2. Ni premio ni reembolso

El día va pasando con su lentitud habitual. El bochorno del atardecer hoy pesa, y Raay lo nota. Ya no sé cuántas veces le he llenado su cazo de agua, pero lo que sí sé es que la ha apurado con desmedidas ansias.

Ahora está tranquilo, tumbado al lado de la caseta, junto a la puerta que siempre tengo abierta para mantenernos cerca. Aprovechar la sombra que los edificios colidantes proyectan sobre nuestra posición es quizás la mayor bendición de las tardes. Sobretodo las de verano.

Por suerte ya nos va quedando menos para cerrar e irnos a casa, pero todavía quedan pendientes de pasar a tentar la suerte algunos clientes. No es que lleve un conteo ni un control de la gente que gasta su dinero a cambio de esperanzas aleatorias, ligadas a un azar en el que apenas creo...no, no lo hago. Pero admito que la costumbre forjada a base de repetición ha logrado que, de manera inconsciente tal vez, les fiche su visita. O la falta de ella.

Pese a este cansino bochorno, el día hoy está transcurriendo de manera más o menos agradable. No ha acudido casi nadie con malas pulgas, pero no me rindo en mis esperanzas, todavía no. "El chico del Siete" todavía no ha venido a ofrecernos su perenne amagura, pero su hora se acerca...

Y él raras veces se olvida de pasar por mi taquilla, apostando su mala fortuna a la terminación de un número que nada le ofrece.

Sí, su hora acostumbrada va llegando, y al fin su presencia se materializa como un soplo de aire resentido.

Escucho como el crujir del plástico de algunas bolsas repletas de cosas cae justo en frente de Raay, el cuál se siente perturbado en su calma presencia. No sé si lo ha hecho adrede o es que es así por naturaleza, pero este gesto despectivo, el de dejar caer su mercancía sin ninguna delicadeza y frente a mi fiel lazarillo, ha logrado que Raay le gruña.

Y que yo ya sepa sin ningún lugar a dudas quién tengo delante.

No dice nada...Nunca despacha un saludo, por escueto, nimio o mecánico que sea. Sencillamente se limita a buscar el cupón antiguo y a estamparlo frente a la obertura por la que yo ofrezco ilusiones a cambio de unos pocos euros.

- ¿Tiene premio o reembolso?

Y aquí está, su frase de siempre. La única con la que abre la pobre conversación que el intercambio de bienes nos obliga a mantener. Su voz suena brusca, grave y teñida de un profundo desprecio. Aún así, no la percibo en exceso adulta.

Con calma, tanteo la superficie hasta dar con el boleto caducado e intento esbozar una sonrisa. Al fin doy con el arrugado papel con mi diestra al tiempo que con la zurda preparo el aparato que cotejará la suerte que corrió en el día de su correspondiente sorteo. Aunque me atrevo a apostar lo que la falta de pitido auditivo me confirma.

- Lo siento. No hay nada.- Le informo con toda la amabilidad de la que soy capaz.- ¿Deseas algo más? - Prosigo, devolviéndole el cupón fracasado.

- No lo quiero para nada. Tíralo.

Su voz me profiere esta orden con una altivez que no sé porque, pero noto que no le sienta bien.

- Como quieras.

Lo recupero, lo arrugo y lo tiro en la papelera donde perecen todos los sueños e ilusiones de personas humildes que se agarran al azar de los números para intentar cambiar sus vidas.

- Dame otro. Para esta noche.

- ¿Terminado en Siete? - Inquiero, tratando de ser cortés y no avanzarme a los posibles deseos mutantes que pueda poseer.

- ¿Por qué siempre preguntas lo mismo?

Uy...su tono se está endureciendo todavía más...Es evidente que mi pregunta le ha molestado, y estúpidamente intento suavizar la situación ofreciéndole una explicación que auguro poco le importa.

- Lo pregunto porqué existe la posibilidad que algún día desees apostar a otra terminación. Éso es todo.

- Si algún día lo deseo, no te preocupes que te lo haré saber. Además, me molesta que juegues a creer que me conoces. ¡No me ves, maldita sea! ¡Podría ser cualquier persona!

No puede ser...¿en serio? ¿acaba de gritarme? Raay, que hasta el momento había permanecido alerta pero acostado, acaba de alzarse. Su instinto le invita a protegerme y ya oigo el suave gruñido que va forjándose en su garganta.

No me gusta sentirlo así, fingiendo ser un perro agresivo, y me veo obligado a tomarlo del arnés y tranquilizarle. El chico del Siete no es una amenaza, por muy descarado que sea con nosotros...No, no es mala persona, no le huelo maldad alguna, pero quizás él no lo sepa...De momento Raay no debe tenerle afrenta, por el simple hecho que yo no le temo.

Sé que vivo y trabajo en un barrio difícil. Todo el mundo dice que Exarcheia es un mal sitio donde vivir, plagado de vicios y viciosos...de mala gente al fin.

Dicen, dicen...El mundo que ve dice muchas cosas. Demasiadas...Quizás tengan razón, pero él, el muchacho del Siete, no me produce pavor. Por mucho que hoy se haya atrevido a gritarme.

- Tienes razón...- Le correspondo el ataque ofreciéndole una sonrisa y unas palabras que considero amables. Lo último que deseo es entrar en una discusión sin sentido.- No sé como eres, pero conozco tu voz. Así que para esta noche...otra terminación en Siete...- Aclaro con tono conciliador, ofreciéndole el cupón terminado con su número preciado.- Son tres euros.

- ¡Ya lo sé! No hace falta que me lo repitas cada día. Está justo.

Es una obviedad, hoy le percibo más nervioso o triste de lo habitual...Su tono de voz se siente muy oscuro, y los gestos que lo acompañan, los mismos con los que deja caer las monedas del importe en la pequeña endidura que nos permite el trasbase, son bruscos y nerviosos...

Cansados. Muy cansados. Y no creo que el trabajo sea el único culpable.

No deseo hacerle enfadar más. No me cae mal, aunque Raay siga alerta y de pie a mi lado, así que tomo las monedas con gestos calmados, compruebo el importe de cada una acariciando su costado y las coloco en sus respectivos casilleros al mismo tiempo que me despido, sonriendo hacia dónde creo que está su rostro.

- Que tengas suerte. Hasta mañana.

Noto cómo recoje el cupón y cómo se pelea con su billetera para guardarlo. Oigo su pesada respiración traspasar la cristalera que nos separa las presencias, y escucho el inconfundible crujir del plástico cuando las bolsas con las que ha llegado son recuperadas del suelo. Dos o cuatro pasos le separan de nuestro puesto y cuando creo que al fin se va con su triste amargura a cuestas, su voz me asalta de nuevo.

- Tu amabilidad es falsa y repugnante. Limítate a vender. No hace falta que sonrías a la gente con tanta estupidez.

Enmudezco por un momento. Ésto no me lo esperaba...Yo no he hecho nada para aguarle los días o la vida, y hoy su mala educación ya se está pasando de la raya. No sé qué busca o qué es lo que pretende conmigo, pero está bordeando los límites de mi paciencia.

Tal vez no debería hacerlo, pero algo arde en mi interior y me insta a responderle, empleando un tono de voz correcto, pero que también sabe mostrar firmeza.

- Soy amable por protocolo. Una queja de un cliente podría hacerme perder el trabajo. Así que no te lo tomes como algo personal.

No recibo respuesta inmediata, y me gustaría seguir así, pero los pasos no se reanudan y comienzo a sospechar que se está tomando el tiempo para acallarme con otra réplica.

Una réplica que acaba confirmando mis apuestas.

- Pues ahórrate el protocolo. Conmigo no hace falta.

Ahora sí...ahora sus pasos se reanudan y quieren alejarse de mí, sabiéndose vencedor de una batalla dialéctica tan absurda como patética. Y yo me siento ninguneado, utilizado y burlado.

No me gusta que se burlen de mí...No. Y no se va a ir así. Yo también sé ser desagradable sin perder la serenidad. Quizás este estúpido protocolo de buenas formas y amabilidad no sirva de mucho, pero yo creo en él, y aunque le moleste, no puedo dejar de hacérselo saber.

- Contigo más que con nadie.

El chico del Siete ya no me responde. Raay le ladra y le invita a alejarse, igual que han hecho mis últimas palabras.

En silencio su presencia se va difuminando, y siento que, inmerecidamente, le he herido...

...un poco más de lo que siempre le percibo.


Aclaración: Exarcheia es un barrio de Atenas.

Gracias Krista por seguir mis locuras. Me alegra mucho leerte también :). Mi presencia por aquí será mucho menor debido a asuntos personales, pero intentaré no desaparecer.