Catra se encontraba en una nebulosa que la tenía sobrevolando entre la inconsciencia y la realidad. Se iba abriendo paso lentamente hacia la segunda, sintiéndose por primera vez libre del dolor, la fiebre y los escalofríos que la habían estado atormentando esos últimos días.
Sus párpados eran lo más pesado de su cuerpo, y a diferencia de su garganta seca, todo lo demás parecía estar bien. Intentó parpadear un par de veces hasta que logró su cometido, encontrándose con una luz cegadora que la obligó a cerrar los ojos nuevamente con un gruñido. Ahora, estaba claro que no se encontraba en su alcoba (a la cual había sido transferida luego de subir de mando) por la cantidad ridícula de iluminación a la que estaba expuesta, y aun así estaba recostada en una superficie más mullida y cálida de lo usual.
Distaba mucho de cualquier lugar que ella conociera, y eso hizo a sus instintos dispararse. Esta vez pudo abrir los ojos, amplios y nerviosos absorbieron todo a su alrededor. Era el cuarto más blanco y limpio que había visto en su vida. Sin moverse de su lugar olfateó con cautela, captando nada más el olor a sábanas limpias y una fuerte esencia floral que provenía de su brazo herido. Echó un vistazo a la simple venda que cubría la herida, y lo levantó con cuidado, preparada para sentir dolor, pero se sorprendió al percibir solo una leve punzada. Confundida, Catra movió sus orejas, y a través del extraño y tranquilizador silencio percibió una respiración acompasada a su derecha.
Volteó la cabeza lentamente, su cuello y hombros tensos por haber estado inconsciente por quizá cuanto tiempo. Jadeó ante la visión que se le presentaba frente a sus ojos, y se preguntó si realmente habría sobrevivido, porque esto bien podía ser su cielo personal.
Adora dormía profundamente en una silla junto a la cama donde Catra se encontraba recostada, teniendo los brazos cruzados flojamente y la cabeza gacha. Sus ojos, uno azul y el otro amarillo, se pasearon por el rostro durmiente de la rubia, y soltó un suspiro, había extrañado verla dormir junto a ella (aunque en circunstancias distintas). Valió la pena ir en su busca, decidió al contemplarla removerse mientras soltaba un ruidito adormilado que le resultó entrañable.
Catra formó un mohín, un poco harta de mantenerse tan quieta, ¿Quién podría culparla? no estaba acostumbrada a tener ese tipo de libertad para yacer despreocupada en una cama. Aun se sentía algo atontada, y pensó que enderezarse la ayudaría a aclarar sus ideas. Flectó sus brazos y se impulsó en ellos, pero el movimiento fue demasiado brusco y sintió como su mente salía proyectada con un mareo. Siseó y volvió a caer en la cama con un ruido que logró despertar a su compañía.
Adora se levantó de un salto y alzó los puños, lista para pelear, aun teniendo la mirada adormilada giró sobre sí misma buscando la amenaza. Si Catra no se hubiera sentido tan del asco, se habría burlado de ella en un segundo, pero se contentó con rodarle los ojos. Su amiga de la infancia estiró sus brazos con un gran bostezo, se restregó los ojos y su mirada cayó en Catra, quien la observaba atentamente desde su patética posición. Sus ojos azules se abrieron sobrios de sueño y un jadeo tembloroso se le escapó.
—¡Estás despierta!
—¿lo estoy? —preguntó ausente, segundos antes de verse aprisionada en un firme abrazo. Adora escondió su rostro en la coyuntura de su hombro y Catra se sorprendió al sentir segundos después la humedad en su cuello—. ¿qué- ¡Adora!
—¡Casi mueres Catra! Así que cállate y déjame disfrutar esto —demandó aun escondiéndose en ella, su voz sonó rota y amortiguada en su hombro. Sintió un calor en el centro de su pecho al notar que el agarre de Adora se afianzaba en ella, sin embargo, su ceño se frunció por sí solo, su cerebro iba registrando de a poco las palabras que salían de la chica en sus brazos.
—¿entonces…sigo viva?
—claro que si tonta, ¿pensaste lo contrario? —Preguntó a cambio, luciendo curiosa. En respuesta solo atinó a encogerse de hombros.
—uuh, sí. Siento como si solo fue hace unas horas que parecía que estiraría la pata. Es imposible que haya sanado tan rápido y…y para más estás aquí. Era demasiado bueno para ser cierto —la rubia, por alguna razón que ella desconocía, se sonrojó y evitó su mirada. Quería preguntar que le sucedía, pero en ese momento creyó más importante averiguar su paradero actual.
—Hey, Adora… ¿dónde estamos? —Tan pronto la pregunta salió de su boca la respuesta le llegó como una piedra en la cabeza, y la mirada de entendimiento en el rostro de Catra hizo desaparecer la pequeña sonrisa de Adora. La instó a levantarse y pasearse nerviosa para exclamar:
—Espera, antes de que digas algo ¡no es lo que parece! Es solo que- ¡UGH, NO TUVE OTRA OPCIÓN! Habías perdido demasiada sangre y no había nada que yo pudiera hacer para salvarte, en cambio aquí hay sanadores ¡y aún así después de curarte ellos dijeron que dependía de ti despertar! ¿sabes el infierno por el que pasé mientras esperaba que dieras el mínimo indicio de que sobrevivirías? Así que lo siento Catra, pero si salvarte significaba traerte a Bright Moon e ignorar las consecuencias, entonces no me arrepiento…al menos aun estas aquí —Concluyó, repitiendo las palabras de la chica felina había murmurado antes de perder la consciencia en el bosque.
Adora esperó la explosión que sería de igual o mayor brutalidad que sus enfrentamientos anteriores. Pero esta vez su postura cambió y se plantó en su lugar con firmeza, se cruzó de brazos haciéndole ver que no había nada que pudiera decir para hacerla retractarse de su decisión. Catra lo notó al instante, también notó que se mordía el labio para no soltar nada más que pudiera empeorar la situación. A la chica rubia le sorprendió el silencio que inundó la sala de curaciones, y eso la asustó más que cualquiera de los gritos de Catra. Ninguna apartó la mirada, se observaban como si hubieran acordado no mover un músculo, y el silencio se volvió ruidoso en los oídos de Adora.
El primer movimiento provino de la cola de Catra, la cual se agitaba suavemente sobre su estómago, podía significar muchas cosas según la experiencia de Adora. Si esto era ira…era una de la que ella aún no había sido testigo.
La chica felina cerró los ojos, e intentó sentarse una vez más, pero aún estaba cansada y ya comenzaba a sentir hambre, lo cual no ayudaba. De pronto dos manos tomaron sus muñecas y la elevaron gentilmente, como si con un simple movimiento entendiera lo que no podía lograr por sí sola. Ese siempre había sido el don de Adora pensó, ella se dejó hacer sin quejas y sin molestarse en volver a abrir los ojos. A este punto el interior de la cabeza de Adora parecía un batallón mientras intentaba averiguar que es lo que había sucedido con la fiera que se había negado a escuchar, aceptar y mirar su punto de vista hace tan solo unos días atrás, quien estuvo tan dispuesta a desligarse de ella para así destruirla por dentro y por fuera. Era como ver una sombra de lo que alguna vez fue, muchos años atrás. Este comportamiento extrañamente…dócil, de parte de Catra puso oscuras teorías en su cabeza. Unas que incluían a cierta hechicera malvada con la habilidad de lavar cerebros.
Esperaba de todo corazón estar equivocada. Quiso asegurarse enseguida de que Catra seguía siendo en cierta forma ella, pero fue interrumpida por la susodicha.
—Diablos, gracias, ya comenzaba a pensar que estaría recostada de por vida. Mi cabeza sigue dando vueltas. —Gruñó la chica felina, sobándose la frente con su brazo bueno y probando su punto. Volvió a echar una mirada a su alrededor desde su mejorada posición y una sonrisa burlona se abrió camino en su rostro, uno de sus colmillos a la vista. Adora siempre le decía que cuando sonreía de esa manera ese diente parecía brillar, ganándose siempre un empujón.
—Así que… ¿Qué clase de celda es esta? Parece el interior de una nube en comparación a las que tenemos nosotros —Se burló. Luego de sopesarlo hizo una mueca—. No es que me queje. Al menos no hay ratas.
Adora parpadeó sin saber que decir. ¿ahora evadía una discusión? Bien. Definitivamente algo le había sucedido en esos últimos tres días ¡se comportaba de una manera tan extraña! Catra nunca había sido de las personas que dejaban cabos sueltos, siempre iba al grano si algo le molestaba, y toda esta situación debería molestarle. La estaba dejando ayudarla después del daño que sabía le había causado… y, había algo diferente en su mirada…un nuevo brillo de resignación la inundaba.
—Uh… —un rugido provino del estómago de Catra, salvándole de seguirle la corriente o cuestionar su actuar. Ella bajó las orejas avergonzada, y Adora no pudo evitar soltar una risita. La morena bufó, cruzándose de brazos a la defensiva.
—Cállate. Dios, ¿Cuánto tiempo estuve afuera? ¡estoy hambrienta! ¿Qué tiene que hacer una chica aquí para que la alimenten? —Gimió Catra, sin recordar cuando fue la última vez que se encargó de comer algo apropiadamente. Adora bufó y rio al mismo tiempo.
—han pasado…ocho horas. —respondió luego de verificar la hora en el reloj mágico del techo. Mordió su labio viendo lo poco que les quedaba de tranquilidad, pero evitó mencionarlo—. ¿Cómo está el brazo? —Se acercó a examinarlo, y Catra levantó una mano para detenerle.
—ridículamente bien, no te preocupes. Al parecer sobreviviré —Dijo con sarcasmo. Adora le mandó una mala mirada por bromear con ello. Aun era muy pronto, necesitaba al menos…unos años para verle el lado divertido a todo esto. Tal vez.
—okey, ahora es tu turno para que te calles —Adora empujó su rostro con una mano, causándole una protesta a la chica felina. Comenzaron a forcejear mientras reían, Adora teniendo siempre cuidado con su brazo. Sintió su corazón hincharse al verla reírse como antes en su presencia, había recuperado algo de color y sabía que después de comer estaría como nueva. Había sacado sus garras para evitar que Adora le hiciera cosquillas en la panza, siseando y exclamando que se detuviera.
La había extrañado tanto…
De pronto llamaron a la puerta, y ellas detuvieron su juego, quedándose quietas en su lugar. Segundos después dos guardias entraban para flanquear la puerta sin decir una palabra. Catra la observó atentamente cuando soltó sus manos entrelazadas durante el forcejeo y agachó su mirada azulada, luciendo avergonzada y culpable. Catra lo entendió a la perfección, y con un suspiro musitó:
—Supongo que era demasiado bueno creer que esta sería mi celda. Ya comenzaba a sentirme la prisionera más suertuda en la historia de la guerra.
—No eres una…—la ceja alzada de la chica felina la hizo corregir lo que diría—. Es solo por un tiempo…pero por ahora la Reina ha puesto esta condición…a cambio de ayudarte —dijo cuidadosamente, evitando la mirada escéptica de Catra. Adora se encogió en respuesta, pero una vez más su amiga volvió a dejarla de una pieza al hablar, esta vez en un susurro.
—parece justo —suspiró. Hizo a un lado sus piernas y por primera vez en horas se puso de pie. Gruñó cuando al solo dar un paso se tambaleó, teniendo que buscar apoyo en Adora, quien en un parpadeo se encontraba junto a ella. Envolvió su cintura instándola a recargar su peso en la rubia, Catra le hizo una mueca luciendo contrariada pero no rechistó y juntas caminaron hacia la puerta. Adora se dirigió a los guardias.
— Gracias, pero yo me encargo. Por favor infórmenle a la Reina que ya está en condiciones de llevarla a su confinamiento —su voz se volvió áspera al decir lo último, sorprendiendo a Catra. Ella no parecía feliz con la condición que la Reina de Bright Moon le había impuesto. De pronto pareció recordar algo y exclamó— ¡oh! Y una cosa más, uhm, ¿podrían llevarnos la cena? —su tono volvió a ser tímido a medida que ambos guardias compartían una mirada vacilante. Catra la observó como si se le hubiera salido un tornillo, dando por hecho que le denegarían de inmediato su pedido, ¿en qué mundo se alimentaba a los prisioneros? Ella solo estaba bromeando con lo de 'ser alimentada'.
Así que nadie podía culparle de casi irse de bruces cuando ambos asintieron, y con una reverencia despejaron el camino para ellas.
Catra le miró confundida y en respuesta Adora se encogió de hombros.
—encarnar a la legendaria princesa del poder trae sus ventajas.
—no me digas… —fue todo lo que dijo. Bufó y se soltó del agarre de Adora. Se sentía como una abuela siendo llevada a todos lados—. Gracias, pero debería empezar a caminar por mi misma, ¿no crees? —dijo por sobre su hombro al verla muy dispuesta a protestar. Se volvió y sus ojos viajaron de derecha a izquierda, viéndose abrumada por la cantidad de pasillos y puertas—. Uhm, tal vez tu deberías guiar.
Adora resopló, y con un "vamos" la tomó de la muñeca, liderando el camino hacia la que sería su celda por tiempo indefinido. A Catra no se le pasó por alto el continuo contacto entre ambas y la necesidad de la rubia de chequear constantemente si estaba bien o si necesitaba que alentara el paso. Era algo raro tener a su amiga de vuelta, preocupándose por ella como solía hacer, pero no podía quejarse. Se sentía bien, después de todo.
Catra silbó cuando tuvieron que cruzar el salón principal para llegar al a cámara de retención. Se dio una vuelta incapaz de abarcar los cristales de colores que adornaban el techo con un simple vistazo, y rio—. Vale, puedo entender por qué decidiste mantenerte de este lado. Aquí no escatiman en lujos.
—eso y también porque era lo correcto por hacer —agregó como quien no quiere la cosa. Escuchó a Catra resoplar por debajo de su aliento, pero no dijo nada más. Y Adora no pudo evitar espiarle por el rabillo del ojo y mencionar su inquietud—. Hey… —Catra le miró curiosa—. ¿Cómo es que estas tan bien con…? Bueno, no es que me queje, pero… no puedes culparme por preguntar, cualquiera pensaría que es otro de tus engaños —Fue el turno de la chica de ojos azules para bromear.
—¿hasta tú? —Adora no tuvo tiempo de negarlo. La chica felina rodó sus ojos—. La verdad es que no esperaba que salvaran mi vida, así que… es lo mínimo que puedo hacer. No soy tan desconsiderada, aunque sea difícil de creer.
—¿Qué? —eso la tomó por sorpresa y tartamudeó—. N-no ¡Vamos! yo no quise decir que…
—¡Adora! —ambas miraron a sus espaldas para ver corriendo a Bow y Glimmer hacia ellas, con expresiones alarmadas. Adora soltó un suspiro pesado, sabiendo lo que se venía. Catra no estaba sorprendida de verlos y aun así maldijo por lo bajo y agachó la cabeza cuando su mirada se encontró con la de la princesa Brillitos, quien le mandaba dagas por los ojos, y la verdad no podía culparla, ella estaba en territorio enemigo después de haber lanzado el más letal de los ataques hacia Bright Moon.
Otra vez, le parecía extraño que aun siguiera respirando.
Adora sintió su incomodidad y para sorpresa de la chica de ojos heterocromáticos, se interpuso entre ella y la mirada fulminante y de pánico que mandaban sus nuevos amigos a la chica que los había secuestrado. Glimmer redirigió su atención a ella y puso los brazos en jarra.
—Mamá nos contó todo, realmente esperaba que estuviera estrenando una faceta bromista cuando terminó de hablar. Real, realmente lo esperaba —la chica dijo de forma acusadora. Se acercó dos pasos y tomó a la rubia del brazo, obligándola a soltar la muñeca de Catra. La segunda estuvo a punto de protestar, pero con algo de sentido común decidió cerrar su boca y se cruzó de brazos ignorando el resentimiento que comenzaba a hacer mella en su coraza. La hizo sentir un poco mejor que Adora le transmitiera tranquilidad con una pequeña sonrisa por sobre su hombro antes de enfrentar a la pequeña fiera frente a ella.
Y esa princesa no se molestó en bajar la voz para que solo ella le escuchara—. ¿Acaso estás demente? ¿después de todo lo que ha hecho la has traído aquí?
—Glimmer…
—¡nos secuestró! ¡intentó matarnos, a ti! ¡CASI HACE QUE DESTRUYAN MI HOGAR! —La interrumpió, ahora gritando incrédula—. No lo entiendo, ¿Cómo puedes seguir confiando en ella? —Catra no pudo ocultar el dolor que le provocó escuchar, bueno, la verdad viniendo de esa princesa. Tampoco podía explicarle sus razones, no quería, aun dudaba que pudiera plasmarlas en voz alta y que tuvieran algún sentido. aun así, le afectó más de lo que pensó le afectaría que le echaran sus acciones en cara, y por primera vez reconoció el arrepentimiento bullendo en su estómago.
Odió por sobre todo que Adora tuviera que escucharlo, y no de Catra. Aun así, se mantenía plantada en defensa de ella, sus brazos tensos a sus lados, no dejando que las palabras de Glimmer la hicieran cambiar de parecer en su decisión. La gratitud que sintió Catra al ver la antigua lealtad que se habían jurado cuando niñas la inundó al punto que debió desviar la mirada hacia un lado. Mas las palabras de Adora hicieron que casi se formaran lágrimas en sus ojos.
—No podía dejarla morir. —Dijo firmemente, para sorpresa de Bow y Glimmer—. Miren, hice lo que sentí era correcto.
—¿lo que era correcto o lo que querías? —Contraatacó Glimmer sin compasión. Bow por alguna razón seguía sin decir una sola palabra. Adora habría jurado que un brillo de lástima abarcó su mirada al posarla en la chica que ella intentaba proteger a toda costa.
—No espero que lo entiendan ahora —susurró, lamentando la ira naciente en su nueva amiga.
—Bien. —respondió fríamente la chica de cabello rosado—. Tampoco esperes a que lo entienda más adelante. Lo único que me detiene de exigir un juicio para tu amiga es que será nuestra prisionera hasta que ganemos esta guerra, y solo ahí tal vez me moleste en escuchar las excusas para sus actos.
—Creo que deberíamos dejar que las cosas se enfríen y hablar de esto en otro momento —por primera vez en todo ese rato Bow habló, y Adora lo agradeció. Él puso una mano en el hombro de Glimmer, logrando que desviara su mirada asesina y le prestara atención. Relajó los puños y soltó un suspiro.
Hizo el amago de marcharse, no sin antes decir en una voz sorprendentemente suave, y rendida:
—Solo no olvides lo que hemos perdido en la guerra Adora. Ten cuidado con salir lastimada otra vez.
Y dicho eso se fue en la dirección por la que había llegado. Bow alternó su mirada entre Catra y Adora, la segunda asintió con una sonrisa triste, él la secundó.
—Estaremos bien Bow —le aseguró. Después de unos segundos el asintió.
—Sé que lo estarán —respondió, para sorpresa de ambas chicas. Bow les guiñó misteriosamente y con un rápido movimiento de su mano se despidió para salir corriendo detrás de Glimmer, dejándolas nuevamente a solas.
Un incómodo silencio cayó sobre ellas luego de ese incidente. Adora se volteó lentamente para encarar a Catra, quien mantuvo su expresión inescrutable y su postura rígida, la chica de ojos azules sabía por experiencia que estaba más allá de molesta, su cola se agitaba salvajemente y sus orejas se mantenían bajas; a la defensiva.
—lo siento —musitó acercándose a ella. La vio encogerse de hombros y llevar una mano a su nuca, lo hacía mucho cuando estaba desanimada.
—no lo sientas, ella… —soltó una risita agria—. Fue bastante asertiva.
—Aun así, Catra…
—Adora, no tienes que preocuparte por mí —se le adelantó, dando por zanjado el tema. Ella asintió sin decir más, a lo cual la chica felina agradeció internamente. Adora maldijo cuando siguieron su camino, esta vez en un silencio tenso y lleno de incertidumbre. Fue como viajar en el tiempo hacia tan solo una semana atrás, y la asustó haber molestado a Catra lo suficiente como para que volvieran a ese punto, después de lo que parecían haber avanzado ese día. Una desesperada resolución le nació del nudo en su estómago, y las palabras salieron de su boca antes de que pudiera sopesarlas:
—tenemos que hablar.
Decir quien parecía más asustada con tal declaración sería difícil. Adora porque temía haber metido más la pata, y Catra porque sabía que era inevitable. No desviaron la mirada del frente, ambas presas del pánico, negándole a la otra notarlo en su mirada.
—bien —un susurro fue todo lo que la morena pudo emitir. Adora se felicitó para sus adentros, orgullosa de haber logrado comprometerla a contestar el centenar de preguntas que tenía en espera desde el día anterior y que para variar solo ella podía responderlas.
Por fin pensó Catra, llegaron al complejo de detención, el cual constaba de un largo pasillo prístino con abundante luz, esta era pálida a diferencia de la que llenaba el resto del castillo. Había celdas a ambos lados y una distancia considerable entre ellas, lo que significaba debían ser algo más amplias de lo normal. Catra pensó que sería asignada a la primera que tuvieron a la vista, pero se sorprendió cuando Adora la empujó suavemente llevándola hacia el final del pasillo, donde sus ojos felinos hicieron cuenta de una celda distinta a las demás. Mientras esas tenían como contención gruesos barrotes brillantes que parecían haber sido encantados, la del final lucía como una gran pecera de cautiverio, la cual no distaba mucho en tamaño de la sala en la que había despertado. Catra le arqueó una ceja dubitativa, pero Adora la ignoró sabiendo perfectamente lo que estaba pensando: ahora ¿Qué clase de cuarentena era esta? Aun no se atrevía a decirle que había prometido por ella su mejor comportamiento, y por esa razón le habían asignado la celda principal…y tal vez también porque representaba un peligro mayor.
Adora abrió la sencilla puerta transparente y la dejó entrar primero, cerrándola detrás suyo. Catra giró sobre ella misma estudiando el absurdo cuarto blanco destinado a ser su celda, digo ¡vamos! ¿una cama, ducha, luz y UNA FUENTE DE AGUA?
—Así que… ¿Cuántos traseros debiste besar para que me dieran la suite del calabozo? —ironizó con una media sonrisa. Se sentó sobre la cama y estuvo tentada a tachar a Bright Moon de disparatado, ¡su cama era más suave que el tronco donde dormía en la Horda!
Adora se apoyó en la pared junto a su cama y se cruzó de brazos pareciendo orgullosa de sí misma—. Solo uno, ¿por qué, te gusta?
—no creo que eso importe —se encogió de hombros poniendo su mejor expresión de indiferencia. La rubia le rodó los ojos, y estuvo a punto de molestarla por su tonta actitud, cuando un toque en la puerta las interrumpió, y apareció un guardia empujando un carro. En un segundo el cuarto fue inundado por un olor celestial que hizo que las entrañas de Catra rugieran en apreciación, Adora le agradeció al guardia y él después de hacer una reverencia se fue, dejándoles la cena. Adora notó que Catra no despegaba sus ojos hambrientos del carro, y con una risita levantó la tapa, haciendo que las golpeara el olor de ese manjar con más potencia. Ahora Catra se encontraba a su lado luciendo hipnotizada por el platillo.
—¿q-que es eso?
—es trucha —contestó Adora sonriéndole juguetonamente—. Es un tipo de pescado. Te los mostraré algún día —Catra parecía tener una lucha interna entre desconfiar de ese platillo sonrosado y cubierto de lo que parecían pequeñas hojas de colores verdes y moradas, o dejarse llevar por el aroma fenomenal que la estaba haciendo salivar más de lo normal. Ella rodó sus ojos azules y sostuvo un pedazo en el aire con su tenedor, instándola a probarlo —solo toma un bocado, te aseguro que te gustará, digo, a mi me fascinó la primera vez que lo comí.
Aun no muy segura, Catra tomó por si sola el tenedor y olfateó su contenido, estremeciéndose de placer. Sintiéndose como una tonta, cerró los ojos y sin más se metió el tenedor a la boca, podía sentir la mirada ansiosa de Adora sobre ella mientras se permitía saborearlo.
De pronto sus ojos se abrieron como platos, la rubia notando como sus pupilas se dilataban hasta tal punto que ya no se veía el azul y el amarillo de sus iris. Vagamente creyó que le estaba dando una apoplejía, pero luego el singular ruido de su ronroneo inundó la celda, despejándola de cualquier preocupación que se iba generando en ella.
—oh. Por. Dios —la escuchó gemir. Sonrió abiertamente y le empujó el plato, no necesitó pedírselo dos veces y continuó comiendo ávida. Adora robó unos cuantos trozos, y se preguntó cuándo fue la última vez que se habría alimentado, pero sabía con antelación que ninguna comida que les sirvieran allá en la Horda tenía oportunidad contra la que había descubierto aquí en Bright Moon, la contentó que ahora Catra tendría la oportunidad de conocer lo mismo que Adora después de unirse a la Rebelión.
—¡Oh! —exclamó al ver la jarra con un contenido blanco y espeso y le ofreció un cáliz a Catra—. Esto es para beber, le llaman leche, la sirven tanto en el desayuno como en la cena—la chica felina masticaba aún y asintió sin prestarle mayor atención. Tomó ausentemente el cáliz que ella le ofrecía, pareciendo más confiada de lo que se estaba metiendo a la boca.
—¡DIABLOS! —la rubia se sobresaltó ante el grito agudo que su acompañante soltó, ahora observaba su vaso con una mirada que Adora juró brillaba en adoración. Sonrió al verla empinarse la leche en un gran sorbo, y cuando volvió a dejar el vaso sobre la mesa tenía un abundante bigote blanco sobre su labio superior, lo que la hizo soltar una risita detrás de su mano.
Ese sonido hizo que Catra saliera de su nirvana y desconcertada detuvo el ridículo ronroneo que odiaba con todo su ser. Carraspeó y empujó el carro a un lado, notó lo de su labio y lo limpió rápidamente con su lengua, recomponiéndose lo mejor que pudo frente a la mirada inquisitiva que le estaba dando Adora después de verla actuar tan adorablemente.
—bueno…maldición. —suspiró y no pudo evitar sonreír—. Estoy comenzando a pensar que no será tan malo ser la prisionera estrella de acá —musitó con voz soñadora, nunca se había sentido tan gratamente satisfecha, hasta se encontraba algo somnolienta. Se estiró con un largo bostezo y sin darse cuenta de lo que hacía ya estaba recostada en su cama con los brazos detrás de su cabeza. Adora soltó un resoplido y palmeó su rodilla.
—me alegro de que estés tan dispuesta a ser encarcelada de por vida, lamentablemente ahora tengo que ir a discutir los detalles de tu futura liberación con la reina Angella y Glimmer.
—Ahora, ¿por qué te creo? —Mordió su labio. Sin poder evitarlo hizo un pequeño mohín cuando un pensamiento la asaltó en ese entonces: ¿Qué sucedería si después de soltarla Catra quería volver a la Horda? Entonces no habría nada que Adora pudiera hacer. Glimmer pediría su cabeza en una estaca y difícilmente le darían otra oportunidad para redimirse y demostrar lo buena persona que era. Adora daba por sentado que Catra se negaría a mostrar su verdadero yo, solo porque la habían manipulado para creer que era una de sus más grandes debilidades.
Pero si ese fuera el caso… ¿entonces por qué huyó cuando estaba herida? ¿acaso ella planeaba…dejarse morir en un lugar donde nadie pudiera juzgarla y mantener ese horrible orgullo que las tuvo separadas por tanto tiempo hasta el último respiro?
Sacudió la cabeza y de paso esos malévolos pensamientos. En otro momento obtendría las respuestas que necesitaba, ahora a Catra le vendría bien una siesta, y ella estaba algo preocupada por lo que una Glimmer enfadada podría significar en sus planes.
—Volveré en unos momentos. Solo…por favor, no intentes escapar, o me harás quedar mal —Bromeó antes de volverse a la puerta. Un suspiro sonó a sus espaldas.
—no lo haré, no te preocupes —Adora se congeló en su lugar ante la sinceridad desbordante en la voz de Catra. Se giró lentamente para encontrarla sentada, mirándola fijamente con esa resignación que había visto una hora atrás.
—¿Qué? —respondió estúpidamente, ganándose un bufido impaciente de la chica felina. Sus ojos heterocromáticos ahora brillaron con una mezcla de frustración y vergüenza ante lo que estaba masticando entre dientes. Pasó una mano rudamente por su rostro y lo enredó en su melena oscura.
—¿eres sorda? dije que no lo haré Adora, estoy cansada de esta estupidez. Por más enfadada que esté contigo y, por más que aun quiera golpearte, no puedo…
Mordió su labio con fiereza ante la mirada incrédula y esperanzada que esos ojos azules le transmitían—. Me has escuchado. Estoy harta de todo lo que ha sucedido, maldigo el día en el que antepuse mis malditas inseguridades y complejos cuando me negué a seguirte. He estado mintiéndome a mí misma, manteniéndome ocupada; odiándote a ti y a las personas que te alejaron de mí… y aun así nunca me detuve a pensar en esas que también lo hicieron y estaban en nuestro bando. Fuimos criadas para luchar, y bien sabes que también fuimos criadas para ser rivales.
Evitó la mirada insistente de Adora en ella, y con un último suspiro dijo:
—Me rindo. No volveré a darles el gusto a Hordak y probarle a Shadow Weaver que tenía razón. No lucharé contra la Rebelión. No volveré a luchar contra ti.
Hola! Lamento la tardanza con este capítulo, es solo que hay tanto que quiero abarcar en cada uno, y como el primero lo sentí un poco vago éste estaba destinado a ser más completo.
¡feliz navidad!
Megan.
