Disclaimer: La trama es mía, los personajes de Steph, tenemos un pacto de sangre sobre Jasper, tho.


Sonríe, el Coco te está observando.

Summary: "El Coco, pensó. Lo habían nombrado de tantas maneras a lo largo de su existencia y esta era la que más le gustaba."
Vampiros. OoC. Bella&Edward.


Capítulo dos: El ángel guardián.


Después de andar merodeando por los alrededores de la residencia Swan, y confirmar por milésima vez que todo estaba en orden, se obligó a sí mismo a tomar un descanso. Mientras corría a lo largo del bosque la pulcra imagen de la pequeña niña apareció en su cabeza, era tan inevitable para él sonreír con el simple hecho de recordarla.

Aquella sonrisa solo duro una fracción de segundo, su cuerpo se tensó visiblemente cuando se encontraba a solo unos pasos de su, ahora, nuevo hogar. Los constantes murmullos que se escuchaban desde el interior de la casona lo alarmaron, avisándole que algo no estaba del todo bien, sin previo aviso Edward se adentró en la gran mansión dejándose ver por toda su familia, casi toda desde hace ya unos meses atrás.

Lo primero que capto fue la mirada de tristeza y melancolía que profesaban los ojos de su querida madre, aquella mujer que lo había tratado tanto a él como a sus hermanos con el mayor afecto posible, como si de una verdadera madre se tratara.

Esme, ese era el nombre de la hermosa vampira que tenía su estilizado rostro en forma de corazón y que sus ojos, la mayoría del tiempo, eran los más dulces y amables que hayan existido, trataba con todas sus fuerzas de contener los sollozos que arremetían incontrolablemente contra su cuerpo al ver a sus dos queridas hijas actuar de esa manera. Una fuerte, pero suave mano toco el hombro de la desdichada mujer, el rostro de Carlisle, su pareja, miraba la escena carente de expresión.

Los ojos de Edward y su padre, Carlisle, se conectaron. Por favor, pidió, mirando a su mujer de soslayo, Edward capto la idea, y sus ambarinos ojos se posaron finalmente en las dos mujeres que parloteaban palabras nada agradables, la una de la otra.

Frente a él se desataba toda una escena, sus dos hermanas, Rosalie y Alice, discutían, hablando tan rápido que era imperceptible cada palabra que soltaban para el oído humano. Emmett tenía sujeta a Rosalie por sus hombros, la rubia parecía querer saltarle encima a Alice en cualquier momento. Y es que a pesar de la gran diferencia entre las dos vampiras, Alice, la más pequeña, no se amedrentaba por la hermosura y porte de su hermana, como muchas mujeres, incluidas vampiras llenas de experiencia, lo hacían, y con la barbilla en alto en señal de orgullo la enfrentaba sin mostrar temor alguno.

Jasper, pensó su hermano Emmett, mirándolo directamente a los ojos. Eso fue lo único que necesito Edward para terminar con esta riña. Tomo a la pequeña Alice entre sus brazos y en una velocidad increíble se la llevó al jardín trasero, sin dejarla si quiera refunfuñar.

El viento soplaba fuertemente en el pequeño pueblo de Forks, este jugaba con el corto y puntiagudo cabello azabache de Alice, quien miraba fijamente a su hermano, con aquel brillo de melancolía que ya era algo característico en sus dorados ojos. Por alguna extraña razón, la cercanía que él tenía con Alice era totalmente distinta a la del resto, no era que no quisiera a su familia, al contrario: la amaba, pero con Alice era distinto, simplemente distinto.

Tal vez el hecho de que ambos compartieran un don en la familia era el causante de esto.

Lo extraño, pero ella no entiende, pensó Alice, posando una de sus finas y pequeñas manos en la mejilla de Edward. El vampiro sonrió conmovido ante la innegable verdad, y su inerte corazón se rasgó, al saber que no podía hacer nada para amortiguar el dolor que su querida hermana desprendía.

— ¿Cómo está la pequeña? —pregunto cambiando de tema radicalmente, pero con verdadera curiosidad la vampira, y su curiosidad se acrecentó más aún, cuando Edward dejo relucir una hermosa sonrisa en su rostro sin tapujo alguno.

— Bien — respondió escuetamente, sin darle nada de detalles, cosa que su hermana maldijo. Edward sabía que una vez que abriera la boca para hablar de Bella no pararía quizás en cuanto tiempo más. Aunque pensándolo bien, la eternidad siempre estaba de su mano.

— ¿Lo viste? —pregunto Alice tratando de restarle importancia al asunto, Edward sabía perfectamente a quien se refería. Alice comenzó a jugar intranquila con sus dedos, al vampiro le hubiera parecido gracioso el comportamiento tan humano que estaba tomando su hermana, más en esta ocasión evito hacer cualquier comentario.

— No —respondió con parsimonia, acariciando los rebeldes cabellos de Alice, quien se tranquilizó solo un poco al sentir el dulce tacto de su hermano. Un suave y pequeño suspiro escapo de los labios de la pequeña vampira, ella deseaba que otra persona fuera la que tranquilizara su corazón, aquel órgano que desde hace un tiempo había olvidado que existía.

...

Renée miraba curiosamente a su pequeña que cada dos por tres hacia muecas, siempre pensó que Bella era muy madura para sus apenas cinco años de vida, y cada vez la sorprendía más con cada gesto que aprendía. Una melancólica sonrisa se posó en los labios de la joven madre, si el padre de la niña tan solo la hubiera conocido… No había persona que no cayera rendida ante sus inconscientes encantos. La pequeña caminaba alegremente de la mano de su adorada madre, directo al jardín de infantes. Isabella no podía esperar para contarle a Ángela quien la había visitado la noche anterior, y para advertirla a su amiga que se portara bien y así el Coco no se la comería.

Estaba segura de que Ángela le creería.

Movió su cabeza para despejar aquellos tristes pensamientos. Su deber ahora era concentrarse en el trabajo, era una simple mesera el en único bar que existía en el centro de este pueblo, los horarios eran pesados, y la mayoría del tiempo llegaba a altas horas de la madrugada. Renée soltó un suspiro, no podía quejarse, una hermosa vida dependía de ella.

Y su pequeña Isabella era todo lo que tenía en su vida, todo.

...

Una ráfaga de viento soplo, arremolinando automáticamente el cabello de la pequeña niña que se encontraba sola en la hora del receso, acerco sus manitas para poder despejar su vista, más el viento no la dejaba y cada vez que un bucle desaparecía de sus hermosos orbes chocolates, otros se colaban por la impertinencia del viento. Bella se había resguardado en la parte más alejada del patio de juegos, no quería que nadie la viera.

Ninguno de esos niños que se burlaban de ella constantemente sin razón alguna.

Alice sonreía ante la dulce imagen que captaban sus ojos, Edward a su lado no podía aguantar la emoción de volver a verla. Bella anexa a todo esto, aún no podía arreglar su cabello, la pequeña inflo sus mejillas y camino a tientas hasta un lugar que fuera seguro del viento, y debido a la gran torpeza que poseía, con tan solo dar unos pasos se encontró de cara contra el suelo. Edward se levantó repentinamente, se mostraba preocupado. Alice lo miraba divertida, su hermano se había tomado el papel de protector demasiado enserio, tiro de su manga para que volviera a su posición inicial. Era extraño ver a dos "adolescentes" escondidos tras unos arbustos del jardín de infantes, no podía permitir que por una exageración de Edward fueran descubiertos.

Está bien, fue solo una pequeña caída, le transmitió aquel pensamiento a su hermano para tratar de calmarlo. Alice no entendía el cambio radical en el semblante de su hermano. Edward tenía la mandíbula tensa y sus ojos que eran de un color ámbar debido a su naturaleza, se fueron tornando poco a poco de un fuerte ónix. La delicada inmortal lo capto cuando sus fosas nasales se dilataron, aquel olor tan característico que los hacia perder la cordura, aquel aroma por el cuál vivían eternamente. Y un flash cegó su mente, para verse perdida en sus cavilaciones. Edward no podía apartar su oscura mirada de la rodilla de la pequeña niña, esa parte de su delicado cuerpo que expulsaba un líquido borgoña que lo llamaba a probarlo, el monstruo en su interior comenzaba a rugir de desesperación. Sabía que el olor de la sangre de Isabella era distinto a cualquiera, él lo supo desde que tuvo el agrado de vigilarla de cerca, mas nunca le había pasado algo parecido a esto. Antes de que aquel dulce y particular aroma inundara su cavidad nasal por completo, antes de que la ponzoña se comenzara a juntar inevitablemente en su boca, tomo rápidamente la mano de Alice y se alejó del lugar.

No puedo permitirlo, aquel pensamiento curso su mente, mientras corría de la mano de su atónita hermana.

Bella frunció su pequeño ceño levemente, la rodilla le ardía un poco. No es algo por lo que alarmarse, con un beso mamá arreglará todo, se aseguró a sí misma, aun cuando la pequeña no se había atrevido a dirigir su mirada al lugar donde estaba la herida, estaba segura de que si sus ojos captaban aquel líquido saliendo de su rodilla se desvanecería ahí mismo.

No quería ingresar a su establecimiento. Nada ocurrió como ella pensaba, es más, sus compañeros se largaron a reír desvergonzadamente cuando en un intento de hablar en voz baja, cosa que no le resulto nada bien, le contó a su amiga Ángela de la inesperada visita que tuvo la noche anterior. Bella maldecía una y otra vez que Jessica hubiera escuchado, ¡eso no se hacía! La conversación no la involucraba a ella, y a causa de esto, como siempre, la pequeña Bella fue nuevamente signo de burla para los niños que compartían el aula con ella.

— ¿Estas bien, pequeña? —la forma suave y arrulladora en la que había salido aquella pregunta dejo paralizada a la pequeña niña, que no había sentido acercarse a nadie hacia el lugar en donde ella se encontraba, mientras que giraba lentamente sobre sus pies.

Pasmada quedó al ver la perfección del hombre que tenía frente a ella. Sin siquiera estar presente el astro rey que muy pocas veces decidía iluminar esta retirada zona del país, los hermosos bucles dorados que caían desde su cabeza hasta la altura de su oído centellaban de una forma mágica, inigualable, y esos dos pares de ojos que la miraban desbordando dulzura y otro sentimiento que la pequeña niña, a su corta edad, no supo descifrar, la tenían embobada. Nunca en su vida había apreciado aquella rojiza tonalidad de ojos, sin duda alguna eran los más lindos que ella había visto, su pequeño y sonrosado rostro se reflejaba en aquellas pupilas que la observaban con atención. Por otro lado, él sabía que lo que hacía no era correcto, más nada le importaba a estas alturas.

Tenía una oportunidad y no iba a desaprovecharla.

— Mhm —fue el patético y único sonido que pudo expulsar de sus labios, aún no concebía semejante figura que yacía de forma despreocupada frente a ella. El joven sonrió, ahora entendía todo lo que había escuchado acerca de la pequeña, aunque ella no fuera su principal objetivo.

Algo le decía a Bella que se alejara de aquel joven, que retrocediera y utilizara sus dos piececitos para correr en la dirección contraria a la persona que tenía frente a ella, pero la pequeña hacía todo lo posible por acallar aquel sentimiento de incertidumbre. No puede ser malo, después de todo, estuve con el Coco, se conforto a sí misma, mientras observaba como el extraño que estaba frente a ella bajaba su vista y la posaba en su lastimada rodilla.

Sus facciones se endurecieron, no había captado que aún la sangre salía de la rodilla de la niña, le tomo todo su autocontrol no abalanzarse sobre ella y drenarla por completo, la sola imagen lo dejo aturdido, como sus dientes se posaban sin piedad alguna en el tercio cuello de la pequeña. Delicioso, pensó, mientras la imagen mental de aquel dulce elixir en su boca, bajando sin problema alguno por su garganta hasta saciarlo por completo seguía fresca en su cabeza. La poca cordura, si se le podía llamar así, que quedaba en su persona, regreso. Si bien el dulce aroma que desprendía la pequeña Isabella era algo maravilloso, aun así, no se comparaba en nada al olor que desprendía la sangre de aquella mujer, aquella que por mala fortuna de la vida, era su cantante.

Paciencia, se dijo a sí mismo, mirando a la personita que lo ayudaría finalmente llegar a ella.

— ¿Quién eres? —después de un gran esfuerzo pudo articular palabra, su voz sonó temblorosa, la duda y la desconfianza seguían punzante en su pequeña cabeza, Y ahora no era solo eso, también el temor que sintió cuando vio las dulces facciones de un principio ensombrecerse sin razón aparente.

El joven inmortal sonrió nuevamente, entre tanto se acuclillaba para quedar a su altura, Isabella dio un respingo por la repentina cercanía que estaba teniendo con aquel extraño. El vampiro sentía la desconfianza que la pequeña emanaba hacía su persona, se permitiría jugar con su mente, después de todo, tener su confianza era el primer paso.

— Yo, soy tu ángel guardián, mi cielo —bingo.

Eso era todo lo que necesitaba para tener a la niña a su merced. Bella abrió sus ojos desmesuradamente, sabía que sucesos extraños habían comenzado a pasar en su vida, más nunca se imaginó tener un ángel de su lado, su propio ángel. La sonrisa del desvergonzado vampiro se hizo más amplia cuando los ojos de la niña le mostraron cierto brillo de sorpresa y emoción.

El juego estaba por comenzar.


¡Buenas noches!

¡Aquí les traigo el segundo capítulo de este mini-fic! :3 espero les guste, aquí apareció un personaje que será un tanto clave por aquí, algunas ya empezaron con las suposiciones de porqué está en cursiva, jajaja, les diré que algunas están bastante cerca ;) Muchas gracias por el apoyo chicas, de verdad, ¡espero realmente hayan disfrutado del capítulo, nos estamos leyendo pronto!

De los otros fics pronto tendré noticias, las pondré en el grupo para que se enteran así que cualquier cosa estará colgada ahí :) las chicas que no etsan en el grupo si quieren unirse el link está en mi perfil, igualmente avisaré por este medio que onda jajajaj

¡Nos estamos leyendo pronto!
Lamb.