Capítulo ii: "Cambio de planes"

Respiraba con dificultad sin poder despegar sus ojos del enorme cielo, era imposible, esto no podía estar pasando —. ¡No, no, no! — gritó cayendo de rodillas al piso. Era mentira, no podía ser real. Sintió como unas lágrimas bajaban por sus mejillas, había sido una idiota, si no se hubiese bajado del auto ahora Hana estaría con ella y no en manos de ese maldito ángel. Seguía lamentándose cuando un débil gemido a unos metros de distancia la hizo voltear, ¿era posible? ¿Acaso ese ángel podía seguir con vida? Se preguntó al ver el ensangrentado cuerpo del castaño. Sin pensarlo se acercó a él, quizá aún podía recuperar a su hijo.

La sangre escurría de la espalda de Hao formando un gran charco de color rojo en el pavimento, si seguía así lo más probable es que moriría. Anna lo volteó sin ningún tipo de delicadeza, en esos momentos le importaba muy poco su estado de salud —. ¿A dónde se fueron? — le preguntó mientras lo sacudía para que reaccionara. Al no recibir respuesta de su parte lo abofeteó —. ¡Dime a dónde mierda se llevaron a mi hijo! — exigió abofeteándolo con más fuerza haciendo que esta vez él abriera un poco sus ojos. Su vista era borrosa, le tomó unos cuantos segundos darse cuenta que esa chica era la hija del hombre que había golpeado a Chris, ahora que la veía más de cerca era bastante guapa, aún con su cabello alborotado y sus ojos llorosos, parecía alterada pidiéndole algo que él no lograba descifrar, aún así su voz era como una hermosa melodía, un buen sonido para morir. Gimió nuevamente y sus ojos se cerraron.

¡Demonios! — gruñó llevando las manos a su cabeza, tendría que detener la hemorragia y mantenerlo con vida aunque sea un par de horas más, sólo el tiempo necesario para descubrir el paradero de Hana. Sin perder tiempo corrió hasta su auto y sacó una pequeña caja de primeros auxilios. Se acercó nuevamente al ángel y esta vez lo volteó con cuidado para ver la herida, pero su espalda está tan llena de sangre y suciedad que es difícil ver la gravedad de la lesión. Hizo presión sobre la herida con un trozo de gasa intentado detener el flujo de sangre, sabía que lo estaba haciendo mal, primero debía limpiarla, pero no había tiempo para seguir todo el protocolo. Se escucharon unos cuantos ruidos a su alrededor hasta que la luz desde una de las casas la hizo entrar en pánico, debía salir pronto de ahí o se llevarían al ángel y junto a él todas sus esperanzas de encontrar a su hijo.

Se sorprendió cuando logró levantarlo con una gran facilidad, era bastante ligero para alguien de su tamaño y contextura física, aunque si lo pensaba bien eso tenía lógica, es mucho más fácil volar cuando no pesas demasiado. Lo recostó en el asiento trasero donde minutos atrás estaba Hana —. Maldita silla — murmuró con desprecio dejándola tirada en la calle. Antes de sentarse frente al volante recogió la espada de Hao, si bien ya no tenía la apariencia de fuego que tenía antes y ahora se veía como una espada ordinaria podría serle de utilidad. Miró el parabrisas, era inútil intentar conducir con él en ese estado, lo empujó con fuerza hasta que éste cayó al capó y posteriormente al piso.


Llevaba puesto un largo vestido de color blanco que hacia resaltar sus hermosos y profundos ojos de rubí. Su angelical aspecto sólo contrastaba con sus malvados planes. Sonrió satisfecha mirándose en un espejo, todo estaba marchando a la perfección.

Doncella Jeanne — dijo una joven de cabello claro entrando a la habitación.

¿Qué ocurre, Meene? — preguntó sin voltear a verla mientras tomaba un peine.

Marco y los demás ya están aquí.

Está bien, iré a verlos enseguida — respondió terminando de cepillar su largo cabello plateado. Se puso de pie y acompañó a la chica hasta una habitación contigua, no se sorprendió mucho al ver el estado de sus ángeles, sabía que Hao les daría una buena pelea, pero lo que si le llamó poderosamente la atención fue la presencia de un niño humano de cabello rubio y alborotado que la miraba asustado —. Espero que me tengan buenas noticias.

Por supuesto que si doncella, Hao dejo de ser un problema — afirmo John enseñándole las enormes alas del castaño.

¿Están seguros de eso? — cuestionó esbozando una sonrisa mientas pasaba sus dedos por las delicadas y ensangrentadas plumas.

Sí, es imposible que haya sobrevivido.

Excelente. — Volteó a mirar al pequeño —. ¿Y ese niño?

Chris lo trajo, se lo robó a una hija del hombre a la que Hao protegió.

Eso si era interesante, así que Hao, uno de los ángeles guerreros más poderosos había defendido a una simple humana, sin duda usaría esa información a su favor. Se acercó a Hana y lo miró detenidamente, al parecer éste era su día de suerte, el pequeño tenía un ligero parecido al moreno —. ¿Cómo te llamas? — le preguntó dulcemente.

Hana — respondió asustado, aguantando las ganas de llorar.

¿Y tu mamá? ¿Cuál es su nombre?

¿Mamá? — repitió deseando que ella estuviese a su lado —. Anna.

¡¿Dónde está mi hermano?! — preguntó alterado un joven de cabello castaño irrumpiendo en la habitación.

Yoh, cálmate — le pedía inútilmente Horo.

¡Pero quién te crees que…!

Tranquilo Hans, yo me haré cargo — interrumpió Jeanne —. Lleven a Marco con Tamao para que cure sus heridas.

Los ángeles asintieron disgustados y salieron de la habitación.

¿Dónde está Hao? — insistió el castaño ignorando la presencia del pequeño. Fijó su mirada en una mesa donde dos alas de gran tamaño estaban, se podía apreciar en ellas un leve tono rojizo en los bordes, eran las alas de su hermano —. ¿Qué le hicieron?

Hao nos traicionó. Sólo seguimos las reglas.

Él no sería capaz de eso.

Sé que es difícil de creer Horouke, yo tampoco quería aceptar la verdad, pero ese niño es la prueba — respondió señalando a Hana —. Él es hijo de Hao con una humana, es un nefilim.


Anna caminaba de un lado a otro intentando tranquilizarse pero era imposible, ya estaba amaneciendo y ella seguía sin poder sacarle algo de información a ese ángel. Miró al sillón donde ese apuesto moreno de cabello castaño estaba acostado. Después de llegar con él a casa lo había acomodado ahí para limpiar y desinfectar sus múltiples heridas, detuvo la hemorragia de su espalda y lo vendo cuidadosamente, aparentemente ya estaba mejor, su vida ya no peligraba pero aún así él seguía sin reaccionar.

¡Maldita sea, despierta! — le gritó cabreada pateando el sillón.

Él abrió los ojos con pesadez, se veía molesto —. ¿Te puedes callar? Intento dormir — dijo de manera cortante volviendo a cerrar sus párpados.

¿Qué? ¿Realmente él le había dicho eso? Tuvo que respirar profundamente para no matarlo en ese mismo instante. Se acercó a él y golpeó su espalda con fuerza, sus blancas vendas se tiñeron de rojo de inmediato. Hao hizo una mueca de dolor mientras rápidamente abría sus ojos, está vez se veía furioso —. No te tengo miedo — le aseguró.

¿No? Pues deberías, podría matarte en menos de un segundo.

Sonrió confiada —. No me hagas reír, estás demasiado débil y si no fuera por mi ya estarías muerto. Ahora respóndeme ¿A dónde se llevaron a mi hijo? ¿Qué quieren con él?

¿Cómo quieres que lo sepa? No sé si te diste cuenta, pero esos tipos y yo no somos muy buenos amigos.

Tienes que saberlo, tú eres uno de ellos. Un maldito ángel — dijo con desprecio —. ¿Dónde está mi hijo?

Él está muerto, así que será mejor que dejes de molestarme — respondió con frialdad.

¿Muerto? No, eso no podía ser verdad —. ¡Estás mintiendo! Dime la verdad o sino...

¿O sino qué? — interrumpió incorporándose de a poco. Esbozo una pequeña sonrisa —. ¿Qué ocurre? Creí que no me tenías miedo — dijo con burla al ver como Anna retrocedía unos cuantos pasos.

Maldito bastardo — murmuró viendo con algo de temor al castaño, creyó que él estaría más débil, con toda la sangre que perdió no debería ni siquiera poder levantarse —. Aléjate de mi — advirtió amenazándolo con la espada que estaba sobre la mesa.

Hao la miró sorprendido —. ¿Mi espada? — cuestionó sin poder creer que ella la tuviese en sus manos.

Ahora es mi espada — respondió secamente, recuperando su confianza.

¿Tu espada? Jajaja ya quisieras — dijo estirando la mano para que se la entregue pero Anna retrocedió nuevamente —. ¿Qué piensas hacer, pelear conmigo por ella?

¿Qué harás tú con esto?

Suspiró agotado, él no tendría por qué pasar por todo eso —. Usarla como una muleta, ¿Qué crees que haré?

Salve tu vida — le recordó.

Es cuestionable. — Después de unos segundos dejó caer su mano —. No vas a regresarme mi espada, ¿O sí?

La rubia negó con la cabeza. Hao bufó molesto, estaba muy cansado como para seguir discutiendo. Se sentó en el sofá esperando que ella hablase —. Mira, yo no fui quién cortó tus alas y te hizo todas esas heridas, es más, yo te ayude. Necesito saber a donde fueron, tengo que salvar a Hana.

Ni siquiera sé dónde está, o si está vivo.

Pero yo sé donde estás, y sé que te dirigirás de regreso a los otros ángeles, incluso si es sólo para vengarte.

Ah, ¿entonces así son las cosas? Ya que no pudiste obtener información de mí cuando estaba débil e indefenso, ¿tu gran plan ahora es seguirme de vuelta al nido de víboras para rescatar a tu hijo?

Exacto.

¿Y si no está ahí? — cuestionó haciendo que el corazón de Anna se detuviera unos segundos, ni siquiera quería pensar en esa posibilidad.

Entonces dejare de ser tu problema.

Bien. Descansa un poco, el viaje será largo — dijo recostándose en el sofá nuevamente.


¿Por qué Jeanne quiere hacerle creer a los demás que Hana es hijo de Hao? ¿Qué malvados planes esconderá tras esa cara angelical?

LC Projects: ou *-* que bueno que te haya gustado, gracias por darle una oportunidad aunque no te gusten los mundos alternativos.

Hanoi-chan: muchísimas gracias, me encanta que le den una oportunidad a esta historia c: