Disclaimer: Tanto los personajes como la historia no me pertenecen... No son míos, aunque sería bueno que fueran míos, ¿no?

Capítulo 1 "Un día diferente"

El día parecía que iba a ser perfecto, el sol estaba en lo alto del cielo y sus rayos acariciaban gentilmente el rostro de Geum Jan Di. Ella iba pedaleando su vieja bicicleta mientras tarareaba una canción pegajosa que su madre había estado bailando temprano en la mañana. Su cabeza se movía hacia los lados y no paraba de sonreír.

Algunas personas se le quedaban viendo de una manera extraña, "¿Qué tiene esta loca?" pensaban, pero ella sólo sonreía y saludaba gritando a pulmón abierto.

¡Annyeong Haseyo! —gritaba ella sin pudor.

En la parte de atrás de su bicicleta, su padre le había instalado ese día una base con unos tubos para colgar ropa. Ella, como la hija mayor del tintorero Geum Il Bong, se encargaba de las entregas y así no tenían que pagar sueldos innecesarios.

Ese día, Jan Di, se dirigía a la famosa escuela "Shin Hwa", para hacer la entrega de un uniforme deportivo a un alumno. Ese tipo de entregas le gustaban mucho a ella, pues era la única manera en la que podía entrar a lugares como esos y quizá, con la mejor de las suertes, colarse a la cocina y probar algo delicioso.

Sí, Jan Di era pobre, y eso, en esa escuela que se comenzaba a ver a lo lejos mientras ella pedaleaba al compás de su canción, era un pecado: algo imperdonable.

El instituto Shin Hwa, era muy conocido y reconocido mundialmente. En él, se encontraban los alumnos más ricos y famosos del país de Corea del Sur. Para la mayoría de los jóvenes, entrar ahí era un sueño imposible de alcanzar pues, la única manera de ser aceptado en él, era siendo rico y entrar desde el jardín de niños. Con eso, se tenía asegurado una educación de excelencia en todos los niveles hasta la universidad.

Geum Jan Di observó las instalaciones por fuera y suspiró profundamente, ser alumna de ahí era también un sueño para ella pues se hablaba que tenía la mejor piscina del país y Jan Di era muy buena nadadora. Su meta en la vida era ganar las olimpiadas y ser una nadadora reconocida, pero como nunca había tenido realmente una oportunidad de demostrar sus habilidades, no había quién creyera en ella, excepto de, claro está: sus padres.

Se acercó sigilosamente a la caseta de vigilancia de la entrada y mostró una nota. El vigilante de inmediato la dejó entrar pues si la entrega tardaba más de lo debido, corría el riesgo que los padres del joven millonario que recibiera la ropa, lo corrieran sin chistar. Al irse acercando a las instalaciones, su corazón latía cada vez un poco más.

"¿Qué se sentiría ser rica y tener todo lo que los estudiantes de aquí tienen?, ¿Qué se sentiría practicar el estilo libre en una piscina de verdad y no en tu propia bañera o en la sucia piscina municipal? ¿Qué se sentiría vivir en una casa más grande que en la que ella vivía apretadamente con su familia? ¿Cómo sería comer abundantemente y sin estar cansada por tanto trabajar?"

Un ruido espantoso en su estómago la hizo volver a la realidad. Era feliz con lo que tenía, pero había veces que se preguntaba todo eso, ¿en verdad la gente millonaria era feliz?

Llegó al edificio principal y después de ver un pequeño mapa que le había entregado su papá con las indicaciones, se bajó de su bicicleta. Todo era enorme, como si fuera una ciudad dentro de la misma ciudad de Seúl. Había edificios, parques, estacionamientos, jardínes, canchas…

Otro ruido horrible se escuchó desde su barriga y recordó que no había comido nada en todo el día; aunque su mamá insistiera, ella prefería a veces saltarse las comidas para no dejarlos sin nada, en especial a su hermano menor… ahora su único hermano. Estaba en pleno desarrollo y tenía que alimentarse.

Estacionó su bicicleta en el área donde se suponía debía ir, pero dudó un poco pues no había ninguna otra ahí. Subió las escaleras y entró por la gran puerta doble de madera con detalles dorados. Tuvo que esforzarse para cerrar la boca que seguía abriéndola por el asombro que el edificio causaba en ella. Caminó y caminó hasta dar con una puerta que le seguía una escalera hacia abajo, se adentró en ella y pudo descubrir que estaba en el comedor, pero, ¿en verdad eso era el comedor? Pudo notar el banquete que llenaba las mesas de buffet, desde ensaladas simples, hasta platillos bien elaborados, había postres e incluso copas con vino tinto.

Arañas de cristal y plata adornaban los techos, una alfombra carísima le rozaba sus zapatos rotos, y comedores de madera de la mejor calidad llenaban el lugar. Los meseros iban y venían nerviosos y pudo darse cuenta que sonaba un timbre y una estampida de estudiantes se dirigía al lugar, corrió hacia una puerta que estaba al otro extremo y pudo escabullirse hacia el exterior de nuevo.

"Rayos", pensó. "Debí quedarme adentro, ahora tengo que regresar de nuevo por la puerta principal y entrar".

Rodeó el edificio por fuera y llegó a donde había dejado su bicicleta, pero ahora, un grupo de estudiantes estaban ahí murmurando entre ellos.

—Mira, mira… —decían unos.

—No ha aguantado nada -dijo otro.

—Tomen video, que empiecen las apuestas… —dijo la voz de una chica.

Entonces vio que todos señalaban hacia el cielo y ella también miró, allá en el borde de la azotea, estaba un chico. Parecía que estaba nervioso y miraba hacia abajo. Estaba muy alto, si se descuidaba se podía caer y podía ser fatal.

Jan Di apenas estaba encogiendo sus hombros en señal de que le daba igual y debía cumplir con su trabajo cuando escuchó algo que la dejó helada.

—¡Qué idiota ese Lee Min Ha! A ese paso nunca se suicidará. ¡Aviéntate ya! —gritó la voz.

—¿Lee Min Ha? —Jan Di repitió el nombre mientras miraba la nota que le había dado su padre, era el mismo nombre del chico que estaba esperando su uniforme.

Corrió hacia el edificio y buscó la escalera que la llevara hasta arriba, a la azotea. Al llegar ahí, vio a toda una decena de alumnos que miraban estupefactos al chico que estaba al borde del edificio.

—¿Qué no ven que se puede caer? —gritó Jan Di y enseguida todos la miraron.

—¿Y tú quién eres? —dijo uno.

—¿De qué circo saliste? —preguntó otro mientras se reía.

—¿Esas son ropas de tu sirvienta? —mencionó otro.

Entonces ella miró bien la escena que tenía enfrente: un chico, Lee Min Ha, estaba a un par de centímetros de caerse, y los alumnos no hacían nada, en cambio, tenían una postura amenazante.

—Oye, tú, Lee Min Ha —gritó Jan Di logrando que el chico la mirara.

—¿Quién eres y qué quieres? ¿No ves que estoy ocupado?

—Soy Geum Jan Di y vengo de la lavandería Jan Di , traigo tu uniforme deportivo, ¿recuerdas?

—Ah, sí —miró de nuevo hacia abajo y regresó su mirada de odio hacia ella—. Cuando me muera, mis papás te pagarán…

—Anda, tengo prisa. Son 30,000 wones… Espera, ¿cuando te mueras? ¿Planeas matarte justo hoy? ¡Mi papá me matará si regreso sin el dinero!

El chico se rió por lo bajo, nunca pensó que planear matarse pudiera resultar tan inconveniente para la chica.

—¡Hagan algo! —les gritó a los espectadores pero nadie hizo nada, sólo la veían de arriba a abajo y vio cómo uno sostenía un bate de beisbol.

—Ya, Min Ha —dijo ese mismo—. O te avientas, o este precioso —dijo señalando a su bate— conocerá tu cara.

Entonces, en cámara lenta, Jan Di vio como Min Ha saltaba al vacío, y ella corrió hacia él. Tenía que ayudarlo, tenía que hacer algo por él. Y de puro milagro, como ayudada por un ser divino, logró alcanzar su hombro y lo sostuvo fuerte para no dejarlo caer.

El chico, en el aire, la miró a los ojos y de inmediato comenzó a llorar. Los otros estudiantes, furiosos, bajaron por la escalera y los dejaron solos, abajo, los demás alumnos tomaban fotos a la escena que acababan de presenciar.

—¿Por qué me salvaste? —le preguntó Min Ha a Jan Di, mientras ésta lo levantaba y lo tumbaba en el suelo de la azotea.

—Esa pregunta es tonta, lo que yo quiero saber es, ¿por qué te ibas a matar?

—Mi vida no tiene sentido, —dijo él mientras se levantaba y se sacudía el polvo del pantalón— es absurdo continuar así.

—¿Tu vida no tiene sentido? —dijo ella riéndose—. ¡Lo tienes todo! Estás en esta escuela mientras que todos nosotros, el 99% de la población, sufrimos porque no podemos pagar alguna universidad buena y la que podemos pagar, sólo admiten al 20% de los alumnos que presentan examen de admisión.

—Puedo tenerlo todo —contestó él con odio en sus ojos— me puede sobrar dinero y lujos, pero… ¡Esta escuela es el infierno!

Jan Di no podía comprender eso, ¿cómo podía ser el infierno ese instituto que lo tenía todo? Y fue ahí que Min Ha le contó sobre los F4.

—¿F4? ¿Qué diablos es eso?

—Bendita tu ignorancia —dijo él—. Los F4 son los diablos en persona, son los que me hicieron esto que soy hoy.

Esos diablos, según como los describió el chico, eran 4 estudiantes, los más ricos y poderosos. Ellos movían el instituto a su antojo, a los alumnos y a los maestros pues el líder de ellos era el hijo de la directora, dueña del lugar y de muchas empresas de Corea.

—Una vez que te tienen en la mira, no descansan hasta aplastarte como si fueras un gusano…

—Pero… -Jan Di no comprendía bien todo eso, había algo que no le entraba bien en la cabeza.

—Cada cierto tiempo, le dejan una tarjeta roja a alguien en su casillero. Cuando un alumno recibe una tarjeta roja, todos los estudiantes de esta escuela se encargan de hacerle la vida imposible... Hoy la recibí yo.

—¿Pero qué hacen los alumnos? ¿Se burlan del que recibe la tarjeta roja?

—¿Burlarse? —Min Ha profirió unas sonoras carcajadas—. No, Jan Di. Eso de las burlas es cosa de niños. Ellos golpean, atacan, te rompen cosas, te arrancan la ropa, te escupen y muchas otras cosas más.

El chico miró al horizonte y Jan Di supo que estaba hablando en serio, ella sintió cómo su corazón se retorcía.

—¿Eso es… bullying?

—Sí... La mejor escuela de Corea está llena de bullying y nadie hace nada porque los que bullean son los más poderosos. O más bien, ellos ordenan que todos acosen a su víctima, ellos casi no mueven sus preciosos dedos.

Geum Jan Di levantó la vista y la alejó del chico. No pudo evitar recordar a Kyung Suk y una lágrima bajó por su mejilla. Ya habían pasado 4 años desde su muerte y aún le dolía como si fuera ayer.

—Esos F4, —comenzó a decir ella mientras cerraba sus puños fuertemente— ¡conocerán a Geum Jan Di! —gritó dejando que su voz llegara a lo alto del cielo.

Lee Min Ha la miró y sonrió, esa chica le gustaba así fuerte y sin miedo. De seguro cuando conociera a los 4 niños ricos se arrepentiría y les besaría los pies, pero, por el momento se veía tan linda mostrando ese odio a unas personas que ni siquiera conocía.

—¡Vamos! Entrégame de una vez mi uniforme antes de que se ensucie más.

Jan Di tomó la bolsa plástica que cubría la ropa y que había dejado caer cuando corrió a salvar al chico, la extendió hasta él y con la otra mano le extendió la nota de remisión.

—Dice que son 30,000 wones pero… Dame sólo 25,000, el planchado será gratis —dijo la chica mientras sonreía y le guiñaba un ojo.

Y con esa sonrisa, lo que pasó fue que Lee Min Ha, sin querer, se enamoró. No fue precisamente del físico ni del aspecto de la chica, pues ésta no lucía como todas las estudiantes del instituto Shin Hwa que gozaban de las mejores ropas, zapatos y accesorios. No, Jan Di, al contrario de todas que ellas que seguramente pasaban horas tras el espejo antes de asistir a clases, ella, hasta parecía que ni siquiera se había quitado la pijama y no conocía lo que era el cepillo de cabello.

Era una chica bajita y menuda, con cabello corto, cuadrado y hasta la barbilla, con un flequillo justo por encima de las cejas. Su expresión no era amigable, bueno, al menos no lo era hasta ese momento en que le extendía la nota de remisión. Su ropa eran capas de telas de diferentes colores y texturas y los zapatos eran… bueno, si eso era un par de zapatos podría decirse que eran unas botas sucias y rotas con las agujetas sin amarrar.

Min Ha se enamoró de ella, pero era normal pues ella lo había salvado y en muchos casos así sucedía, los salvados se enamoran de sus salvadores, es cuestión de lógica, ¿o no?

Jan Di no se enteró de eso que estaba sucediendo en el corazón del chico, no lo escuchó latir fuertemente ni escuchó las respiraciones entrecortadas, así como tampoco pudo ver cómo los ojos de él se abrían y brillaban al verla.

Al hacer la entrega y recibir el dinero, Jan Di se fue directo a su otro trabajo. Iba tarde, así que ya no tuvo tiempo de cantar ni de saludar a todos. Sólo se dedicó a pedalear y pedalear cada vez más fuerte.

Trabajaba por las tardes en un pequeño restaurante que un amigo suyo había puesto, sólo le ayudaban ella y otra chica; y entre todos se encargaban de limpiar, atender y platicar con los clientes. No era mucho el dinero que ganaba, pero no podía dejar solos a sus amigos.

Al llegar y estacionar su bicicleta afuera, Ga Eul, su amiga, corrió hacia ella agarrándole el brazo y metiendola a toda prisa al lugar.

—¡Apúrate, apúrate! Tienes que ver esto —le dijo Ga Eul a Jan Di.

—Lo siento, no quise llegar tarde… Es que, no van a creer lo que me sucedió —comenzó a decir ella al entrar al restaurante, pero entonces vio como Chun Sik, su jefe, ni siquiera le estaba prestando atención, estaba muy al pendiente de la televisión.

—A este paso, pronto tendrás que dejar de trabajar —dijo Ga Eul guiñandole un ojo— ¿o no, mujer maravilla?

—¿Mujer maravilla? ¿De qué hablas?

—Mira las noticias…

Geum Jan di, con cara de confusión se situó detrás de su jefe y se puso a escuchar lo que decían en las noticias, las escenas se le hacían conocidas… Se parecía a…

"Hoy, el Instituto Shin Hwa está lleno de periodistas a pesar de que el guardia no nos ha dejado entrar, un estudiante de esta institución estuvo a punto de matarse, sí, de suicidarse desde lo alto del edificio principal…"

Entonces salieron unas escenas tomadas desde un celular donde Lee Min Ha estaba al borde del edificio.

—¡Oh! -exclamó Jan Di—. Yo estu…

Y entonces salió la escena dónde ella lo rescataba…

"Esta chica hasta ahora desconocida salvó a este pobre chico, todos la vieron pero nadie sabe quién es."

Enseguida cortaron las grabaciones del celular y salió en la pantalla la periodista que se encontraba cubriendo el reportaje, con una mano cubría su oreja izquierda y con la otra sostenía el micrófono.

—Tenemos aquí a un testigo de lo sucedido, cuéntanos qué pasó —le dijo a un estudiante mientras le ponía el micrófono para que hablara.

—Bueno, había un chico arriba tratando de saltar y una total desconocida lo salvó… Ella había venido a entregar ropa de una lavandería o algo así -el chico que estaba hablando titubeó un poco-. Sí, creo que era la trabajadora de una lavandería y lo salvó, fue increíble… Como si fuera la mujer maravilla.

—¿Sabes por qué trató de saltar el chico?

—Yo qué sé, estaría deprimido o algo.

En eso, la periodista casi le arrebató el micrófono y cómo si le estuvieran diciendo algo por el auricular, asintió y comenzó a hablar con algo de prisa.

—Me informan de las oficinas, que un testigo anónimo confesó todo: El instituto Shin Hwa sufre de bullying, al parecer es un caso muy grave y el chico que iba a saltar, fue víctima de esto. Él sufrió ataques esta mañana y al no ver otra salida, decidió quitarse la vida.

Geum Jan Di recordó todo y fue a sentarse algo alejada de donde estaba la televisión, el tema del bullying la mareaba y le hacía tener malos recuerdos.

—¿Qué pasa, mujer maravilla? —preguntó Ga Eul sonriendo, pero al ver que su amiga estaba mal, se olvidó de las bromas—. ¿Estás bien?

—No, digo sí… Es sólo que… ¡Pobre chico! Eso de querer matarse, no sé, siento feo.

—Te acordaste de Kyung Suk… -afirmó Ga Eul.

—Sí… Cuando Kyung Suk murió, prometí no vengar su muerte pues mis papás me lo pidieron, pero ahora nadie me detendrá: ¡voy a destruir a esos malditos F4! —gritó mientras se paraba y levantaba su puño a la altura de su boca.

Por supuesto Ga Eul no sabía quiénes eran los F4 y Jan Di le explicó lo poco que sabía, no le importaba que fueran ricos y poderosos, si ellos podían causar la muerte de alguien, ella estaba dispuesta a enfrentarlos.

—Al final terminarás siendo la mujer maravilla, de todos modos —dijo y le sonrío a su amiga para animarla un poco—. Oye, presiento que esos F4 han de estar muy guapos —dijo Ga Eul suspirando y Jan Di la miró soltando un bufido.

En ese mismo momento, ellas no sabían que en las oficinas del Instituto Shin Hwa se estaba viviendo un caos. Los padres de familia llamaban enojadísimos por las noticias, ¿cómo era posible que en tan prestigiada escuela existiera eso que llamaban bullying? ¿Cómo pudieron haberse metido los periodistas intimidando así a sus propios hijos inocentes? Hubo hasta llamadas preguntando ¿cómo fue posible que dejaran entrar a una lavandera a las instalaciones?

La directora no veía solución a todos los problemas, su nombre estaba en boca de todos los canales de televisión, su empresa estaba sufriendo pérdidas. La gente no confiaba en ella, los padres de familia amenazaban con sacar a sus hijos de ahí y mandarlos a otra escuela mejor, en Inglaterra o Estados Unidos.

¿Qué debía hacer? ¿Qué podía hacer? No podía sobornar a alguien pues esta vez era demasiada gente involucrada, quizá pudiera sobornar al chico que casi se mataba y así cambiar un poco las cosas, pero… "Maldito escuincle, te hubieras muerto y me hubieras ahorrado muchas cosas" pensó y enseguida recordó a esa jovencita que lo había salvado. Llamó a su secretario para que se presentara de inmediato, su cabeza le empezaba a doler y necesitaba consejos.

—¿Quién era esa entrometida, Jung Sang Rok? —preguntó la directora a su secretario con tono autoritario.

—De acuerdo a la información del guardia que la dejó entrar, era Geum Jan Di, hija del dueño de la lavandería Jan Di.

—Maldita desgraciada, si no fuera por ella, no estuviera pasando todo esto… ¡Mi cabeza! —tomó un poco de agua y se frotó las sienes—. ¿Qué hago? Dime qué hacer, no puedo más con esto.

—Mi señora —dijo el secretario dedicándole una reverencia— creo que están hablando mal muchas personas del instituto y de usted, no puede hacer nada al respecto… Pero, puede hacer algo para calmar las aguas

Jung Sang Rok le ofreció una solución alternativa a sus problemas y Kang Hee Soo, la directora, se levantó de inmediato acomodándose su elegante falda. Era una mujer de no más de 40 años, vestía ropa muy fina y zapatos implecables, su cabello lo tenía muy corto y acomodado perfectamente para que no se le moviera ni un pelo al caminar. Las joyas que usaba eran únicas y originales, hechas sólo para ella a medida. Su cuerpo alto y delgado, se paró erguido y señaló con su dedo índice al hombre que tenía enfrente.

—Eso es lo que haré —dijo y sonrió.

Ya era de noche y mientras Geum Jan Di terminaba su turno en el restaurante y montaba su bicicleta, Lee Min Ha era sometido a la fuerza por unos "doctores" que lo habían visitado esa noche en su casa; mientras Jan Di pedaleaba sin fuerzas, hambrienta y muy cansada deseando llegar a su casa, el chico era interrogado como si fuera un preso más; al mismo tiempo que la chica entraba por la puerta aledaña a la lavandería que conducía a su pequeña casa situada en el segundo piso, a Min Ha le diagnosticaban una enfermedad mental difícil de curar; y mientras Jan Di entraba en su casa con los hombros caídos, una mujer visitaba al chico suicida.

—Buenas noches, Geum Jan Di —decía un hombre con traje negro, que estaba sentado junto a los padres de ésta.

—Lee Min Ha, —dijo la mujer que visitó al chico— eres un estudiante sobresaliente y deportista, ¿quién iba a pensar que estuvieras tan mal de la cabeza?

—Gracias a la acción que realizaste hoy, —decía el hombre que Jan Di tenía enfrente— te has ganado una beca para el instituto Shin Hwa.

—En el instituto no existe el bullying —le decía la mujer a Min Ha— nunca ha existido y no existirá, ¿me comprendes? Y si insistes, yo, como directora, tomaré medidas muy serias, ¿está claro?

—A partir de mañana, —dijo el secretario a Jan Di— serás alumna destacada y podrás estudiar ahí tu universidad sin necesidad de presentar exámenes de admisión ¡felicidades!

Min Ha mostró un gesto de furia hacia la mujer que tenía enfrente, lo habían encerrado en un centro de salud mental y sabía que eso había sido de parte del hijo de la mujer, el chico más poderoso del colegio. No le quedaba más remedio que aguantarse y ganarse un pase de salida en los próximos días o meses, pues sabía que si intentaba hacer algo, todo saldría peor.

Jan Di miró muy de cerca al hombre que le ofrecía su nuevo uniforme del instituto, primero pensó que era una broma pero después comprobó que todo era cierto. Sus ojos se achicaron más tratando de decidir cuál sería su respuesta.

"Ni de loca me meteré en ese infierno, ahí matan gente y yo no pienso participar en eso. Los malditos F4 son unos… unos…" estaba pensando eso cuando se le prendió el foco.

—Será un honor para mí pertenecer al Instituto Shin Hwa —dijo mientras se esforzaba en hacer una reverencia.

No quería mezclarse con esos niños ricos que lo tenían todo, pero si aceptaba la beca, estaría más cerca de esos 4 chicos que les hacían la vida imposible a tantos alumnos.

Sí, a partir del día siguiente, decidió que sería alumna del mejor instituto de todo Corea y sus papás y hermano, brincaron de la emoción.


¡Hooola! Bueno, hasta aquí dejo el primer capítulo de este fanfic. Les cuento que es mi primer intento de una historia de este tipo, todas las que tengo son originales y por supuesto no las he publicado aquí.

Si alguien me llega a leer, estaré publicando capítulo por semana, si me llego a organizar qué día me queda mejor, se los haré saber en el próximo.

Besos coreanos :*