20 de Julio de 1869. Han pasado 7 meses desde la muerte de Toshi y yo sigo estancada en una ciudad que no promete nada. A decir verdad soy yo quien no promete nada, porque no he conseguido un objetivo al cual aferrarme, ya perdí las esperanzas de encontrarme con Osen-chan y la verdad... Kazama-san ha sido cordial conmigo a pesar del pasado. Desde hace tiempo trabajo en una boutique.
Luego de la muerte de Hijikata-san me alisté en el hospital de Edo como enfermera auxiliar;sin embargo, he sido una molestia para los empleados del hospital, ya que al parecer tengo más experiencia en tratar a pacientes que los mismos médicos y enfermeras. Claro es obvio, había estudiado juiciosamente las notas que me encomendó Yamazaki-san en su lecho de muerte, por lo tanto decidieron prescindir de mí. Por ese motivo terminé en esta boutique vendiendo Kimonos de lujo a propios y extranjeros.
Después de abrir la tienda kazama-san junto con Amaragi-san y shiranui-san se aparecieron con la excusa más estúpida que había oído en mi vida -"quiero comprar un Kimono de seda- dijo muy elegantemente, como si fuera tonta, solo quiere sonsacarme para poder llevarme a su villa o donde sea que esté viviendo, desea desesperadamente descendencia pura, para qué? no sé. Lo gracioso es que al llegar del almacén, abro la caja en donde está guardado el Kimono y qué es lo que encuento?, exactamente el Kimono que usé cuando fuí de juerga con los Shinsengumi hacía dos años atrás. Kimono de seda rojo con adornos en verde y blanco y muy ajustado al cuerpo da la forma de chamisen -me lo llevo- expresó Chikage Kazama-san muy animado por su compra, lo cual me atreví a preguntar -cuál de los tres se vestirá de geisha?- ese comentario definitivamente alteró el ambiente... de una forma tal que parecía como si kazama-san fuese un don Juan -"sí, luego de que alguna fémina se lo pruebe, querida". Se despidieron cordialmente, apesar de que de tanto en tanto uzaban eufemismos para dirigirse al dueño de la boutique y así llevarme según ellos a mejores estancias. A veces me da curiosidad, dejarme llevar por esos tres a ver que pasa, pero... y si no puedo volver, no será un día de paseo, ni un viaje del cual regresar.
Esa noche, algo verdaderamente extraño pasó. El escuadrón de marines que manejaba el comodoro Perry tomó por sorpresa el muelle de Tokio, insendiándolo todo a su paso. Llenaron la ciudad de panfletos que anunciaban la venganza de los Estados Unidos de Norteamérica porque no se firmó el tratado de comercialización unilateral el mes pasado. Al día siguiente me dirigí a la boutique, preocupada por la situación en la que de pronto hubiese quedado el establecimiento y la mercancía; un hombre muy alto y musculoso me agarró por la espalda y me levantó de manera marital diciendo cosas que yo no entendía, me apretó fuertemente y me soltó inesperadamente dejándome pálida y temblorosa, luego trató de desnudarme en la calle; decía algo que nunca olvidaré -"hooker"- al principio no entendía, pero la reticencia de aquel hombre me dio a entender algo obvio, para él era simplemente un meretriz más. Afortunadamente me liberé de su enganche y corrí todo lo que pude, no me detuve, no me cancé, mis pies se movían y movían hasta que al fín me hallé perdida en una arboleda llena de coníferas y uno que otro alcanforero. De repente ahí estaba, una linda villa de al parecer más de quinientos años, bordeada de cerezos florecidos. Una pagoda estaba ubicada en el centro custodiada por un estanque tranquilo lleno de carpas doradas amontonados esperando comida de las manos de un hombre que se hallaba en el borde del lago -miren a quién trajo el viento- anunció este hombre con voz calmada -chizuru, que tal?- exclamó Kazama sin dejar de observar a las carpas. Alzó la mirada para observarme detalladamente, preocupándose al verme pálida y sudorosa -qué ha ocurrido?
-nada- atiné a responder aún asustada
-algo te ocurrió- trató de tocar mi hombro pero me retiré, no quería que nadie me tocara después de lo que había ocurrido. Y recordé -mi katana!- di la vuelta y regresé por donde había llegado de la misma manera, como si ya me fuese común correr a toda marcha y en cuestión de casi tres cuartos de hora había llegado a casa. Me sorprendí de mí misma por lo rápida que fuí.
Días después volví a ese lugar, por curiosidad. Claro! más calmada y disfrutando del paisaje de la zona. Aparentemente no está lejos del casco urbano, pero es inpenetrable para una persona normal, hay demasiados accidentes geográficos y un bosque frondoso establecido de tal forma que te puedes perder. Me quedé un tiempo descansando a unos 100 metros de la villa exactamente, donde comienza la arboleda de coníferas, esperando algún movimiento de las personas que residían allí. Nada, durante dos horas o más , nada pasaba; me paraba para recoger agua del arroyo que corría a mi lado, caminaba hasta un risco para ver el mar, y nada... no pasaba nada; decidí irme de una buena vez y dejar de molestar. Fue entonces que él apareció desapercibido -hey, quieres senar con nosotros?- todo mi cuerpo se estremeció al escuchar a alguien después de cuatro horas en total soledad, volteé para mirarlo de frente -hoy hay estofado de acelga y tofu frito, quieres?- Chikage invitándome a senar?, wow, esto es nuvo!. Acepté, el hambre no me dajaba ya pensar.
Entré a la casa donde senaríamos y fue una sorpresa encontrar lo que ví. Amaragi y Shiranui con dos acompañantes vestidas con kimonos carísimos y peinadas de forma exquisita sentados alrededor de un irori esperando a que el susodicho estofado terminara de cocerse, con algunos pescados al rededor asándose lentamente y algunos charoles con salsas, especias y verduras crudas para acompañar la sena. -buenas noches- me atreví a decir, las piernas me temblaban, las mujeres que estaban allí me miraban de manera agresiva como reclamendo su territorio -puedes estar tranquila, ellas no son oni, solo son acompañantes- expresó Amaragui inexpresivo, sin embargo, las dos mujeres se sintieron cohibidas luego de saber quién era yo, fue algo que me hizo cuestionar mi existencia y mi estadía en esta villa
-cómo se llama la Villa?- pregunte casualmente
-Villa Ikamura- expresó Kyō Shiranui con su sonrisita a flor de piel como si fuese algo chistoso o tal vez sea el rey del sinismo
-itekimasu- respondimos al tener los platos servidos
No me quitaban la mirada de encima, tenía la sensación de ser una amenaza para ellas. Así que decidí irme al amanecer, si es que tenía la oportunidad de ver el amanecer.
Habiendo terminado con el festín cada uno se fue a lo suyo, las dos mujeres desaparecieron con Amaragi-san y Shiranui-san y Kazama-san se quedó a solas conmigo -mala señal!- pensé, por lo tanto, estuve alerta ante una próxima explosión, y así fue -para qué has venido?- preguntó como quien no quiere la cosa
-solo dí con este lugar y hoy vine por curiosidad- respondí automáticamente, hasta que una cuestión se cruzó por mi camino -es cierto que deseas a toda costa procrear una descendencia de sangre poderosa?
-así es! desde hace siglos nosotros buscamos congéneres para que la raza sobreviva
-y por eso trataste de secuestrarme dos veces?
-así es! Además, los humanos no son confiables una vez que saben quién eres
-ellos fueron amables conmigo. Uno logró amarme!-respondí indignada de lo que me decía
-no lo dudo, pero no todos son desentes, si hubieras terminado con los Shochu te hubieran a toda costa para ganar esta guerra que acaba de terminar tal como hicieron con tu padre cuando no servía más- contestó en un tono más alto que antes
-entonces por qué razón dijist que él estaba aquí?
para que estuvieras a salvo- se levantó y se paró en el marco de la puerta haciendo carriso -Aquí eres útil y eres importante- advirtió mirando las estrellas
-solo para cargar un niño que luego será arrebatado de mis manos
-entonces por qué viniste?- preguntó mirándome desde la puerta de forma poco respetuosa
-porque no tengo a donde ir
-te mostraré donde está tu habitación
-gracias-respondí harta
En la madrugada me fuí como me había prometido
Aquí no seré bienvenida en estas condiciones. De repente sentí un pinchazo agudo y helado que perforó mi costado, la punta de una daga se veía a la altura del apéndice. Me desplomé a diez metros de la villa, solo voces escuché inteligibles hasta perder el sentido
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