N/A.

Al parecer nos fue bien.

Les agradezco el animo a continuarla y espero que continúen disfrutando de la historia.

Un gran saludo a todos y espero sus comentarios :)


Latidos


-Bésame. – Le digo firmemente aunque completamente avergonzada.

-¿Qué?

-Qué me beses. – Pedirlo es cien veces más vergonzoso que simplemente robárselo mientras duerme. Mi voz suena entrecortada y con más volumen del requerido.

-Katniss…ya basta… - Se aleja volviendo a la cocina, buscando algunos platos en la despensa. Lo sigo sin dudarlo y vuelvo a estar frente a él, sacándole el plato de las manos y prácticamente lo lanzo en una mesa cercana.

-¡Bésame!

Se queda mudo mirándome fijamente. Comprendo que no tiene la más mínima idea de qué hacer.

-Antes lo hacías sin dudarlo tanto – agrego después de un par de segundos.

-Había cámaras…

-Traeré alguna si así lo haces…

Lanza una risa nerviosa.

-Puedo intentarlo mientras duermes… - insisto.

Lleva una mano a su rostro restregando sus ojos cerrados.

-Katniss… es suficiente… - vuelve a mirarme – no conseguirás nada.

-Sólo hazlo Peeta… - siento como mi exigencia se va trasformando en un ruego. Incluso empiezo a temblar, lo que me frustra demasiado.

Se me queda mirando por otros segundos infinitos. Tratando de analizar en qué demonios estoy pensando.

-Peeta… - llamo su nombre ya casi resignándome. Siento como un peso de desilusión se va formando en mi pecho. ¿Acaso está tan convencido de que mis sentimientos son fingidos que no me dejará siquiera intentarlo? – Solo hazlo… - agrego con un hilo de voz.

Pasa una de sus manos por su cabello. No distingo si nervioso o alterado. Al parecer son ambas. Me mira directamente a los ojos nuevamente, analizando sea lo que sea que puede ver en ellos.

Finalmente lo hace: pone sus manos en mis hombros y sella mis labios con los suyos.

Instintivamente cierro los ojos y pongo mis manos en su pecho, enredando mis dedos en su remera y aferrándome a ella. Me besa tan suavemente y pausado. Casi de inmediato siento los síntomas de ésta nueva enfermedad: el calor recorrerme entera, mi corazón se altera y exige salir de mi pecho, mi respiración se acelera y un nudo, que antes jamás había sentido, se me forma en la boca del estómago.

Se separa lentamente, sonrojado y sus ojos brillantes. Pero su rostro demuestra tristeza, una profunda desesperanza.

Me alejo un poco para tomar una de sus manos y la pongo en el centro de mi pecho. La aferro en la zona de mi corazón como si quisiera que me atravesara.

-¿Lo sientes?

Se queda mirando su mano bajo las mías.

-¿Puedes sentirlo? – hundo más su mano para asegurarme de que puede sentir la agonía de mi corazón que exige ser liberado.

Abre los ojos sorprendiéndose un poco y luego dirige su mirada a mi rostro.

-No sé qué es Peeta… - confieso con la voz quebradiza sin dejar de mirarlo a los ojos – Sólo sé que ocurre cuando se trata de ti…

Siento mi nerviosismo crecer al ver que no pronuncia palabra, completamente inmóvil y no desvía su mirada de la mía.

-¿Peeta?

Me sorprende tomando mi nuca con la mano que le queda libre y me hace prisionera de sus labios nuevamente, entrelazando sus dedos con mi cabello. Esta vez es más desesperado que el anterior, pero le correspondo casi con la misma intensidad. Me permito sentir el sabor de su boca, el que me parece embriagador, haciendo que mis sentidos se duerman por completo. Me da a pensar que, si no fuera por su fuerte mano sosteniendo mi cabeza, me desplomaría al instante.

Se aleja nuevamente dejándome los labios hinchados. Observo sus labios que también están algo sonrosados, luego mi mirada se encuentra con la suya. Su respiración es agitada y, cuando toma una de mis manos y la pone en su pecho de la misma manera que hice yo, sé que su corazón baila con el mío al mismo ritmo.

Ambos sonreímos nerviosos y nos empezamos a acercar nuevamente. Apenas siento el rose de su boca sobre la mía cuando una tos nos hace detenernos en seco.

Miramos a la silla donde está sentado Haymitch cómodamente en el comedor con una sonrisa burlona ¿En qué momento entró?

-¿Se tardarán mucho? – cruza sus brazos – Yo por lo menos ya tengo hambre…

Nos separamos al instante, completamente rojos. Considero, de ahora en adelante, mantener esa puerta con cerrojo.

Peeta y yo nos ponemos en movimiento, terminando de poner la mesa, sirviendo los platos torpemente y nos sentamos junto a Haymitch cómo si nos fuese a regañar. Lo cual es estúpido.

Se ríe abiertamente al ver lo nerviosos que estamos. Siento el fuerte impulso de atravesar su cabeza con una flecha, pero lo contengo a regañadientes ya que no puedo negar que lo extrañaría.

-Cocinas delicioso, preciosa – comenta mirándome – desde afuera sentí el aroma y me decidí a invitarme a comer con ustedes.

Basta con ver sus ojos burlones para entender que lleva suficiente tiempo sentado en esa silla. Más del que a Peeta y a mí nos gustaría.

-De acá hay una excelente vista a la cocina…

Lanza una carcajada ante nuestra incomodidad.

-Ya entendimos Haymitch – le ladra Peeta – Podrías haber golpeado por lo menos…

-¿Golpeado? – Mira a Peeta sin perder su sonrisa – Chico. Casi derrumbo esa puerta y ni siquiera me notaron – apunta a la entrada con su cuchara.

Peeta y yo nos miramos ya resignándonos a las burlas de Haymitch y continuamos con nuestra cena.

Tratamos de hablar de otras cosas pero simplemente nuestro ex – mentor y amigo está demasiado entretenido con nosotros como para detenerse. Nos imita poniendo un tomo más agudo en su voz a medida que va diciendo las frases: "Oh Katniss, sabes lo que siento por ti", "Bésame Peeta", "¿Puedes sentirlo Peeta?".

-La historia de "los trágicos amantes del Distrito 12" – agrega haciendo el gesto de comillas con las manos – ¡Aún no termina señores! – empieza a aplaudir.

Pierdo la paciencia y le lanzo uno de los cubiertos que le llega de lleno en la cabeza. Admito que me turnaba entre el cuchillo y el tenedor, pero termino lanzándole la cuchara que es menos letal. Peeta me mira con una sonrisa cómplice y luego mira a Haymitch a punto de liberar una risa.

-¡Bien! ¡Bien! ¡Me pasé! – Haymitch se cubre la zona de impacto.

Ahora Peeta y yo nos reímos a carcajadas mientras él masajea su frente donde llego mi cuchara.

Por fin podemos cambiar el tema y empieza a contarnos una anécdota de que uno de sus gansos entró a su casa cuando él estaba medio inconsciente de ebriedad y el animal se tomó los restos de licor. Volvemos a reír cuando concluye la historia diciendo que se transformó en su nuevo mejor amigo, ya que se descubrió hablándole y llorándole sus penas mientras el ganso se tambaleaba como su dueño. En respuesta le graznaba, como si tratara de consolarlo.

-Lo llamé Perry… - dice como si se tratara de un familiar – Tiene un pañuelo azul en el cuello... – me apunta con la cuchara desafiante – ¡Ni si quiera se te ocurra meterlo en uno de tus guisos!

Me río asintiendo.

Seguimos hablando del nuevo Distrito 12, que ya va tomando forma poco a poco. No somos ni la mitad de la población que éramos antes de que el Capitolio bombardeara nuestro hogar. No todos los sobrevivientes del Distrito regresaron, pero la población se vio equilibrada ya que, más o menos, la mitad de los nuevos habitantes son originarios de otros Distritos o el Capitolio y se han instalado aquí.

Aún hay una gran zona adornada por los escombros de lo que fue el Distrito 12 antes de los ataques. Los cuales se han ido demoliendo y enterrando. También hicieron un monumento, bastante humilde, en memoria de los que perdieron la vida en el desastre. La naturaleza se ha encargado de reclamar su territorio y se va expandiendo por esa zona haciendo que lentamente, donde se edificaba la muerte, se llene de verdes pastos y arboles recién plantados.

Cuando terminamos nuestros respectivos platos Haymitch se nos queda mirando por unos segundos.

-¿Y qué piensan hacer este año? - dice mientras unta un trozo de pan en el plato ya vacío frente a él.

La pregunta me deja parpadeando a Haymitch un par de veces. Peeta parece comprender y se remueve algo incómodo en su asiento.

La mirada de Haymitch se turna entre Peeta y yo, esperando una respuesta.

-¿Y bien? – insiste.

-¿Hacer sobre qué? – termino respondiendo con otra pregunta.

Las miradas de ambos se posan en mí y luego Haymitch mira a Peeta – Aún no le has dicho ¿cierto?

Peeta sólo baja la mirada suspirando cansado ¿Decirme qué?

-El año anterior fue deprimente, o bien no se celebró nada.

-¿Año anterior? ¿De qué hablas? – gano su atención nuevamente.

Haymitch se echa el pan untado en la boca y mastica fuertemente antes de hablar.

-Peeta cumplirá los 19 años, preciosa.

Sorprendida abro los ojos. No solo por el acontecimiento, sino porque en mi letargo desde que llegué al Distrito después de la rebelión, ni siquiera había notado el tiempo que pasaba. Me confirma lo dormida que estuve por casi dos años. Sólo hace un par de meses, desde que Peeta se cambió a vivir conmigo, es que empecé a salir de la depresión en que me encontraba.

-El año pasado estabas tan desorientada que ni siquiera te enteraste – continúa mi ex - mentor.

-Basta Haymitch – dice Peeta – No será necesar…

-¡Vamos, Chico! – Le interrumpe – Has estado cuidando de esta loca desde que volvimos y luego te cambiaste a su casa – me apunta con la mano – Ni si quiera se dio cuenta de que vivías con ella hasta pasadas un par de semanas – toma un trago del jugo en su vaso, hace una mueca y le echa un poco de licor de su petaca – te hace falta algo de distracción – vuelve a tomar del vaso satisfecho con su nuevo sabor.

Ahora que lo dice, no tengo alegato alguno que hacer respecto a eso. No me di cuenta de que Peeta vivía conmigo hasta que empecé a notar que se materializaba cada noche para refugiarme de las pesadillas. Cómo siempre se iba antes de que me despertara, llegue a pensar que era parte de mis sueños hasta que lo vi entrando en una de las habitaciones para ir a dormir una noche. Simplemente asumí que vivía conmigo y en realidad no me importó. De hecho me sentí aliviada. Luego de más o menos un mes recién tuve conocimiento de la familia que ahora vivía en su casa de vencedor.

-¡Ya basta! – Se impacienta Peeta – ¡Sabes por lo que tuvo que pasar!, ¡por lo que todos tuvimos que pasar! – pasa una mano por su cabello – No es necesario celebrar nada…

-¿Cuándo es? – pregunto apenas Peeta termina su oración.

Ambos se quedan viéndome nuevamente. Peeta sorprendido y Haymitch con una sonrisa torcida.

-En una semana más – me responde rápidamente Haymitch.

-Podríamos hacer algo aquí mismo… claro que tu tendrás que hornear tu propio pastel…

Peeta se queda mirándome parpadeando un par de veces.

Lo que lo saca de su letargo, es un manotazo de Haymitch en su hombro – ¡Vamos!... Hace falta algo que celebrar ahora que todo está tomando su lugar. – hace una pausa volviendo a apuntarme con la mano – Y aprovechar que ella va recuperando cordura…

A pesar de lo molesto del comentario, mi ex – mentor tiene razón. La última celebración en la que estuvimos, o recuerdo haber estado, fue el matrimonio de Finnick con Annie, el cual terminó trágicamente.

-No será algo extravagante – agrego - pero sería bueno celebrar algo. Sólo con algunos invitados…

-Claro – me sigue Haymitch – lo extravagante podría ser cuando celebren su matrimonio.

Peeta y yo lo miramos conteniendo el impulso de echarlo a patadas. Pero optamos por ignorarlo.

-¿En serio estas segura? – me mira incrédulo.

-Claro que sí – le dedico una radiante sonrisa.

Cuando finalmente accede. Haymitch y yo nos ponemos a idear cómo será la humilde fiesta: qué comeremos, el poco licor que le permito anotar a Haymitch, el sabor de la tarta y otros detalles rápidos.


CONTINUARÁ...