Un error que ya conocemos:
Su mente era un torbellino, le costaba concentrarse y había tenido que aferrarse al cuello del caballo para no caer al suelo. Después de varias horas cabalgando, sin embargo, la joven recordó algo, y se sintió tonta por no haber pensado en eso en primer lugar.
-Espina…- se sorprendió de lo ronca que sonaba su voz debido al agotamiento. Sintió que Murtagh desviaba la mirada hacia ella, y giró la cabeza hacia él- Lo he olvidado…
El joven sonrió.
-¿Y creías que yo lo haría?- Levantó la cabeza hacia el cielo, viendo algo que Selena no alcanzaba a ver- Me tomé la libertad de hacer una pequeña visita a su mazmorra mientras tú…-Hizo una pausa, y ella fue consciente de que él sabía que le había mentido- Mientras iba al establo- continuó- Ya que de todas maneras nuestra partida no iba a ser un secreto por mucho tiempo, no es mala idea tener un dragón de nuestro lado.
-Pero, Espina estaba rodeado de guardias…
-Soy un Jinete, Selena- replicó él- aunque no te voy a negar que fue difícil matarlos a todos.
Se encogió ante la idea, pero decidió ignorarlo.
-No tenías por qué matarlos- alegó distraídamente, y volvió la vista al frente. Vale, estaba en contra de que Murtagh siguiera matando gente, pero no había que negar que eso les daría más tiempo.
Murtagh, sin embargo, tiró de las riendas y detuvo el caballo de golpe, por lo que ella casi se estrella contra él.
-Oh, sí que tenía ¿Qué querías, entonces? –No sabía por qué una simple frase lo había puesto tan furioso- ¿Qué les pidiera por favor que me dejaran salir a dar una vuelta con mi dragón? ¡Piensa! De haberlos dejado vivos, lo más probable es que hubieran salido pitando a decirle a Galbatorix que estaba planeando escapar, y a él no le habría tomado mucho tiempo darse cuenta de que tú estabas huyendo conmigo ¡Nos habrían matado a los dos, y tú no habrías podido cumplir tu dichoso plan! ¿Es eso lo que querías, Selena? –gritó.
La muchacha lo miró, boquiabierta, y luego bajó la mirada, visiblemente apenada. Claro que tenía razón, ¿Cómo esperaba llegar con vida ante los vardenos si no era capaz de pensar en las consecuencias que una simple acción podría tener?
Además, no quería admitirlo, pero le dolía que él le gritara, y luego calló en cuenta de que se había enojado. Aunque estaba demasiado cansada para discutir.
-No, lo siento- Murmuró, y sin saber que decir, siguió andando.
Anduvieron sin hablar otra media hora, hasta que la joven no pudo soportar más el silencio incómodo, y dijo lo primero que se le vino a la mente.
-¿Dónde está Espina?- preguntó, sin mirarlo.
-Le he dicho que nos espere en una cueva oculta más adelante- por su voz, era obvio que lo sentía, pero ella todavía estaba enojada con él. Además, el cansando la ponía de mal humor- Está a unos cuantos metros entre los árboles, y tendremos que ir caminando hasta la cima, pero es lo mejor que vamos a conseguir aquí.
-¿No te parece que todavía estamos muy cerca del castillo?
-Allí no nos encontrarán. Además, hemos cambiado de ruta varias veces, estamos cabalgando sobre rocas, y te vas a desplomar en el suelo si no duermes un rato.
Selena cabeceaba, y los ojos se le cerraban solos.
-No estoy cansada- replicó, frotándose los ojos.
-No estás acostumbrada a pasar mucho tiempo sin dormir- bromeó él, que no parecía cansado en lo absoluto.
-Te equivocas- En realidad, Selena era capaz de pasar varios días sin dormir. Sin embargo, ese no había sido un día normal, y todavía le zumbaban los oídos por haber atravesado el muro en busca del huevo de dragón, por lo que no replicó cuando Murtagh le indicó que cruzara a la derecha, donde se encontraba la cueva.
La cueva no era lo que se puede decir pequeña, pero, con el descomunal dragón rojo dentro, quedaba reducida a unos pocos metros. La joven tomó las riendas del caballo de Murtagh y las ató en una estalactita.
-Supongo que no es un mal lugar para pasar la noche- comentó, con voz un tanto seca.
-Es lo mejor que podremos conseguir- razonó él, y luego dijo, algo incómodo: Perdóname, Selena. No debí haberte gritado.
¿A qué demonios venía todo esto? ¿Por qué estaba tan molesta con él? Entonces se dio cuenta de que su ira iba un poco más allá del simple hecho de que él le hubiera gritado.
-No es nada- dijo sin mirarlo.
-Selena…
-Está bien, en serio. Voy a buscar ramas para el fuego- alegó, pero no bien hubo terminado la frase, el dragón soltó una llamarada, y prendió de esa manera un montón de rocas, que aparentemente habían sido usadas como fogata hacía ya varios años- Gracias, Espina- masculló, y le pareció ver una expresión suficiente en el aludido, aunque eso era imposible- Pero pudiste habernos freído a los dos… ¿Tienes idea de lo que habría pasado si las piedras esas no hubieran estado aquí?
Selena pudo jurar que vio como la bestia ponía los ojos en blanco.
Dragones.
Murtagh desvió la mirada de ella hacia el dragón, y la joven comprendió que estaban hablando por telepatía.
-Espina dice que dejes de inventar excusas sin sentido, y digas de una vez lo que te molesta- indicó él, volviendo a mirarla.
-No estoy molesta- Un gruñido del dragón le hizo pegar un salto.
-No te cree- indicó el muchacho innecesariamente. Selena se cruzó de brazos, y lo miró con sorna.
-¿En serio?
-A decir verdad, yo tampoco…
-No quiero hablar de eso ¿sí?
Él se cruzó de brazos también.
-Vale, no hablemos de eso, mejor hablemos sobre qué era lo que estabas haciendo cuando me mandaste a esperar al establo como un idiota ¿Qué te parece si hablamos de eso?
-Ya te dije, fui a buscar comida- mintió, aunque sabía que era una excusa patética. Ya que primero, ella había llegado con las manos vacías, y segundo, ya la comida estaba en las alforjas.
-¿Sí? –Inquirió sarcásticamente- Qué bien, ¿Dónde está?
Selena bajó la mirada, y toda su ira se aplacó de golpe. Era el momento de decir la verdad.
-Vale, no fui a buscar comida- admitió. Él clavó sus ojos en ella, esperando. Levantó la mirada- Promete que no te enojarás…
-¿Qué hiciste…?
-Promételo, o no lo sabrás nunca- Era estúpido pedirle algo así, ya que él se enojaría de todas formas. Murtagh bufó, irritado, mascullando algo que ella no logró entender, pero a la final suspiró con resignación y asintió con la cabeza.
-Lo prometo, Selena, no me voy a enojar.
-Gracias -la joven se tambaleó, y tuvo que apoyarse en la pared de la cueva para no caerse. Todo a su alrededor comenzó a dar vueltas otra vez. Murtagh fue hacia ella, y la ayudó a sentarse en el suelo.
-¿Estás bien?- pareció olvidarse de lo demás por un momento.
-Sí, sólo… -Tomó aire, antes de decir- No me he recuperado todavía de haber cruzado el muro.
-¿El muro? –Él no parecía comprender a qué se refería, y, por su expresión, Selena llegó a pensar que temía que estuviera más herida de lo que parecía- ¿De qué…?
Tendría que ser más específica, o Murtagh nunca lo adivinaría. Después de todo, ella era una de las pocas personas que sabía dónde estaba oculto el último huevo de dragón.
-Dentro del castillo de Galbatorix, en un lugar que sólo él y sus vasallos más fieles conocen, se esconde su posesión más preciada… O al menos, eso es lo que él cree- dijo ella- No contó con que alguien más supiera su secreto.
-¿Su poses…? -Entonces el joven lo entendió, y sus ojos se abrieron como platos por el asombro- Espera ¿Quieres decir que tú…?
Ella asintió, y abrió el bolso- que aún llevaba puesto- para enseñarle la gema morada, que brilló bajo la luz de la luna. Murtagh permaneció en silencio largo rato, tratando de asimilar lo que ella había hecho.
-Voy a llevárselo a los vardenos- añadió Selena, soltando toda la verdad de una vez, y entonces la emoción que había desaparecido regresó con toda su intensidad- y no estoy molesta contigo, grandísimo tonto, estoy preocupada por ti.
Eso pareció hacerlo reaccionar.
-¿Tú eres la que anda por allí con un huevo de dragón… y estás preocupada por mi?
-Si… Bueno, por los dos - masculló, enrojeciendo violentamente, y dio unos pasos hacia afuera de la cueva, en parte porque seguía furiosa, y en parte porque no quería que él viera el color que habían tomado sus mejillas-Mi padre nunca supo que yo conocía el sitio donde él escondía la gema, así que, cuando mi madre…- hizo una pausa, quizás demasiado larga. Era increíble cuanto le costaba hablar de lo que había pasado, incluso después de tantos años- nunca le pareció necesario cambiar su escondite, ni siquiera después de eso- continuó, tratando de fingir que no había pasado nada, aunque sabía que no lo había engañado.
-No has dicho todavía que te preocupa- comentó, desviando el tema de la conversación hacia uno menos doloroso para ella.
-Sé que cuando vea que huí, y vea los cadáveres, no tardará en deducir que también huiste conmigo, -explicó- de hecho, lo más probable es que piense que fue tu idea, ya que no me cree muy lista. Puede que tarde en enterarse de… la otra parte, pero si se entera…
Murtagh entendió lo que ella quería decir.
-Pensará que fui yo el que lo robó- volvió a enojarse, a pesar de que había prometido no hacerlo. Aunque esta vez su enojo estaba marcado por la preocupación- ¿Por qué no me dijiste antes lo que pensabas hacer?
-Sabía que no me dejarías hacerlo.
-¡Claro que no! ¿¡Tienes idea de lo que has hecho? ¡Galbatorix pondrá a todos sus hombres a buscarnos! ¡Nos has llevado a los dos a la tumba, y todo por esa maldita gema!
-¡No contaba con que tu irías a asesinar gente a las mazmorras para matar el tiempo hasta que volviera!- replicó, furiosa.
-¿Matar el…? ¡¿Qué esperabas? ¿Que huyera contigo en mitad de la noche y dejara solo a Espina? ¡Perdona que mi mundo no gire en torno a ti todo el tiempo!
-Dime que al menos los escondiste en algún sitio…- dijo, tratando de no darse por ofendida ante el último comentario. El silencio que siguió a sus palabras le hizo saber que no era cierto- ¡Maldita sea, Murtagh!
-Ahora todo es mi culpa ¿no? –Masculló- Claro, siempre es mi culpa, ¿Cómo podría la inocente Selena equivocarse, si ella viene enviada del cielo? ¡Perdóneme, Alteza, por ser tan ignorante y arruinar sus muy sabios planes!
-No estoy diciendo que todo sea tu culpa, idiota ¡Pero pudiste haberlo salvado sin llamar tanto la atención! –replicó ella, aunque ya no tenía ganas de seguir discutiendo. Su enojo se desaparecía rápidamente, reducido a un inclemente sentido de culpa.
El joven estuvo a punto de replicar algo, pero Espina gruñó, harto de la pelea, y los dos hablaron largo rato, probablemente de lo que tendrían que hacer ahora para limpiar su desastre. Selena, sintiéndose más estúpida y culpable de lo que se había sentido en su vida, y sintiéndose reducida a una niña pequeña y torpe que no era capaz de razonar las consecuencias de sus actos, dejó el bolso en el suelo y se dejó caer al lado de este, sentada contra la pared.
Era un plan simple: Llevar la gema a los vardenos, convencerlos de que era de fiar, y comenzar una nueva vida junto a ellos, lejos del yugo de su padre.
¿Cómo no se había dado cuenta de todo lo que podía salir mal? ¿Cómo no había visto todas las consecuencias que eso traería a otras personas? Murtagh estaba enojado con ella, y tenía razón, porque gracias a ella iba a morir. Pensó que si los dos huían él estaría a salvo, pero eso sólo había empeorado las cosas.
Perdida en sus pensamientos, con la mirada clavada en el fuego, no se dio cuenta de que el muchacho había terminado de hablar con su dragón, hasta que él se sentó junto a ella.
-Lo siento- murmuró, sin dejar de mirar hacia el frente- No pensé en qué podría pasar.
-Ya está hecho, Selena- dijo el muchacho con voz cansada.
-Debí de haberme ido sola- agregó Selena- así no estarías metido en esto tu también.
-Espera ¿qué?- él la miró- ¿Crees que habría sido mejor saber que estás sola en el medio del bosque, con media Alagaësia detrás de ti? No me preocupa morir, Selena, y no te habría perdonado que huyeras a tu suerte y me dejaras a pudrirme en esa celda por el resto de mis días.
-¿Ni siquiera si volvía a buscarte? –preguntó, recuperando un poco el ánimo.
-Ni siquiera después de eso. No después de toda la preocupación que me habrías hecho pasar- bromeó.
-¿Y si vuelvo como un fantasma?- preguntó, apoyando la cabeza en su hombro.
-Depende ¿me harías el favor de asustar a Galbatorix?
-Todas las noches- dijo ella, riendo.
Los dos permanecieron en silencio, y el cansancio volvió a apoderarse de ella.
-No va a ser fácil sobrevivir- dijo, somnolienta.
-No- admitió Murtagh- pero prefiero morir aquí ahora, libre, que estar prisionero diez mil años.
-Yo también, aunque no viviré tanto como tú- una sonrisa adormilada se asomó en sus labios, y la joven se quedó dormida.
Había otra razón por la que ambos preferían estar allí en ese momento, juntos, pero ninguno de los dos se atrevió a decirla, conscientes de que cambiarían las cosas para siempre, y ya tenían suficientes complicaciones en su porvenir.
…
Selena se despertó esa madrugada con una sensación extraña. Dentro de la cueva, todo era silencio, a excepción de la respiración profunda y ronca de Espina, pero ella estaba segura de que había escuchado algo.
El cielo estaba cargado de nubes, que cubrían la luna y le dieron a la joven escalofríos. Pero no se atrevió a encender un fuego, esperando no asustar a lo que sea que hubiera hecho el ruido. Buscó a tientas el cuchillo dentro de su bolsa, y esperó, con el corazón en la garganta.
Luego de un rato de silencio, comenzó a dormirse de nuevo.
Un chillido escalofriante retumbó en la cueva, y Selena pegó un salto, poniéndose en pie, y blandiendo el cuchillo en el aire como una loca. Espina también se había despertado, y lanzó una llamarada que casi le quema el pantalón, de no ser porque ella se había pegado contra la pared.
Al iluminarse la cueva, se dio cuenta que Murtagh no estaba. Estuvo a punto de llamarlo a gritos, cuando recordó aquel endemoniado chillido, y se le ocurrió que algo podía estar afuera, al asecho.
-¿Pero qué clase de bestia hace semejante ruido? –susurró.
A lo mejor es solo una rata. Pero el chillido volvió a escucharse, y era obvio que no venía de una rata o de un murciélago.
¿Dónde demonios andaba Murtagh? La idea de que el causante del chillido se lo hubiera llevado, o le hubiera hecho daño de alguna manera, le preocupaba más que el hecho de que la cosa se estuviera acercando a ella, y se pregunto por qué razón, en el nombre de Alagaësia, saldría el muy idiota a dar una vuelta en medio de la noche.
-¡Sal de una vez!- gritó, cuando le perforó los oídos otro chillido.
Respiró profundo varias veces. Estaba exagerando. Si, era eso, no había salido nunca del castillo, y el aire del exterior le estaba afectando la cabeza, ¡Es sólo un ruido! A lo mejor eran pájaros o algo así, ¿Y Murtagh? Debía de volver en cualquier momento, de seguro estaba atendiendo alguna necesidad biológica o algo parecido…
Estaba en proceso de convencerse de eso, cuando un resplandor de luz morada la hizo girar la cabeza. Ya más calmada, se dio cuenta que el ruido venía de la gema, y era eso lo que estaba brillando.
-¡No puede ser que esa maldita gema no nos vaya a dejar dormir!- farfulló furiosa. El dragón rojo la miró, ladeando la cabeza, y luego miró el bolso de la joven- ¿Por qué me miras así? –preguntó ella, confundida. Espina señaló el resplandor, y le indicó que se acercara.
Y entonces ella supo lo que estaba pasando.
-¡Oh, no! ¡Eso si que no! –Masculló, negando con la cabeza, y tratando de convencerse de que todo era producto de su imaginación. Espina resopló, y volvió a indicarle que se acercara al dragón.
Su dragón.
-Tiene que ser una broma…- dijo, arrodillándose frente al bolso y sacando la gema.
La gema volvió a chillar, y comenzó a vibrar en las manos de la joven, y a balancearse, como si algo dentro de ella estuviera luchando por salir. Selena, asustada, la dejó caer, y se arrastró en el suelo hasta quedar pegada en la pared. Los latidos de su corazón, tan fuertes que parecían venir de otro sitio, menos de dentro de ella, le impidieron oír los chillidos. La gema dejó de agitarse, y comenzaron a salirle grietas. Volvió a moverse, esta vez acercándose a Selena, que estaba paralizada.
Las grietas cubrieron toda la piedra, y varios pedazos salieron desprendidos, hasta dejar ver unas pequeñas garras, una cabeza y un cuerpo escamoso y morado.
El dragón dio unos pasitos torpes, y se puso a los pies de ella.
-Esto no puede estar pasando- murmuró. Aquella criaturita brillante la miró con sus grandes ojos negros, como si supiera quién era- No puede…
Unos ruidos de afuera llamaron su atención, alguien se acercaba. Selena se puso en pie de golpe, y se apresuró a esconder "la evidencia".
-Ven, dragoncito, dragoncito- ronroneó, como si se tratara de un gatito y no de una bestia mitológica, sin atreverse a tocarlo.
Al ver a aquel gigante rojo detrás de ella, el dragón se dio la vuelta e intentó huir.
-¡No, espera! ¡No va a hacerte daño! –el dragón se detuvo-No tengas miedo- susurró, acercándose a él- Estarás bien, te lo prometo- dicho esto, y cuando vio que se había calmado, la joven se volvió a Espina- No puedes decirle a Murtagh de esto- dijo- él no puede enterarse.
Espina la miraba, y, por primera vez, le habló.
No le oculto secretos a mi Jinete.
-Espina, te lo suplico- insistió Selena- si supiera de esto, jamás me dejará ir ante los vardenos, y son nuestra única oportunidad. Además, no quiero que se preocupe, ya tenemos demasiados problemas- la joven lo miró a los ojos- Por favor…
A la final, el dragón asintió con la cabeza.
Pero si ese secreto hace que su vida peligre de alguna manera…
-Entonces yo misma se lo diré- replicó ella- y tú estarás libre de culpa.
Espina escondió al pequeño bebe morado detrás de su ala. El animal lo miraba con recelo en sus ojos sabios, y se acercaba solo porque su Jinete le había dicho que no tuviera miedo.
¿Crees que será así de pequeño para siempre, Selena? Mírame. Dentro de unas semanas, no será tan fácil de ocultar.
-Algo se me ocurrirá- murmuró, pensativa. Espina tenía razón ¿Cómo iba a esconder un dragón, cuando ni los árboles más altos lo ocultaban?
-¿Para qué? –preguntó una voz a sus espaldas, y ella sintió alivio al ver como se desvanecía aquella preocupación que tanto había tratado de negar.
-¡Murtagh!- olvidándose de su… "problema", la joven corrió hacia él…
Y le dio un puñetazo en el hombro.
-¿Y por qué fue eso? –preguntó él, llevándose la mano a la zona del golpe.
-¡Por preocuparme! ¿¡Se puede saber qué demonios hacías afuera a estas horas? ¡Espina y yo creíamos que te había pasado algo! - El dragón resopló, dando a entender que no estaba de acuerdo con Selena -Eres un gran apoyo, Espina- masculló ella con sarcasmo.
-Me parece que tú no tienes derecho a preguntarme porque salgo solo en medio de la noche sin decirte a donde voy, Selena- dijo Murtagh, enarcando las cejas.
-Ese fue un golpe bajo- dijo ella, cruzándose de brazos, aunque sabía que él tenía razón. Antes de que pudiera replicar, añadió- ¿Dónde estabas, de todas formas?
-Creí escuchar algo afuera, -explicó- algo así como un chillido.
La joven enrojeció, presa de la culpa.
-¿Pudiste ver que era?- preguntó, con fingida indiferencia.
-No, debí de habérmelo imaginado- respondió el joven- pero será mejor que no nos quedemos aquí mucho tiempo. Cuando amanezca, nos iremos- la miró y frunció el seño- ¿Estás bien?
-¡Por supuesto que estoy bien! –Saltó Selena, quizás demasiado rápido- ¿Por qué?
-Pareces nerviosa- indicó él.
-No estoy nerviosa…
Sí, lo está, dijo Espina, a los dos.
-¡No lo estoy!- gritó ella, antes de darse cuenta que se suponía que no podía escuchar al dragón. Palideció, y se reprendió mentalmente ¿Había algo más que pudiera salir mal?
-¿Desde cuándo escuchas a Espina?
-Desde que me habla- se burló ella- Ahora, si me disculpas, me iré a dormir- dijo de repente.
-¿Qué?- Murtagh enarcó las cejas, sorprendido por el cambio de tema.
-Que me iré a dormir- repitió más alto, y se tiró en el suelo al lado de Espina, cerrando los ojos con fuerza.
-Selena… -la llamó. Ella no respondió- Sé que estás despierta.
De nuevo, silencio.
Incluso con los ojos cerrados, y de espalda a él, podía sentir como la miraba, y casi podía verlo poner los ojos en blanco.
-Vaya loca- murmuró para sí mismo- ¿Y cuando dejó de darle miedo Espina?
La joven sonrió. No era como si siempre la hubiera asustado el dragón- vale, si le inspiraba un poco de miedo, pero es que ¡Era una bestia enorme!- pero si ella dejaba ver que estaba asustada, entonces el pequeño dragón escondido debajo de sus alas se asustaría también. Además, no quería admitirlo, pero se había encariñado con el animalito, que parecía incluso más desvalido que ella, y la miraba como si hubiera estado esperando por ella desde hace mucho tiempo.
Dado que era obvio que Selena no iba a decir más por el resto de la noche, Murtagh se fue a dormir también, mascullando algo que ella no entendió, pero que sonó como "Mujeres".
Selena no podía conciliar el sueño.
Era un Jinete de Dragón ahora. La tercera que quedaba. Cuarta, tomando en cuenta a su padre. Si el rey se enteraba que su propia hija se había convertido en Jinete, no la dejaría salir nunca del castillo, la haría jurar lealtad en el idioma antiguo, y tendría que pasarse el resto de sus días matando gente en su nombre.
Nadie podía enterarse, al menos hasta que llegaran con los vardenos. Pero ¿Cómo lo haría?
Abrió los ojos en la oscuridad. Murtagh dormía, y Espina roncaba ruidosamente, lo que, gracias al cielo, opacaba los pequeños sollozos del dragón.
Tendría que ponerle un nombre, no podía solamente llamarlo "Dragón"
¿Un nombre? ¡Ojalá fuera tan fácil! Tendría que enseñarlo a cazar, y a esconderse, y tendría que aprender a montarlo, y…
Suspiró, cansada ¿En qué demonios se había metido?
