Los personajes pertenecen a la inigualable Stephanie Meyer y solo la historia es de mi propiedad.
Capítulo beteado por Carla Liñán [MaeCllnWay], Beta FFAD
www facebook com / groups / betasffaddiction
"Cualquier semejanza con la realidad, es pura coincidencia".
Capítulo 2
Habían pasado ya dos semanas desde el encontronazo que tuve con Edward y hasta ahora no había llamado, como era de esperarse. Me reprendí a mí misma por tener la ligera esperanza de que lo hiciera. A veces, pecaba de ingenua.
Hoy era sábado y tenía la tarde libre, así que salí del trabajo y fui a mi casa. Decidí prepararme algo ligero para comer y, cuando tuve todo listo, me puse a ver una película para acompañar mis alimentos. Escuché que sonaba mi móvil y tuve que correr por la casa para atender.
— ¿Diga?
— ¿Hola? —Me contestó una voz masculina—. Bella... —sonó más como una afirmación que como una pregunta, pero el alivio fue evidente en su tono.
—Sí, ella habla. ¿Quién es? —pregunté, bastante curiosa.
—Soy… Edward, ¿te acuerdas de mí? —jadeé por la sorpresa, aunque por dentro quería gritarle: ¡Claro que me acuerdo de ti! ¡¿Cómo podría olvidarte?!
Comencé a saltar, emocionada. Edward había llamado. ¡Lo había prometido y lo cumplió! Tomé un par de respiraciones profundas, tratando de calmar mi ataque de felicidad. Entonces, me di cuenta de que no le había respondido todavía.
—Sí, claro… —contesté, tratando de sonar relajada. Sentía algo en mi pecho. Era como si estuviera a punto de explotar de felicidad.
— ¿Cómo has estado? —preguntó.
—Muy bien, aunque con mucho trabajo —respondí, todavía algo emocionada por esta llamada—. ¿Cómo has estado tú?
—Bien, pero con mucho trabajo, igual que tú —respondió, y no pude dejar pasar por alto que sonaba ligeramente avergonzado—. Siento no haber llamado antes. Tuve que viajar por cuestiones laborales. Ya sabes, como dicen: "El deber llama" —añadió, haciéndome soltar una pequeña risita.
—Sí, te entiendo. Descuida, no hay problema.
— ¿Bella, recuerdas que me preguntaste si había algo que tu pudieses hacer por mi? —inquirió, aunque sonaba dudoso. Yo sonreí por su tono dulce.
— ¡Claro que me acuerdo! —dije suavemente—. ¿Qué decidiste?
—Decidí llamarte para invitarte a cenar... esta noche —nuevamente, noté ese tono nervioso que envolvía sus palabras. Casi me desmayo por la invitación que acababa de recibir—. ¿Crees que puedas o estarás ocupada? Por supuesto, también me disculpo por haberte avisado con tan poca anticipación. Seguramente ya tienes planes y…
—Sí, sí puedo —le interrumpí—. Tengo la tarde libre, así que no hay problema. Y ya deja de disculparte, Edward.
—De acuerdo —exhaló. Parecía que había estado aguantando la respiración—. Si me pasas tu dirección, me encargaré de pasar por ti a las ocho, si eso va bien para ti.
Le pasé mis datos, con todas las indicaciones que pudiera necesitar. No vivía en un mal vecindario, pero algunas calles podían resultar confusas para alguien que no conoce los alrededores.
—Entonces, nos vemos más tarde, Bella —susurró.
—Claro, nos vemos. Adiós.
—Adiós.
Colgué, aunque todavía me temblaban las manos. Estaba, literalmente, vibrando de felicidad. Estaba que me subía por las paredes por la emoción que sentía. ¡Voy a salir a cenar con Edward Cullen!
El peso de mis palabras me golpeó con fuerza. ¡Demonios! ¿Qué me iba a poner? ¿A dónde me llevaría? Miré mi reloj de pulsera y gemí con mortificación; apenas tenía un par de horas para solucionar mis problemas de guardarropa. Mi cabeza era un completo lío a causa de los nervios. Ahora me arrepentía de no tener una amiga para consultarle de este tipo de situaciones.
Corrí a la ducha para lavarme y acicalarme de la cabeza a los pies. Después, pasé casi hora y media enterrada bajo una pila de ropa limpia, buscando algo decente para vestir. Finalmente, decidí que no tenía por qué impresionar a Edward. Yo no era como de esas chicas plásticas que usaban vestidos apretados y cortos para llamar su atención. Edward necesitaba ver mi real apariencia, así que opté por unos vaqueros negros, ajustados, y una blusa azul marino. Por último, y aunque no estuve muy convencida, me calcé unos elegantes zapatos negros de tacón chino. Dejé que mi cabello se secara de manera natural y opté por llevarlo suelto, y finalmente me apliqué una sencilla capa de maquillaje sobre los ojos y mis labios.
Estaba terminando de colocarme los zarcillos cuando escuché el timbre de la puerta principal. Eran las ocho en punto. El corazón me latía con fuerza y me temblaban las manos otra vez. Respiré un par de veces, tratando de calmar a mi desbocado corazón. Sin embargo, mis ojos definitivamente no estaban preparados para la hermosa presencia de Edward, bajo el marco de la puerta.
Estaba guapísimo, por supuesto. Llevaba puestos unos vaqueros azules, muy similares a los que traía la última vez que nos vimos, una camisa negra y zapatillas deportivas. Su cabello bronce lucía perfectamente desarreglado.
—Hola, Bella —esbozó una sonrisa torcida, marca registrada.
—Edward... —respondí, casi como una exhalación.
— ¿Lista?
—Solo permíteme ir por mi bolso y nos vamos. Pasa, por favor, y ponte cómodo mientras regreso.
Verifiqué que tuviera todo lo necesario en mi bolsa: móvil, pañuelos desechables, mi cartera y las llaves. Rezaba porque Edward hubiese elegido un restaurante no muy elegante, para poder permitírmelo económicamente. No estaba acostumbrada a salir a lugares lujosos, y ahora me moría de ansiedad para no hacer el ridículo.
Al regresar a la sala, Edward seguía de pie, junto a la puerta. Me ayudó a ponerme el abrigo y me abrió la puerta.
Me sorprendió tremendamente al encontrar un Volvo en la calzada. Siempre imaginé que Edward preferiría conducir autos más deportivos y extravagantes, como un Porsche o un Ferrari.
— ¿No eres norteamericana, verdad? —Preguntó, una vez que estuvimos en movimiento, siempre manteniendo la vista al frente; de vez en cuando, giraba el rostro para ver mi expresión.
—No, no lo soy. Soy latina, pero mis padres eran americanos —contesté de manera orgullosa—. ¿Puedo preguntar cómo lo notaste?
—Tienes un aspecto... diferente al de las chicas de Estados Unidos. Sin embargo, casi no se nota tu acento. Tienes muy buena pronunciación —su voz aterciopelada me envolvía y hacía difícil que me concentrara en la conversación—. Entonces, si eres latina, ¿eso significa que tu lengua materna es el español?
—Sí —afirmé—. En mi casa siempre se habló en español. Por otra parte, estuve en escuelas bilingües desde muy chica, así que por eso hablo el inglés de manera fluida. ¿Te gustaría aprender un poco? —Le lancé una sonrisa un poco traviesa.
—De acuerdo —soltó una sonrisa tímida—. Pero no te vayas a reír de mi pronunciación. Nunca lo he hecho.
—Está bien. ¿Qué te gustaría aprender a decir?
—Supongo que lo básico. ¿Cómo se dice "What's your name"?
— ¿Cómo te llamas? —dije, pronunciando lo más claro posible para que pudiera entenderme—. Ahora, inténtalo tú.
— ¿C-com te iamas? —intentó.
Traté de aguantarme la risa, pero era muy adorable. Su ceño estaba fruncido por el esfuerzo y parecía que trataba de decir un difícil trabalenguas. Suspiró, frustrado por no conseguirlo a la primera.
—Adelante, puedes reírte si quieres —murmuró entre dientes.
— ¡No te enojes! —dije, soltando una risita—. Es que te falta practicar más, pero vas por buen camino.
—De acuerdo, cambiemos de tema. ¿Te está gustando la ciudad?
—Es cómoda —me encogí de hombros—. Por supuesto, me ha costado un poco poder adaptarme, ya que todo es diferente: los horarios, las comidas, las distancias, el idioma... todo. Pero este siempre fue mi sueño. Siempre quise venir para acá y conocer todo.
Conocerte a ti, dijo la vocecita en mi cabeza.
—Tienes toda la razón. De hecho, tengo que admitir que te admiro. Fuiste muy valiente al venir a una ciudad nueva y que además no hablan tu lengua materna.
La dulzura de sus palabras me tenía como en una nube. Nunca había sonreído tanto en mi vida, hasta este momento.
El restaurante al que llegamos era elegante, pero parecía cómodo. Agradecí el haber seguido mi instinto y venir vestida de manera casual. No obstante, al entrar al lugar, me di cuenta que por dentro era muy diferente. Parecía uno de esos sitios donde no te permiten la entrada a menos que lleves un vestido de alta costura.
Me quería morir.
Por supuesto, Edward ya tenía la reservación lista, por lo que pasamos directamente a nuestra mesa, en la zona más apartada del restaurante. Él debió notar mi incomodidad, pues apenas nos sentamos, me preguntó de manera ansiosa.
— ¿Qué va mal?
—Nada... —susurré, revolviéndome en mi asiento. Sentía que todos me miraban con ojo crítico.
—Bella, dime. ¿No te gusta el lugar? Si quieres, podemos irnos a otro.
— ¡Claro que me gusta! —dije rápidamente—. Es solo que... todos visten tan elegantemente, y yo... —suspiré, censurándome a mí misma.
— ¡Pero si te ves hermosa! —contestó, un poco demasiado alto. Sus mejillas se ruborizaron ligeramente.
Después de que tomaran nuestro pedido, nos envolvimos en una cómoda conversación de cosas triviales. Él estaba curioso por mi nacionalidad, así que pasó toda la cena preguntándome sobre mi país de origen y sobre mi familia. Por supuesto, no pude quedarme callada, así que le devolví la moneda y le pregunté sobre su lugar de nacimiento. Lo que más me gustaba de él era su amabilidad y sinceridad. Era... único, y la conversación entre nosotros fluía de manera fácil y sencilla.
Cuando pidió la cuenta, el gerente del restaurante se acercó a nosotros y le susurró algo al oído.
— ¡Mierda! —dijo entre dientes—. Bella, cariño, no podemos salir todavía —añadió, luciendo completamente avergonzado—. De verdad, perdóname.
— ¿Qué sucede?
—Al parecer, el lugar no fue tan íntimo como pedí —le lanzó una mirada de reproche al gerente—, y el restaurante está rodeado de admiradoras y de reporteros. ¡Maldita sea! —golpeó la mesa—. Perdón. Yo quería que fuese una cena tranquila y normal, pero... lo siento. No puedo ir a ninguna parte sin que me persigan, y seguramente ya deben de saber que estoy acompañado.
Entonces, comprendí la razón de su molestia: Edward no quería ser visto conmigo porque se avergonzaba de mí. Después de todo, yo era una más del montón.
—Edward, no te preocupes. Entiendo que eres una figura pública, y supongo que debe ser difícil mantener tu vida privada al margen —dije con dulzura—. Por favor, no te disculpes por algo que viene con tu trabajo. La gente allá afuera necesita saber de ti y tener noticias nuevas —sonreí—. No necesitas meterte en problemas por mi culpa. Yo puedo salir por otra puerta y tomar un taxi.
— ¿De qué me estás hablando?
—Mira, lo entiendo. Sé que si sales conmigo o si nos ven en el mismo auto, podría provocarte un problema con los medios...
—Bella, no me estás entendiendo —sonrió—. Mi molestia no es porque me vean contigo, sino porque no quiero que estén sobre ti. Pueden ser muy insistentes, a veces. Y de ninguna manera permitiré que te vayas en un taxi. Yo te he invitado a cenar, y lo correcto es que te lleve a casa —dijo firmemente.
— ¿Estás seguro? —Me mordí el labio.
—Tengo una idea. Necesito que te aferres a mí lo más que puedas y trata de esconder tu cara con mi espalda o con la mano. Es probable que todos intenten llegar a nosotros, así que habrá empujones y tirones —su rostro era serio—. No contestes ninguna pregunta que te hagan. Ellos buscan una foto y un chisme fresco. Mantén la mirada abajo, para no tropezar o que te cieguen las luces de las cámaras. Pase lo que pase, no te separes de mí, ¿de acuerdo? —asentí con fuerza.
Edward tenía razón. Al salir del recinto, había por lo menos una docena de periodistas, todos con sus cámaras en mano. La seguridad del restaurante había apartado un poco a las admiradoras que rodeaban el lugar, pero no podían cubrir los flashes que se disparaban contra nosotros. Tomó mi mano con fuerza, sintiendo nuevamente ese choque eléctrico, y avanzamos por la avalancha de cámaras.
— ¿Quién es?, ¿Edward, ella es tu nueva novia?, ¿Cómo se llama?, ¿Desde hace cuánto salen juntos?, ¿Cómo se conocieron?, ¿Es cierto que le propusiste matrimonio, Edward?
En cierta forma, me esperaba este tipo de preguntas, aunque algunas me sorprendieron un poco. Era un poco halagador que me consideraran la novia de Edward, tomando en cuenta que yo obviamente no era su tipo.
Prácticamente corrimos hasta el auto y entramos rápidamente en él. Edward apretaba el volante con las manos, visiblemente molesto por lo que acabábamos de experimentar. Por mi parte, estaba completamente asombrada por todo lo que había sucedido. Jamás me imaginé que una situación así sería tan difícil.
— ¿Estás bien?— Fue lo primero que me preguntó, mirándome de manera ansiosa.
—Sí, eso creo —dije bajito.
Permanecimos callados el resto del camino. Tenía un poco de miedo de que siguiera molesto. Cuando llegamos a mi casa, nos quedamos en el auto un rato más, todavía sin hablar.
— ¿Esto es todos los días de tu vida? —susurré. Él asintió.
—A veces es peor —hizo una mueca—. No siempre se portan accesibles y pueden resultar odiosos. Bella, de verdad lamento que esto arruinara nuestra cena. Sinceramente, pensé que todo estaba arreglado, pero seguramente algún otro cliente en el restaurante tomó una fotografía o algo así. Con la tecnología y las redes sociales, la privacidad se vuelve cada vez más difícil.
—Por favor, deja de disculparte. Esto no arruinó la mejor cena que he tenido en mi vida —sonreí ampliamente—. Gracias por la invitación, Edward.
—Técnicamente, tú fuiste quien me invitó —me devolvió la sonrisa—. Yo solo te confirmé el día y la hora.
—Pero terminaste pagando tú —recalqué—. Si aceptas una invitación mía, tendrás que dejarme pagar la cuenta la próxima vez.
¿Próxima vez? ¿Te escuchaste a ti misma, Bella Swan? ¡Acabas de invitarlo a salir otra vez!
Por supuesto, él se dio cuenta de lo que había dicho y sonrió de manera torcida.
—Entonces, tenemos otra cita —me guiñó el ojo. Estoy segura de que dejé de respirar en ese momento—. Nos pondremos de acuerdo en esta semana, si te parece.
—C-claro —balbuceé torpemente. Tenía que salir de ese auto, antes de que me avergonzara más a mí misma—. Adiós, Edward.
De manera involuntaria, me incliné hacia él para darle un beso de despedida en la mejilla. En el momento en que acerqué mi rostro al suyo, pude apreciar el delicioso aroma de su colonia almizclada. Todavía me pregunto cómo tuve voluntad para separarme de ese olor tan rico.
Traté de separarme, pero Edward tenía otros planes. Acunó mi rostro y me besó delicadamente en la mejilla.
—Que descanses, hermosa Bella.
Sonreí como una tonta y bajé del auto. Llegué hasta la puerta de mi casa, flotando en una nube de algodón. Esa, sin duda, había sido la noche más hermosa de mi vida. Él, quien había sido mi amor platónico, me había llevado a cenar. ¿Y lo mejor de todo? Que había prometido llamarme para una segunda cita.
La felicidad salía por mis poros. Completamente perdida en mi burbuja, fui hasta mi cuarto y me preparé para ir a la cama, sin borrar esa sonrisa que apuntaba para partirme el rostro por la mitad.
.::.
El domingo llegó más pronto de lo que planeaba. Me desperté más tarde de lo que acostumbraba, pues mi mente se negaba a desprenderse de aquel maravilloso sueño. Sin embargo, al no poder dilatar más mi momento, finalmente salí de la cama y fui a la cocina a prepararme algo ligero para desayunar. Encendí la televisión, para tener algo de ruido de fondo mientras cortaba un poco de fruta.
—El famoso actor y músico, Edward Cullen, fue visto ayer cenando con una nueva chica… ¡Así es, señores! Aquí tenemos la primicia de esta nueva relación...
Rápidamente, dejé todo lo que estaba cortando y eché una carrera a la sala para ver la televisión. En ese momento, estaban pasando una secuencia de imágenes y un pequeño video de Edward y mío, mientras abandonábamos el restaurante.
—Según fuentes cercanas a la pareja, la hermosa castaña se llama Bella. No obstante, seguimos investigando sobre esta misteriosa chica, que al parecer, ha robado el corazón de nuestra estrella favorita —habló la conductora del programa de espectáculos.
—Pero... ¿no se suponía que estaba saliendo con la modelo rusa, Tanya Denali? —intervino el otro presentador.
—Pues, aparentemente ya no más —dijo la mujer, con una risita.
El corazón empezó a latirme con fuerza. ¿Novia? ¿Edward tenía novia? ¿Cómo pudo ocultarme eso? Anoche, mientras platicábamos, jamás lo sacó a colación. Me sentía fatal.
— ¿Crees que Edward haya dejado a Tanya por Bella? ¿O que esté saliendo con las dos al mismo tiempo?
—Ni idea. Hemos tratado de contactar a la señorita Denali, pero no responde nuestras llamadas. ¿Ya se habrá enterado de esto?
—No sé, Lydia. Yo creo que esta chica, Bella, sí es la elegida. Testigos del lugar dijeron que Edward se veía muy enamorado de la castaña.
—Solo el tiempo lo dirá, George...
Mis piernas cedieron ante el peso de mi cuerpo, y me dejé caer en el sofá. Estaba segura de que, en este momento, todos se estaban enterando de esto. ¿Y mi trabajo? ¡Dios! ¿Qué iban a pensar de mí? Seguramente, ahora todos me verían como una oportunista, ladrona de novios.
Lo peor de todo era que él nunca me dijo que tenía un compromiso.
¡Necesitas calmarte, Bella! Hay que pensar las cosas con calma, me reprendí a mí misma. Traté de verlo desde otra perspectiva. No tenía nada de malo ir a cenar con un nuevo "amigo". Solamente tendría que ser cuidadosa en mi trabajo, separando mi vida personal, y todo estaría bien. Después de todo, yo no era nadie en la vida de Edward, así que no tenía por qué contarme toda su vida.
Ya veríamos cómo se daban las cosas en la próxima salida... si es que todavía estaba en pie.
Ya están aplicadas las correcciones. Ahora sí, ya seguiremos con el tercer capítulo de la historia.
Saludos
