arrendar algún recinto. Sin embargo, ya la graduación estaba a pocos días de nuestras vidas y nadie había dado un aviso oficial de una súper fiesta post el-día-de-nuestras-vidas.

Ese viernes caminaba con Ben hacía mi clase de Arte.

-No me importa si hay o no una fiesta de graduación, lo que me entusiasma es que iremos a la misma universidad –me dijo por séptima vez desde que me había ido a buscar a casa. Ben era, y todavía sigue siendo, el novio más amable que he conocido. Me venía a buscar todas las mañanas, aunque el instituto lo tuviera a cinco calles-. Queda tan poco…

-Sí –dije distraída. No es que me enojara hablar del tema, pero una pequeña parte de mí quería gritarle que se callara. Era genial ir a la misma universidad con mi novio, no tendríamos que soportar la típica relación a larga distancia que no dura más de seis meses. La parte no tan genial era lo que no le decía, lo que me callaba para no herir sus sentimientos -. Oh, allí están Bella y Alice –apunté hacía los estacionamientos donde ambas chicas se encontraban-. Esperémoslas.

Nos quedamos debajo del techito que nos ofrecía la entrada a la cafetería, viendo cómo Mike se acercaba a Bella para saludarla y Alice avanzaba dando pequeños saltos.

-¿Has estudiado para los finales? –me preguntó Ben.

-Sólo para Biología –contesté enternecida por su preocupación en mis estudios.

-Si quieres puedo ayudarte en Cálculo, Ang… -Se estaba acercando para besarme en los labios cuando un rugido se oyó desde una parte del estacionamiento-. ¿Es una moto? – inquirió mi novio volteando la cabeza y frunciendo el ceño.

En efecto lo era. Un gran hombre apareció montado en una moto negra. Entró sin aminorar la velocidad y produjo que muchos corrieran asustados. Una chica se dobló el pie tratando de salvar su vida para que la máquina no la aplastara

-¡Corre, Bella! –gritó el conductor de la moto quien me parecía vagamente conocido.

Mi amiga se quedó petrificada mirándolo y luego dirigió su mirada hacía Alice, quien no podía ver su cara porque estaba de espaldas a mí, pero sí la vi apretando los puños.

Luego intercambió un par de palabras con Mike, le pellizcó la mejilla mientras gritaba que le debía una y se sentó detrás del hombre, aferrándose a su espalda.

-¿Qué fue eso? –Ben aún miraba el lugar donde la moto había desaparecido.

-No tengo ni idea –dije desconcertada, y vi que Alice caminaba hacía la entrada del edificio-. Vamos, Ben. ¡Alice! –Lo tomé por el brazo y lo obligué a correr conmigo para alcanzar a la chica.

Alice me sonrió como si nada hubiera pasado, pero noté que aún apretaba los puños con rabia. Además que no lucía tan feliz como todos los días. Examiné su pálido rostro, que contenía una maravillosa sonrisa y dientes perfectos, y me encontré con una sombra negra en sus ojos dorados. Me extrañó ese cambio y me pregunté si usaría lentillas, pero no dije nada. No era el momento ni creo que a ella le gustaría que comentara su cambio de color de ojos.

-¿Qué fue eso? –repitió Ben atónito señalando la salida del aparcamiento.

-Jacob Black –dijo después de haber pensado muy bien la respuesta-. ¿Nos quedaremos aquí toda la mañana? –Lanzó una risita infantil y se dirigió a la entrada dando sus típicos saltitos suaves y elegantes.

-Creo que él es amigo de Bella –dijo Ben cuando seguíamos a Alice.

-Sí, no estoy segura –hablé con voz perdida y muy vaga, ya que mi mente se remontaba a lo que me había dicho Bella días atrás en mi casa.

¿Cómo no quería que Edward estuviera molesto por juntarse con Jacob Black si él venía y la secuestraba? Y peor, de clases. Faltaban pocos días para los finales y ella se daba el lujo de huir con su amigo. ¿En qué rayos pensaba esa chica? Cualquier persona estaría celosa por tener amigos así, no podía culpar a Edward por enojarse. Aunque Bella estuviera enamorada de Edward, eso no significaba que podía hacer ese tipo de escenas con un amigo; ya que su relación con su novio no era estable. Ninguna relación es estable. Hay que marcar ciertos límites con cada persona a la que conocemos, y ella parecía tener una extraña línea entre lo que diferenciaba amigo y novio.

Bueno, Bella sabía lo que hacía. No podía entrometerme en su vida así y decirle qué debía hacer. Si ella quiere mi opinión, se la diré sin censuras, como siempre he hecho, para tratar de ayudarla. De verdad esperaba que no le pasara nada en esa moto ni que tuviera tantos problemas con Edward más tarde, aunque se los merecía.

El resto del día anduve ocupada con las últimas clases; tratando de contener más conocimientos de los que mi cerebro me permitía, tanto en Biología como Cálculo.

Sólo en mi última clase de la tarde, Arte, pude pensar nuevamente en la escapada de Bella, aunque no precisamente en mi amiga.

El hombre de la moto era muy diferente a ese menudo e inocente Jacob que conocí un par de meses atrás. Lucía como otro. Era más alto, más grande, fornido y varonil. Parecía tener más de veinte años y creo que era menor que Bella. ¿Cómo había cambiado tanto en tan poco tiempo? Era imposible que alguien creciera de una manera tan descomunal en el paso de meses, aún cuando él aún atravesaba los últimos años de crecimiento hasta que fuera un adulto.

Y de cierta manera se veía peligroso. En comparación con la inocencia y fragilidad que representaba ese chico de La Push en Marzo pasado, éste tenía un aire de riesgo y dureza que podía hasta asustar. Pero no me asustó cuando lo vi en esa moto. Obviamente casi mata a medio alumnado por correr como loco y su motor rugía estruendosamente. Sin embargo, esa sonrisa traviesa que alumbraba su piel caramelo era tan fresca que me recordó a las risas de los niños. Quizás se debiera a que estaba bastante lejos del lugar de los acontecimientos o sólo estaba así por el placer de causar escándalo, pero lucía muy contento. Por eso no me había asustado. Lucía una sonrisa llena de gracia y frescura que no podía calzar con un tipo peligroso.

Desde ese día no lo volví a ver más.

Los Cullen y Bella ofrecieron una gran fiesta en la casa de los primeros causando sensación en todos los de último año, y la mayoría fueron; incluso Jessica. Lo pasé muy bien, bailé casi toda la noche con Ben y admiré los pasos de Alice, que parecía una bailarina profesional. No sé quién fue quien dijo que había llegado un grupo de chicos muy raros; eran altos y grandes. Sin analizar la idea pensé en Jacob, ya que no me parecía extraño que viniera a la fiesta de su amiga, aunque fuese la casa de Edward y él estuviese allí. No lamenté el hecho de no verlo ni tampoco a los que venían con él, de todas formas no sabía si se trataba de él. Hace dos días atrás Jacob me dijo que sí era uno de esos tipos raros.

Unos golpes en mi puerta me sacaron de mis recuerdos.

-¡Hermana! –gritaron dos voces ahogadas de risa detrás de la puerta.

Me levanté sin muchas ganas y la abrí preparándome a que cuatro brazos me rodearan por la cintura para asfixiarme.

No me equivoqué. En menos de un segundo, mis hermanos me tenían acorralada y con sus cuerpos colgando del mío.

-¿Qué quieren? –pregunté a Joshua e Isaac -. ¿Acaso me planean dejarme sin cuerpo?

-No… Sólo queríamos saber si estabas viva – dijo Joshua sacándome la lengua juguetonamente.

Por suerte, ese día vestían ropas diferentes. No es que fuera tan mala hermana como para no distinguirlos, pero desde que comenzaron a cortarse el cabello de la misma forma para utilizar su igualdad para engañar a profesores y parientes, a veces los confundía. Más que mal eran gemelos que hablaban igual, les gustaba emplear los mismos gestos y terminar la frase del otro como si tuvieran telepatía o algo. Sólo diferían en gustos, tanto de música y caricaturas, así que gracias a eso me había salvado de confundirlos por más de dos minutos.

-Has estado encerrada en tu cuarto desde el almuerzo –dijo Isaac, soltándome-, estábamos muy preocupados…

-… por si te habías fugado por la ventana –finalizó Joshua.

-Creo que aún sigo aquí –dije, riéndome.

-¿Por qué estás triste? –preguntaron al unísono.

Me parecía increíble que con nueve años pudieran darse cuenta de pequeños detalles como ése. Estaba segura que no había llorado ni tampoco tenía un puchero kilométrico para que se notara mi estado de ánimo.

Ya cuando Joshua me libró de sus brazos, les di la espalda para caminar hacia la ventana.

-Cosas de adultos –dije, sabiendo que mi respuesta no les gustaría.

-¿No ves que somos adultos?

-Sí, tenemos barba y podemos ir a clubes a beber jugo – a voz presumida de Joshua me hizo volver a reír.

-¿Acaso como adulto beberán un simple juguito libre de alcohol? –Miré a través de la ventana que la calle estaba desierta, no había rastro de ningún alma viva. Me volteé con el estómago encogido-. Aún son mis pequeños hermanitos gemelos que me provocan pellizcarles sus gorditas caritas porque son adorables como ositos de felpa –Me acerqué a ellos hablándoles con mucha dulzura.

-Los adultos no son osos de felpa –dijo Isaac, cruzándose de brazos enfadado por mi negativa de decirles qué me pasaba-. Tampoco somos adorables.

-Sí, los adultos no dejan que su hermana mayor les pellizque las mejillas –Joshua se tapó la cara.

Vi que el reloj que posaba sobre mi mesita de noche marcaba las cinco de la tarde. Ben sólo llevaba quince minutos de retraso, no era alarmante, pero sí era raro que él se demorara.

-Oh, espera –Joshua chasqueó la lengua como si la idea para curar el SIDA se le hubiera ocurrido y le pidió a Isaac que se le acercara para decirle en secreto algo-. ¿No es obvio?

-Sí –El otro asintió resolviéndose el pelo castaño-. Así que nuestra hermana está triste porque le gusta Jake y a la vez Ben.

-¿Perdón? –pregunté sorprendida por el atrevimiento, indiscreción e inteligencia de esos niños.

Ambos se miraron risueños, intercambiando un mensaje que hasta yo, que no conocía a la perfección su lengua de miradas y mensajes de gemelos, identifiqué: Sabían que le habían dado en el clavo y no me dejarían en paz hasta que lo admitiera.

Joshua me sonrió con premura, evaluando mi rostro antes de hablar:

-Entonces, querida hermana, yo, tu hermano adulto te quiero…

-¿A quién vas elegir? –le interrumpió Isaac haciendo que él lo mirara enfadado. No sabía qué era más gracioso: El tono sofisticado y maduro de Joshua o la emoción de una chica cotilla de Isaac-. ¿Te quedarás con el gran Jake o con súper Ben?

-Nadie habló de elegir –fruncí el ceño -. ¿Y esos apodos?

-Ya sabes… Jake es gigante, en cambio Ben no le llega ni al ombligo –Isaac habló como si fuera algo obvio y comparó la altura de cada uno con sus manos-. Pero no somos malos, así que en vez del pequeño Ben, le pusimos súper Ben porque tiene una fijación por los superhéroes.

-Sí, cualquier día de estos vendrá con los calzoncillos por fuera como Superman –dijo Joshua.

No pude evitar torcer los ojos por las locas ocurrencias de estos niños y suspiré tratando de sacármelos de encima de buenas maneras. No se irían hasta que dijera que en realidad eso era justamente lo que me achacaba; y para ser sincera, no me apetecía decirles que ya había tomado una decisión y ahora esperaba que Ben llegara para hacerle saber mi elección. O parte de ella, a decir verdad. Pero no podía mentirles ni echarlos sin que se olvidaran del asunto, porque de una u otra forma darían por corroborada su afirmación.

-Es algo así –Me crucé de brazos mirándolos duramente, dándoles a entender que no lograrían sacarme más información.

-Somos unos genios –Se estrecharon las manos a modo de felicitación.

-Les pido discreción –dije sabiendo que si se encontraban con Ben cuando él llegara lo molestarían diciéndole que me gustaba otro.

-Oye, palabra de adulto –me prometió Joshua dándome su dedo meñique para que lo tomara.

-Los adultos no hacen juramentos con los deditos –me defendí aún con algo de hostilidad fingida.

-¡Ya empezó la edición especial de Los Padrinos Mágicos! –dijo Isaac viendo mi reloj, sorprendido.

-¡Tenemos que irnos!

Negué con la cabeza, viendo cómo se retiraban corriendo de mi cuarto, pero pude escuchar claramente lo que me gritaron antes de encerrarse en su habitación:

-¡Si de algo sirve, nosotros preferimos al gran Jake…!

-¡… en vez de un novio que use medias y calzoncillos rojos!

Aún estando abatida, triste, confundida, nerviosa e impaciente; volví a reírme por las estupideces que decían mis hermanos gemelos. Esperaba que, aunque crecieran, nunca dejaran de ser tan cómicos porque ellos me animaban incluso en mis peores días.

Si volvía a mirar por la ventana o, en su defecto, al reloj, estaba segura que me alteraría más de lo que ya estaba, por lo que inspeccioné nuevamente mi cuarto.

Mi cama, el escritorio ya casi sin ningún libro o adorno porque todo estaba embalado.

El armario lucía vacío sin ninguna de mis prendas. Realmente con mi ausencia, mi cuarto exhibiría deshabitado, como los pueblos abandonados del viejo oeste. Me daba pena dejar lo que había sido mi refugio desde mi nacimiento. Aquí había soñado, llorado, reído, estudiado; todo un abanico de situaciones y estados de ánimo que me guiaban a este lugar, el que llamaba mi morada, porque me sentía protegida como en ningún otro.

Fue entonces cuando noté que el armario no estaba totalmente vacío. En el fondo, colgaba un vestido envuelto en una gran bolsa plástica transparente, para evitar que se manchara o que las polillas se dieran un festín con él.

El vestido que usé en el matrimonio de Bella.

El vestido que usé cuando vi por tercera vez a Jacob hace dos semanas.

Y cuando todo este problema se desencadenó, cambiándome la vida en tan sólo unos días.


N/A: Hemos avanzado un poquito en esta pequeña locura. Lo bueno es que como Angela cuenta un poco de la historia desde flash backs, podemos ver que en el presente sí existe algo entre ella y Jake (sí, me tomaré la libertad de llamarlo así), incluso hasta Ben se ve involucrado…

De verdad no saben cuánto les agradezco por los reviews y por tomarse el tiempo de leer algo que es diferente de los típicos fics de Crepúsculo. Simplemente me ha gustado mucho su recepción :).

Nuevamente, saludos y agradecimiento encarecidos a mi beta-reader Sango Hale. Espero que muy pronto se mejore de su resfrío y que entienda que es bueno colocarse chaqueta cuando se está bajo la lluvia.

¿Tomatazos, ideas, críticas constructivas, sugerencias, ramos de flores? Todo es muy bien recibido en los reviews, que siempre me alegran leerlos para saber su opinión.

¡Cuídense mucho, adiós!