Simplemente quiero decir:

Segundo capítulo. Y, por supuesto, no se me puede olvidar:

Disclaimer: Axis Powers Hetalia y sus personajes no me pertenecen, por mucho que yo desee lo contrario.

Espero lo disfruten ^^


Sweet Revenge

Una vez engañado, pasaría mucho tiempo antes de que volviera a caer en las viejas artimañas archiconocidas del francés. Fiel a lo que era, fiel a su orgullo, optó por el camino de la frialdad, porque era lo único que sabía que podía protegerlo.

Cuando Francia lo volvió a ver, al acercarse a saludarlo, sus ojos azules brillantes y felices, se toparon con los de Inglaterra, de un verde congelado y brillo metálico. La fuerza de la mirada del inglés le provocó un leve escalofrío y un poco de confusión, hacía demasiados años que el inglés no ocupaba esa mirada.

Good Morning, wine bastard. Espero que esta reunión en tu casa sea productiva y no sólo una excusa para que tú andes de fiesta en fiesta por ahí.

El tono neutro que utilizó Inglaterra lo sorprendió, más aún que los otros cambios que había observado. Sin esperar respuesta, el inglés hizo un gesto con la cabeza y se dirigió hacia Alemania, que, como de costumbre, era moderador de la reunión.

Francia lo observó irse y suspiró. Conociendo al inglés sabía que su último encuentro lo había dejado herido. Aunque eso había pasado muchísimas veces antes, Inglaterra jamás lo había tratado de esa manera. Nunca lo había ignorado y las miradas que entre ellos se mandaban eran de todo, menos frías.

El encontrarse con Francia lo había dejado con los pelos de punta, el sólo hecho de saludarlo le recordaba lo que había sucedido la última vez que se habían visto. Sin embargo, logró mantener el control de su careta de frialdad, su compostura, y optó por irse lo más rápidamente posible. De todas maneras, debía preguntarle a Alemania algunos tópicos acerca de la reunión del día.

— Ludwig, ¿Quiénes expondrán hoy?

— Como siempre, Alfred, pero también lo harán Vash e Iván —respondió el alemán, revisando sus hojas.

— Muchas gracias, Ludwig.

Inglaterra caminó orgulloso y frío hacia su puesto, sintiendo la mirada observadora del francés sobre él. Frunció el ceño, no le daría oportunidad al desgraciado de ver más allá de sus murallas. Cuando estaba por sentarse, le envío una de sus miradas más terroríficas, una que no utilizaba desde los tiempos en que se hacía llamar Captain Kirkland.

La mirada de Inglaterra lo desconcertó. ¿Tanto lo había herido? No era que no lo amara, simplemente no podía pertenecer a una sola persona. Ellos llevaban tanto tiempo en ese "tira y afloja" que ya era una costumbre amarse un tiempo y odiarse al otro.

No podía entender por qué esta vez era diferente. Inglaterra siempre había sido una persona compleja y, quizás, había sido un ingenuo al pensar que se tomaría este "arreglo" tácito tan bien como cualquier otro. Sabía de primera fuente que el inglés era de armas tomar, intentando mostrarse fuerte y orgulloso ante el mundo, pero su intuición le indicaba que en el fondo, no era tan seguro como le gustaba parecer y las dudas lo carcomían más a menudo de lo que se podía pensar.

Su intuición, había dicho. A pesar de conocer a Inglaterra desde incontables años, nunca sabía con exactitud qué estaba pensando, el inglés nunca lo había dejado escudriñar su mundo interior y cada vez que iba lo suficientemente lejos terminaba chocando con un enorme muro de granito. Era cierto que era el único que podía provocarlo sólo con una palabra, que sabía exactamente cómo seducirlo y que podía leer en sus ojos la furia, la tristeza, la alegría, la decepción, la maldad. Sin embargo, no sabía nada más profundo, nada más importante. Cuando Inglaterra consideraba algo lo suficientemente importante, no había manera de averiguarlo a no ser que él mismo quisiera compartirlo. Sus ojos se veían vacíos.

"Como ahora…"

Bufó por trigésimo sexta vez. Como de costumbre, Estados Unidos estaba dando ideas para salvar el mundo, cada una más estúpida que la anterior.

"¿Cómo puede ser eso posible?"

— Estados Unidos —llamó Inglaterra— Creo que tu turno finalizó hace 10 minutos y es el turno de Suiza para que presente su tema.

What? Creo que mis ideas sobre cómo salvar al mundo son más importantes que lo que tenga que decir Switzerland, old man… —Y antes de que pudiese responder, alguien habló.

— Sal de ahí ahora mismo, Estados Unidos —dijo Suiza apuntando con una pistola salida de Dios sabía dónde— Es mi turno.

— Además, nadie ha estado escuchando tus ideas, compañero —dijo Rusia, por incordiar— Deja que el compañero Suiza, haga su exposición y se haga uno conmigo, da?

El aludido cambió el blanco que apuntaba su pistola.

— ¡Ni en tus sueños, Rusia!

— ¡Aléjate de él, commie!

Y ahí había partido toda la aparente tranquilidad con la que se había estado dando esta reunión. Inglaterra observó a Alemania suspirar pesadamente mientras Italia del Norte le daba unas palmaditas a modo de apoyo. Por otro lado, Italia del Sur parecía demasiado ensimismado leyendo una revista, mientras España hablaba sin parar a su lado. Grecia ya había caído dormido (lo que era una bendición, porque de seguro se hubiese puesto a pelear con Turquía), a Austria le tiritaba una ceja de tanto desorden que estaba presenciando, Hungría se notaba emocionada intercambiando…cosas…con Japón y así seguía la lista.

Sintió que su cabeza iba a estallar en cualquier segundo.

— ¿Qué sucede que hoy estás tan poco beligerante, mon amour?

Y lo que acababa de escuchar no lo mejoró.

Cinco minutos después, Alemania daba la reunión por finalizada, Inglaterra había salido del salón dando un portazo, después de haber golpeado a Francia contra la mesa (Sin que nadie supiera exactamente por qué) y que este perdiera el conocimiento, llamando la atención de todos.

What the...?

— Parece que Francia ha molestado mucho a Inglaterra, ¿da?

Alemania simplemente suspiró.

"Siempre lo mismo".

Cuando Francia despertó y escudriñó a su alrededor se dio cuenta de que estaba en su propia habitación…y que no estaba solo.

— Veo que estás despierto, papa. ¿Se puede saber qué le hiciste a Arthur ahora, eh?

— ¿Quién eres?

— Canadá… —respondió el aludido, aguantando un suspiro.

— ¡Mathieu! No fue mi culpa esta vez, tú sabes cómo es de sensible mon cher Arthur.

Canadá rodó los ojos y fue a dejarle un vaso de agua con un antiinflamatorio a Francia, suspirando se dejó caer en el borde de la cama.

— ¿Me contarás? ¿O tendré que averiguarlo por otros medios?

Mon cher Mathieu, no sé de qué me puedes estar hablando. Simplemente, Arthur está en sus días y no acepta el amour que estoy dispuesto a ofrecerle tan generosamente —respondió con grandilocuencia Francia, mientras sus manos acariciaban la espalda de Canadá.

— Algo debes haber hecho para que se enoje contigo d-de esa m-manera… —Canadá intentó separarse de Francia, cuya mano comenzaba a bajar más de lo moralmente decente— C-Creo que algo e-escuché de que estuvieron juntos en Nice

— ¿Quién te lo dijo? —Las manos traviesas de Francia se habían detenido y ahora miraba serio al canadiense sonrojado.

— Creo haberlo escuchado de Alfred…

Francia asintió ausentemente.

— ¿Se pelearon allá?

Mon cher Mathieu, deja que tu papa arregle esto con Arthur, ¿oui?

— Como quieras… —musitó el canadiense encogiéndose de hombros y levantándose para salir de la habitación— Por cierto, Arthur dejó esta nota, me pidió que te la entregase cuando estuvieses despierto.

Canadá dejó la nota en la mesita de noche de Francia y se fue antes de que la perversión del francés lo sacara de su momento de ensimismamiento.

"No te metas conmigo, wine bastard. No siento haberte dejado inconsciente, pero no pensé que fueras tan debilucho, frog".

El francés se sonrió, a veces Inglaterra tenía una manera muy rara de disculparse.

— No lo siento.

— Pero le dejaste una nota…

— Para decirle que no lo sentía, ok? Look, Matthew, no quiero ver a esa rana desgraciada, así que te agradecería que lo mantuvieras alejado de mí, suficiente tengo con Alfred, si sabes a qué me refiero…

— H-Haré lo que pueda, Arthur, pero no te prometo nada, ¿eh?…

— De todas maneras, gracias por intentarlo, Matthew —El inglés le sonrió dulcemente, como pocas veces había visto— Dios sabe que necesitábamos acá a alguien como tú.

Sin esperar respuesta del canadiense, el inglés dio media vuelta y siguió caminando por el pasillo donde lo habían interceptado. Quizás, quizás, había exagerado un poco al dejar inconsciente a la rana, pero bien merecido que se lo tenía.

Suspiró tristemente y observó el cielo de atardecer que se veía por las ventanas del hotel, el cielo cambiando de color, mezclando anaranjados y violetas.

"¿Cuánto tiempo más podré seguir así?"

Estaba sobre reaccionando con Francia y lo tenía más que claro. Por supuesto, la reunión no había podido caer en peor momento. Además, su orgullo no le permitía hacer menos escándalo por el trato que le había dado el francés. Estaba confundido y se sentía como un adolescente que no sabía qué hacer. ¿Qué era lo que le molestaba? ¿No ser el único? ¿Qué el francés lo hubiese tratado con tanta descortesía? Sintió que a cada vuelta que le daba a la situación, se sumaba una nueva pregunta. Ya en Londres se había resignado con que era la naturaleza del francés andar de flor en flor, repartiendo amour para todos. ¿Por qué ahora era tan difícil tomarlo con calma?

Francia lo vio dando vuelta por el pasillo que conducía a los ascensores del hotel donde se hospedaba y lo siguió. Necesitaba hablar con él, no importaba si lo insultaba o si lo molía a golpes, pero necesitaba provocar algo en el inglés, algo que indicara que Inglaterra no era de hielo, algo que le dijera que los intensos momentos que habían vivido juntos no habían sido producto de su imaginación…Quizás estaba siendo algo melodramático, pero sólo quería que su vecino del norte no lo tratara con esa frialdad ártica que había desarrollado últimamente.

El momento era excelente porque estaba solo y nadie los interrumpiría.

Mon cher Anglaterre~ ¿Por qué me has estado evitando?

El inglés se sobresaltó, al darse vuelta Francia vio el ceño fruncido de Inglaterra.

— Nada que te importe, stupid frog.

— Pues a mí me parece que sí. Has estado así desde nuestro último viaje a Nice

— Si te digo, ¿dejarás de molestarme? —La pregunta tomó al francés de sorpresa, reparó en la expresión del inglés y una vez más se encontró con aquellos ojos que no dejaban vislumbrar nada.

— Uh…oui.

— Quiero que me dejes es paz —comenzó Inglaterra, bajando el tono de voz a casi un susurro— No quiero que me hables, no quiero que me mires, no quiero que te acerques a mí…Quiero que desaparezcas de mi vida, frog.

Con eso las puertas del ascensor se abrieron e Inglaterra entró, sin darse vuelta a mirar al sorprendido francés que no podía creer lo que le acababan de decir.

— No te creo.

Antes de que las puertas alcanzaran a cerrarse, Francia las había detenido y entró al elevador junto a Inglaterra.

— ¿No dijiste que me dejarías en paz?

— ¿De verdad vas a hacer como que nada pasó entre nosotros?

— Ya contesté lo que querías, France, ahora déjame tranquilo… —amenazó el inglés con un brillo peligroso en los ojos.

— ¿Por qué? —Francia decidió no arriesgar más su pellejo pero dejó esa última pregunta al aire, flotando.

— Estoy cansado de tus juegos. No quiero que un día me hables y al otro, me ignores, como si no existiera… Aún tengo orgullo, ¿sabías? —Ante los argumentos del inglés, el francés calló, sopesando las palabras— Es nuestro destino, ¿no lo crees? Odiarnos, siempre…

El ascensor subía y ellos estaban ahí, solos. Francia lo acorraló en una de las paredes.

— No lo creo, mon petit lapin.

— Pues yo sí.

Sin más, Inglaterra golpeó a Francia, haciendo que este lo soltara. En ese momento se abrieron las puertas del elevador y el inglés salió tranquilamente. Sin embargo, antes de emprender el camino a su habitación se volteó a ver al francés que se recuperaba del golpe en el suelo del elevador.

— Ódiame, frog, es más fácil para los dos.

Francia observó al inglés caminar hacia su habitación hasta que las puertas del elevador se cerraron.

¿De verdad lo había perdido para siempre?

Una vez en su habitación, Inglaterra se permitió suspirar. No se sentía bien, pero no podía evitar el dulce sabor que le dejaba el haber visto los ojos de Francia mientras le decía que no lo quería cerca de él.

No entendía por qué le afectaban tanto al francés aquellas palabras, pero eso no le importaba. Había hecho el daño que buscaba.

Aunque después se arrepintiera.


Si bien es cierto que podría haber posteado esta historia en un sólo capítulo y como una historia MUY larga, decidí no hacerlo porque la escribí por separado.

¡Gracias por leer!