Hola! Lo han conseguido! Me animo a seguir la historia! Estoy muy ilusionada :) y algunos reviews me han dado ideas para futuros capítulos...

Al pasar de un One Shot a una historia más larga voy a tratar temas más complicados... como la muerte de Finn (con toda la madurez que se merece), la distancia o el hecho de que Rachel nunca haya cuestionado su sexualidad... NO quiero que sea una historia dramática tranquilos, quiero que sea de amor, de superación y de conquista a través de sentimientos.

Vale vale, no me lío más! Aquí les dejo el segundo capítulo, también ambientado en el capítulo 100! Dejen sus opiniones y como les gustaría que continuara =) GRACIAS


Después de aquel rato en la sala del coro Quinn se dirigía a la cafetería para tomar algo con sus amigos, con una sonrisa de oreja a oreja. Caminaba por los pasillos del instituto cuando vio a Puck entrar en el vestuario de los chicos, se preguntó por qué entraba allí y no pudo evitar seguirle, llevaba tiempo sin hablar con él a solas, no le vendría mal un rato de recuerdos con el que era al fin y al cabo el padre de su hija. Al entrar en el vestuario lo entendió todo, Puck estaba con su uniforme, parado delante de una camiseta de fútbol enmarcada pero no cualquier camiseta, el número 5, el quarterback, la camiseta de Finn, y al pie de la camiseta, una placa conmemorándolo. Respiró profundamente y caminó para colocarse junto a su amigo, le sonrió cuando Puck se giró para mirarla y esperó a que hablara.

-Nos perdonó por todo lo que le hicimos ¿verdad?- preguntó Puck.

-Hace mucho tiempo, nosotros le salvamos- respondió la rubia- y él nos salvó a nosotros con el Glee Club.

-Hizo que cambiaran muchas cosas en este instituto- siguió hablando mientras contemplaba la camiseta de su amigo.

-Nos cambió a nosotros- dijo Quinn pensando en todo lo que el chico había significado para ellos aquellos años- creó una familia.

-Una familia- repitió el chico- y encontró a Rachel, ella era su alma gemela- añadió el muchacho sin pensar.

Aquella frase dejó a Quinn desarmada y sin respuesta, a pesar de todo lo que había ocurrido horas antes en aquel baño de la escuela. Siempre había sabido que Rachel era el alma gemela de Finn, la chica le había cambiado, era una persona mejor y completamente diferente cuando estaba con ella pero en su interior siempre se había preguntado si Finn era el alma gemela de la chica.

En la secundaria siempre intentó boicotear la relación que tenían los llamados Finchel, a pesar de todo le dolía ver a Rachel con otro, sobre todo cuando anunciariaron su compromiso. No fue hasta las regionales de su último año en el instituto, cuando al terminar la actuación se atrevió a preguntarle a la morena si aquella canción había sido por y para Finn, al ver la sonrisa de Rachel mientras le respondía que si fue lo que la hizo darse por vencida.

Se dio cuenta de que prefería verla feliz por mucho que le doliera con la persona adecuada a que fuera una infeliz por su culpa y fue cuando su actitud cambió y apoyó aquella relación. Aquel fue el día que decidió marcharse a Yale y alejarse de aquella vida, empezar de cero, pero las circunstancias de la vida la habían traído al punto de partido con unas condiciones diferentes a tiempo atrás.

Sin pronunciar palabra alguna depositó una suave caricia en el brazo de Puck, como muestra de cariño y abandonó el vestuario de los chicos para marcharse de regreso a la cafetería perdida en sus pensamientos. Rachel tenía razón, no importa lo que hubiese hecho o donde hubiese estado, volvía a sentirse igual que cuando estudiaba en aquel edificio.

Volvió a su plan inicial y se dirigió a la cafetería, donde todos sus compañeros del Glee Club, incluida Rachel, estaban sentados en una gran mesa comiendo algo. Avanzó hacia ellos y se sentó en el único hueco libre que había, junto a Santana, no pudo evitar mirar a Rachel y ver en su cara una mirada de desaprobación, sin duda lo que pasaba entre la latina y la diva no era algo sencillo. Intentó seguir las conversaciones que estaban teniendo sus amigos pero no colaboró mucho, se limitó a escuchar las anécdotas y las actualizaciones que estaba contando cada uno, seguía perdida un poco en sus pensamientos desde su conversación con Puck, le había dolido el tema de Finn y Rachel, era inevitable.

Tras el largo descanso volvieron a la sala del coro, donde Will y April los esperaban para comunicarle que las pocas opciones que tenían de salvar el Glee Club se iban esfumando una tras otra. Para sorpresa de todos, April había traído una gran sorpresa, Holly Holiday, su profesora sustituta favorita había regresado para decir adiós también a su club preferido. Esa mujer contagiaba su buen humor y su actitud a cualquiera de su alrededor por lo que no fue raro que cuando comenzó a cantar una excepcional canción todos se unieran a ella bailando por la sala, incluida Quinn que olvidó todas sus preocupaciones y sonrió al ver a Rachel haciendo su pequeño baile característico de caderas y manos.

Después de aquella actuación, la mujer se quedó saludando y hablando con sus ex-alumnos, sin que ninguno se diera cuenta Will se había marchado de la sala del coro a hacer algo que según él era muy importante. No tardaron en averiguar que era, el profesor volvía un rato más tarde a buscarles y decirles que debían seguirle hacia el auditorio. Todos obedecieron sin protestar, querían saber que ocurría. Will les guió tras el escenario, donde se encontraron con la placa de Finn y la de Lillian Adler, se hizo un largo silencio entre todos antes de que Mr Shue se decidiera a hablar.

-Sus nuevos y finales lugares de descanso, mientras dure el Mckinley, todos los estudiantes que viajen a través de este auditorio, van a ver esto- dijo Will interrumpiendo el silencio.

-Y no tendrán ni la más mínima idea de quién son- intervino Artie.

-Esto es una locura ¿sabéis?- prosiguió Santana- porque este lugar me importaba dos mierdas pero esto me está afectando de verdad.

-Lo sé,¿porque será?- dijo Quinn conteniendo las lagrimas, estaba siendo un día de demasiados recuerdos y sentimientos que volvían a ella.

-A todos nos criaron padres diferentes- volvió a hablar Will- pero crecimos juntos en el Glee Club, es parte de todos nosotros, es normal que os de pena

-No lo sé Mr Shue- habló entonces Mike- con esto y lo de Finn, es un poco difícil creer que haya algo que perdure- Quinn se giró disimuladamente para mirar a Rachel que había comenzado a llorar y se limpiaba las lágrimas mientras seguía mirando aquella placa de Finn.

-No tengo más charlas alentadoras, solo os tengo a vosotros y el recuerdo de la gente de esta pared, a mis amigos- era Will el que volvía a hablar, Quinn no pudo aguantar más ver a Rachel así y siguiendo el impulso agarró la mano de la morena- quiero decir, que compartimos un vínculo especial, somos los únicos en el mundo que sabemos todo lo que el Glee Club significó para nosotros lo que se siente al cantar juntos, al estar juntos. y lo que se siente al decir adiós a todo esto. No he venido aquí para alegrados solo para dares las gracias, por compartir este viaje conmigo.

Rachel aceptó la mano de Quinn, sabía que la había visto llorar y la estaba apoyando pero lo de Finn aún le afectaba mucho y aquel sitio le traía muchos recuerdos, no podía hablar, estaba conteniendo las lágrimas que no pararían de salir si intentaba hablar. Lo único que consiguió hacer fue apretar con fuerza la mano de Quinn como gesto de agradecimiento antes de girarse sin mirarla a los ojos, aunque la rubia ya había visto el color rojizo que tenían aquellos grandes ojos y se marchó del auditorio, necesitaba aire, por lo que se dirigió al segundo lugar que más frecuentaba en aquel instituto, las gradas del campo de fútbol.

Quinn se debatió entre salir corriendo detrás de Rachel o permanecer en el auditorio hasta que el resto del Glee Club se marchó a diferentes sitios. Fue entonces cuando al verse sola en aquellos pasillos quiso a buscar a Rachel, sabía que la chica estaba mal por Finn y que no sería una conversación fácil y más teniendo en cuenta lo que había ocurrido en el baño.

Ahora entendía que intentar algo con Rachel no iba a ser tan fácil como había llegado a pensar horas antes, la morena aún estaba dañada por todo el tema de su novio, amigo, pareja de canto y todo lo que era Finn en su vida. Si quería tener una oportunidad con la cantante, Quinn iba a tener que tener mucho cuidado y ganarse a la morena poco a poco, al fin y al cabo no quería asustarla o forzar algo para lo que no estaba preparada.

Como cosa del destino, mientras tenía todos estos pensamientos, sus pies la habían guiado al campo de fútbol, donde pudo ver una pequeña morena sentada en las gradas, agarrándose las piernas y mirando al infinito. Respiró profundo antes de acercarse para hablar con la morena.

-Hola- dijo tímidamente esperando a que la morena levantara la cabeza de entre sus piernas- ¿estás bien?

-No puedo seguir así- fue todo lo que consiguió decir Rachel al mirar a Quinn allí de pie de nuevo había ido a buscarla para ver si estaba bien.

-Si quieres podemos hablar- dijo amablemente Quinn a la que se le partió el corazón al ver los ojos rojos e inchados de Rachel.

-Este sitio me trae demasiados recuerdos, todo mi vida aquí giraba en torno a Finn- se atrevió a confesar Rachel cuando se armó de valor- no puedo seguir con mi vida si estoy estancada entre tanto recuerdo y homenajes Quinn.

-Lo sé Rach- dijo comprensivamente la rubia- pero lo hacemos para honrarle, para recordarle y demostrar lo que fue para nosotros.

-Yo le quería Quinn, estaba enamorada de él- dijo Rachel levantando la voz- no necesito que me lo recuerden cada cinco minutos, se lo que era en mi vida.

-Si quieres puedo hablar con los chicos y evitar este tipo de cosas los días que nos quedan aquí- sugirió la rubia con un débil tono de voz, le había dolido mucho oír de la boca de Rachel aquellas palabras que había dicho.

-Gracias Quinn- agradeció la morena- pero no puedo quitados a vosotros la oportunidad de recordarle y honrarle porque a mi me pase esto- la rubia se mantuvo en silencio esta vez, no sabía que más decirle a Rachel, ella también estaba resistiendo las ganas de llorar, fue entonces cuando la morena comprendió que después del beso de por la mañana en el baño y lo que Quinn le había confesado, quizás aquella no era la conversación adecuada- Lo siento Quinn.

-¿Por qué?- preguntó entonces confusa la rubia.

-Porque no es justo que después de todo lo que me has dicho esta mañana y de….- hizo un silencio antes de seguir- y del beso, te use para desahogarme por todo lo de Finn.

-Rachel- interrumpió la rubia que sabía perfectamente que debía decirle- sé lo que era Finn en tu vida, lo que significaba, es algo que no se borra como si nada, no tienes que pedirme disculpas, yo ya sabía donde me metía al decirte eso esta mañana Rach…

-Gracias por ser tan comprensiva y buena- Rachel estaba ya mucho más calmada que antes que llegara la rubia- significa mucho para mí que estés para apoyarme en esto- la morena estiró su brazo para agarrar la mano de Quinn y apretarla como había hecho rato antes en el auditorio.

-Hago lo que me pide el corazón- aquella frase hizo que se ganara una tímida sonrisa por parte de la morena- es tarde, si quieres te llevo a casa- le sugirió la rubia que necesitaba tiempo para pensar y sin duda Rachel también lo necesitaba.

-Gracias- volvió a decir la morena que se levantó para seguir a Quinn en silencio hasta el coche de la chica, el trayecto fue silencioso, había sido un día raro y tenso, cargado de emociones que debían digerir- ¿te acuerdas donde vivo?

-Claro- respondió tontamente la rubia que aparcó en la puerta de casa de la morena- llegamos a la casa de la primera estrella de Broadway de Lima- bromeó la rubia para ganarse las risas de Rachel.

-Que tonta eres- se burló la morena- gracias por traerme Quinn- se quedaron mirándose en el coche antes de que Rachel reaccionara e interrumpiera aquel contacto- debo irme, estoy cansada.

-Mañana nos vemos en el Glee Club entonces- respondió la rubia con una media sonrisa.

Se acercó para despedirse de la morena, quiso darle un pequeña beso en la mejilla pero los nervios y la reacción de Rachel cuando la vio acercarse provocó que hubiera un pequeño roce de labios que llevó a que se sonrojaran y la morena abandonara el vehículo sin decir palabra.

Quinn arrancó el coche y se dirigió a su casa, tenía mucho que pensar, quería a Rachel, no había dejado de hacerlo desde la secundaria a pesar del tiempo, la distancia y los obstáculos. Ahora podía tener una oportunidad pero sabía que no era algo que fuera fácil, apenas hacía horas que le había confesado su amor a Rachel y ya volvía a estar confusa. Sabía que tema de Finn iba a ser complicado y que iba a tener que manejar todo el asunto de Rachel con suavidad y poco a poco porque iba a estar presente en sus vidas durante un tiempo.

Conducía y pensaba, conducía y pensaba, pensaba y conducía y casi una hora después de dar vueltas por la ciudad llegó a casa. Al parar el coche lo tenía claro, costara lo que costara, iba a conseguir a Rachel, si debía ir todos los fines de semana a Nueva York de visita para que la morena se abriera a ella lo haría y si debía ser paciente y esperarla lo haría sin duda, siempre y cuando la morena mostrara verdadero interés como había hecho aquella mañana, que Quinn nunca olvidaría al conseguir el primer beso, de la que en en ese momento ella no lo sabía, era el amor de su vida, su alma gemela.