La música a su alrededor hacía que se sintiera bailar sobre las nubes. Es que no era cualquier melodía, era una de piano. Y no era cualquier piano, era el de Tweek.
A pesar de ver al resto tocar, él solo se concentraba en el rubio que parecía un ángel en todo sentido.
Su cabello se meneaba al compás del soneto y sus dedos danzaban suavemente sobre las teclas blancas y negras. Su perfil era delicado y su rostro lleno de pecas solo resaltaban sus hipnóticos ojos dorados.
Antes de darse cuenta ya se hallaba soñando.
Fue cuando su vista fue cubierta por el profesor que salió del trance, y recomponiendo la postura buscó frente a él en que acorde se encontraban todos.
—¡Tucker!
El grito del profesor detuvo al resto, de pronto el salón quedó en silencio. Craig por su parte, sujeto el violín con fuerza y, aunque con mucha dificultad, miró al maestro a la cara, el cual no se veía para nada alegre con el desempeño del chico pelinegro.
—Me perdí,— se justificó.
—¿Si? Y yo me equivoqué de vocación, debería estar dando clases de álgebra.
Craig movió la cabeza con el ceño fruncido en confusión, sin quitar nunca su atención del hombre mayor frente a él.
Todos sabían que seguía, veían expectantes la escena por el comentario del chico con violín.
Y Craig no pensó en decepcionados, lo hacía inconcientemente, y eso era lo que adoraban sus compañeros de clase.
—¿Le gusta el álgebra?
—¡No, por Dios! —Gritó levantando los brazos—, odio el álgebra, ¿eres tonto, Tucker?
Algunas risas sonaron de fondo.
—No entiendo, si no le gusta el álgebra, ¿Por qué tomaría de vocación dar clases de ello?
Las risas subieron de tono. Al parecer, el joven Tucker seguía perdido en su propio mundo.
—Escucha, a este paso reprobarás la materia y tampoco me dan ganas de ayudarte a pasarla.
—Profe, no puede hacerme eso. Me matarían.
—¡Já! Debiste pensar en eso antes de distraerte mirando a Tweak. ¡No me importa!
Su respuesta hizo que su rostro ardiera en vergüenza, dejó de mirar al hombre frente solo para ver a Tweek bebiendo de su café, mientras le daba una mirada disimulada. Eso le dio más vergüenza aún.
Tweek bajó su termo al fin-. Yo le ayudaré maestro. -Dijo. Todos voltearon a verlo-. Necesita un proyecto extra, yo puedo participar en él.
—Joven Tweak, ¿está seguro de eso? Usted no necesita los puntos extra.
Tweek frotó sus manos y le dio una pequeña sonrisa al profesor que lo miraba sorprendido.
—Está bien, no me importa. Puedo hacerlo.
Un cosquilleo revoloteó en su estómago. Tweek le daba una pequeña sonrisa al profesor que había centrado su atención en él, sus dos dientes frontales, un poco separados uno del otro le daba un toque amistoso y tierno. La forma en la que sus pómulos se levantaban le dejaba aún más bonita la cara.
Craig tuvo una pequeña sonrisa por esa escena. Una donde Tweek se veía tan sereno y el profesor tan encantado con su mejor alumno haciendo de buen samaritano.
El momento fue interrumpido por el timbre. Todo salieron rápido del salón, Craig intentó irse junto a todos.
—Joven Tucker, quédese un segundo. —La voz del profesor lo heló, no tuvo más opción que volverse, —tienes mucha suerte de tener un compañero tan considerado —Dijo.
Craig asintió frenético con los labios separados ante sus palabras.
—Pronto será el festival, haremos una presentación individual— informó Tweek. Craig volvió a asentir de la misma manera.
—Esta será tu presentación estelar, tú serás la estrella de la noche.
—¿Cómo?
Preguntó sintiendo como su frente se fruncía sin terminar de entender a que se referían.
—Solo serán tú y Tweek. Tú, Craig, tocarás el violín y Tweek será tu acompañamiento en piano.
—¡¿Cómo?! —Su voz alzada hizo que el profesor cerrara los ojos—. No, es demasiado. No podré...
—Si podrás—, declaró Tweek con firmeza.
Si el rubio no plantaba a Craig, nadie lo haría. Y consideraba al alto como algo más que un conocido, pero menos que un amigo, algo así como un conoamigo.
—Es demasiado—, Craig se imaginó a sí mismo fallando a las notas, como acostumbraba a hacer.
—Vamos Tucker, es esto o nada. Tienes suerte de tener un compañero que quiera salvar tu pellejo. —El profesor no estaba jugando, se le escuchaba en la voz. No pudo mantener la mirada centrada en el profesor, por lo que terminó bajándola al suelo y asintiendo con los párpados tan abiertos por el shock de la noticia—. Pueden retirarse, organicen el soneto que elegirán y háganmelo saber lo más pronto posible.
—Si maestro. —Ambos dijeron y se retiraron.
Craig mantuvo su velocidad para quedar a la par con Tweek, que le daba miradas de reojo con algo de incomodidad, pues el pelinegro no despegaba sus ojos de él.
Fue después de dos pasillos que no lo soporto más, y se detuvo para encarar a Craig que imitó su atención.
—¿Qué pasa? —cuestinó Tweek ligeramente enojado.
—¿Por qué harías eso? Ni siquiera somos amigos.
—No, pero tampoco somos desconocidos, ¿Tiene algo de malo lo que hice?
—¡Si!
Los ojos de Tweek expresaron su enojo—. ¡¿Si?!
—¡Si!
—¡Bueno, entonces cancelemos la presentación y revuelcate un año más en clase de música!
—¡No!
Tweek negó con la cabeza mientras hacía un ademán de confusión con las manos. Cuando Craig se lo proponía podía llegar a ser un completo idiota complicado.
—¿Quieres mi ayuda, si o no?
—Puedo decir que no quiero pasar un año más en esa aburrida clase de música con el profe con mal olor de boca, pero...
—¿Pero?
Craig respiró profundo antes de contestarle.
—Creo que es demasiado obvio que soy terrible con el piano, —dijo al fin, apretando los labios mientras desviaba la mirada hacia un costado en completa vergüenza.
El rubio no pudo evitar exhalar al entender la terrible situación de su conocido-amigo, lo que fuera.
—¿Al menos saber leer el pentagrama?
—Es de lo poco que aprendí en clases de música.
El más bajo colocó sus manos en la cintura afirmando con su cabeza, pero manteniendo sus pensamientos en otro lado.
—Excelente, entonces puedes tocar el violín.
—No, no entiendes, soy muy malo, en serio—. Sus brazos cayeron en derrota.
Tweek se acercó a él, colocando las manos en ambos hombros y sacudiéndolo con firmeza.
—Yo soy malo en física, pero aprendí a aplicar las leyes de gravedad. Puedes hacerlo.
Los ojos dorados del chico rubio eran hermosos cuando daba palabras de consolación, lo miro con detenimiento mientras pudo, antes de que Tweek se separara de él.
Craig observó cómo se iba alejando con lentitud, por lo que antes de perderlo de vista, carraspeó la garganta en señal de llamado, el cual fue respondido cuando el rubio giro a verlo.
—Gracias—. Dijo con torpeza,— en serio, daré lo mejor de mi.
—Más vale Craig, quiero esos créditos extra.
Entonces levantó su mano en forma de despedida y siguió su camino hacia su salón.
Ahí recordó Craig, que a él también se le había hecho tarde para la siguiente clase.
