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Capítulo 2: Cambios

"Yo quería ser un Rey que fundara un Nuevo Mundo,

no en un país brumoso a lo ancho de los mares,

sino aquí mismo, ahora mismo, en mi hogar".

Cómo enfrentar la furia de un dragón. –Cressida Cowell

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Las frías aguas del norte impedían que los barcos navegaran libremente, el hielo entorpecía un poco el traslado de los pesados barcos, causando deterioro en las naves y estrés en los tripulantes.

-¡Muévanse basuras! –espetó el hombre, escupiendo mientras miraba cómo era que otra de sus naves era envuelta por el hielo. Temeroso a la actitud de su jefe, pues aunque estaba callado sus ojos demostraban un próximo estallido de insultos.

-Creo que será mejor regresar. –expresó uno de los hombres que estaban al lado de Grimmel.

-Será mejor que hagan lo que les dije, de lo contrario mis dragones los mataran. –sentenció con elegancia, sin cambiar su porte.

Los sirvientes bajaron la cabeza y se dedicaron a seguir indicaciones.

-Ya sólo quedan esos dragones porque están en cautiverio. –masculló uno que afilaba las hachas, un poco alejado del líder y sus dos secuaces. –Si por mí fuera los mataba para que dejaran de existir.

El jefe lo oyó y se acercó a él, escuchar palabras tóxicas alimentaban sus deseos de acabar con las bestias que lo dañaron a él también.

-¿Tanto los odias? –preguntó, morboso.

-Más que eso. –dijo con desprecio y furia. –Ellos me arrebataron todo cuanto he tenido. –dijo resentido.

Grimmel sonrió malévolamente por saber que no era el único con esa mentalidad.

-Pronto acabaremos con la especie más difícil, las demás caerán por sí solas.

-¿Cómo las encontrará? –preguntó con sus ojos azules desafiantes y llenos de resentimiento.

-Cuando encontremos al Amo de dragones.

El vikingo sonrió satisfecho, terminando su labor con las espadas.

-¿Y dónde está ese maldito?

-Escondiéndose de todos, como una rata cobarde.

-¿Cómo lo localizaremos? –se interesó el rubio.

-Eso déjamelo a mí. Ese muchacho necesita una carnada lo suficientemente llamativa. –incitó.

-Estamos atentos a cualquier orden, Grimmel. –ofreció Bitter, un cazador robusto y de barba café al igual que sus ojos.

El cazador pareció pensar detenidamente mientras veía cómo el resto de sus sirvientes tenían dificultad por subir los cuerpos de unos dragones que dieron mucha pelea.

-¿Por qué crees que esos dragones aparecieron de la nada cuando empezamos a disparar a la nada en la isla?

Los sirvientes se miraron extrañados por las raras preguntas del líder, encogiéndose de hombros.

-Porque estabas destrozando su hogar, regresaron para defenderlo. –comentó la rasposa voz de "Nonim" el rubio que afilaba las espadas de la nave.

Grimmel sonrió altanero. –Parece que hay alguien inteligente en medio de todos. –reconoció. –Efectivamente, esos dragones no estaban en la isla, hay algo que los está llamando a alejarse, sin embargo su instinto les hizo regresar a ver su hogar en peligro. Ese mismo llamado es el que necesita el Amo de los Dragones.

Los sirvientes parecieron entender lo que el jefe intentaba decir.

-Cuando termine el invierno conseguiremos que ese tal amo de dragones y sus furias Nocturnas aparezcan de nuevo.

-¿Qué hay que hacer? –preguntó el afilador.

El de cabello platinado sólo sonrió, mostrando su sonrisa malévola. –Como lo consiguió nuestro amigo Drago, atacando las islas de Norway, devastando los archipiélagos… destruyendo Berk.

Ese nombre, ese nombre hizo eco en el rubio.

-Berk. –susurró, como si retumbara algo en su corazón sólo con esa inusual palabra.

Se llevó una mano a la cabeza, tratando de controlarse.

-¿Tomamos el curso, señor? –preguntó uno de los capitanes del barco.

El jefe se dirigió a las personas que le ayudarían. –Cuando el invierno termine, ya dije. Tenemos que reabastecernos y buscar la mejor ruta a Luk Tuk.

Esa palabra que el vikingo rubio escuchó a lo lejos de nuevo le causó una extraña sensación dentro. Fuertes dolores de cabeza le atacaron, tratando de hacerle recordar, y lo logró, pero sólo recordó dolor… un dolor que acabaría solo cuando acabara con todos los dragones que le quitaron a su hermosa familia en esa isla: Berk.

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Las pesadillas a penas y le permitían dormir, no le gustaba para nada esa idea que no le dejaba en paz, esa peculiar y posible opción acerca de un embarazo en su esposa. Justo como la noche anterior esas especulaciones no le dejaron tranquilo, tanto que ni prestó atención al desayuno que Fishlegs le servía.

Era tanta su distracción que al rubio no le quedó más opción que zarandearlo, logrando que Hiccup volviera a retomar su mirada.

-¿Por qué me avientas? –preguntó volviendo a la realidad.

El regordete se sentó en una silla improvisada. –Te fuiste por unos minutos. –comentó asustado. -¿Estás bien?

El castaño se rascó la cabeza y se fue a echar un poco de agua en el rostro. –Sí, sí, descuida... no dormí bien.

-¿Por qué? –preguntó mientras le quitaba las espinas al pescado que degustaba.

El jefe de Berk se rio por recordarlo. –La verdad es que soñé que Astrid estaba embarazada.

Fishlegs se atragantó y en esta ocasión fue Hiccup el que tuvo que pegarle en la espalda hasta que el alimento pasó por sí solo a través de la tráquea del regordete amigo.

-Gracias, gracias, Hiccup… -dijo más calmado.

-Oye, mastica despacio. –aconsejó Hiccup.

El vikingo asintió, creyendo que esa palabra que el castaño había mencionado ya había quedado en el olvido.

-Trataré.

-Te pusiste así cuando mencioné que soñé a Astrid esperando un hijo.

Quiso atragantarse de nuevo, pero él sólo logró controlarse.

-Sí… ¡qué cosas! –empezó a sudar frío.

El jefe lo miró extraño por verlo abanicarse en medio del hielo.

-Sí, y lo peor es que no me dejaba conocerlo, decía que la abandoné. –se rio mientras degustaba su alimento.

El rubio ya no puso seguir consumiendo el desayuno.

Miró a Hiccup, algo extrañado por su nostalgia, el problema era Astrid, él sabía de su embarazo, lo supo el día en que fueron a dejar regalos de Snogletog y vio su pancita.

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Cuando entró a su casa, Astrid alzó el arma, pero la dejó caer de inmediato al reconocer de quién se trataba.

-¿Fishlegs? –preguntó asombrada por verlo a él, vestido de rojo, con lo que parecía ser una barba esponjosita y blanca mientras ponía algunos regalos debajo del pino que ella había adornado.

-¡Astrid! –se asustó y dejó lo que estaba haciendo. –Lo siento, esta es la última casa, no quería asustarte. Todo fue idea de Hiccup.

-¿Él está aquí? –preguntó emocionada, acercándose a él.

El Regordete personaje estaba por responder, pero antes de eso reaccionó, abrió los ojos asustado y preocupado por notar el abultadito vientre de su amiga y jefa.

¿Estás embarazada?

Astrid se asustó, cubrió su vientre y miró a todos lados buscando a su esposo.

-¿Hiccup está aquí? –preguntó con emoción.

Fishlegs se quitó el casco (el cual estaba pintado de rojo) para seguir con la charla.

-As… Astrid… ¿estás embarazada? –preguntó sin salir del asombro.

La rubia estaba por responder, pero había algo que le impedía concentrarse. -¿Qué estás usando?

El vikingo se rascó la cabeza.

-Fue idea de tu esposo…sabes que en Snoggletog se dan regalos… hemos ido muy al sur, créeme que muy al sur, demasiado al sur y nos enteramos que estaban teniendo una tradición similar a la de nosotros, pero en esos lugares va un señor gordo, vestido de rojo con barba blanca y le da regalos a los niños. Hiccup pensó que sería algo bueno tener una especie de tradición parecida para alegrar la época, mantener la esperanza y obsequiar.

-¿Y las personas dejan que ese señor entre a las casas?

-Sí…

-¿Y qué pasará cuando el viejito se muera? ¿No sería muy traumático para los niños?

-Ay, Astrid, no seas pesimista… ese señor lo conocimos, es amable, se llama Nicolás, hasta me prestó su gorrito.

-Pff, qué nombre tan raro. ¿Y por qué se molesta tanto? –cruzó los brazos.

-No lo sé. Él mismo hace los juguetes y con ayuda de algunas personas los reparte. Hasta tiene un trineo con unos renos. –recordó graciosamente. –Algunos dicen que va muy rápido que hasta lo ven volar.

-Sí, claro. A menos que sean dragones, no puede volar. –ironizó.

-Es cierto, en mi caso Hiccup y yo trajimos un trineo jalado por dragones, nosotros si volamos. –presumió orgulloso hasta que notó que la rubia se volvía a acariciar el vientre. -Pero, olvida todo eso…. ¿estás embarazada?

La jefa se incomodó por revelar la verdad, pero a simple vista era más que obvio. Se humedeció los labios finalmente habló. –Sí, tengo poco más de cuatro meses. ¿Dónde está Hiccup? ¿Ya encontraron un lugar seguro para los dragones? ¿Dónde están? ¿Ya regresaran a Berk?

El de rojo se asustó por tantas preguntas. –Calma, calma. Aun no terminamos la misión, el mundo es mucho más grande de lo que creímos.

La jarl entendió con pena.

-Oh.

Pero el rubio aún no podía salir de su asombro.

-Estás embarazada, pero… nos fuimos hace dos meses, ¿cómo…?

-Cuando se fueron tenía dos meses de embarazo. –confesó apenada.

-¿Lo sabías antes de irnos? –le recriminó alzando una ceja.

-No es tu asunto. –se defendió, mirando hacia otro lado.

-¿Lo sabías? –preguntó de nuevo, en una actitud un poco rabiosa.

La embarazada por su parte se molestó, pero no podía escapar de esa pregunta, respiró hondo. –Sí. Lo supe un par de días antes de que Drago atacara.

El vikingo se apoyó en la mesa. -¿Por qué no le dijiste a Hiccup? –preguntó.

-…

-¿Astrid?

Tagó duro. –Claro que lo intenté, Fishlegs. Intenté decenas de veces, pero cuando estaba a punto de decirle había un ataque, o él me interrumpía… ¿recuerdas lo que le hicieron a los herederos? ¿Recuerdas que Drago me golpeó para que perdiera la posibilidad de tener hijos?

El rubio asintió, recordando el problema que había desatado.

-¿Cómo crees que me habrían tratado si hubiesen sabido la verdad? Además Hiccup estaba ocupado con lo de la guerra y muy estresado. No podía darle una preocupación más.

El jinete de dragones siguió entendiendo, la rubia tenía un punto a favor.

-Debes decirle a Hiccup. Él tiene que saber que van a ser papás. –opinó emocionado.

Astrid sonrió con alegría, había esperado esa oportunidad desde hace tanto tiempo.

-Ahora no tendrá más remedio que quedarse, yo terminaré esta misión. Tendré que volar a Toothless pero…

El regordete de rojo siguió hablando pero Astrid no lo escuchó bien porque otro pensamiento ocupó su lugar. Anhelaba decirle a Hiccup, pero al igual que otras veces, debía pensar en toda la magnitud de cosas que requerían su papel como jefes. Era cierto que Fishlegs podría con la tarea, pero era una tarea que le había sido asignada a ellos, ELLOS, y ellos eran quienes debían dar cuenta de lo que ocurría. Además, sabía que si él se quedaba en Berk estaría preocupado por los dragones y Toothless. Era una difícil decisión para Hiccup, cualquiera que fuera; no le daría otra razón para culparse.

-No, no quiero que le digas. –pidió con voz dolorosa.

Fishlegs se acercó a Astrid, con cautela.

-Pero…

-Dije que no. Lo conoces, querrá estar en dos lugares a la vez, y si él cualquiera de las decisiones que tome sentirá que debería haber tomado otra. Haré lo mismo que hace dos meses hice: no le daré opción.

-Astrid, algún día se enterará. Yo se lo diré.

Tomó su gran costal de regalos, lo cargó en su hombro y trató de salir. –Le diré, él me espera en los farallones.

-¡NO! –lo empujó, arrebatándole el costal. –Te lo pido. –casi rogó. –Guarda este secreto por mí.

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A Fishlegs no le quedó más remedio que aceptar la petición de su amiga y jefa, pero no había día que se recriminara su silencio. El bebé de Hiccup y Astrid debía ser recibido por su padre, justo como las tradiciones lo dictaban, no era justo que por cumplir una misión que en el fondo no deseaban cumplir, se estuviera perdiendo de la espera de su hijo, el heredero de Berk.

El de los Gronckles cada día quería decirle, pero la promesa de Astrid la seguía manteniendo en pie, él deseaba eliminar cualquier rastro de duda en él, o hacerlo volver por su propia cuenta, pero en definitiva eso era complicado para el pobre.

-¿Por qué te quedaste tan callado? –preguntó Hiccup.

Era en ese momento o nunca. -¿Por qué habrás soñado eso?

Hiccup se encogió de hombros.

-Creo que pensé que Astrid pudiera estar embarazada.

-¿Hay probabilidades? –preguntó tratando de ingresar en el tema.

-Supongo que sí, pero no estaba embarazada cuando fue la pelea de Drago, y la última vez que estuvimos juntos fue una noche antes de iniciar esta misión… no creo, ella hubiera encontrado la manera de decirme eso, además, cuando la viste en Snoggltog todo iba bien, ¿no?

Fishlegs sólo asintió. Serían unos meses muy largos ocultando ese secreto, sólo esperaba que Hiccup quisiera regresar antes de tiempo y que lo perdonara por lo que estaba ocultando.

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Muy lejos de allí, protegiéndose en una cueva de la gran tormenta que caía nuevamente, Heather seguía con la Nadder, esperando a que el clima mejorara y pudiera seguir con la búsqueda de su jefe y su chico.

Mientras el fuego de la fogata se consumía, la castaña se torturaba mentalmente con los recuerdos de sus miedos y sus acciones, especialmente la que marcó un parteaguas en el rumbo de su vida al rechazar de nueva cuenta a Fishlegs.

-Tonta, tonta… -se regañaba con voz queda para concientizarse del mal que se había hecho.

Nunca sabría lo que habría pasado de haber dicho sí, o lo que hubiera sucedido si él nunca hubiera hablado con ella.

O si ella no hubiera malinterpretado a su amiga Sotma.

O si ella hubiera sido valiente y pedir consejo de alguien más.

Había tantos hubieras y en busca de las respuestas, sólo podía esperar por encontrar a Fishlesgs y responder la carta que él le dejó, decirle que ella siente lo mismo, que siempre lo había sentido y que de alguna forma siempre estuvo confundida por el terror que le provocaba la idea de amar y ser amada.

Se reía de sí misma, pues ella fue la que animó a Astrid todo el tiempo a decirle a Hiccup lo que sentía, y por un breve momento hasta se sintió atraída al jefe, aunque después comprendió bastante bien que sólo era la idea que Hiccup compartía: un hogar.

Ella también deseaba eso que le arrebataron tan cruelmente. Pero el miedo de perder algo que aun no tenía era casi igual de grande que el deseo de tenerlo, así que prefirió seguir con sus temores y callar y soportar la soledad, aunque sabía que no estaba sola.

Stormfly intentó animarla, pero era en vano.

-Gracias, nena. Todo estará bien…

Inevitablemente recordó la última vez que escuchó esas palabras del mismo vikingo que estaba decidida a buscar.

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El pueblo de Berk estaba feliz, habían derrotado al villano más cruel que se conocía hasta el momento. Los líderes del archipiélago barbárico estaban allí y eran capaces de mantener el orden y la buena compañía teniendo como base la unificación de las islas y la inminente muerte de Drago.

Pero esa noche, sólo había oportunidad de celebrar, de recordar y de forjar las leyendas principales que en ese momento comenzarían a narrarse de generación a generación.

Para los hooligans era un orgullo tener un jefe cono Hiccup, pero enfatizando a Heather, como berserker, había sido un honor el pelear en esa guerra en la que reivindicó la muerte de sus padres y la tortura que su Bog Burglar sufrió; por eso es que disfrutaba de ayudar en todo lo que se pudiera necesitar, justo como en ese momento en el que atendía a varios niños que habían sufrido un par de heridas casi sin importancia.

Estaba en un área del Gran Salón en la que los jefes habían destinado para los más pequeños, mientras Fishlegs le contaba a los niños cómo habían derrotado a la gran armada.

-En ese momento mi valiente Meatlug arrojó una gran bola de lava. –comentó emocionado, haciendo brillar los ojos de los niños mientras Heather le limpiaba un raspón en la cabeza.

Cuando la castaña terminó su encomienda le fue inevitable mirar a su amigo en su noble labor, incluso se sonrojó cuando cruzaron miradas, pues esos días habían pasado mucho tiempo juntos con los preparativos de las batallas, ni mencionar que él fue a Bog Burglar a rescatarla… pero tampoco podía olvidar que él le había dado a Sotma unas bellas flores.

Sacudió su cabeza, y fue cuando sintió otra mirada sobre ella, volteó a enfocar de quien se trataba y notó a su mejor amiga, Astrid. La vio sonreír, y ella sonrió también, emocionada e impaciente de gritar ese secreto que orgullosamente guardaba como cómplice. Sin más le guiñó un ojo, dando a entender que con gusto la apoyaría en todo.

-Esos dos se traen algo, ¿verdad? –preguntó Fishlegs, sentándose al lado de la castaña mientras bebía amenamente del hidromiel.

Heather también bebió con él tras chocar los tarros. –Pronto lo sabremos.

La música inundó todo el lugar después de notar que Astrid e Hiccup salieron del recinto, la berserker sospechó que su amiga le diría a su esposo acerca de su embarazo, era algo que deseaba contar ya, y era de esperarse que en medio de tan grande celebración se diera una noticia mucho más agradable pues sólo incrementaría la alegría en Berk.

-¿Te gustaría salir a caminar? –ofreció Fishlegs al ponerse de pie.

La castaña respiró hondo y después asintió temerosa.

-¿Algún lugar en especial? –preguntó animosa.

El vikingo se encogió de hombros. –Solo salgamos.

Cuando estuvieron afuera del Gran Salón, pudieron experimentar de la paz que se respiraba de una manera diferente y amena.

-Espero que con Drago fuera del mapa ahora los dragones puedan estar más seguros. –opinó Heather.

El anochecer casi cubría el cielo y las brillantes estrellas comenzaban a aparecer tenuemente para adornar la bonita escena de paz.

En cuanto a Fishlegs, ignoraba el panorama, él se enfocaba más en la castaña que mantenía los ojos cerrados mientras dejaba que el viento y la brisa acariciara y revoloteara los cabellos que caían sobre su frente.

Esos días de guerra le habían cambiado la perspectiva.

Varios años atrás pensó que era amor, pero se equivocó, se sintió protegida, después imaginó que sentía algo por Hiccup, y obviamente no fue así, pero regresar a la esperanza con Ingerman era de mal gusto, por lo que prefirió ese estadio de mantenerse con lealtad y confianza innegable, creyendo que así sería feliz; lo fue por un tiempo. Esa zona de confort le dio seguridad y estabilidad, pero ahora… quería más. Quería algo más, no quería quedarse sólo como la amiga incondicional de alguien, necesitaba mucho más. Necesitaba aceptar que estaba enamorada, pero aunque lo necesitara y lo quería, tampoco estaba dispuesta a perder su amistad.

Esa fina línea llamada confianza entre el amor y la amistad no estaba lista para cruzarla, además… él le había dado flores a Sotma, ¿no?

Esa sensación le causó otra ola de dudas en su interior, antes de la pelea ella había dicho que se iría a Berserker, quizá era lo bueno, debía intentar algo nuevo y alejarse de la isla para poner en orden sus sentimientos, o en su defecto, olvidarse de ellos para poder continuar.

-Fuiste muy valiente. –comentó el rubio, apenado. –Astrid me dijo que la salvaste de varios cazadores, y que cortaste tu cabello para escapar de ellos.

-El cabello crece, además ella habría hecho lo mismo por mí.

-A parecer le diste la cota que le hicimos.

-Sí, eso también ayudó mucho. –empezó a cortar la plática.

Ambos se sumergieron en un silencio medio incómodo, y cuando Fishlegs intentó volver a retomar la conversación, observaron cómo era que Astrid salía volando rumbo al acantilado en compañía de Stormfly.

Eso hizo reaccionar a la berserker, pues era probable que su amiga estuviera pasando un mal rato.

-¿Habrán discutido?

La castaña siguió mirando, tratando de encontrar alguna razón que le diera tomar tan extraña reacción de ella, cuando detectó que Hiccup también salía, luciendo afligido.

-¿Deberíamos ir con ellos? –propuso Fishelgs.

-Yo creo que debemos dejarlos solos, si ocupan ayuda, la pedirán. –argumentó la muchacha.

EL rubio rodó los ojos. –Es obvio que no pedirán ayuda, ambos son tercos, son nuestros amigos.

-No se trata de nosotros, démosles privacidad.

La castaña estaba a punto de reclamarle algo cuando otros más se interpusieron.

-¿Privacidad? –interrumpió Tuffnut. –Soy experto en arruinar momentos privados, ¿a quién hay que molestar? –preguntó animado.

-A nadie. –masculló Heather.

-En realidad son Hiccup y Astrid, ellos parece ser que discutieron. –informó el rubio.

-Excelente, mi hermana y yo tenemos una perfecta manera de crear métodos de reconciliación, iré por ella y el resto de la familia para volver a unir a nuestros amados jefes. ¿Dónde están?

-¡No sabemos! –se adelantó la de ojos verdes.

-Se fueron al acantilado. –señaló Fishlegs.

-Gracias mi vikingo amigo. –reconoció el gemelo. –Has sido una pieza clave en la misión "Hiccstrid 2.0"

Haciendo unos extraños ademanes se giró y comenzó correr en busca de su cuñado, hermana y sobrino recién nacido.

Heather se molestó por la intromisión de Fishlegs y le pegó en un hombro.

-¿Y yo qué te hice? –se quejó.

-Andas chismeando acerca de la vida de nuestros amigos. No te consta que se pelearan, además si era importante ellos nos cantarían después, no tenías que entrometer a los gemelo y a Snotlout.

-Me preocupo por ellos.

-Yo también, pero no por eso me inmiscuyo en lo que no me llaman. Ahora tendré que ir a detener a ese trío de no herir a nuestros jefes.

-Heather, no es para tanto.

-Sí lo es, ese era un momento especial para ellos y ahora tú lo vas a arruinar. –se quejó.

-¿Especial? ¿Sabes de lo que están hablando? –preguntó suspicaz.

Deranged aclaró su garganta.

-Tampoco me corresponde decirlo a mí, ya lo sabremos más adelante. –intentó guardar la compostura.

Ingerman no quedó conforme, pero tuvo que dejarlo así de momento porque pronto empezarían a ir con los jefes, y tal vez Heather tendría razón y debían dejar todo como estaba.

-Te acompaño para detener a los gemelos.

No pasó mucho para que los gemelos y Snot llegaran al acantilado, detrás de Heather y Fishlegs, justo en la cúspide de las palabras que ellos terminaban de decirse.

-Eres una maravillosa persona Hiccup. Como jefe, como vikingo, como hijo, como amigo, como esposo… y estoy segura que también lo serás como protector de los dragones.

-También lo serás tú como Jefa de Berk. –le besó la frente. –Dejé una carta donde explico todo.

Astrid asintió, obediente. –Hay que decirle al Concejo de Berk, y aprovechar que están los jefes para que se mantengan atentos con las islas en caso de que ataquen.

-Sí, no quiero dejar problemas cuando tenga que irme… -mencionó Hiccup.

Esas palabras descolocaron a los jinetes, mirándose entre sí.

-¿Te irás? –preguntó una voz molesta y decepcionada detrás de ellos.

Al girar ellos se dieron cuenta que eran sus amigos, quienes lo miraban enojados.

Se separaron con la respiración entrecortada,

-Wooo… -exclamaron los jinetes.

El instinto principal de Astrid fue negar todo, pero Hiccup la sostuvo de la mano, no era algo que pudieran ocultar, de hecho debían hablar con ellos primero; además su rostro lleno de culpa les decía otra cosa.

-Esto… -inició Snotlout mientras ayudaba a su esposa a bajar de Hookfang porque cargaba a su bebé con extremo cuidado.

-Lo cambia… -continuó Fishlegs incrédulo.

-Todo. –finalizó Tuffnut, cruzándose de brazos, claramente molesto.

Todos se miraron entre sí tratando de decir algo. Principalmente Heather que sólo veía a su amiga, colocando sus manos con fuerza sobre su vientre.

-¿Por qué? –preguntó la castaña Berserker.

Se humedecieron los labios y resoplaron.

-Hay algo que deben saber, algo que está pasando en el archipiélago.

Los jinetes y sus dragones se prepararon para escuchar la versión que Hiccup les contaría según las palabras de Amarani.

Escucharon atentamente cada una de las palabras del jefe, preguntaron lo que decían preguntar y por más que les costara terminaron por otorgar la razón al argumento de Hiccup.

La conclusión fue simple y dolorosa: los dragones eran dragones y debían vivir como tales, domesticarlos había sido asombroso, pero no podían mantenerlos más si con eso corrían riesgo todos, al contrario debía protegerlos y corresponder la protección y ayuda que habían recibido de ellos tanto tiempo.

Era hora de decirle al pueblo, lo cual sería difícil, pero debían intentarlo.

Fue una noche triste y larga para los jinetes, para los jefes, para Berk… pero para Heather su oportunidad de aferrarse a lo que le hacía feliz iba desmoronándose poco a poco.

Abrazaba fuertemente a Windshear, quería irse de allí, incluso se lo propuso a la dragona, pero ella tenía instrucciones precisas de su Alfa que le negó a todas las criaturas que no podían marcharse de Berk.

-No amiga, no te voy a perder a ti. –añoró con dolor. –Fuiste mi salvación… no quiero perderte.

Lo negó. No iba a sentir ese dolor de nuevo, el dolor de la pérdida ni de la separación.

-No es una opción. –interrumpió una voz detrás de ella. –Es en vano pedir que ella se quede.

La castaña se talló los ojos con rudeza.

-¿En serio? –contradijo. –Debe haber una manera.

Astrid negó. –Hablé con Hiccup largo y tendido. Si queremos salvar a los dragones y al Archipiélago, esta decisión tenemos que tomarla.

-¿Ahora? ¿No le duele dejarte, así?

Al parecer la rubia tendría un tic a partir de ese momento: acariciar su vientre, como si quisiera proteger a su bebé.

-¿Astrid? –preguntó Heather. -¿Le dijiste, verdad?

La jefa se aclaró la garganta, mirando a otro lado.

-No he tenido oportunidad, cuando salí del Gran Salón para contarle nos mandaron llamar y después… Heather, él está destrozado por esta decisión. No puedo decirle, él querrá partirse en dos y cumplir ambas partes. Sé que desearía quedarse conmigo y también vigilar a los dragones en este lugar que tienen que encontrar.

El embarazo sólo hacía que Astrid estuviera más sensible y mostrara sus sentimientos ante su negativa de hacerlo.

-… no le causaré más dolor ni culpa.

Heather se conmovió. Su amiga estaba embarazada, dejando ir al amor de su vida, a su esposo, a su otra parte con la que gobernaba y también a su compañera de vuelo; era verdaderamente una carga más dolorosa.

Quizá no era la única que tenía problemas con la reubicación de los dragones, ella tenía que controlarse y aceptar que debía estar allí. Astrid la iba a necesitar, no podía ser egoísta y debía demostrar ese apoyo que Berk siempre le dio, ahora correspondiéndoselo a su amiga.

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Al amanecer los rayos de luz traspasaron la entrada de la cueva, logrando que se despertara a instante.

Con algo de pereza extendió sus brazos y después se enderezó para tallarse sus ojos.

-Buenos días, Stormfly. –saludó a la dragona, pero al notar que la reptil no hacía ruido trató observar a su alrededor con más detenimiento.

Heather empezó a asustarse en el momento en que ella notó que la Nadder no estaba allí.

-Nena… -se levantó de abrupto.

Salió a la entrada y trató de llamarla, pero no se sentía ni percibía nada.

-No, no… nena… no puedes perderte así.

Pero al parecer eso había pasado.

Stormfly había desaparecido justo mientras su protectora dormía.

-¿Y si ellos están aquí? ¿Si Hiccup y Fishlegs están cerca y le llamaron a Storm? –susurró, tratando de animarse.

Descartó esa opción porque de haber sido así Hiccup habría reconocido a la Nadder y ella habría vuelto de seguro. Esto no era un llamado del Alfa, era algo que le daba mala espina…

Espina…

Justo como las espinas que estaban regadas por todas partes, como si dejaran marca hacia donde ella se había dirigido.

En cuanto vio las huellas, ella siguió el rastro para no perderlo de vista, hasta que las espinas llegaron a la playa donde una gran e inmensa flota estaba atracando.

-Cazadores… deben ser los cazadores que Amarani y Bruce mencionaron.

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Grimel sonreía falsamente.

-¿Esto es todo? –preguntó molesto. –Pedí claramente un Furia Nocturna. ¿Es lo que pedí?

Los sirvientes de él estaban callados y con la cabeza baja.

-No… no señor. Pero es todo lo que hay en leguas a la redonda. No hay dragones en estas tierras. –expresó uno de ellos, temerosamente.

El de cabelló blanco se mofó mientras veía cómo era que la dragona se removía ferozmente.

-Vigílenla, nos servirá para llevarnos al Alfa. –ordenó mientras arrojaba más cuerdas para sujetar a la dragona. -Si el Alfa quiere dragones, vendrá por ésta. Allí aprovecharemos para acabar con los últimos Furias Nocturnas.

El sirviente rubio aceptó la encomienda, forzó el cuerno de la Nadder y las patas para evitar que se moviera, hasta que notó algo importante… una silla de montar, y no cualquiera, una silla que en una de las orillas mostraba la cimera de una marca que creía haber olvidado, y que en realidad así había sido, una marca olvidada que volvió a recordar y que le hizo dudar.

Mientras tanto, la Nadder emitió un rugido tan potente que dejó sordos momentáneamente a los tripulantes de ese barco y que Heather logró percibir para después visualizar el terreno enemigo a través del catalejo.

-Resiste, Stormfly. Iré por ti, nena; y después iremos de nuevo a Berk.

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Notas de la autora:

Lamento la tardanza, pero ocurrieron muchas cosas este verano, por lo que mi tiempo a pesar de lo que creí se vio limitado, pero aquí estoy de nuevo, esperando tener oportunidad de actualizar más seguido.

Espero que esta historia les guste, ojala descubran la identidad secreta de ese hombre rubio, que seguramente ya saben quien es.

Por cierto, pronto organizaré una rifa de un artículo de Cómo Entrenar a tu Dragón, para que estén pendientes en mi Facebook.

Gracias a Gabii, Dlydragon, Sam Archer, Airam Haddoock Writter, KatnissSakura, jailys sama, Kirika y DragoViking… espero que esta entrega les siga gustando.

Gracias por leer

**Amai do**

-Escribe con el corazón-

Publicado: 11 de septiembre de 2018