Ya tocaba =)


ºCuando la luz y la esperanza llevan carabinaº


Orgullo, cabezonería

Edades: Entre 18 y 19.


Hikari

La joven se miró los pies antes de enfrentarse a las miradas de sus familiares. Su madre la observaba con unos ojos curiosamente inteligibles. Como si se debatiera en si eso estaba bien o mal. La joven solo pudo sonreírle con tranquilidad y pedirle mentalmente que confiara en ella.

Su padre, Susumu, daba vueltas a la cajetilla de tabaco mientras miraba con el ceño fruncido la mesa. Había escuchado sus palabras con sumo interés para luego quedarse dentro de un mutismo que realmente no le decía nada a Hikari.

A ella realmente le gustaba que sus padres estuvieran callados. Eso significaba que estaban tomándose muy en serio su petición y deseos. A los dieciocho años todavía era menor y necesitaba de su aprobación. Pese a todo, aunque tuviera treinta, Hikari estaba segura de que querría conocer los pensamientos de sus progenitores.

Nunca quería herir a nadie. Siempre se había preocupado mucho por ello.

Pero su hermano era otro caso.

Estaba mordisqueándose la uña del pulgar mientras tecleaba sin parar con el otro sobre el móvil. Cambiaba de posición cada segundo exacto y se mordisqueaba el labio, como si estuviera tentado a dirigir a sus padres.

Ella esperaba que realmente no le montara una escenita de "yo soy el hermano mayor y sé que no es bueno para Hikari", cosa que haría que sus padres se replantearan entonces sus ideales hacia ella.

Así que le dedicó una mirada de "sé un secreto que no quieres contarle a Yamato. Mutis".

El chico carraspeó y chasqueó la lengua mientras seguía con las acometidas hacia el móvil. Podía imaginarse de qué se trataban.

—Entonces… —comenzó Susumu mirándola finalmente—. Una noche en casa de Takeru.

—Así es —recalcó—. Su madre estará ahí por la noche.

O al menos, eso le había dicho Takeru. Su padre se rascó la barbilla, suspirando y se levantó para darles la espalda.

—Está bien. Haz lo que quieras.

Hikari sonrió y miró a su madre, que asintió. Su hermano se quedó atónito. Seguramente, había contado con la protección anormal de un padre hacia su hija. Susumu se detuvo, como si notara la mirada de Taichi taladrarle la nuca.

—Al fin y al cabo, ahora nos está pidiendo permiso. Pero nada nos dice que no pueda hacer otras cosas cuando menos lo esperemos.

Taichi clavó la mirada en ella rápidamente, entrecerrando los ojos. Hikari solo le sonrió. Cogió su mochila y tras darle un beso a su madre, se dispuso a salir.

Takeru

Mientras canturreaba dejó caer el cojín sobre el respaldo del sofá y observó su obra de arte. Su madre sonreía desde la cocina mientras secaba el último plato y afirmaba con la cabeza.

—Voy a tener que invitar más veces a Hikari a quedarse a dormir para que me limpies la casa a fondo.

Takeru sonrió a la broma. Natsuko estaba realmente emocionada con la idea de que Hikari fuera a pasar una noche en la que, en teoría, acamparían en su salón los tres mientras bebían y comían comida chatarra y veían series al azar.

Iban a montar entre él y Hikari una tienda de campaña frente a la televisión. Tirar los cojines sobre el suelo y los colchones. Acomodarse y disfrutar de la noche hasta que cayeran dormidos.

Takeru, secretamente, esperaba que Hikari lo hiciera antes que él y disfrutar así de un buen rato de su cara durmiendo.

Había ideado todo. Planeado, más bien. Nadie podía culparle de querer ver a su novia en esas condiciones. Eran tan escasos esos momentos que no podía desperdiciar ninguno.

Y aunque cualquier otro adolescente a su edad querría estar más a solas con su chica, no le molestaba en absoluto que su madre quisiera compartir una noche con ellos. Eran tan escasas las noches en que Natsuko tenía libre y podían disfrutarlo, que no iba a negarse a la idea.

La puerta de su casa y el móvil de su madre sonaron a la par.

Takeru se desvió para abrir la puerta mientras su madre respondía.

Se encontró con su hermano, sudoroso y con el ceño fruncido. Takeru podía imaginarse por qué.

—Taichi te lo ha dicho y has tenido que venir corriendo.

El mayor de los hermanos chasqueó la lengua y avanzó al interior de la casa. Takeru cerró la puerta con una sonrisa traviesa cruzándole la cara.

Hikari

Un hermano podía ser muchas cosas para el otro. Su mejor amigo. Su guardaespaldas. Su primer amor incluso. Su proyecto de hombre. El ejemplo de lo que no querría que fuera su chico. Una persona de confianza. Alguien que te sacaría de un apuro.

Para Hikari era muchas cosas, aunque últimamente era su mayor punto de diversión. Taichi no era el tipo al que podías enviar a perseguir a alguien.

Por eso, cuando se detuvo en el semáforo frente a los apartamentos que ocupaban la familia Takaishi no pudo soportarlo más. Se escondió tras un grupo de personas más alta que ella y esperó a verlo pasar, colocándose tras él.

Taichi en seguida empezó a buscarla, mirando de un lado a otro con el ceño fruncido y la boca ligeramente abierta. Hikari le pellizcó las caderas.

—¡Te pille!

Taichi dio un respingo y al mirarla, el color de su piel desapareció lentamente. Hikari enarcó una ceja sin poder borrar su sonrisa.

—¿Has terminado de espiarme?

—Yo no estaba espiándote. Solo estaba buscándote para caminar contigo. Yamato me ha dejado un mensaje diciendo que está allí de paso.

Hikari asintió mientras terminaban de cruzar y se detenía frente al portal.

—Claro, claro —confirmó mientras presionaba el botón y esperaban el ascensor.

Taichi entró rumiando entre dientes.

Justo cuando llegaban al piso, Natsuko casi se choca con ellos.

—¡Ay, chicos! —exclamó al verles—. Hikari, lo siento mucho. Tengo que irme por trabajo, así que Takeru tendrá que cuidar de ti. Lo siento. Con las ganas que tenía de ver series que hicieran que Takeru se muriera de vergüenza.

Hikari le restó importante y salió para dejar que la mujer entrara. Tras prometerle que se portarían bien, la madre los dejó atrás para marcharse. Taichi no había abierto la boca más que para saludarla.

Caminaba como si de un robot se tratara…

Takeru

—Va a matarme… va a matarme… sé que va a matarme…

Takeru miró divertido a su hermano mayor, quien caminaba de un lado a otro de la habitación mientras se frotaba el rostro una y otra vez. Aunque no era normal ver a Yamato en pleno caos, las razones le divertían demasiado.

Cuando el timbre sonó, Yamato saltó como un gato y le miró en espera. Takeru abrió y se saludó a Hikari con una mano en alza.

—Llegaste.

—Sí. Justo vimos a tu madre que se marchaba.

Takeru asintió.

—Trabajo. —Miró hacia Taichi, que parecía tieso como un resorte—. ¿Ocurre algo?

Hikari sonrió cubriendo su boca con una mano femeninamente.

—Ha entrado en shock ante la idea de que nos quedemos solos.

Takeru sonrió cómplice. Sí. Iba a ser muy divertido.

Ellos

Takeru, aquel mocoso que compartía genes con el condenado rubio que le gustaba, sonrió como si compartiera un secreto con su hermana. Algo que a él se le escapaba. Cuando sus palabras salieron por su boca, Taichi sintió el fuego arderle por las venas.

—Entonces, mejor que no sepa esas otras cosas, Hikari.

Su dulce y tierna hermanita le devolvió la sonrisa. Hasta se sonrojó levemente. Ella tan dulce.

—Takeru, por favor —rogó tímida.

Taichi sintió que estallaba justo cuando Yamato apareció para apartar a su hermano de sus garras.

—Hikari, anda. ¿Por qué no pasas y que Takeru te diga donde puedes dejar las cosas y te enseñe lo que ha ideado? Taichi —nombró con fingida alegría—. Quédate un momento, que te voy a enseñar algo.

Taichi le apretó la mano a su novio con demasiada fuerza cuando le pasó el brazo por encima del hombro.

—Ten paciencia. Mi hermano no va a hacerle nada a tu hermana.

Taichi frunció tanto el ceño que se le emblanqueció.

—Desde luego que no. Porque nos quedaremos a vigilarles.

—¿Qué? —Yamato abrió tanto la boca que podría haber entrado un regimiento de moscas.

—No pienso permitir que tu hermano haga algo, así que me quedaré a ver.

Yamato se frotó el ceño, incrédulo.

—Taichi. ¿Tienes idea de qué edad tienen? ¿Sabes cuántas veces pueden haber hecho cosas para adultos sin que tú lo sepas?

Taichi lo descartó de un manotazo.

—Tonterías. Yo me habría dado cuenta.

Yamato suspiró con cansancio.

—Como quieras. Volvamos dentro.

Taichi lo hizo con muchas ganas.

Yamato sacudió la cabeza mientras cerraba la puerta. ÉL no era un experto en eso del romance heterosexual. Todas sus relaciones habían sido un desastre y todo por estar interesado en el pazguato que tenía delante. Pero la forma en que Hikari y Takeru se miraban, tocaban y sus cuerpos se atraían, ahí existía algo mucho más íntimo.

Pero Taichi no quería ver las cosas. La sola idea de que su hermano le quitara a su hermana lo reventaba.

Las horas pasaron ante enojos por parte de su novio, risas divertidas de su hermano y cuñada por doble goleada. Se tragaron tres capítulos de series a las que apenas prestó atención y Taichi terminó durmiéndose al segundo capítulo.

Cuando comenzaba el cuarto capítulo, su madre regresó, disculpándose en susurros.

Yamato casi arrastró a Taichi hasta el dormitorio de Takeru cando su madre los echó para ocupar el sofá que había preparado para ella y Takeru y Hikari reían de nuevo.

—Un día lo mataréis —les advirtió.

Takeru le sonrió con inocencia que ya no hacia efecto en él.

Hikari simplemente continuó comiendo palomitas mientras miraba la serie.

Unos minutos más tarde, cuando revisaba un libro de Takeru, sintió los brazos de Taichi rodearle la cintura. Le golpeó la cabeza y aunque hizo un puchero, no cedió.

—Así como tú no dejas de ser un perro tras tu hermana, yo no pienso hacerlo en la cama de mi hermano.

Taichi le dio la espalda y siguió roncando en sueños.

Ella

Natsuko sonrió mientras apagaba la televisión. Luego un bostezo la ganó y acomodó su cuerpo en el mullido sofá. Hacía mucho tiempo que no se sentía con feliz. No solo su hijo menor estaba en su casa, con su novia y apenas podía esconder el amor que sentía por ella. Incluso se había quedado dormido tras estar un rato mirándola a ella en vez de la televisión.

Su hijo mayor, que se había retirado al dormitorio de su hijo, con su pareja. Todo ello la llenaba de felicidad. ¿Cómo podían existir dos seres que hubieran nacido de su vientre y a la par, fueran tan diferentes?

Buscó su móvil y como nunca había hecho, envió un mensaje.

ÉL

El señor Ishida miró su móvil de reojo pero no podía dejar de pasar el mensaje. Si algo hubiera sucedido a uno de sus hijos, jamás se perdonaría haber remoloneado e ignorado el mensaje. Pero cuando sus ojos dieron con el mensaje, casi se cayó de la cama.

Se rascó la nuca, suspirando, dejando el móvil sobre la cabecera de la cama.

—Pues claro que los hemos hecho bien… tonta.*


Notas:

Esta vez quise meter a los padres más momentos. Susumu se ha dado cuenta antes que Taichi de que Hikari ya no es tan niña y que si los chicos quieren harán cosas que tengan prohibidas de forma más peligrosa por la presión.

*: Hiroaki ha leido el mensaje de Natsuko y su frase la dice como si ella pudiera escucharla. Ambos están orgullosos de sus hijos (Takeru y Yamato).