¡Al ataque!

-¡Elizabeth!

El grito del comodoro Norrington hizo que Liam escupiera –textualmente- el vino que se había tomado hacia ni tres segundos.

¡James qué sucede!- preguntó el capitán Collingwood.

¡Elizabeth cayó al agua!- pasó como un rayo junto a él Norrington.

¡Vive Dios! ¡Elizabeth!- ahora fue Liam quién corría junto a su amigo y otros dos marinos para intentar salvar a la señorita Swann.

La conmoción se hizo presente entre todos los nobles que presenciaban la ceremonia y posterior caída de la hija del gobernador al vacío.

¿Y los niños?- preguntó horrorizada la señora Collingwood.

Lord Collingwood reparó de pronto en la desaparición de sus dos jóvenes hijos.

¡Victoria! ¡Thomas!- gritaban ambos padres desesperados preguntando a los demás invitados si habían visto a los niños.

Afortunadamente para la señorita Swann la imprevista llegada de un pirata, y no uno cualquiera la habían salvado de morir ese día. El capitán Jack Sparrow había llegado a Port Royal justo a tiempo. El problema fue que el salvador de Elizabeth tenía una cita con la horca por ser un pirata.

Después de una persecución por el puerto como no se había visto en años por todo Port Royal, Jack Sparrow finalmente fue detenido por un valiente… ¿herrero? Bueno alguien tenía que detener al pirata.

¡Vaya ceremonia!- dijo Liam relajando un poco su postura.

Después de ver que Elizabeth estaba bien y había sido llevada a descansar a su casa Norrington y él daban una ligera caminata de la celda donde estaba encerrado Jack Sparrow a sus respectivos hogares.

Fue todo un suceso- expresó Norrington.

Vamos James, admítelo- le molestaba Liam- te molestó no haber atrapado tú a Sparrow.

Me molesto no verlo ahorcado- corrigió James.

Ya tendrás más suerte- le calmó su amigo- afortunadamente la señorita Swann está a salvo y eso mi amigo es lo más importante esta tarde.

La tarde declinaba lentamente cuando James y Liam se detuvieron en el puentecillo para ver la caída del sol.

¡Liam!- gritaron de pronto.

¿Padre?- preguntó el joven Collingwood.

Lord Collingwood llegaba sin aliento hasta donde estaban ambos jóvenes marinos.

¡Victoria! ¡Thomas! ¡Han desaparecido! ¡No los encontramos por ningún lado!- exclamó el buen lord.

Tal vez ya regresaron a casa- le intentó calmar su hijo mayor- será mejor que vaya con madre, yo los encontraré.

Les encontraremos, lord Collingwood- apoyó Norrington- tiene mi palabra.

Esos niños- lord Collingwood intentaba sonreír- les daré una tunda cuando los traigan.

Eso explica por qué Tommy no le molestara con ver su nueva espada, Comodoro Norrington- trató de sonreír Liam como hacía cada vez que estaba realmente preocupado.

Les encontraremos, capitán Collingwood, les encontraremos- habló el Comodoro.

Si no los han encontrado en el pueblo deben estar por el puerto…- razonaba Liam.

¡Los navíos!- exclamaron al mismo tiempo Norrington y Collingwood.

Me adelantaré- dijo el joven Collingwood echando a correr- ¡Enciende una bengala si les encuentras!

-Grrrrrrrrr

El gruñido rompió el silencio de la noche.

-¡Thomas!

Victoria regañó a su hermano.

Tengo hambre- se quejaba el pequeño Tommy.

Sin darse cuenta uno de los marineros del navío donde los dos pequeños se habían escondido había cerrado sin ver que estaban adentro la escotilla que daba a las bodegas. Victoria y Thomas se habían quedado a oscuras por mucho tiempo, habían escuchado la conmoción por la caída y rescate de la señorita Swann pero por lo mismo nadie estaba cerca para escuchar sus gritos de auxilio.

Sin poder hacer nada más para poder salir de ahí ambos jovencitos se sentaron a esperar en silencio hasta que el estomago del pequeño Collingwood protestó con brusquedad.

Ya debe ser de noche- pensó en voz alta la señorita Collingwood- está haciendo algo de frío…

¿Crees que mamá esté bien?- preguntó Thomas

Aunque quisiera ser valiente aun le asustaba estar lejos de su madre y por supuesto el estar en completa oscuridad.

Claro, tonto- le reprendió Victoria intentando ser valiente- ¿Qué podría pasar? Solo… ¡Nos regañaran a ambos por tu culpa!

Tengo hambre- sollozaba Tommy.

Yo también- tuvo que reconocer Victoria- yo también…

¿Les has encontrado?- preguntó Liam cuando volvió a encontrarse con James.

No están en ninguna de los barcos del lado norte- contestó el comodoro.

-¿Comodoro Norrington?

El gobernador Swann había llegado.

Señor- el comodoro y el capitán se pusieron en firmes en señal de respeto.

¿Pasa algo?- preguntó el noble gobernador.

Buscamos a mis hermanos, señor- intervino el joven Collingwood.

¡Qué tragedia!- exclamó con toda sinceridad el padre de la señorita Swann.

Comodoro- llamó Liam la atención de Norrington- seguiré buscando, será mejor que usted atienda al señor Gobernador, señor, Comodoro Norrington, señor.

Norrington solo atinó a aprobar la sugerencia de su amigo con una leve inclinación de cabeza.

Después de despedirse rápida pero educadamente del gobernador Liam partió a los navíos que faltaban para continuar la búsqueda de sus dos hermanos menores.

La noche continuaba avanzando sin que ninguno de los habitantes de Port Royal estuvieran preparados para lo que las sombras les destinaban, como un ave de mal agüero un navío protegido por las tinieblas llegó tan silencioso como un fantasma a distancia segura del puerto de la isla.

¡Piratas! Supieron todos cuando el primer cañonazo impactó contra las rocas del puente.

¡Piratas! Y no se habían equivocado, ya que en un santiamén el pueblo era un completo caos.

Norrington apenas y tuvo tiempo de poner a resguardo al gobernador cuando ya se encontraba dando órdenes de aquí para allá a todos sus hombres intentando controlar un poco es pandemónium.

¡Piratas! Liam también lo había notado ya que sin saber de donde él y los hombres que se fue encontrando en los demás navíos y que se habían ofrecido para tratar de encontrar a sus hermanos fueron atacados por sorpresa.

Las espadas se desenvainaron tan rápido como pudieron y el choque entre los valientes hombres de la corona británica y los salteadores de los mares no se hizo esperar.

Desde su oscura prisión los dos jovencitos escuchaban el retumbar de los cañonazos, el grito de terror de las personas del puerto en la lejanía y el rugido de los piratas reclamando su botín esa noche.

¡Auxilio!- continuaban gritando a coro.

Ahora eran los ecos de los disparos de los cañones de ambos bandos los que acallaban sus infantiles gritos.

Los piratas con los que ahora se enfrentaban eran mucho más terribles que los piratas de las historias con las que les asustaba lord Collingwood.

Liam a pesar de ser un buen espadachín –superado por Norrington, claro- no lograba mantenerlos a raya como quería. No fue hasta que logró tirar por la borda a uno de esos pulgosos perros de mar que le pareció escuchar los gritos de sus hermanos.

¿Victoria? ¿Thomas?- gritó a su vez intentando hacerse escuchar.

¡Sí! No se había equivocado habían sido sus hermanos ya que continuaban gritando y ahora creía escucharlos más cerca.

De pronto reparo en la entrada a la bodega ¡Esos dos se habían encerrado! Sin importarle por un segundo la batalla que se llevaba a cabo en ese barco entre lo que quedaba de sus hombres y esos tercos piratas comenzó a forcejear con las maderas.

¡Atrás!- les ordenó a los niños en el interior- ¡Intentaré romperla!

El barco se mecía incontrolable por los cañonazos cada vez más cerca ¡Nunca había visto tal poder destructivo de los cañones piratas! Por más que intentaba usar su espada a manera de hacha no lograba destruir los maderos.

¡Liam! ¡Liam! ¡Aquí estamos!- continuaban gritando Victoria y Thomas.

Su hermano intentaba salvarles ¡Liam nunca les abandonaría! Pero también les preocupaba el escuchar el clamor de la batalla tan cerca y su hermano más preocupado por ellos que por su propia vida.

Victoria… ¿Qué es ese sonido?- preguntó de pronto Tommy con terror.

La joven Collingwood apenas y tuvo tiempo de jalar hacia atrás a su hermano lo más que pudo ya que al minuto siguiente un terrible ¡Bum! Se dejó sentir en todo el lugar, el ruido fue tan terrible que ambos pequeños no podían escuchar nada de momento, estaban completamente llenos de polvo y tal polvareda les impedía respirar bien, comenzaron a toser incontrolablemente mientras intentaban salir.

Liam había escuchado el silbido de la bala de cañón pero por más que estuviera en peligro sabía no podía dejar a sus hermanos a su suerte, en un error que le costaría muy caro continuó forcejeando con la puertezuela sin importarle el peligro.

La bala destrozó todo justo donde él se encontraba, escuchó que algo había hecho ¡Crack! ¿Habría sido la madera? No tuvo oportunidad de pensarlo ya que una terrible sensación de dolor hasta la agonía le inundo, de su garganta escapó un grito de dolor como nunca antes había dado seguido de una desagradable sensación de tener algo caliente escurriendo por todo su brazo.

La polvareda y el olor a madera quemada habían envuelto todo el navío. Los marinos que comandaba habían sucumbido y los piratas ya habían tomado control de ese barco.

Norrington no descansaba ni un solo momento, ya iba ya venía y no podía controlar para nada la situación, de pronto algo llamó su atención ¡Los piratas habían destruido uno más de los barcos! Por un momento tuvo miedo de que hubiera sido el Interceptor pero después de enfocar mejor se dio cuenta de que no el barco destruido había sido otro.

Sin saber por qué lo primero que pasó por su pensamiento fue Liam y sus hermanos ¿No había dicho que los niños estaban perdidos aun? Después de dar un par de órdenes más se dirigió a todo galope del primer caballo que encontró hacia el navío destruido.

Victoria había logrado sacar a Thomas del infierno en el que se había convertido la bodega solo para descubrir cuando sus ojos se lo permitieron que estaban rodeados de piratas ¡Piratas de carne y hueso! La joven dio un grito de terror, Tommy también estaba aterrado pero lo que más le heló la sangre en las venas fue descubrir una figura ensangrentada entre los tablones destruidos.

-¡LIAM!

Victoria también lo vio y su grito de terror fue el doble del que ya había dado. ¡Su hermano estaba muy mal herido!

Liam estaba a punto de perder el conocimiento, estaba muy lastimado y aun así aunque la espada estaba partida a la mitad intentaba inútilmente de incorporarse y defender a sus hermanos.

Uno de los piratas rió estruendosamente al ver el espectáculo.

¡Al capitán le gustará este regalito!- dijo señalando a ambos jovencitos- Los niños ricos siempre son un buen botín.

Liam trató de sujetar al pirata por su pie desnudo y calloso pero éste en mejor condición pateó con todas sus fuerzas en el costado al Collingwood caído.

Lo último que el capitán Collingwood observó fue como esos apestosos piratas se llevaban a sus hermanos… Después todo fue oscuridad…

Continuara…