¡Hola a todos! Cuando escribí este fic pensé en que iba a ser un one-shot, de veras que sí. Pero el comentario de MyNameIsDominique me hizo pensar en cómo podría ser una continuación y viendo (por enésima vez) imágenes random en Face, me inspiré y decidí continuarlo. Así que aquí está, dedicado a MyNameIsDominique y espero que te guste.

Si les gustó o no, siéntanse libres de comentar. Cabe aclarar que nada me pertenece, solo la historia, espero ambientarla adecuadamente.

Dicho esto, ¡A leer!


De discursos y obsesiones

"Ella es esa mujer que llega y por la cual piensas esto me va a joder vivo. Y entonces, la vuelves a mirar y piensas: A la mierda, quiero que lo haga. Destrózame."

La había vuelto a ver un par de veces luego de la fiesta y en cada uno de esos encuentros ella se las había ingeniado para sorprenderlo, desde películas y libros extraños, hasta teoremas tan bizarros que parecían producto de una borrachera.

Luego de mucha deliberación, demasiada, había llegado a una escalofriante conclusión: necesitaba la refrescante presencia de Antonia Stark en su vida.

Justo después, siguieron los dilemas morales, él era tan viejo como su padre, era amigo de su padre, en ocasiones él tenía pesadillas y manías tan extrañas que hasta él mismo se sorprendía. Luego estaba ella, era un torbellino de energía y vitalidad, además estaba el hecho de su adicción. Siendo daño colateral de una adicción tan poderosa como esa, sabía que nunca estaría en paz consigo mismo si vivía con alguien con eso.

Un Bucky preocupado le había dicho que su obsesión insana por la señorita Stark iba a meterlo en problemas, ella lo arrastraría al fango con ella y quebraría su ya de por si fragmentada psique.

Natasha había tomado un enfoque un tanto diferente. Le había dicho que él tenía sus propios demonios y que dada su vida eso era razonable. Entendía su apego por Antonia, pero ella era una chica mimada y frágil que no conocía el dolor ni el sacrificio, eso no era algo malo, al contrario; pero que una vez conociera a la verdadera naturaleza de Steve, eso iba a quebrarla, le haría demasiado daño y nadie sabía si podría vivir con ello.

Eso fue lo que disuadió a Steve.

Él no podía mancillarla con sus manos llenas de sangre y muerte, ella era energía pura y a su lado ella sería consumida hasta convertirse en un cascaron vacío. Eso era inaceptable. Ella merecía a un caballero que pudiera ver lo talentosa que ella era, que pudiera ayudarla a superar su vicio, que pudiera llevarla a cualquier parte del brazo sin que murmuraran a sus espaldas por lo escandaloso de ello. Quizás alguien como Bruce Banner, el científico que seguía a Antonia como un cachorrito ansiando la atención.

Su visión se tornó roja ante esa posibilidad.

Él no soportaría verla coquetear y hablar con otras personas sobre esas cosas tan extrañas y bizarras que eran hilarantes, con un marido presumiéndola del brazo, con hijos que no fueran suyos. La tentación de matar a cualquiera que le pusiera las manos encima sería demasiada y ella nunca se lo perdonaría.

Decidió que era momento de volver a viajar, quizás si se alejaba donde no pudiera verla, donde no pudiera fantasear con tocarla, enamorarse de su olor, fascinarse con sus extrañas charlas, quizás poco a poco sus ansias se silenciarían hasta convertirse en un dolor sordo.

Era su última esperanza.

Cuando se lo contó a Buck y Tasha estuvieron de acuerdo, estaban tristes por ello pero lo entendían. Cuando se lo contó a Peggy, fue un tanto diferente. Agradeció que por su continua paranoia cargara el escudo siempre consigo ya que Peggy le pegó un tiro dirigido a sus partes nobles.

Trató de explicarle las razones de su marcha para aplacar su ira, pero en su lugar la exacerbó. En su vida la había visto tan furiosa, descargó todo el cartucho contra él mientras le gritaba.

—No lo entiendes ¿Verdad? Tal vez lo sepas, tal vez no, soy la madrina de Toni, la he visto crecer y hacer amigos, también he visto como estos la dejan atrás sin siquiera una despedida. Entiendo que te marches y seguro ella lo entenderá también, pero al menos ten los cojones de despedirte de ella, Toni no merece que su único amigo desaparezca de la nada.

Steve se sintió despreciable por el último comentario de Peggy, la señorita Stark merecía más que eso. Duró dos semanas evitándola mientras pensaba en lo que le iba a decir, preparó cuidadosamente sus palabras para evitar en la medida de lo posible herirla y sin delatar sus sentimientos por ella.

Supo que nunca estaría listo para esa despedida pero que postergarlo más era de cobardes por lo que se dirigió a la mansión Stark. Allí, una mucama lo llevó al garaje/laboratorio/estudio/escondite de la señorita Stark. Ella estaba de espaldas a él y le estaba diciendo algo a Jarvis y este tecleaba en un aparato, si no se equivocaba se llamaba calculadora, mientras escribía formulas y variables en el pizarrón.

Al sentirse observada, se volteó, hizo un gesto para que se acercara y con otro Jarvis se retiró de la habitación. Al acercarse más, quedo paralizado.

Al ver sus hermosos y grandes ojos marrones, todo el discurso que había preparado se desvaneció de su mente y no pudo hacerlo.

Jodido infierno.

Acababa de condenarlos a ambos.