de un tajo... si chicas perdon pero lo tenia que subir hoy...
Melina Aragon...
beta elite fanfiction
Tiempo Perdido (2 parte)
—Edward… estoy embarazada…
—Oh, Tanya, no sabes lo feliz que me haces…
—No sé si estoy preparada para esto.
—Claro que lo estás, cariño, juntos saldremos adelante.
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—Y, ¿no has sabido nada de Edward, Alice?
— ¿Aún piensas en él?, ni estando del otro lado del charco, dejas de preocuparte por él.
—Nunca Ali, yo fui la causante de que no fuera feliz hace unos años, pero ahora me preocupo.
—Podrías verlo si regresas… han pasado dos años y ni en Navidad regresas.
—No es necesario, mi presencia sólo lo molestaría.
—…
—Ali, ¿qué pasa?
—Tanya está embarazada…
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—todo el mundo está hablando de nuestra boda, ese es mi sueño. Tener un hijo, formar una familia contigo
—Edward… —Tanya no podía con el remordimiento de conciencia, ella amaba a Edward y por eso hizo lo que hizo—. Ayer que… que estabas en la universidad, yo fui a un lugar y… y este niño ya no va a nacer.
Edward había tomado asiento al lado de su novia ya que la vio muy mal, cansada y con ojeras… pero jamás imaginó que ella le diera esa noticia.
Ella había acabado con la vida de su bebé.
De un ser inocente, del fruto de su amor.
—¿Qué? ¿De qué hablas?
—Esto era algo que me sobrepasaba, Irina me acompañó y bueno, de veras lo siento.
—¿Por qué lo hiciste?
—Ya no podía esperar más, además si te decía no me ibas a dejar hacerlo…
—¡Pues claro que no lo iba a hacer! —gritó Edward fuera de sus cabales.
Caminaba de un lado a otro por el departamento, no podía imaginarse la sangre fría que debía tener para hacer lo que hizo, sólo pensarlo le daba arcadas. La despreciaba, como pudo creer que la amaba.
No le importó como Tanya se hizo ovillo en el sofá, ella no era débil, claro que no. Ella era una asesina.
—Ese también era mi hijo, pero quisiste hacer las cosas por tu propia cuenta. Pudimos hablar, pudimos arreglar esto, porque ese también era mi hijo... no puedo creerlo.
—Lo siento, Edward, perdóname.
—¡No!, esto no se trata de perdones, esto no es algo que se perdió, se rompió, es algo muy grave, es la vida misma, ¡la vida de mi hijo!
—Bueno, ponte en mi lugar, entiende que nosotros no estábamos listos para esto, no era el momento, además hubiera terminado con nuestra relación.
—Esto acaba de terminar con todo. Tú y yo no tenemos nada que hablar.
—No, Edward, no te vayas.
Edward no la escuchó, jamás se sintió tan mal… ni con lo de…
Era su hijo el que había muerto, Tanya había acabado con la vida de un inocente, y el no estuvo ahí para protegerlo…
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—¿Dónde está Edward?
Rosalie, una de las conquistas de Emmett entró corriendo al departamento que compartían con el cobrizo.
La rubia estaba desesperada, su amiga estaba muy mal y necesitaba urgente la presencia de Edward.
—¿Qué haces aquí?, mandé el elevador porque me dijeron que Leah perdió sus llaves, tú eres amiga de la asesina.
—No sabes de lo qué hablas, mejor dime si está.
—No, no está.
—Es mentira… —Rose entró corriendo por el pasillo que daba hacia el cuarto del muchacho.
Edward no podía dormir, imágenes horribles de la situación lo superaban, aún no se hacía la idea de que ya no iba a ser padre.
—Edward, tenemos que irnos, tienes que ver a Tanya.
—¿Qué te pasa rubia?, que no entiendes que no quiero verla.
—No seas necio, Tanya te necesita.
—No me importa.
—Por favor, Edward, Tanya está muriendo.
—¿Qué?
Edward no alcanzó a procesar qué le decía.
Una cosa era que estuviera tremendamente dolido por lo que Tanya había hecho y otra que ella estuviera muriendo eso no se lo deseo jamás a nadie.
Cuando llegaron al hospital, efectivamente, Tanya se veía mal. Al parecer en la clínica clandestina donde habían hecho la abominación, le habían dañado un órgano interno y eso le provocó una descompensación aparte de pérdida de sangre y otras cosas.
Los médicos no le daban muchas esperanzas, pero él no le deseaba la muerte.
—Perdóname Edward, yo te amo, con todo lo que soy, con mis errores, con mi egoísmo… sé que me iré, pero quiero que sepas que siempre te he amado.
—Vamos, nena, te vas a poner bien, todo saldrá bien.
—No Edward, sabes que no, pero quiero que me prometas algo, quiero que no estés con nadie más, quiero que me recuerdes y me guardes luto.
Aún en su lecho de muerte Tanya no dejaba de ser egoísta, sabía que moriría y nadie más que ella tenía la culpa, pero no quería que Edward fuera feliz.
Tarde o temprano la castaña regresaría y él quizás tendría otra oportunidad de amar, mientras que ella estaría tres metros bajo tierra pudriéndose.
—Lo que quieras, cariño…
Edward no alcanzó a decirle las palabras cuando las maquinas comenzaron a sonar.
Tanya lo miró a los ojos y le dijo.
"Te amo".
Después ella se dejó caer laxa y los ojos se le perdieron.
Edward no podía creer que la mujer que hasta hace un par de días era su prometida y madre de sus hijos ahora yacía muerta entre sus brazos.
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—Bueno…
Mientras tanto, al otro lado del mundo, en África. Isabella dormía plácidamente cuando un ruido interrumpió uno de los pocos sueños de un recuerdo que tenía con Edward
—Bella, oh amiga que bueno que te encuentro.
—Alice, ¿qué pasa?
—Tanya acaba de morir…
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—Lo siento mucho…
—Gracias, Bella.
—Edward, yo sé que este momento es mucho muy difícil para ti y sé que en el pasado tuvimos muchas broncas, pero en estos momentos creo que olvidan todos, tienes todo mi apoyo…
Ni bien Bella terminó de hablar Edward que no había llorado desde que llegaron a la velación, se soltó a los brazos de la castaña, destrozado, era ridículo que mientras el mundo disfrutaba de la navidad, él estaba llorando a la que iba a ser la mujer de su vida.
Bella sólo aguantaba lo que Edward sentía sin decirle una palabra, él no las necesitaba, frases que nunca le regresarían a su mujer. Ella sólo era una amiga en la cual él podría apoyarse, pero el llanto de Edward le desgarraba el alma…
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—Gracias, chicos, los dejo en su casa, yo estoy cansado lo mejor es que me valla a dormir.
Edward estaba agitado física y mentalmente, después del entierro tuvo que arreglar muchas cosas y en ese tiempo Bella estuvo con él, no habían tenido oportunidad de hablar, él ni siquiera quería hablar.
Año nuevo y él sólo quería dormir.
—¿Quieres que te prepare algo de cenar?
—No, Alice, muchas gracias lo mejor es que me vaya a descansar.
No se despidió de nadie más, caminó hacia la habitación bajo la atenta mirada de Bella.
Para ella fue un shock el recibir esa llamada avisándole que Edward más que nunca la necesitaba, no dudó en dejar todo en África. Sus instructores lo entendieron y dijeron que hablarían con la escuela de Seattle para que la aceptaran al empezar el año.
Bella se paró del sofá y caminó hacia la habitación de Edward
—¿Se puede?
—Claro, Bella, pasa.
—Veras… sólo quería decirte algo, seguramente ya todos te dijeron, pero… quiero que sepas que en mí puedes apoyarte, estoy dispuesta a ser tu amiga otra vez, ya no importa, te perdono todas las cosas que me hiciste.
—Haber, haber, haber… ¿me perdonas? Pues muchas gracias pero… el hecho que me hayas apoyado en el panteón no significa nada, yo no necesito tu amistad, de verdad… mira discúlpame Bella, pero mi cabeza anda en otras ondas como para ponerme a ver si vamos a poder retomar una amistad.
Bella se quedó callada, nunca se imaginó que Edward aún sintiera tanto odio hacia ella.
—No puedo creer que sigas pensando en esa tontería.
—¿Cuál tontería, Bella?
—Mira, yo vine con la buena onda de apoyarte y arreglar las cosas, porque creí que desde que pasó lo de Tanya nos habíamos arreglado…
—No, espérame, desde que recuerdo las cosas entre nosotros no tienen solución.
—Es que no lo puedo creer Edward.
—Déjame solo, estoy muy cansado.
—Bien… pero déjame decirte una cosa, nunca has cambiado, siempre has sido un patán… adiós.
Bella salió de la habitación destrozada, se encerró un minuto en el baño hasta que pudo soltar unas cuantas lágrimas, se sentía muy mal.
Era consciente que ella lo había dañado en el pasado, pero… ¿tanto?
Edward no quería pensar, no quería sentir y Bella le hacía eso, Tanya le había pedido algo y la única manera de no cumplirlo es si pasaba demasiado tiempo con la castaña…
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—¡Jasper!
—Isabella si dejas de gritar te lo agradecería, a Alice no le gusta que me grites.
—Sí, como sea… tengo algo que contarte…
Isabella estaba pletórica, Jasper seguía siendo el mismo, siempre apoyándola, siempre al pie del cañón. Lo único malo es que vivía en la misma casa que Edward
—No dijiste que nunca más volverías a pisar esta casa.
A Edward la castaña lo descontrolaba y la única manera de controlar la situación era la ofensa.
—Mira vine a hablar con mi amigo, Edward, no a platicar contigo.
Bella se giró dándole la espalda, le dolía su comportamiento, pero ya no estaba dispuesta a soportarlo.
—Ya, ya Bella… ya sé que Seth te pidió que fueras su novia y que aceptaste…
Un balde de agua fría callo sobre Edward,
"¿Qué esperabas?… que se quedara a vestir santos y desvestir borrachos sólo porque a ti se te antojaba" pensó Edward.
Estaba furioso pero no le daría el gusto.
—¡Ay sí!, nuevo novio, nuevo novio…
Caminó hacia la cocina y se sirvió un refresco, pero las manos le temblaban, Jasper sabía lo que se avecinaba.
Edward sentía cosas por Bella, pero, por el estúpido juramento se negaba a estar con ella. Y bueno, ella no sabía nada, solo quería ser feliz.
—Así que ya se te hizo por fin tener novio, ¡mira que chévere!
—¿por qué no te callas, que no tienes una vida o algo?
—Shh no quiero ponerme de mal humor con tus tonterías, vengo a contarles una gran idea que tengo.
—¿Tienes ideas?… o sea que… a veces piensas.
—Jajá, que chistosa… ¿y Jacob? ¡Jacob ven acá!
—Ya voy, ya voy… ¡Oh!, hola Bella, cada día más guapa.
—Gracias Jake, ¿cómo te trata la vida? ¿Qué te tomas? —Bella estaba de buen humor y por eso agradecía las palabras de Jacob.
—No me quejo, Leah me mal cría mucho.
—Me alegro.
—Bueno, ¿quién me llamaba?
—Yo, pedazo de animal, no creo que a Leah le guste saber que estás coqueteando.
—Oh, ella sabe que ella es la catedral, las demás son las capillitas.
—Bueno ya, ¿quieren escuchar o no?
—Sí ya, habla.
—A unas cuadras hay una cafetería y el dueño se comunicó conmigo y quizás compre la cafetería.
—Es una buena idea, amiga, cuenta con nosotros te apoyamos.
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— ¿Qué quieres, bomboncito?
—Quiero un pastel de chocolate…
—Mmmm, chocolate. ¿Pero me vas a dar, verdad?
—Sí, pero un poquito.
Isabella tenía una relación viento en popa. Seth era un chico magnifico y siempre la trataba bien.
Atento con todos… ese era su problema era atento hasta con Edward y eso no le gustaba.
—Mira, cariño, ahí está Edward…
—Ah, sí…
— ¡Edward!, ven…
—Seth, ¿por qué le hablas?
—Bella, compórtate.
— ¡Hola, Seth! ¿Cómo estás?
—Bien ¿y tú?
—Bien… hola Bella…
—Ohhh, hola.
—Siéntate Edward.
— ¿En serio, no molesto?
—No, dime, ¿qué andas haciendo por acá?
—Vine a ver los pasteles de chocolate, dicen que están muy buenos.
—Pero que mala suerte tienes, Edward, solamente quedaba un pedazo de tarta y yo lo pedí, así que ¿por qué no te vas?
—Isabella, compórtate…
Edward no podía hacer más que sonreír, Bella no lo soportaba, esa era la idea, pero dolía como los mil demonios.
La presencia del cobrizo era frustrante, el único que podía calmar su temperamento era Seth y él hacía buenas migas con el muchacho que ella odiaba, Isabella se sentía hundida.
—Y, entonces Edward, ¿qué haces aquí?
—Vine a dar una vuelta, ¿qué no puedo?
—Sí que puedes pero, qué mala suerte la mía que te encuentro hasta en la sopa.
—Mira, Bella, no te preocupes me voy…
Edward se paró de la mesa dejando a Bella y Seth sumidos en silencio…
—Vámonos…
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—Seth, ¿por qué me trajiste acá? De todos los lugares a los que pudimos ir a comer…
—Bella, guarda silencio y ven… Edward, amigo, ¿cómo estás?
—Seth un gusto… Bella, como siempre un placer.
—Sí, lástima no puedo decir lo mismo, pero no te preocupes no queremos importunar, se ve que tienes llenísimo.
Bella no pudo ocultar el sarcasmo, la nueva cafetería era un fiasco, no había nadie y muy en el fondo se lamentaba por Edward… pero muy, muy en el fondo.
—Sí, ahórrate el sarcasmo.
—Seth, será mejor que nos vayamos.
— ¿Por qué? Porque ya es tiempo que tú y Edward arreglen sus cosas.
Ninguno de los dos sabía qué hacer, había tantas cosas de por medio… era tanto el pasado, tanto… rencores, siempre había terceras personas, pero quizás Seth tenía razón.
—Está bien, voy a dar el primer paso… ¿me perdonas, Bella?
Isabella veía fijamente la mano estirada de Edward, se le hacía tan fácil olvidar todo…
Una parte de ella quería sostener una vez más esa mano… en el pasado se sentía bien.
— ¿Me perdonas?
— ¿Crees que es fácil olvidar todas las patanerías que me has hecho? Te las voy a devolver una por una…
—Conste que yo quise… mejor me voy a hacer cosas mas interesantes, hay gente que no supera las cosas.
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—Si no arreglas las cosas con Edward, voy a pensar que sigues sintiendo cosas por él…
—Pero Seth, tú no…
—Lo sé, Bells, quiero que seas feliz y no puedes serlo porque aún pesa toda la historia que tuvieron ustedes…
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—Podemos hablar…
— ¿Qué quieres Isabella, vienes a burlarte de mi fracaso?
—No, quiero disculparme, también he tenido mucho de culpa en lo que ha pasado.
—No Bella, lo siento, me he portado como un patán…
—Entonces, ¿quieres que sigamos siendo amigos?
—Intentémoslo…
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—Bella, no es que sea chismoso ni nada… pero eso de hacer las paces con Edward es para demostrarle a Seth, que no sientes nada por él o ¿qué?
—Sí más o menos…
—Si así va a ser la reconciliación que flojera me dan, antes había show pero ahora nada…
—Calla, bobo…
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—Ustedes están locos, esto de vestirse de pollo, es una jalada no, no y no…
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—Bella muchas gracias, por lo de hoy…
—Hola, Edward, ¿cómo vas?
—No me había dado cuenta, pero te ves bien chistosa vestida de pollo.
—Tú no te quedas atrás querido.
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— ¿Quieres que te ayude con esos cafés?
—No, muchas gracias… ¿por qué no mejor te vas a atender a tu novio?
— ¿Te refieres a Seth?
—Sí.
—No. Él y yo sólo somos amigos… funcionamos mejor así…
— ¡Qué mala onda que ya terminaron!, hacían muy bonita pareja-
—Ya sabes, a veces las cosas no salen como uno quiere…
—Si lo sabré yo… mira, quién sabe cuándo vaya a tener ganas de salir con alguien con todo lo que me ha pasado…
—Ah… sí, te entiendo… bueno será mejor que regrese con los chicos, no quiero incomodar…
Y de qué sirvió todo lo que hizo, vestirse de pollo y hacer el ridículo, para que Edward diga siempre que no.
Él nunca superaría a Tanya… era una guerra perdida….
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—¿Pero cómo te enteraste?
—Pensaste que nunca lo haría, estaba encerrada en un internado, no exiliada.
—Mi mamá no sabía.
—No, mi mamá no sabe, la que se comunicó conmigo fue Bella, la vi un tiempo cuando ella estuvo en Londres por lo de su escuela.
—Me alegra que estés aquí, hermana.
—A mí también.
No sabía qué pensar… confundido, esa era la palabra… Bella había hecho eso, por él…
—Bueno, chicos, yo me voy.
—Pero, espera Bella ¿quieres que te lleve?
—No, Ed, estaré bien tomaré un taxi. Ciao, Eli, nos vemos.
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—Bells, Seth nos va a llevar a todos a casa, vámonos.
—No… la noche a penas empieza.
Era sábado, noche de brujas e Isabella quería celebrar. O ahogarse en el reventón para olvidar que Edward cada día se alejaba más de su alcance.
Había hecho lo humanamente posible y ni eso fue suficiente.
Por eso en cuando llegaron al bar, se consiguió al tipo más guapo del lugar y se olvidó del amargado que estaba sentado en la mesa esperando a alguien.
Ella también había quedado con un ciber- amigo pero nunca llegó.
—Si quieres preciosa, te puedo llevar —Alfredo o Alistair… cómo demonios se llamé el chico era muy caliente, pero no sabía qué pensar…
—Bella no se nos hace bien que te quedes con un desconocido.
—Mira, Ed, si tú quieres ser un cortado… adelante, pero a mí no me vas a decir que hacer y que no, así que vete.
—No seas tonta.
— ¿Tonta yo?…
—Si estás segura quédate…
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— ¡Ey! ¿Qué te pasa?
—Vamos, nena, sé cómo son las de tu clase.
¿De qué demonios hablaba el tipo? Estaba medo ebria pero sabía lo que hacía y ella no quería acostarse con un pelado como ese.
—Suéltame, estúpido…
—Tranquila, nena, vas a ver que lo disfrutas.
La tiró en la cama y comenzó a besar el cuello y tocarla por todos lados.
— ¿Qué te pasa imbécil?
La puerta de la habitación se abrió con un estruendo y Edward lo vio todo rojo.
Un tipo estaba sobre la castaña forzándola.
—Suéltala, será mejor que te largues.
—Mira, wey, aquí la única que tiene la culpa es la tipa que anda de provocadora.
— ¡Me vale una mierda, a ella la respetas!
El tipo salió volando por la puerta de entrada, no quería tener problemas con un novio celoso.
—Gracias por estar aquí, Ed, no quiero imaginar qué hubiera pasado
—El tipo me dio mala espina, por eso preferí venirme para acá.
—Gracias.
—Mira, Bella, en buena parte tuviste la culpa, anduviste echándole ojitos, coqueteándole y eso… algo te podría haber pasado-
— ¿Me estás diciendo que soy una chava fácil?
—Sólo digo que debes tener mucho cuidado con lo que haces…
—Calla, Ed, no sabes nada… sé lo que quieres decir, que soy una facilona y te equivocas, no ando acostándome con cualquiera, estás muy equivocado, no soy lo que tú crees.
—Sacas todo de contexto…
—Dime, ¿qué fue lo que hice mal? Coquetear, todos los hombres lo hacen pero en las mujeres se ve mal, ¿no?
—Es muy diferente, ¿cómo vas a comparar?
— ¿Qué entonces los hombres pueden ligar, aunque ese ligue no signifique nada y al otro día la olviden?
—Bella, estás ebria y yo también mejor después hablamos.
—Está bien, Ok.
—dime una cosa, si el tipo se hubiera portado de otra manera… romántico y así… tú, ¿te hubieras acostado con él?
Esa pregunta descolocó a la castaña… jamás se ha acostado con alguien que acabara de conocer, él no sabía nada.
—Eso es algo que a ti no te importa.
—Tienes razón… es mejor que me vaya, sólo te pido que la próxima vez tengas cuidado.
Y con eso Edward salió de la casa, sintiendo algo extraño en el pecho, odió la situación, odió las palabras que se gritaron dentro del departamento, odió su pasado. Todo hubiera sido tan diferente si aquella noche de navidad él no hubiera escuchado aquella conversación…
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Isabella se sentía pésimo… traía resaca y le había hablado muy mal a alguien que sólo quiso ayudarla.
Si no hubiera sido por Edward ella hubiera vivido una de las experiencias más traumáticas de su vida.
Por eso cuando esa mañana llegó a desayunar a la cafetería del cobrizo aprovechó para hablar con él.
No iban a dejar de pelear en un futuro, pero al menos ella ya no sentía las mariposas en el estómago como antes… en ese momento sólo era un ochenta por ciento del tiempo.
—Hola, Edward.
—Hola, Bella.
—Quería pedirte disculpas… ayer me porte súper mal, sé que no viene al caso, pero para mí es importante.
—Sí, no hay problemas, estás disculpada.
—Gracias, si ayer no pasó algo horrible fue por que llegaste, de verdad gracias. —Isabella intentó tomar la mano del cobrizo, pero este la alejó. No soportaba ni siquiera un pequeño gesto viniendo de ella.
—Sí, no importa, todo está olvidado, ahora si me disculpas, tengo que seguir atendiendo.
Y con eso, se fue, dejándola sola…
Tenía trabajos que resolver así que tenía su portátil afuera, el frio de Forks calaba hasta el tuétano y, no quería esperar a Alice afuera.
Desde que Emmett y Rose decidieron casarse, Alice y ella eran las encargadas de planear algunas cosas, serian parte de las damas de honor…
Hacia un tiempo en un momento de locura entró en un portal de amigos por internet, creía que eran sitios web donde había muchos pervertidos y esas cosas, pero un compañero de ella gay, le había comentado que no todos eran así.
Creó un perfil falso y entró. La grata sorpresa que se llevó fue encontrar a alguien muy similar a ella.
Le gustaba el rock, que era su placer culposo, amaba el sol y su color favorito era el café rojizo.
Tenía un míname bastante peculiar y eso fue lo que llamó su atención, BragüiAesir era el nombre de un Dios Aesir, de la mitología escandinava.
Bella no era una erudita del tema, pero, le encantaba la mitología, de hecho ella tenía el nombre de la Diosa Vaniria FreyjaCaraid, que era la Diosa de la belleza, también de la mitología escandinava.
Era divertido y locuaz en las conversaciones, pero hasta ese momento no se habían podido conocer en persona. Y eso era lo malo, bien podría enamorarse de él.
Justo en ese momento llego un icono con una carita feliz, era el… bien podía matar el tiempo, nadie de sus amigos sabía de su relación cibernética.
BragüiAesir: :D
FreyjaCaraid: Me has dejado plantada, el otro día en el bar
BragüiAesir: ¿Estabas ahí?
FreyjaCaraid: Sí.
BragüiAesir: Yo también fui, pero como no vi a nadie con una flor en la cabeza, pues por eso no me puse mi sobrero de charro.
FreyjaCaraid: Te lo hubieras puesto, lo que pasa es que me daba pena y con la pandilla de amigos que tengo, lo más seguro es que me hubieran molestado, esperaba ver el sombrero para acercarme.
BragüiAesir: No puede ser, estuvimos tan cerca y no nos conocimos, a lo mejor el destino lo quiere así.
FreyjaCaraid: Quizás sí… pero por algo será, ¿no crees?
BragüiAesir: Hubieras salido corriendo de susto al verme…
FreyjaCaraid: No, para nada… susto el que me llevé yo esa noche cuando salí del bar.
FreyjaCaraid BragüiAesir: ¿Qué pasó? :0
FreyjaCaraid: Mejor, luego te cuento con calma, estoy esperando a una amiga y bueno frente a mí hay alguien que no quiero que sepa aún de ti…
Edward miraba a la castaña mover los dedos rápido en la computadora, lo más seguro que estaba haciendo tarea, siempre había sido dedicada, no inteligente, pero si dedicada, aunque a veces soltaba unas risitas coquetas en dirección a la pantalla y esa manía de morderse el labio…
Isabella ya no importaba, al menos ya no tanto. Desde que había conocido a una chica por un chat de amigos en línea, la vida giraba sin menos preocupaciones.
Freyja era genial. Divertida y suelta, no importaba que él tuviera un mal día, ella con un simple comentario le devolvía la sonrisa, ni siquiera la mala vibra por los supuestos chismes que involucraba a su difunta ex novia.
BragüiAesir: Bueno yo también me voy, tengo que atender el trabajo y no quiero que ciertas personas se enteren de que estoy chateando con una chica linda como tu…
FreyjaCaraid: Entiendo, me pasa lo mismo… bueno entonces chateamos luego va…
BragüiAesir: Va…
Justo en el momento que ambos cerraron las ventanas del chat, impulsados por algo buscaron las miradas… ella buscó el verde jade y él el chocolate…
Alice entró a la cafetería, saludó a Edward con un escueto hola… tomó de la mano a la castaña y salieron hechas una furia…
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—Hola, Liz
—Bella, ¿cómo estás?
—Bien, ¿está tu hermano?
—Sí, está en la oficina, ¿se te ofrece algo?
—Tengo unas preguntas por lo de la boda, ¿crees que molesto si paso?
—No lo creo, pasa.
Hace mucho que Bella no se sentía frustrada por detalles insignificantes, pero los preparativos de una boda eran muy agotadores, a ese paso iba terminar sin cabello.
Estaba en la cafetería por un motivo, y no era el que quisiera verlo locamente. Edward desde hace unos días estaba mal, si ellos hubiesen sido amigos, ella tranquilamente le invitaría una copa y le preguntaría qué le pasaba. Pero ese no era el caso, seguían en las mismas… se toleraban.
Tocó la puerta y desde adentro se escuchó un claro y rotundo pase.
En esa oficina estaba el sello personal de Edward. Música, libros cuadros… fotos, de su familia, de amigos y de Tanya, él aún sentía cosas por ella.
—Hola, Ed, disculpa que te moleste, pero venía a preguntarte algo.
—Isabella, siéntate.
Estaba tan nerviosa que no se había dado cuenta de que caminaba de un lado a otro en el reducido espacio.
Tomó asiento frente a Edward y no perdió detalle de lo que la rodeaba… más fotos, todas de ella.
Incluso en el portátil tenía un collage con fotos de ellos juntos.
Algo en su corazón se quebraba.
—¿En qué puedo ayudarte?
¿En qué podía ayudar? Ah, sí… quizás casándose con ella y viviendo un cuento de amor.
Debía dejar de ver Once Upon a Time… El Capitán Garfio no iba a salir de televisión con su porte de chico malo y esos ojos… no, ella tenía que conformarse con criar gatos e ir a misa los domingos.
—Quería hablar contigo de la boda.
—¿Boda?
No quería pensar, Bella ayudaba, cuando ella estaba alrededor no pensaba, pero en este momento ni ella podía quitar la información de la cabeza.
La vio mirar lentamente su oficina, ella vio las fotos… unas fotos que eran falsas.
—Edward, ¿te sientes bien?
La preocupación de la castaña era palpable, pero no podía hacer mucho. No quería hablar…
— ¿Te puedo ayudar en algo?
—No, son mis problemas… mejor no te metas.
"Estúpido, patán, poco hombre, nunca cambiaría".
—Como quieras, creo que llegué en mal momento, me voy.
Recogió sus cosas y se marchó de la oficina, no quería llorar por lo mal que él se había comportado, le dolió la mala manera de como él le contestó.
—Bella… espera. —Edward vio las lágrimas acumuladas en los ojos de la chica y se sintió fatal, él no era eso. Se estaba convirtiendo en lo que tanto criticó de Demetri.
Bella se quedó quieta esperando el próximo movimiento de Edward, siempre era así con él, a veces quería regresar a África y quedarse en aquel lugar en el que fue tan feliz.
—Perdóname, no quise hablarte así, pero la verdad… —Ella estaba expectante—. La verdad es que no he podido olvidar a Clara.
—Hoy pasó algo que tiene que ver con ella y, por eso estoy así.
—¿Qué pasó?
—Hay un video muy grueso, en donde… en donde se ven ella y Félix… teniendo relaciones.
— ¿Qué?
—Lo siento, Bella, sé que salías con él y…
—No, a mí lo que él me hizo o hace no me preocupa, nunca fue nada serio o formal, no me interesa…
— ¿Entonces, cuál fue el motivo de tu reacción?
Se debatía en decir la verdad u omitir la información, las dos propuestas eran muy tentadoras, pero la segunda era más confiable. No podía saber lo mucho que él la afectaba, era un punto débil entre ellos. Verse vulnerable ante él no era lo más recomendable y sólo lo tomaría como una burla.
Edward la miraba fijamente, no entendía la reacción de Bella, si decía que Félix no significó nada, a menos que… no. Eso era imposible. Isabella no sentía nada por él, ella era feliz en su vida y de extraña manera volvía a tener un poco de luz en la mirada.
Varios días se encontró preguntándose ¿cuál era el motivo que la mantenía feliz y con una sonrisa?
Él tenía una sonrisa también, pero eso era a causa de su ciber-amor, la chica era tan locuaz que a veces lo descolocaba, se preguntaba si intentaba localizar a los chicos del programa de MTV para que hicieran el experimento con él y buscar a la susodicha.
—De verdad lamento mucho lo que pasó y de lo que te has enterado, pero estoy aquí por una razón y esa es la boda. Alice quiere que pases a probarte el traje…
Bella cambió a un tema seguro, estar rodeada y en su hábitat no era recomendable para su salud mental. Por eso ante la atenta y desconcertada mirada de Edward se dispuso a concentrarse en lo que le convenía.
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—He estado pensando mucho en que me gustaría que ahora si nos conociéramos. Me gustaría platicar contigo personalmente de nuestras cosas, no le veo el caso seguir sólo por chat.
—Sí, me encanta la idea.
—Además hoy me pasó algo muy extraño, te lo quiero contar.
—¿Cuándo, dónde y a qué hora?
—Mañana a las nueve de la noche en una cafetería que se llama, Ragnarok, ¿la conoces?
—Claro que la conozco… pero, ¿tú has ido ahí?
—Ya te contaré cuando nos veamos… ¿cómo te voy a reconocer? Con la flor y el sombrero.…
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—¿Cuándo planeabas decirme lo de tus charlas?
Alice enfadada, daba más miedo que la bruja del norte y su madre, juntas.
¿Es que acaso ya sabía lo de su ciber- enamorado?
—¿De qué hablas?
—De los anónimos… —Ah, era eso. De seguro eran otro de los pésimos anónimos que le mandaba Emmett para asustarla.
—Alice, esos son estúpidos juegos de Emmett, pareciera que no lo conoces.
—Bella, esto es grave, ¿qué pasa si no es Emm?, ¿y, si es alguien más?
—No lo creo, ¿quién más podría ser?, no soy una chica de enemigos…
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—Bella, pero que guapa, ¿será acaso que por fin te decidirás con Edward?
—¿De qué hablas Rose? Él y yo no existe…
—Sí, engáñate tú, pero a mí, no…
Rose, sentía pena por ese par. Ella fue la que descubrió la traición de Tanya y sabía que en su lecho de muerte había obligado a Edward que no estuviera con nadie más. Él se cerró y alejó a la castaña, aunque últimamente se le veía feliz y bueno quizás ella ya había conocido a alguien, quizás si no hubiera sido cobarde y no le hubiera guardado luto a esa traidora… ella murió por sus decisiones, por su negligencia y egoísmo.
Pero más valía tarde que nunca…
*Zapatos listos.
*Vestido sexy… listo.
*Maquillaje y perfume… listos…
*El bigote… sí, en la bolsa…
¿Nervios? ¿Qué es eso?... no, Isabella no sentía nervios, estaba aterrada, ¿qué tal si el dichoso ciber- amigo era una cosa horrible, un psicópata o algo peor?… últimamente sentía que alguien la miraba y esa sensación no le gustaba para nada.
Navidad se acercaba a pasos agigantados, Papá Noel llegaría a dejar regalos… ella viajaría con sus padres por un crucero, quería pasar esas fechas alejada y pensar.
Los chicos se reunirían en la cafetería de Edward para celebrar navidad.
Cuando llegó a una cuadra de la cafetería, volvió a sentir esa sensación de estar siendo vigilada, así que apresuró el paso, pero, justo dos locales antes de llegar alguien la tomó por la cintura y poniendo una mano en su boca la jaló hacia un callejón.
—Hola, Bella, ¿no vas a saludarme? Hace tanto tiempo…
Un sudor frio la recorrió desde la nuca a la espalda… Félix la tomaba de la boca privándole un poco de oxígeno, no podía hilar pensamientos coherentes y empezaba a marearse.
Ellos no terminaron en buenas condiciones. Después de aquella noche vieja en que decidió dejar ser feliz a Edward y que ella desapareció. Él se resintió e incluso esa misma noche trató de obligarla a acostarse con él, pero, por suerte Rose llegó e impidió el bochornoso y traumático momento, le rogó a la rubia que no dijera nada.
—Es de muy mala educación que no respondas a las cartas de tus enamorados, es que acaso ya no se enamora a la antigua, con cartas anónimas…
Alice tenía razón, no era Emm, fue él… siempre él… los anónimos no eran nada comprometedores aunque sí psicóticos, obsesivos y tuvo miedo.
—Te preguntarás, ¿qué hago aquí? —Silencio—. Bueno, la respuesta está cruzando la calle. Si no hubieras sido tan ingenua, sí, tú… ¿sabes? Por culpa de él perdí a Tanya, por culpa de él, ella no se quedó conmigo y abortó, si él no se hubiera metido bajo su piel… tú estabas igual, pero yo sólo estaba contigo para darle a él una venganza… no es que me importaras mucho, lo siento por eso.
Isabella se moría de miedo, las piernas le temblaban, quería llorar. Edward se culpaba por la decisión de Tanya y la pérdida de su hijo y resultaba que ninguno de los dos le pertenecía. No sabía si él estaba enterado. Esto se iría a la tumba con ella, no dejaría que sufriera. Observó cómo la gente pasaba sin prestarles atención, pensando quizás en que eran una pareja que necesitaba intimidad, pero, ella sólo quería correr y esconderse entre los brazos de alguno de sus amigos.
El miedo la tenía paralizada y no podía intentar nada, si ella hacía un paso en falso, podría matarla o algo peor.
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Estaba desesperado, incluso decepcionado. Freyja lo había dejado plantado, ya eran cerca de las diez de la noche y no había ni rastros, ya no había nadie en la calle ni en los locales aledaños, todos estaban en casa celebrando con sus familias, excepto él y su grupo de amigos que querían recibir la navidad juntos en la cafetería.
—Alice, cariño cálmate, dijiste que Bella tenía una cita antes de venir aquí, quizás la cita se extendió o debe venir en camino.
—No, Jasper, no entiendes, siento que algo malo pasa, un mal presentimiento y…
—¿Qué pasa?
—Bella, no llega y me preocupa, hace días que estaba recibiendo notas raras, ella pensaba que era un juego de Emmett, pero yo no estoy segura.
—A mí ni me vean, con todo lo de la boda no tengo tiempo de andar jugando.
Alice miraba fijamente hacia la calle, hacía un frio que calaba hasta el tuétano y Bella no era de las que llegaba tarde.
Edward había terminado por ceder ante el nerviosismo de Alice y él también se sentía nervioso, el destino no podía ser tan cruel como para que le quitara la poca luz que la castaña regalaba a su vida.
—¿Si salimos a buscarla? Los señores Swan están con mis padres y no quiero preocuparlos.
Todos aceptaron y estaban poniéndose los abrigos para salir cuando tocaron a la puerta de la cafetería. Alice y Edward corrieron a la misma emocionados por si era Bella.
En efecto era ella. Pero no venía sola ni consiente, se veía pálida y con los labios azules por el frio.
Félix la sostenía en sus brazos con una sonrisa maliciosa y sostenía una pistola que apuntaba a la cabeza de la chica.
—¿Qué haces aquí? Suéltala.
—Tsk, tsk… no amigo, no estás en condiciones de exigir nada. Hazte a un lado que no quiero que esta zorra se muera antes de tiempo por el frio.
Todos estaban en shock, ver a su amiga de esa manera, Bella parecía muerta y tenía sangre saliendo de la cabeza.
Rose se abrazó a Emmett cuando lo vio, Félix era igual de enfermo y malo como lo fue su ex novio.
Jasper vio a su mejor amiga inconsciente en los brazos de un tipo horrible y loco de atar, tomó a Alice de la cintura escondiéndola tras su cuerpo, pero no podía dejar de mirar de manera nerviosa cómo Isabella no se movía y temía lo peor.
— ¡Que grato recibimiento, se alegran de verme!
— ¿Qué es lo que quieres?
Edward apenas podía respirar, su cuerpo estaba en tensión, Isabella tenía que estar bien, ella no podía morir, también.
—Edward, Edward… ya te dije no estás en condiciones de pedir nada, es por ti que ella está así… si te hubieras quedado con ella y no te hubieras interpuesto entre Tanya y yo… ahora atente a las consecuencias. Yo perdí a la mujer de mi vida… es justo que pierdas a la tuya.
¿De qué demonios hablaba? Él no había hecho nada para interponerse en la relación de ese par de locos. Siempre fue Tanya la que estaba metida con él, supo engañarlos a ambos.
—Ella no tiene la culpa, jamás se portó mal contigo, tampoco mis amigos la tienen, déjalos ir y que se la lleven.
—Entiende que no estás en opción de pedir nada, ellos son testigos de lo que pasará.
—Déjala en el suelo y arreglemos las cosas tú y yo.
Félix lo miraba fijamente, el cobrizo no se imaginaba lo que el planeaba, al menos le daría la oportunidad de morir junto a la mujer que amaba, él no tuvo esa oportunidad.
Dejó a Isabella recostada en una mesa que estaba cerca y le dio un beso en los labios. Edward sufría no acercarse a Bella y para colmo ese enfermo la besaba.
Félix no dijo nada más y salió del lugar apuntando directo a los chicos… les dedicó miradas de burla a todos, en especial a Edward, que había comenzado a caminar hacia la mesa donde Bella estaba recostada.
Edward corrió hasta la mesa seguido de los demás.
—Alice, llama una ambulancia tienen que comprobar qué le pasa.
—En eso estoy.
Todos estaban frenéticos esperando resultados de cómo reaccionaba su amiga, ninguno se preocupó en salir o seguir al culpable, los llantos y las palabras murieron en los labios de los chicos cuando un disparo corto el viento seguido de una explosión, el gas que estaba atrás de la cocina… iban a morir quemados.
Emmett corrió hacia la salida pero la puerta estaba trabada y la otra puerta estaba en la cocina así que no podían ni por asomo salir por ahí.
— ¿Qué vamos a hacer?
—Tranquilícense, algo se nos ocurrirá….
Todos gritaban pidiendo auxilio pero el poco aire que les quedaba estaba contaminándose por el humo, el ruido de la explosión de los materiales incendiándose, nada la importaba a Edward que miraba como Bella apenas respiraba. No quería perderla, no a ella.
—Chicos, háganme caso tenemos que gritar.
—Ya cállense, debemos pensar con claridad.
El fuego estaba rodeándolos lentamente y no tenían opción.
—Muchachos, ayúdenme a mover esto.
Rose había encontrado una ventana que ayudaba a la ventilación escondida entre todas las mesas. Edward y los demás jalaron con fuerza y, lograron quitar la rendija.
—Hay que sacar a Bella primero, Alice vas y te la alcanzo.
Alice se metió muerta de miedo, pero quería salir viva y ayudar a los demás.
Uno a uno fueron saliendo, a Edward no le importaba nada más sólo que Bella estuviera bien. Porque de ella dependía su existencia.
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Cuando lograron salir y correr lo más alejado de la cafetería se dieron cuenta que se escuchaban las sirenas de bomberos y policías pero aún no pasaba el peligro pues los cristales de las ventanas salieron volando.
Una ambulancia llegó y la gente se arremolinó alrededor, los padres de Bella corrieron hacia donde varios paramédicos la atendían bajo la atenta mirada de Edward, que no quería quitar la mirada de encima de ella, por miedo que en cualquier momento algo malo pasara y él no pudiera estar a su lado.
La madre de Bella, Renée se montó en la ambulancia y Edward con el señor Swan en el coche de policía.
Todos tenían que rendir declaraciones pero a él lo único que le importaba era que la mujer de su vida estuviera bien.
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Horas después Edward estaba sentado junto a Bella en la habitación del hospital, ella respiraba por unos tubos que le pusieron con oxígeno por culpa del humo que había respirado, su cabeza estaba vendada y, su temperatura corporal aún estaba helada.
Él le acariciaba el cabello, se moría de sueño, pero quería estar con los ojos abiertos por si ella despertaba.
Bella no recordaba nada, después del golpe que Félix le dio con la culata de la pistola todo lo que vio fue negro, pero el susto que se llevó al abrir los ojos y ver una pared blanca y el sonido de aparatos, conocía lo suficiente para saber que estaba en un hospital.
De su lado derecho sentía el peso de alguien sosteniendo su mano, era Edward…
— ¿Qué haces aquí?
—Te estoy cuidando, tranquila todo está bien… ¿cómo sigues?
—Creo que mejor pero, ¿por qué estás aquí?
—Bella, perdóname ¿sí?
—Perdonarte, ¿por qué?
—Mira, todo este tiempo me he negado a mí mismo que siento algo muy especial por ti, aun cuando estaba con Tanya pensaba en ti, el sentimiento siempre estuvo ahí en mi corazón.
—Edward, ¿qué estás diciendo? Ya sé que me veo muy mal y que tengo una venda en la cabeza, pero, ¿me estoy muriendo? —Esa era la única lógica que ella tenía por la actitud del cobrizo—. ¿O es por lástima?
—No, Bella, nunca pensé que nos fuéramos a llevar tan bien.
Bella soltó una risa nerviosa, de qué demonios hablaba.
—Edward, no bromees. Siempre estamos como perros y gatos, apenas nos hablamos.
—Sabes una cosa. —Edward pasaba sus dedos por el cabello que se asomaba debajo de las vendas, hacerlo era como un método tranquilizante para él—. Estamos locos, pero somos tal para cual.
Isabella estaba soñando o el muchacho se había vuelto loco.
—Lo que sé es que estás loco.
—Ah, entonces estoy loco. —Edward estaba bromeando, ¿con ella? Algo grave debía estar pasando.
— ¿Te afectó el incendio, o te tomaste algo?
— ¿Quieres que te lo demuestre?
Isabella rodó los ojos, esperando a ver con qué locura salía Edward.
Él sacó del bolsillo de su pantalón un lápiz labial, lo puso frente a su cara, lo destapó y comenzó a frotar sus labios para que quedaran de un intenso rojo carmín.
"Esto no puede ser cierto" pensó Isabella mirándolo estupefacta.
—Braggi…
—Espero que no te moleste que lo haya tomado, los oficiales encontraron tu bolso en el callejón donde Félix te atacó y cuando se lo mostraron a tus padres salió el bigote postizo, Freyja.
Edward se acercó lentamente a Bella que estaba en estado de shock, tanta era su suerte… ella era la misma por la que estaba cibernéticamente enamorado, sus labios se tocaron y se fundieron en un beso lleno de amor y lágrimas.
Lento, suave y sensual… la lengua del cobrizo pidió permiso para entrar en su nuevo lugar favorito y Bella se lo concedió deseosa de sentirlo dentro de ella.
Él tomó el cuello de Bella sosteniéndola en su lugar, no iba a permitir que este sublime momento se acabara.
—Perdón, perdón por las cosas que hice, por lo mal que me porté contigo por lo de Demetri, por todo.
Edward estaba absorto chupando piel en el cuello, repartiendo besos en las mejillas, párpados y barbilla de la chica, que no pudo menos que sorprenderse de las palabras que ella decía.
—Sé que tuve mucha culpa en todo, pero lo que pasó con Demetri fue una ilusión, tú…
—Bella, ya nada de eso importa lo que importa es que nos queremos y que ya nos dimos cuenta, por eso nunca te voy a dejar…
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—Vas a ver que todo se va a arreglar, la cafetería va a volver a funcionar.
—Ojalá tengas razón mi amor, ojalá.
—Edward, de verdad, quiero que cuentes conmigo y con el dinero que necesites.
—No, Rose, cómo crees.
—Ya sé, ¿por qué no nos hacemos socio?, así todo queda entre los dos.
—Ok, me parece… —no iban a perder nada, Rose era una buena chica y tenía el capital, era una buena idea lo de asociarse—. L es digo una cosa chicos, la pasamos feo, pero, tuvo que pasar esto para que nos reconciliáramos con Bella.
Edward tomó la mano de su novia, esto era sólo el inicio de su historia nada ni nadie los separaría.
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—Oye mi amor, ¿ya es un hecho lo de tu exposición?
—Pues sí, estoy nerviosa, pero sabes ¿qué es lo mejor?, que con esas fotos estaría participando para una beca a NY.
Edward que estaba bebiendo Champaña, al escuchar las noticias de su novia la tosió y casi llego a manchar a Bella.
— ¿Qué?
—Que excelente noticia.
— ¿Cuánto tiempo te vas a ir?
—Seis meses.
—Pero… aún no es un hecho ¿verdad? —Era egoísta, pero apenas la acababa de recuperar y no se la podían quitar así como así…
—No, pero sería cumplir un sueño.
—Sí, tienes razón, ya veremos qué pasa.
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29 de diciembre
— ¿Qué pasa, mi amor?, ¿no estás feliz?
—Sí, estoy muy contenta…
—No se nota, nena, es tu primera Exposición y mira todo el éxito que estás teniendo, es un momento que me alegra estar compartiendo contigo.
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Noche de año nuevo:
—Sabes, yo creo que uno de estos años por fin nos vamos a casar, porque no te me vas a ir tan fácil.
Isabella reía a carcajadas mientras acomodaba la corbata de su prometido. Noche de año nuevo y ambos se preparaban para ir a cenar a casa de los Hale.
Era su primera noche vieja que pasaban juntos y estaban más que felices.
—Me parece perfecto.
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—Nena, lo estoy pensando mejor, ¿crees qué podemos empezar a agrandar la familia?
—Me gustaría, pero debo decirte algo.
— ¿Qué?
—Me dieron la beca para irme a estudiar a NY, serán seis meses.
—Pero, Bella, ¿nuestros planes?, como me puedes salir con esto si hace tan sólo minutos hablábamos de matrimonio e hijos.
—Edward son seis meses y quiero perfeccionarme en lo que estudie.
—No… no quiero escuchar.
Edward caminó directo a la puerta ante la estupefacta mirada de todos, cada uno había escuchado los argumentos de ambos, pero no podían hacer nada para impedir que el cobrizo se fuera.
Isabella estaba desecha, sabía que esto sería difícil, pero no imposible y quería que el amor de su vida la apoyara.
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"Por Dios, ¿qué hice?"
Edward caminaba por un sendero detrás de la casa de los Hale, ella por fin era suya y no estaba dispuesto a dejarla ir así tan fácil.
Caminó rápido hacia la casa eran las doce de la noche y no quería estar lejos de ella en su primer año nuevo juntos. El primero de muchos.
Cuando llegó a la puerta claramente se escuchaba una canción que conocía perfectamente, When i was your Man de Bruno Mars, sus amigos bailaban en parejas e Isabella estaba parada, sola, mirando la noche. Ella amaba a Bruno Mars y seguro estaba tarareando la canción, seguro se moría por bailar.
Se acercó a ella justo cuando las campanadas se empezaron a escuchar desde la iglesia del pueblo.
Bella se sentía tan sola… era su primera celebración juntos y no podía estar más decepcionada.
Cuando escuchó las campanadas, bajó la vista a su copa con uvas y rememoró el pasado cuando había dicho adiós a su amor, cuando había decidido retirarse para que fuera feliz… quizás la historia se estaba repitiendo.
Cuando la última campanada sonó sintió los fuertes y familiares brazos que la rodeaban por la cintura y la giraban para verla de cerca.
—Feliz año nuevo, mi amor.
Edward bajó la cara hasta que sus labios se encontraron y ella se dejó contener.
—Felicidades a ti también…
—Cariño, perdóname, me porté irracionalmente con la noticia y quiero que sepas que te apoyaré en todo.
—Te lo agradezco, es importante para mí.
—Lo sé, y yo esperaré por ti…
Ambos unieron sus copas, para celebrar el inicio de un año lleno de felicidad, juntos por fin.
—Salud, por el primer año del resto de nuestras vidas…
si¡ tuvo final feliz por que si no me matan¡ gracias por leer y de ante mano besos y abrazos y nos leemos pronto¡.
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